Plaza de Oriente en Madrid

 




La Plaza de Oriente, es una plaza rectangular de cabecera curvada, cuyo trazado data de un diseño realizado en 1844 por Narciso Pascual Colomer. Su denominación alude a su situación geográfica, al oriente del Palacio Real, aunque hay una teoría que hace referencia al rey José I, uno de los impulsores de la plaza. Fue él quien ordenó el derribo de las casas existentes cercanas al Palacio Real, también es posible que la pertenencia de José Bonaparte a la masonería y su pertenencia a la logia del Gran Oriente de Francia fuera el origen del nombre de la plaza, que habría sido bautizada así en su honor.




Hemos de remontarnos al siglo XVIII, cuando surge la idea de realizar una gran plaza junto al Palacio Real, el primer proyecto se debe a Juan Bautista Sachetti, que será uno de los arquitectos del edificio. Durante el reinado de José Bonaparte, dieron comienzo las primeras demoliciones de casas, en el entorno del palacio, dentro de un plan urbanístico que le valió al monarca el sobrenombre de Pepe Plazuelas.
    A la intervención de Fernando VII se debió la nivelación de tierras, el inicio de la construcción de algunos edificios del contorno de la plaza y el derribo del teatro de los Caños del Peral (ubicado en la plaza de Isabel II). El proyecto, diseñado en 1817 por Isidro González Velázquez, contemplaba la construcción de un teatro (Teatro Real) en el lado opuesto del palacio. Con respecto a la plaza, el proyecto, debido a González Velázquez disponía una planta semicircular, articulada alrededor de un pórtico y seis manzanas de casas, tres a cada lado del teatro.
    En 1836, reinando Isabel II, se tomó la decisión de derribar los edificios comenzados en tiempos de Fernando VII y acometer un nuevo diseño, acorde con el Teatro Real. Aunque este edificio no se concluyó hasta 1850, su fachada occidental, la que da a palacio, fue un condicionante en el trazado de la plaza.
    Pero persistían las dudas, y en 1842, se barajó la posibilidad de que la plaza fuera rectangular con cabecera curvada, cerrada por seis manzanas simétricas. Esta posibilidad fue finalmente aceptada, en 1844, gracias a un diseño —que sería el definitivo—, de Narciso Pascual y Colomer, si bien se redujo el número de manzanas a dos, una a cada lado del teatro; comenzando en 1851, la construcción de los edificios de viviendas del contorno de la plaza.
    Los jardines de la plaza También han sufrido importantes variaciones a lo largo del tiempo. Hasta 1941, se disponían circularmente alrededor del monumento a Felipe IV, que ocupa el centro. En torno a la estatua, estaban situadas 44 esculturas, correspondientes a diferentes reyes españoles, pero en 1927 se redujo su número a veinte. El diseño actual de los jardines, de 1941, sigue tomando como punto de referencia la efigie de Felipe IV, pero distribuye los jardines en forma de cuadrado. Las veinte estatuas de los monarcas se sitúan en dos hileras de diez, a ambos lados del monumento central.
    Durante los últimos años de la dictadura franquista, la plaza se convirtió en el lugar donde se realizaban las manifestaciones de ensalzamiento a Franco. A mediados de la década de 1990, siendo alcalde José María Álvarez del Manzano, se acometió una importante remodelación de la plaza, que supuso la plena peatonalización del espacio. Se soterró la calle de Bailén, que pasaba entre la plaza y la fachada oriental del Palacio Real; también se ganaron espacios peatonales en los aledaños del Teatro Real, al tiempo que se procedía a un nuevo empedrado. Las obras de remodelación, debidas al proyecto de Miguel de Oriol e Ybarra, concluyeron en 1996, y durante las cuales, se descubrieron restos arqueológicos, algunos de los cuales destruidos por considerarse de escaso valor; aunque se conservó, en medio del aparcamiento, la base de una atalaya islámica.




Jardines centrales: se disponen alrededor del monumento a Felipe IV, formando una cuadrícula que sigue el modelo barroco de jardinería. Conformados por siete parterres, poblados por setos de boj, cipreses, tejos y magnolios de pequeño tamaño, así como por plantaciones florales temporales. Se encuentran delimitados a ambos lados por sendas hileras de estatuas, conocidas popularmente como los reyes godos, que actúan como línea de división de los otros dos cuadrantes. Es la zona más monumental de la plaza de Oriente, tanto por los edificios que la flanquean: el Palacio Real al oeste y el Teatro Real al este, como por el valor artístico de sus colecciones escultóricas.

Monumento a Felipe IV: Se encuentra en el centro de la plaza, siendo, sin duda alguna, la obra artística más importante del recinto. Consta de una estatua ecuestre del monarca, realizada en el siglo XVII por Pietro Tacca, y un pedestal con diferentes motivos escultóricos y dos fuentes, que datan del siglo XIX. El conjunto fue inaugurado el 17 de noviembre de 1843, cuando Isabel II decidió trasladar la citada escultura a la plaza de Oriente, dotándola de un soporte monumental, cuyos autores fueron los escultores de cámara Francisco Elías Vallejo y José Tomás. El primero es el autor de los cuatro leones de bronce situados en las esquinas del monumento, mientras que el segundo esculpió los bajorrelieves que decoran el alto pedestal sobre el que se asienta la estatua. Uno de ellos representa al monarca imponiendo a Velázquez el hábito de la Orden de Santiago y el otro es una alegoría de la protección otorgada por el rey a las artes y letras. Asimismo, Tomás realizó la figura de un anciano vertiendo agua sobre una urna, que simboliza un río. En la base del monumento, en los lados este y oeste, hay dos fuentes con forma de concha.

La estatua ecuestre de Felipe IV realizada en bronce, está dispuesta mirando hacia el Teatro Real. Fue ejecutada entre los años 1634 y 1640 por el italiano Pietro Tacca, al cual le enviaron, como modelos, dos retratos del rey pintados por Velázquez, uno a caballo y otro de medio cuerpo. La estatua fue fundida en Florencia (Italia). El escultor contó con el asesoramiento de Galileo Galilei para que el caballo que monta el monarca pudiese mantenerse exclusivamente sobre sus patas traseras. La solución dada por el físico consistió en hacer maciza la parte trasera y hueca la delantera. Se trata de la primera escultura ecuestre del mundo con esta disposición. Fue colocada inicialmente en uno de los patios del Palacio del Buen Retiro y, posteriormente, en el frontispicio del antiguo Alcázar. Durante el gobierno de don Juan José de Austria volvió a su primer emplazamiento, donde permaneció hasta 1843.




En plaza podemos encontrar veinte esculturas de reyes peninsulares: cinco visigodos y quince monarcas de los primeros reinos cristianos de la península; realizadas en piedra caliza, están distribuidas en dos hileras en dirección este-oeste, a ambos lados de los jardines centrales. Son conocidas popularmente como los reyes godos, y separan el cuerpo central de la plaza con los Jardines del cabo Noval, al norte, y de Lepanto, al sur.
    Este grupo de estatuas forma parte de una serie dedicada a todos los monarcas cristianos de España, mandada hacer para decorar el Palacio Real durante el reinado de Fernando VI, ejecutadas entre 1750 y 1753. Ninguna está dedicada a los monarcas musulmanes que ocuparon gran parte de la península durante siete siglos. En un principio estaban destinadas a adornar la cornisa superior del palacio, pero, tras colocar algunas de ellas en lo alto del edificio, se temió que la cubierta no aguantase su peso, así que todas ellas fueron distribuidas por distintos puntos; en Madrid pueden verse, además de en la plaza de Oriente, en el parque de El Retiro y en los jardines de Sabatini, otras se llevaron a otras provincias, tal es el caso de las situadas en el paseo de Sarasate de Pamplona, referidas a los reyes navarros, o también en el paseo del Espolón de Burgos y también al parque de la Florida de Vitoria. Según una tradición, las estatuas fueron recolocadas porque Isabel de Farnesio, segunda esposa de Felipe V y madre del futuro rey Carlos III, tuvo una pesadilla en la que las figuras caían desde su emplazamiento en la cornisa, matando a varios miembros de la familia real.
    Las estatuas fueron realizadas, bajo la dirección de los escultores de la Corte Juan Domingo Olivieri y Felipe de Castro, por un numeroso grupo de autores, entre los que se encuentran Luis Salvador Carmona, Felipe del Corral, Juan de Villanueva Barbales, Alejandro Carnicero, Roberto Michel, Juan Porcel y Juan Pascual de Mena, además de los propios Olivieri y De Castro.
    Estas estatuas corresponden a los siguientes reyes: Ataulfo rey visigodo, Eurico rey visigodo, Leovigildo rey visigodo, Suintila rey visigodo, Wamba rey visigodo, don Pelayo, rey de Asturias, Alfonso I rey de Asturias, Íñigo Arista rey de Pamplona, Alfonso II rey de Asturias, Ramiro I rey de Asturias, Ordoño I rey de Asturias, Wifredo el Velloso conde de Barcelona, Alfonso III rey de Asturias, Ordoño II rey de León, Ramiro II rey de León, Fernán González conde de Castilla, Alfonso V rey de León, Ramiro I rey de Aragón, Sancha reina consorte de León, y, Fernando I rey de León y de Castilla.

Jardines del cabo Noval: compuestos, mayoritariamente, por plantaciones de plátanos, ocupan la parte septentrional de la plaza de Oriente, junto a la calle de San Quintín. Se extienden sobre terrenos que pertenecieron al Real Monasterio de la Encarnación, que da a los jardines a través de su fachada meridional. En su lado occidental, quedan delimitados por la calle de Bailén y la balaustrada que separa esta vía de los jardines de Sabatini, situados al norte del Palacio Real. Al este, se encuentra la calle de Pavía. Destaca el monumento allí erigido en 1912 en memoria del cabo Luis Noval Ferrao, que falleció en la Guerra de Melilla. Escultura realizada por el valenciano Mariano Benlliure, que mide 6,5 m de alto y está realizada en piedra y bronce. El monumento fue restaurado en 1980 por el escultor Miguel Ángel López Calleja, y en 2021 se sometió a un nuevo saneamiento, colocando en esta ocasión una verja perimetral.

Jardines de Lepanto: Estos jardines se encuentran en la parte meridional de la plaza, quedando entre la calle de Bailén, al oeste, en paralelo con la arquería de la plaza de la Armería; y por la calle de Vergara, al sur, a través de una rampa, construida para salvar el desnivel del terreno. Al este se halla la calle de Lepanto, que les da nombre. Como los jardines del cabo Noval, acogen plantaciones de plátanos, de gran tamaño, además de diferentes cedros. En ellos se alza el monumento al capitán Ángel Melgar, que murio durante las acciones del Barranco del Lobo obra realizada en bronce y mármol por Julio González Pola, y que fue inaugurada en 1911 por el rey Alfonso XIII.






A continuación enumeraré los edificios más relevantes situados en el perímetro de la plaza de Oriente:

Palacio Real: que flanquea el lado oeste de la plaza de Oriente, a través de la calle de Bailén. Se empezó construir en 1738 según planos de los arquitectos Filippo Juvara y de su discípulo Juan Bautista Sachetti, durante el reinado de Felipe V. Su fachada oriental, la que da a la plaza, tiene una longitud de 130 m y una altura de 33 m. La conexión de esta fachada, dispuesta en seis alturas, con el núcleo urbano de Madrid resultó muy problemática, dada la existencia de un caserío de origen medieval en sus aledaños, separado del edificio mediante una estrecha vía, a la que hoy conocemos como calle de Bailén, también, muy próxima al palacio se encontraba la cerca del Huerto de la Priora, perteneciente al Real Monasterio de la Encarnación. El proyecto más ambicioso fue impulsado por José I, el cual pretendía unir el Palacio Real con la Puerta del Sol, para lo cual ordenó la demolición de las manzanas de casas y templos religiosos que había junto al palacio, en un proceso que se prolongó entre los años 1809 y 1810. Más, debido a la brevedad de su reinado, no se pudo avanzar en el citado proyecto, que fue finalmente desestimado por los monarcas que le sucedieron y sustituido por el de una gran plaza cerrada, conectada con el entramado de calles del centro histórico, a través del Teatro Real.

Teatro Real: el Teatro Real está situado en la parte oriental de la plaza de Oriente, siendo, junto con el Palacio, el edificio que más ha condicionado el trazado final del recinto. La decisión de construirlo, en el solar del antiguo Teatro de los Caños del Peral, fue tomada por Fernando VII en 1817. En su diseño, el edificio estaba concebido como el punto de referencia de una plaza porticada, proyecto que fue abandonado cuando las obras iban ya muy avanzadas, dado que desentonaba con la estética del conjunto. En 1836, Isabel II ordenó derribar los edificios del contorno de la plaza y en 1850 dio un nuevo impulso a las obras del teatro, después de varios años de paralización por dificultades económicas. Fue inaugurado, oficialmente, el 19 de noviembre de 1850.
    Ocupa una planta hexagonal irregular, a cuyos lados norte y sur se extienden dos pequeñas calles, la de Felipe V y la de Carlos III, que comunican la plaza de Oriente con el centro histórico de la ciudad. Presenta dos fachadas principales: la occidental, que da a la plaza de Oriente, y la oriental, situada en la plaza de Isabel II. Su aspecto neoclásico es fruto de la reforma realizada en 1884 por el arquitecto Joaquín de la Concha, que alteró la composición arquitectónica original. Hubo otras remodelaciones, que tuvieron lugar en 1925, 1942 y 1988. En esta última, cuyas obras duraron hasta 1997, el coliseo recuperó su función de teatro de la ópera, tras décadas como sala de conciertos.

Real Monasterio de la Encarnación: la cara norte de los jardines del cabo Noval da al Real Monasterio de la Encarnación, a través de una de sus fachadas menos relevantes, desde el punto de vista artístico. El edificio fue proyectado por Juan Gómez de Mora entre 1611 y 1616, quien le imprimió un austero sello herreriano.

Restos arqueológicos: durante la remodelación de la plaza de 1996, se hallaron en su subsuelo diferentes restos arqueológicos, que fueron destruidos, en gran parte, al considerarse de escaso valor; entre ellos los de la Casa del Tesoro, del siglo XVI, sede de la administración de la Casa de Austria. Los únicos vestigios que se conservan corresponden a una atalaya islámica del siglo XI, que se exhibe en la primera planta del aparcamiento subterráneo construido durante la reforma. Torreón que fue integrado dentro de la muralla cristiana de Madrid, como una torre albarrana, cuando la ciudad fue conquistada por la Corona de Castilla, a manos del rey Alfonso VI, y que era conocida como Torre de los Huesos, por su proximidad con un cementerio islámico. Se localizaba a extramuros, sobre el barranco del arroyo del Arenal, que cerraba por el noroeste esta zona de Madrid. Tenía como fin la vigilancia de todo este sector, así como de la cercana puerta de Valnadú, uno de los accesos de la muralla cristiana de la ciudad. De planta cuadrangular, su aparejo es de mampostería, con algún sillar en las esquinas, en piedra caliza y en sílex.




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Bibliografía:

Historia de la Villa de Madrid de José Antonio Vizcaino
Costumbres, leyendas y descripciones de la Villa y Corte en los siglos pasados de Ricardo Sepúlveda
Historia de Madrid de Federico Bravo Morata
Historia de Madrid de la Editorial Complutense bajo la dirección de Antonio Fernández García
Breve Historia de Madrid de Federico Carlos Sainz de Robles
Historia de Madrid en pildoritas de Eduardo Valero
Diversas revistas y publicaciones en la red
Las imágenes de IA.

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R.Martín

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