jueves, 14 de febrero de 2019

HISHAM II califa de Córdoba



Cuando muere su padre, Al-Hakam II, solo tiene 11 años y recae sobre él, el peso del califato. Debido a su corta edad, la guardia eslava del palacio (saqaliba) intentó sustituirlo por su tío al-Mugirah, pero recibió el apoyo de su tutor, el visir Almanzor, de su madre, la vascona Subh, y el chambelán Jafar -al-Mushafi, que aseguraron su cargo y mandaron ejecutar a al-Mugirah. Estos tres personajes constituyeron el consejo de regencia durante su minoría de edad. Entre los tres logran aislar a Hisham II y apenas tendrá relevancia política. El verdadero poder de la corte estará en manos de Almanzor, quien con el apoyo de Subh, quien pudiera ser su amante, y de los bereberes pronto logra deshacerse del chambelán y consigue el apoyo del general Galib. Desde 978 Almanzor es quien manda en Córdoba, y llevará a cabo más de cincuenta campañas militares hasta su muerte en el 1002. 

Hisham II se mantuvo confinado en el palacio bajo una estrecha vigilancia, dedicado a la piedad y al disfrute de su harén. Mientras tanto Almanzor erigió una nueva ciudad, Madinat al-Zahira, donde en el 980 se trasladó todo el aparato administrativo. El alcázar califal quedaba únicamente como lujosa prisión del califa Hisham. Este gesto no fue del agrado de su suegro y aliado Galib. En el 981 Galib se enfrentó a Almanzor en defensa de los derechos de Hisham II pero fue derrotado en la batalla de San Vicente. Galib murió poco después como consecuencia de las heridas recibidas. 

Almanzor regresó victorioso a Córdoba y tomó el título de al-Mansur bi-llah (el victorioso de Allah) y exigió para él y para sus hijos el mismo tratamiento que se daba al califa, ordenando que su nombre fuera pronunciado en todas las mezquitas de al-Andalus a continuación del de Hisham II. Su poder fue absoluto hasta su muerte en 1002. 

El hijo de Almanzor, ‘Abd al-Malik, consiguió que Hisham II proclamara un decreto que le concedía los mismos poderes que a su padre. Mantuvo su poder hasta su muerte en el 1008. Su hermano y sucesor Abderramán Sanchuelo, consiguió ser nombrado heredero al califato, ya que Hisham II no tenía hijos, y que su nombre se citara junto al del califa en el rezo de los viernes. Esta actitud despertó una revolución acaudillada por Muhammad ben Hisham, un bisnieto de Abderramán III. Muhammad logró derrotar a Sanchuelo y lo ejecutó. Posteriormente depuso a Hisham II, el 15 de febrero de 1009 y lo mantuvo preso. 

Muhammad II se enfrentó con otro pretendiente al califato Sulayman, quien tenía el apoyo bereber. Muhammad II fue derrotado el 1 de noviembre de 1009 y Sulayman se proclamó califa. Pero pocos meses después, Muhammad, con el apoyo de las tropas del general eslavo al-Wadih, derrota a Sulayman y vuelve a ser nombrado califa el 10 de mayo de 1010. Pero este mismo jefe militar lo asesina el 23 de julio de 1010. Ese mismo día Wadih libera a Hisham II de su prisión y vuelve a ser nombrado califa. 

Wadih era el nuevo hombre fuerte del califato pero no pudo atraer a su lado a las fuerzas bereberes, que seguían apoyando a Sulayman. Wadih murió en el 13 de noviembre de 1011. Mientras tanto la situación en Córdoba se hacía cada vez más insufrible mientras arreciaban los ataques de Sulayman en las cercanías de la capital. 

El 24 de junio de 1012, el visir Ibn Munawin y el jefe del ejército informan a Hisham II de la difícil situación. Hisham II les respondió: “Haced lo que queráis y prescindid de mí. Nada puedo hacer por vosotros ni por mí mismo. Pero cuidad que os resulte útil y ejecutadlo. Yo iré en seguimiento vuestro”

Hubo un ofrecimiento a Sulayman según el cual él sería nombrado heredero de Hisham II, pero Sulayman lo rechazó pues no reconocía a Hisham II como califa. El 9 de mayo de 1013 hubo un enfrentamiento entre las tropas de Córdoba y las de Sulayman, quien resultó victorioso. Sulayman entró en el alcázar de Córdoba el 11 de mayo de 1013 e hizo llamar a Hisham II para que abdicara en él. 

Se desconoce qué pasó exactamente con Hisham tras su abdicación. Lo más probable es que fuera asesinado por Sulayman pues el califa Alí ben Hammud, al destituir a Sulayman, le pregunta por el destino de Hisham y éste le dice que había sido enterrado y le mostró su tumba en el alcázar de Córdoba y comprobó que el cadáver estaba dentro. 




FUENTE: Condado de Castilla

AL-HAKAM II, califa de Córdoba



Al-Hakam II, era hijo de Abderramán III y la concubina Murchana, había nacido en Córdoba en el año 915. A los ocho años fue nombrado sucesor, recibiendo una educación esmerada y participó desde muy joven en labores de gobierno. Su carácter era tolerante y pacífico. A los cuarenta y siete años accedió al califato, continuando la política de su padre, aunque de forma menos enérgica y autoritaria. De esta suerte, fue el segundo califa omeya de Córdoba. En general su reinado fue tranquilo, y delegó parte del poder en funcionarios, sobre todo en el general Galib, el chambelán Mushafi y el visir Ibn Abi Amir. Fue un erudito y bibliófilo, cultivándose tanto en ciencias como en letras. 

Con respecto a sus relaciones con los reinos del norte vienen marcadas por el incumplimiento del tratado que, Sancho I de León y García Sánchez I de Pamplona, habían firmado con su padre con el objetivo de restablecer en el trono leonés a Sancho. Mantuvo a Ordoño IV en su corte hasta su muerte y, finalmente, tuvo que declarar la guerra a los cristianos. 

En el 963 marchó contra Castilla, apoderándose de San Esteban de Gormaz, destrozando todas las defensas castellanas en la ribera del río Duero. Mientras, otro ejército mandado por Galib, se apoderó de Atienza y Calahorra. A continuación, derrotó también, a los condes catalanes Borrell II y Mirón I, asegurando con esta doble campaña, sus fronteras. 

A partir de ese momento, los problemas internos de los reinos cristianos motivaron una constante afluencia de embajadas pidiendo su ayuda, lo que consolidó la supremacía cordobesa en la geografía ibérica. Sólo en el 974 el ataque del nuevo conde castellano, García Fernández, a Deza (Batalla de Alboreca), y de Ramiro III en el 975 a Gormaz rompieron esa calma. Galib volvió a controlar la situación derrotando a los cristianos en las batallas de, San Esteban de Gormaz, Langa y Estercuel. 

En el norte de África, tras la retirada del poder fatimí, Galib logró vencer al idrisí al-Hasam ibn Gannum, en el 974, que fue llevado a Córdoba y obligado a prestar juramento de lealtad. 

En el 966 los vikingos habían atacado Lisboa, aunque luego fueron derrotados en Silves. El califa ordenó construir una flota en Almería que fuera capaz de enfrentarse a los vikingos en el mar, sin esperar a que éstos desembarcaran. En el 971 comprobó su eficacia al derrotar a una flota vikinga en las cercanías de Sevilla. 

Durante su gobierno se cultivaron las ciencias y las artes. Llegó a reunir una biblioteca de más de 400.000 volúmenes. Realizó la ampliación de la Mezquita de Córdoba y continuó con las obras en Medina Azara. Reformó el alcázar y construyó castillos por varias zonas como defensa contra los reinos cristianos. En Córdoba realizó diversas obras públicas, convirtiéndola en la ciudad más importante de Europa, tanto por su población como en el ámbito político y cultural. Era la primera ciudad de la Península que tuvo pavimentadas sus calles, alumbrado público nocturno y alcantarillado, que se distribuía mediante una red perfectamente organizada, algo extraordinario teniendo en cuenta la época. También hay constancia de obras de este tipo en otras ciudades. 

La vida económica estaba basada en la agricultura y ganadería. Exportándose los excedentes hacia oriente, con pingües beneficios. Se introdujeron el arroz y el naranjo, y se construyeron sistemas de riego y canales. El dominio de Marruecos y Argelia le facilitó la protección de las caravanas que le traían el oro de Sudán, con el cual se acuñaba monedas. La ganadería estuvo en manos de los bereberes. La industria de tipo artesano se centró en la manufactura de objetos de lujo. 

La medicina estuvo en manos de los mozárabes hasta mediados del s. IX, cuando llegaron prácticos de oriente que desplazaron a los cristianos. Fundó escuelas públicas en las que los eruditos enseñaban de forma gratuita a los pobres y huérfanos a cambio de atrayentes salarios, y decretó la enseñanza obligatoria para todos los niños. Impulsó la Universidad de Córdoba, que atrajo a eruditos de todo el mundo. Creó una biblioteca que abarcaba todas las ramas del saber. Tenía anejo un taller con copistas, miniaturistas y encuadernadores. 

Fue un califa inteligente, ilustrado y extremadamente piadoso, del que cabe lamentar que cometiera el gran error de no nombrar a un sucesor capacitado y eficaz. Su hijo, Hisham II, será una marioneta utilizada con astucia por Almanzor y sus partidarios. 

Al-Hakam II falleció por un derrame cerebral en brazos de Fagil y Djahad, sus eunucos, 30 de septiembre del 976, un año y 11 meses después de que padeciera el primer ataque de hemiplejia.


ERMESENDA DE CARCASONA, condesa de Barcelona, esposa de Ramón Borrell I



Nacida en Gerona el año 972, era hija de Roger I de Cominges o Rogelio el Viejo, conde de Carcasona y de Adelaida de Gévaudan. En 992 casó con Ramón Borrell, que sucedió ese mismo año a su padre Borrell II en el gobierno del condado de Barcelona. 

Era Ermesenda mujer de gran belleza, al tiempo que tenía un carácter enérgico y gozaba de una gran inteligencia, que la llevó a figurar, durante largo tiempo, en la corte de Barcelona rodeada de de los jueces de corte, y administrar justicia en el escaño del Tribunal. Tanto junto a su esposo Ramón Borrell I, como en los periodos en los que éste se encontraba ausente. Ramón Borrell, que estaba muy unido a su esposa, la hizo entrega de castillos y plazas fuertes en los condados de Barcelona, Osona y Manresa, lo que la proporcionó un gran poder político y económico. 

Al morir Ramón Borrell, legó el condado de Barcelona, a su primogénito Berenguer Ramón I el Curvo, y a su esposa Ermesenda, a fin de que gobernasen juntos, ya que Berenguer era menor de edad. Por esta situación fue Ermesenda quién empuñó las riendas del gobierno, situación que se prorrogó incluso después de la mayoría de edad de su hijo. Al paso del tiempo Berenguer se resistió a la intervención de su madre en el gobierno, situación que originó graves conflictos. 

Durante la regencia de Ermesenda, la aristocracia inició el proceso de feudalización de la Marca Hispánica, enfrentándose los príncipes con la iglesia. Ermesenda recibió el apoyo de numerosas personalidades, tanto de la nobleza, como de la iglesia, entre ellos la de su hermano, Pedro Roger de Carcasona, que era el obispo titular de Gerona. Ermesenda animó nuevas fundaciones, como el capítulo de la Catedral de Gerona, el monasterio de mujeres de San Daniel en Gerona o el masculino de Sant Feliu de Guixols. 

Llegó a un acuerdo con su nieto cediendo, el 4 de julio de 1056, a los condes Ramón Berenguer y Almodís, todos sus derechos al condado de Barcelona. Prometió a sus nietos los debidos juramentos, 


Otorgó testamento a 25 de septiembre de 1056 con importantes donaciones a Roma, siendo nombrado albacea su nieto, si bien luego le revocó esta confianza. Falleció el 1 de marzo de 1057 en la casa que habitaba en el condado de Osona, cerca de la iglesia de San Quirico de Besora y Santa Julita, siendo enterrada en la catedral de Gerona.


miércoles, 13 de febrero de 2019

RAMÓN BORRELL I, conde de Barcelona



Hijo de Borrell II y de su esposa Ledgarda de Roergue. Hacia 986, poco después del asalto de Almanzor a Barcelona, en julio de 985, Ramón Borrell fue asociado el gobierno por su padre, a quien sucedió en 992. Los primeros años continuó la política hostil de Almanzor que culminó con un ataque en el curso del cual la ciudad de Manresa fue destruida. Ramón Borrell esperó a la muerte de Almanzor en 1002 para dar la respuesta. Lo hizo junto con su hermano Armengol I de Urgel en un ataque contra las posiciones musulmanas de la zona de Lérida en el curso del cual hubo un enfrentamiento con las tropas del general amirí Wadih, en Albesa, donde murió el obispo de Elna y quizá Armengol cayó prisionero. Las represalias musulmanas no tardaron en llegar: ‘Abd al-Malik, hijo de Almanzor, y Wadih atacaron posiciones de la frontera catalana, expugnaron numerosos castillos (Meyá, Montmagatre, Castellolí), llegaron hasta las proximidades de Barcelona y regresaron con numerosos cautivos. 

En el 1006 ‘Abd al-Malik realizó una nueva incursión contra la Segarra y la Ribagorza, pero será derrotado en la batalla de Torá por la coalición de Ramón Borrell I de Barcelona, Bernardo I Tallaferro de Besalú, Wifredo II de Cerdaña y Armengol I de Urgel. Pero muy pronto, con la muerte de ‘Abd al-Malik, en el 1008 y la crisis del califato, la situación militar cambió radicalmente. Estalló entonces una guerra por el poder en el califato. Ramón Borrell fue entonces persuadido por Wadih para intervenir en el conflicto a favor de Muhammad II, cosa que hizo al frente de un numeroso ejército, junto con los condes de Urgel y Besalú, y los obispos de Gerona y Vic. 

Después de una victoria en Akabat al-Bakr y una derrota cerca del Guadiana, las tropas de los condes catalanes entraron en Córdoba, que fue completamente saqueada. A continuación los expedicionarios regresaron, y aunque lo hicieron cargados de riquezas, en el balance final no puede ignorarse que experimentaron numerosas pérdidas humanas, entre las cuales estaba la del propio conde de Urgel, Armengol I. 

En 1015-1016 Ramón Borrell realizó una nueva expedición contra al-Andalus, hacia tierras occidentales, hasta más allá de Balaguer, en el curso de la cual conquistó los castillos de Montmagastre, Rubió, Alós, Malagastre y Artesa, y firmó un pacto con al-Mundir, gobernador musulmán de Zaragoza. Debió de ser entonces, con ocasión de la estancia de Ramón Borrell en Zaragoza, cuando se entrevistó con el conde castellano Sancho García, con quien pactó el matrimonio de su primogénito, Berenguer Ramón, con Sancha, la hija del conde castellano. 

El gobierno de Ramón Borrell señala definitivamente el alejamiento del reino franco y la asunción de la plena independencia condal, lo cual quiere decir el ejercicio de las prerrogativas regias, entre las cuales estaba la acuñación monetaria con piezas grabadas a su nombre. Estimuló la repoblación de la parte oriental de la Segarra, la Conca de Barberà y el Campo de Tarragona. Incorporó definitivamente el Penedés. 

Como habían hecho sus predecesores, ejerció la tutela de las instituciones eclesiásticas, particularmente las sedes episcopales de Vic, Gerona y Barcelona, donde impulsó la construcción de su catedral y monasterios: Sant Benet de Bages, Santa Cecilia de Montserrat, Sant Cugat, que dotó con tierras y privilegios. 

En el 1002 acompañó al obispo Arnulfo de Vic a Roma, donde se entrevistó con el papa Silvestre II para resolver un problema relativo a Sant Benet de Bages. En 1009 celebró un sínodo en Barcelona, con ocasión de la restauración de la canónica, a la que asistieron los obispos de Barcelona, Gerona, Osona, Urgel y Elna, y los condes de Urgel y Besalú. A la vuelta de la expedición de Córdoba del 1010 también una concentración de jerarcas religiosos y civiles en la Seo de Urgel, con ocasión de la consagración de su canónica. Al acto asistieron, además del arzobispo de Narbona, los obispos de todos los condados catalanes y los condes de Barcelona, Cerdaña, Pallars y Urgel. 

Como derivación de los acuerdos de Zaragoza con al-Mundir, en 1017 marchó de nuevo en expedición hacia Córdoba. El propósito era entonces el de entronizar a Abderramán IV, pero parece ser que durante el viaje se sintió enfermo y regresó a Barcelona el 28 de agosto. Pocos días después, el 8 de septiembre murió en dicha ciudad y fue enterrado en el claustro de la catedral románica de Barcelona, que él había impulsado y en favor de la cual otorgó en su testamento una importante suma de oro. El abad Oliba le dedicó un canto fúnebre en el cual le tributa enormes elogios. Fue sucedido por su hijo Berenguer Ramón I, aunque bajo la regencia de su viuda Ermesenda de Carcasona. 

Ramón Borrell se casó antes de 993 con Ermesenda de Carcasona, hija de Roger I, conde de Carcasona con quien tuvo dos hijos: Berenguer Ramón I, quien le sucedió, y Estefanía Ramón, posiblemente la esposa de García III Sánchez de Navarra 

Es el primer conde de Barcelona que acuña moneda a su nombre. Las monedas son de plata con las leyendas RAIM(mundus)/BARC(ino)A, es decir, Raimundus / Barcelona. Asimismo aparecen una cruz y tres anillos. 



FUENTE. Condado de Castilla

MIRÓ I, conde de Barcelona




Era hijo del conde Suniario I de Barcelona y Riquilda de Tolosa. Tras retirarse su padre a un monasterio, el año 947, gobernó el condado junto a su hermano Borrell II. Se repartieron las funciones, Borrell de las acciones militares y las relaciones externas, mientras que Miró era el encargado del gobierno de los condados y, más específicamente, de la ciudad de Barcelona. 

Durante su gobierno se restauró la Acequia Condal de Barcelona que llevaba agua del río Besos desde Montcada hasta la muralla de Barcelona y luego hasta el mar. la construcción, que tenía origen romano, servía para mover molinos, regar los llanos del nordeste de la ciudad y también para la industria textil. En catalán se denomina Rec Comtal o Rego Mir. Es posible que hiciera una obra similar en el río Llobregat pues en el año 964 se menciona en el término del castillo de Cervelló “la acequia del conde Mir”, que se puede identificar con el Rec Vell de Molins del Rei. 

El 16 de marzo de 955, realizó donaciones al monasterio de Sant Cugat del Vallés; el 26 de diciembre del 955 ejecuta, junto a su hermano, el testamento de su madre; el 2 de junio del 959 donó al monasterio de San Juan de las Abadesas la villa de Cavallera, en el condado de Cerdaña. 

Hacia el final de su vida empezó, parece, una acción colonizadora en las tierras cercanas al mar, más allá del delta del Llobregat, y tal vez se deben a su iniciativa la fundación del monasterio de Santa María de Castelldefels y el comienzo de la fortificación de sus alrededores. También es posible que restaurara la zona del castillo de Cardona, pues así parece referirlo su hermano Borrell en la carta de población del 986. 

Su testamento se ejecutó el 21 de diciembre del 966. En el cual donaba al obispado de Barcelona la mitad de sus posesiones en Cervelló (Torrelles, la Palma y Montpedrós) y las iglesias del castillo de Cervelló (San Miguel y San Vicente) y las iglesias de Torrelles, Santa Eulalia de Pallejà y Sant Boi 

No contrajo matrimonio y tampoco tuvo descendencia. Tras su muerte continuó gobernando en solitario su hermano Borrell. 


FUENTE: Condado de Castilla


BORRELL II, conde de Barcelona



Al retirarse su padre, Suniario I, a un monasterio el año 947 sus dominios fueron heredados por sus hijos Borrell y Miró, quienes debían gobernar conjuntamente. Al parecer el reparto de poderes, consistió en que Borrell se encargó de las relaciones exteriores y de defensa, mientras que Mirón lo hacía de las obras públicas y en todo lo concerniente a la ciudad de Barcelona y sus alrededores. En 948 Borrell II heredó el condado de Urgel al morir su tío Sunifredo II. 

Al contrario que su padre, empleó más la diplomacia que las armas, procurando mantener siempre, unas excelentes relaciones, tanto con los francos, como con los andalusíes. Tras ser derrotados en el 963 por un ejército comandado por Galib, los condes Borrell y Miró enviaron una embajada para firmar un tratado de paz, con Abderramán III, acuerdo que hizo posible una repoblación cristiana hasta el río Gayá, repoblándose Montmell, Miralles, Santa Coloma de Queralt, Pontils, Montbui, Cabra, entre otras poblaciones. 

Durante el gobierno de Borrell II, el poder carolingio estaba en plena descomposición, por lo que trató de aumentar su autonomía política. Estrechó relaciones con las principales familias nobles del Languedoc y, recabó la ayuda de la Santa Sede para conseguir la independencia de la iglesia de sus dominios con respecto a la franca. 

El gobierno conjunto con su hermano Miró, toca a su fin al morir éste.

Al fallecer su hermano Miró I en el 966, Borrell gobernó en solitario en todos sus dominios. Es el momento de máximo apogeo, en el 971 es nombrado duque de la Gotia y su estatus es preeminente sobre el resto de condes de la Marca. 

En los años 971 y 974 envió nuevas embajadas ante el califa al-Hakam II, para ratificar los acuerdos de paz anteriores, esta buena sintonía se rompió con la entronización de Hisham I y la llegada al poder político de Almanzor, el caudillo que se propuso recuperar el esplendor militar de al-Ándalus. No tardó Almanzor en ir contra los dominios del conde Borrell II, en el verano del 978, atacó la zona desde Tarragona hasta la llanura de Barcelona. Es posible que entonces se abandonara la ciudad de Tarragona, que nos sería reconquistada hasta el 1118. 

Pero la campaña más decisiva comenzó el 5 de mayo del 985, cuando un ejército partió de Córdoba en dirección al campo de Tarragona. Almanzor avanzó hacia Barcelona por las comarcas del Penedés, Llobregat y Vallés. Numerosos monasterios, como los de San Cucufato, San Pablo del Campo o San Pedro de las Puellas fueron destruidos y sus comunidades asesinadas. Los habitantes de las cercanías de Barcelona se encerraron tras las murallas de la ciudad, que fue asediada el 1 de julio. El 4 de julio Borrell huyó por mar eludiendo a la escuadra musulmana que bloqueaba el puerto. Poco más duró la resistencia de Barcelona, el 6 de julio Almanzor arrasó Barcelona llevándose consigo un cuantioso botín y un elevado número de cautivos, que más adelante serían vendidos como esclavos o rescatados a cambio de importantes sumas de dinero. El conde Borrell II había sufrido una derrota difícil de olvidar, y las crónicas bautizaron este triste suceso como “el día que Barcelona murió”. La posición procordobesa mantenida por el conde había fracasado.​ 

Borrell II mantuvo buenas relaciones con el papado. En 970 viajó a Roma con el propósito de reorganizar la administración religiosa: crear un arzobispado en Vic restaurando así el antiguo arzobispado de Tarragona. Trataba así de someter a su control a todas las autoridades eclesiásticas de la marca Hispánica y desprenderse de la autoridad del arzobispado de Narbona. El papa Juan XIII acogió favorablemente las propuestas expuestas por el obispo Atón de Vic, el monje Gerberto de Aurillac y el propio Borrell II. Pero el asesinato del obispo Atón el 22 de agosto de 971 frustró este objetivo.​ 


El acoso ejercido por Almanzor obligó a Borrell II a retomar las relaciones con los francos. Ofreció al rey Lotario la renovación del juramento de fidelidad a cambio de auxilio militar que garantizase la protección del país frente a nuevos ataques musulmanes. Pero Lotario murió en 986 y su sucesor Luis V de Francia también falleció prematuramente en 987. La nueva dinastía de los Capetos tuvo que defender la corona franca de insurrecciones internas, por lo que no atendió las peticiones de auxilio del conde barcelonés. Como nadie respondió a sus peticiones de auxilio del conde, cuando en 987 el rey Hugo I Capeto exigió renovar los vínculos con la corona franca, la respuesta fuera un mutismo total. Ese fue el último contacto exigiendo la subordinación de los condes de la Marca Hispánica a los monarcas francos. Era la independencia de facto de la dinastía condal de Barcelona, no reconocida jurídicamente hasta la firma del Tratado de Corbeil, en 1258.​ 

A partir de 988 compartió el gobierno con sus hijos Ramón Borrell, el primogénito, que recibió los condados de Barcelona, Gerona y Osona, y Armengol, el hijo menor, a quien legó el condado de Urgel.​ Así, en 992, antes de que Borrell II hiciese testamento, sus dos hijos actúan ya como condes sin necesidad de su padre. El 24 de septiembre se leyó su testamento y unos días después, el 30 de septiembre del 992, Borrell II falleció, probablemente en la Seo de Urgel. 

Borrell II había hecho un viaje al monasterio de Saint-Géraud d'Aurillac en el 967. Gracias a este viaje, conoció a su esposa Letgarda de Auvernia o de Tolosa,​hija de Ramón III Ponce I, conde de Tolosa y duque de Aquitania, con la que tuvo dos hijos y tres hijas: Ramón Borrell, conde de Barcelona, Gerona y Osona; Ermengol I, conde de Urgel; Ermengarda, que contrajo matrimonio con Geriberto; Riquilda, que casó con el hermano del esposo de su hermana, Udalardo I, vizconde de Barcelona y; Adelaida Bonafilla, abadesa de San Pedro de las Puellas, comunidad que restauró tras haber sido arrasada por Almanzor en el 985. 

Tras la muerte de Letgarda, entre los años 977 y 980, se volvió a casar con Eimeruda de Auvernia. Algunos historiadores apuntan a que era hermana de Letgarda aunque no es posible confirmarlo. Este segundo matrimonio no tuvo descendencia y de Eimeruda no existe constancia documental posterior a la muerte de Borrell II. 

Desde 1270, y especialmente en la Crónica del monasterio de San Pedro de las Puellas de Barcelona, redactado en catalán entre 1278 y 1283, se recoge una falsa tradición de que el conde Borrell II murió en el asedio de Barcelona por Almanzor, concretamente en la batalla de Rovirans junto a 500 caballeros, y que los musulmanes lanzaron su cabeza dentro de las murallas de la ciudad sitiada para aterrorizar a sus habitantes, antes de proceder a su toma y posterior saqueo. 

Otras historias cuentan que Borrell huyó a las montañas de Manresa y publicó un bando ofreciendo Privilegio Militar Hereditario a cuantos se presentasen con armas y caballos para ir a reconquistar la capital y que habiendo reunido 900 aventureros, fueron allí delante reconocidos como militares con la denominación de Homes de Parático o del Paratge, para denotar que eran hombres preparados para auxiliar a su conde. Los Homes de Paratge tomaban asiento en la Cortes del Principado. 

Por otro lado, se ha relacionado a Borrell II como el verdadero iniciador de Cataluña como nación. Por eso se ha fijado en ocasiones el año 988 como el del nacimiento de la nación catalana. 


FUENTE: Condado de Castilla

martes, 12 de febrero de 2019

ANTONIO GOMAR Y GOMAR - Terminalia (Paisaje)



Pintado hacia 1881, es un óleo sobre lienzo de 232 X 136 cm. 

Terminalia es una fiesta de la mitología romana en honor al dios Término, protector de los límites y las fronteras. El título también hace referencia a un género de grandes árboles de ramificación muy vertical cuyas hojas crecen solo en la terminación de las ramas. Museo del Prado Madrid.


ANTONIO GOMAR Y GOMAR - Fuente de San Pascual en Genovés (Valencia)



Realizada hacia 1900. Es un óleo sobre lienzo de 96 X 180 cm. 

La fuente de San Pascual se ubica en un pequeño municipio cercano a Játiva, situado en la ribera del río Albaida, de superficie montañosa, llamado El Genovés. Está construida en la parte baja de una colina con cipreses, que se conoce como del "Calvario" y en la cumbre se dibuja la ermita que lleva la advocación del Santísimo Cristo. 

Dedicada a San Pascual Bailón, dicha fuente fue mandada construir por don Pascual Fenollet Roca de Togores, señor de este territorio, en torno a 1781. Su estructura plenamente barroca muestra un banco circular realizado en sillares de piedra y una hornacina, rematada en un frontón en la que está la imagen del santo. Toda ella está encalada como es habitual en edificios y monumentos de tierras levantinas. Esta fuente también fue representada en 1927 por Santiago Rusiñol, que pasaba algunas temporadas en casa de su amigo José Guiteras en la ciudad setabense. 

El pintor Antonio Gomar había nacido en Benigánim, cuyo término municipal limita con el de El Genovés, por lo que la imagen representada le debía ser muy familiar. Depositado en el Congreso de los Diputados. Madrid.


ANTONIO GOMAR Y GOMAR - El Albaicín (Granada)



Realizado hacia 1882. Es un óleo sobre lienzo de 56 X 91,5 cm.

Albaicín, barrio de la ciudad de Granada, ubicado en los alrededores del río Darro. (Pintura del Siglo XIX en el Museo del Prado: Catálogo General.



ANTONIO GOMAR Y GOMAR - Pintores valencianos



Nacido en Benigánim (Valencia), el 26 de marzo de 1853. Y fallecido en Maella (Zaragoza), el 21 de junio de 1911 

Fue discípulo de Rafael Montesinos en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia. Encaminado hacia la pintura de paisaje, participó desde 1871 en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes y, a partir de 1872, en las Regionales de Valencia. En esas fechas se establece en Madrid, donde recibe encargos de pintura decorativa como el del "Café Fornos". Viajero empedernido, busca paisajes singulares, cuya muestra más clara se encuentra en "El Albaicín (Granada)", su obra más conocida. 

Fue muy amigo del pintor Joaquín Sorolla, quien, en 1906, le hizo un retrato, que Gomar legó al Museo de Arte Moderno y que en 1971 pasó al Museo del Prado. 





El pintor Antonio Gomar y Gomar 

Realizado en 1906, es un óleo sobre lienzo de 59 X 100 cm. 

Tiene don Antonio Gomar en este retrato cincuenta y tres años, y Sorolla utiliza el formato apaisado, del que tanto gusta para amigos y familiares. Es una forma menos académica y el representado se mueve en la escena con una mayor naturalidad, en este caso medio riéndose, en un medio cuerpo escorzado de tres cuartos a la izquierda, en primer plano, lleva un cigarrillo encendido, cuyo humo asciende de forma voluptuosa hacia el rostro.


sábado, 9 de febrero de 2019

ABDERRAMÁN III, emir y califa de Córdoba



Al morir Abd Allah en octubre de 912. Le sucedió su hijo Abderramán III, que era hijo de Muzna, una esclava vasca, de la que había heredado su pelo rubio y sus ojos azules. Era inteligente, amable y generoso y no tenía nada de fanático. Agradable en el trato, aparte del árabe, sabía hablar el romance derivado del latín, que por entonces se hablaba en Córdoba. A su vez era digno en su apostura y en su corte imperaría una estricta etiqueta. 

Una crónica anónima dice su abuelo Abd Allah, le prefería a todos sus hijos, y lo tenía señalado para ser su sucesor. A veces lo hacía sentar en el trono, en lugar suyo. Por lo demás, él habitaba en el Alcázar con su abuelo, cosa que sus propios hijos no hacían. La entronización de Abderramán, en detrimento de los hijos de Abd Allah, se hizo fácilmente y sin oposición. Recibió el juramento de fidelidad de los súbditos, el jueves 1 del ya mencionado mes de rabi (15 de octubre de 912). 

Su meta fue conseguir un Estado fuerte y dominado. Para lo que se aplicó con inteligencia y grandes dotes de estadista. Era consciente que para dominar a la levantisca nobleza árabe, lo mejor era colocar en puestos de confianza a mozárabes y esclavos, aunque esa tolerancia, no le eximía de ser cruel hasta con los cadáveres de los rebeldes mozárabes a los que había conseguido vencer. Así cuando se apodera de la fortaleza de Bobastro, averigua donde esta enterrado su gran rival, Umar ben Hafsún, lo hace exhumar y crucifica el cadáver entre sus dos hijos. 

A comienzos del año 929, Abderramán III, adoptó los títulos de Califa y emir almuminin (Principe de los Creyentes). Un paso este que, ninguno de los emires que le precedieron, fueron capaces de dar. En lo sucesivo ya no se reconocería ninguna supremacía, y las invocaciones en las mezquitas se harían citando su nombre. Nace así el Califato de Córdoba, el monarca a partir de ahora el representante de Alá en la Tierra. 

Dado el régimen de la poligamia, el número de hijos solía ser elevado, en aquella época, aunque sin alcanzar la cifra de cien hijos que tuvo Abderramán II. Abderramán III, no obstante tuvo once varones y dieciséis hembras, de los cuales solo sobrevivieron cinco hijos varones, que según alcanzaban la mayoría de edad y la pubertad, iban saliendo a sus respectivos alcázares. 

Con un Estado fuerte económica y políticamente, el joven monarca, se centra en acabar con las múltiples rebeliones existentes en todo al-Andalus. El año 913, somete Écija, las coras de Jaén y Elvira, al año siguiente le toca el turno a Sevilla y Carmona, donde los muladíes campan a sus anchas. 


Durante el reinado de Abderramán III, tuvo que hacer frente a una intensa actividad, por parte de los vecinos del Norte, como también fue muy intensa la que el soberano cordobés desplegó contra los reyes cristianos de la Península. El 19 de agosto de 913, Ordoño II atacó Évora, que fue tomada, y en la que perecieron el gobernador musulmán y unos setecientos hombres de la guarnición; dos días después, Ordoño abandonaba la plaza, con cerca de cuatro mil mujeres y niños, cautivos. 


Continuas luchas contra los reinos cristianos.


Un año más tarde, el monarca leonés atacó el castillo de Alanje, en las cercanías de Mérida, haciéndoles correr a sus moradores, la misma suerte que a los de Évora. Con estas incursiones, Ordoño II sembró el pánico entre las poblaciones del Algarve, y hubo señores musulmanes, como el príncipe Abd Allah, de los Banu Marwán de Badajoz, que para evitar problemas, le envió un tributo importantísimo. La reacción del soberano omeya no se hizo esperar y, en el verano de 916, encomendó a su general Ibn Abí Abda hacer una aceifa por tierras de León, la primera que Abderramán III, realizaba contra los territorios cristianos. Al siguiente verano, el mismo general, trató de apoderarse de San Esteban de Gormaz, pero la batalla que libraron contra las huestes de Ordoño, ante las puertas de dicha plaza, el día 4 de septiembre de 917. fue un auténtico fracaso. 


Luego, el rey leonés aliado con Sancho Garcés I de Pamplona, en la primavera del 918, se dirigió a tomar Talavera, sobre el Tajo, mientras el soberano de Pamplona atacaba el feudo de los Banu Qasi, y asolaba los alrededores de Nájera, Tudela y Valtierra. Unos meses más tarde, en agosto de 918, el hachib Bard ben Ahmad, infligió una derrota de consideración cerca de una localidad llamada Mitonia o Mudania, a los ejércitos de Ordoño II. Un año después, el general Ishaq ben Muhammad al-Qurashi desbarató los contingentes del rey leonés cuando este trataba de adentrarse, una vez más, por los territorios musulmanes. 

Al siguiente año 920, Abderramán III, salió personalmente contra Ordoño y Sancho, llevando a feliz término la célebre campaña de Muez, que duró tres meses, saqueando e incendiando Osma, el 8 de julio; la toma y desmanteló San Esteban de Gormaz, ocupó las fortalezas de Carcar y Calahorra; el día 26 tuvo lugar el sangriento descalabro de navarros y leoneses en el valle de Junquera y la célebre derrota de Valdejunquera del mismo día y, por último, la conquista al asalto del castillo de Muez, del que tomó nombre la campaña, el día 29. 

Un año después, es Ordoño el que hace una profunda incursión por territorio musulmán. En 923, el monarca leonés se adueñó de Nájera, mientras Sancho Garcés I, atacaba a los Banu Qasi en el castillo de Viguera. Al año siguiente, Abderramán emprendió una aceifa de castigo contra el rey navarro, saqueando los castillos de Peralta, Falces, Tafalla y Carcastillo, haciéndole huir, llegando a Pamplona, cuya ciudadela fue ocupada, saqueados sus barrios e incendiada su catedral, y finalmente, bajó contra la vieja fortaleza musulmana de Sajra Qays (Azagra), que destruyó y emprendió el camino de regreso a sus dominios por Tudela. 

Años después, el día 1 de agosto del 939, el califa sufrió el desastre del foso de Simancas, donde los contingentes leoneses de Ramiro II, los castellanos del conde Fernán González y los navarros de la reina Toda se cubrieron de gloria. 

El intervalo comprendido entre 940 a 945 menudearon las incursiones de los musulmanes por tierras de León y Galicia, de las que volvían repletos de botín. En 946, el cuartel de operaciones de la Marca media de al-Andalus fue trasladado desde Toledo a la vieja fortaleza de Medinaceli, que había estado abandonada durante mucho tiempo y hubo de ser reconstruida. En julio de 956, una los musulmanes hicieron más de diez mil muertos a los cristianos al atacar por sorpresa; Ordoño III, bajó a saquear Lisboa, y su suegro Fernán González obtuvo un éxito sobre los musulmanes cerca de San Esteban de Gormaz. Al siguiente año, al-Nasir concertó un ventajoso tratado con Ordoño III y el conde castellano; pero murió el rey de León, y su hermano y sucesor, Sancho I el Craso, se negó a ratificar el documento, por lo que el califa ordenó proseguir la lucha, y Sancho sufrió un serio descalabro, que le supuso la pérdida del trono leonés y el salir hacia Navarra para colocarse bajo la protección de su abuela Toda. 

Poco tiempo después, La reina navarra se decidió a emprender el camino de Córdoba con su hijo García Sánchez I y su nieto Sancho, para rendir homenaje al califa, al tiempo que le pedía ayuda militar. Al-Nasir envió un ejército contra Zamora, que fue ocupada, con lo que Sancho I recobró el trono leonés en 960. A partir de entonces, los estados cristianos fueron tributarios suyos. Por lo que respecta a las relaciones entre Córdoba y Barcelona por esta época, parece ser que fueron amistosas, si bien la plaza de Tarragona fue recuperada por los musulmanes en los últimos días de al-Nasir, sin que se sepa qué circunstancias concurrieron en el suceso. 

Otra faceta interesante del reinado de al Nasir, la constituyó la gran actividad que este soberano se vio forzado a desarrollar en el septentrión africano para librar a la España musulmana de la amenaza fatimí; mediante la práctica de una política audaz, atinada y oportunista, no solo logró inmiscuirse en los asuntos de África y atraer hacia la órbita omeya un buen número de partidarios con bastante antelación al único intento de los fatimíes contra al-Andalus: el saqueo de Almería, en 955, por los soldados del califa al-Mu'izz, sino que consiguió, además, posesionarse de Ceuta en el 927 y Tánger en el 951, las plazas marítimas más importantes del litoral africano en el Estrecho. 


El Alcázar de Córdoba, llegó a ocupar una extensión considerable. Tenía el palacio cinco puertas, que nunca se abrían a la vez. La principal daba a la presa o azud del río, y se llamaba la puerta de la Zuda, cerca estaba la puerta de la Justicia. Las otras tres eran las llamadas de Hierro, del Río y la poterna del Norte. Otra residencia real, era la almunia de al-Naura o de la Noria, a orillas del Guadalquivir. 


Un nuevo palacio, digno de un gobernante poderoso: Medina Azahara.


Pero Abderramán quería tener otro palacio, a poder ser más fastuoso. Y entonces se le presentó, de improviso, la ocasión. Una de sus concubinas había dejado, al morir, una importante fortuna al soberano, que éste decidió emplear en construir una medina (ciudad) a la que decidió dar en nombre de Zahara (flor), una de sus favoritas. El emplazamiento elegido fue en la parte occidental de la sierra cordobesa, a los pies del Yebel Alarus (el Monte de la Novia). El año 936. Dieron comienzo las obras de Medina Azahara, que habrían de durar cuarenta años. El arquitecto designado se llamaba Maslama, e intervinieron unos diez mil hombres. 

Abderramán no tuvo paciencia para esperar a acabar las obras, trasladándose a la nueva residencia el año 945. Se llegaba a ella por una carretera que desembocaba en una puerta llamada Zuda, la cual daba acceso a la larga galería que desembocaba en los salones de recepción. Durante los veinticinco años que duró el reinado de Abderramán III, se gastaron enormes sumas en el nuevo palacio. 

Por aquel tiempo Córdoba llegó a ser un centro de tráfico de esclavos, procedentes del Este de Europa y del África negra. En el año 935 llegó a Córdoba Juan de Gortz, embajador de Otón I, emperador de Alemania, tomando suma importancia las relaciones del Califato con la Europa Central. 

Los años de su vejez, los pasó Abderramán III en Medina Azahara, entregado al amor, la poesía y la música. Abderramán III murió en Córdoba el 15 de octubre de 961, en pleno apogeo de su fama y de su poderío, y fue inhumado en la Rawda del Alcázar, junto a sus antepasados. 






FUENTES: Nubeluz, Biografías y Vidas, y Wikipedia