viernes, 10 de abril de 2020

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez



          Más conocido como Diego Velázquez, al adoptar el apellido de su madre, según uso frecuente en Andalucía, nació en Sevilla el 6 de junio de 1599, muriendo en Madrid el 6 de agosto de 1660. Pintor del Barroco, es considerado uno de los más importantes de la pintura universal.

          Fue el hijo primogénito de un hidalgo perteneciente a una familia oriunda de Portugal, tal vez de Oporto, aunque nacido en Sevilla, llamado Juan Rodríguez, y de Jerónima Velázquez, también mujer de abolengo. En el día de su bautismo, Juan, previo pago de una módica suma al sacristán, convidó a los allegados a clarete y a tortas de San Juan de Alfarache y entretuvo a la chiquillería con monedas de poco monto que arrojó por la ventana. Diego se mostró dócil a los deseos paternos durante su infancia e ingresó en el taller de Francisco Pacheco sin rechistar.

          En este taller, pronto, descubrieron su talento, ya que aprendía rápidamente. Los lazos con Pacheco se hicieron muy fuertes y se unieron más cuando Pacheco le dio la mano de su hija Juana de diecisiete años, cuando Diego estaba próximo a cumplir los veinte años, motivado por su virtud, limpieza, y buenas costumbres, y de las esperanzas en su gran ingenio. En el taller de su suegro, desarrolló un estilo influido por los manieristas. Sus obras eran similares a las de Juan de Roelas, mezclándolas con los impresionantes claroscuros de Caravaggio, aunque con el tiempo, estudiosos del arte, dudarán de la influencia de Caravaggio. Con el paso del tiempo se vio influido por un realismo barroco, con un uso notable de contrastes, tomando como base obras de Francisco de Zurbarán y Alonso Cano.

          Esta influencia del realismo se dejo ver en sus producciones, que en su mayoría respondían a cuadros religiosos, en estas obras religiosas llegó al fondo de los personajes, demostrando su gran capacidad para el retrato.

          Felipe IV lo nombró pintor de la corte. Tras este nombramiento Velázquez se trasladó al Palacio Real (antiguo Alcázar). En Madrid, su estilo sufrió varios cambios, relevando los tonos terrosos por una gama de grises que, con el tiempo, sería su recurso más usado. Hacia 1630 conoció a Rubens, con quien mantuvo una gran amistad; Rubens lo invita a conocer Italia, y consigue la licencia del rey. Visitó Verona, Ferrara, Loreto, Bolonia, Nápoles y Roma, estando muy atento para posteriormente poner en práctica lo observado. En este viaje, le nació un hijo en Roma y liberó a Juan de Pareja, su esclavo durante años. Regresando a Madrid en 1651.

          En Madrid, continuó produciendo los encargos reales. Destacando en este periodo la cantidad de pinturas de personajes pertenecientes a la Corte, así como bufones o enanos. Por empeño personal de Felipe IV, Velázquez recibiría, un año antes de morir en Madrid el 6 de agosto de 1660, la preciada distinción de caballero de la Orden de Santiago, un honor no concedido nunca ni antes ni después a pintor alguno. Seis días después murió su mujer, Juana Pacheco. A su muerte el rey Felipe IV añadió al autorretrato del pintor la cruz de Santiago. Se dice que fue el propio monarca, aficionado a las artes, quien dibujó la cruz roja en el pecho del artista. Y aunque, al demoler la iglesia, nadie recordaba que sus restos habían sido sepultados en la parroquia de San Juan Bautista, cuando en 1990 se organizó una magna retrospectiva de su obra en el Museo del Prado, miles y miles de personas llegadas de todos los puntos cardinales afluyeron incesantemente para admirar su obra.


Para la realización de la presente biografía, se han utilizado diversas fuentes. La imagen se encuentra en el Palacio Pitti de Florencia
Por Ramón Martín

jueves, 2 de abril de 2020

Francisco de Goya - Baile a orillas del Manzanares



Realizado entre 1776 y 1777, es un óleo sobre lienzo de 272 X 295 cm.

        Cartón para tapiz con la representación de una escena popular de majos y majas bailando unas seguidillas, baile popular de la región de Castilla la Nueva y de Madrid, menos movido que el famoso fandango. La vista de las orillas del río Manzanares refleja con fidelidad, en el primer término, la zona del puente de los Pontones, y según Goya "a lo lexos se ve un poco de Madrid por San Francisco". Se conservan dibujos de las orillas del Manzanares en el Cuaderno italiano de Goya, y un dibujo del natural para el majo batiendo palmas.

        El tapiz resultante de este cartón estaba destinado a colgar en uno de los paños de los muros laterales del comedor de los príncipes de Asturias (el futuro Carlos IV y su esposa María Luisa de Parma en el Palacio de El Pardo en Madrid. La serie de la que forma parte se componía de diez tapices de asuntos "campestres" (todos conservados en el Museo del Prado, siendo su composición ya en estos años de invención del propio Goya, como consta en los documentos relativos al encargo.



Fuente utilizada: Museo del Prado - Madrid
Imagen: Museo del Prado - Madrid

jueves, 26 de marzo de 2020

Francisco de Goya - La merienda



Fechado en 1776, es un óleo sobre lienzo, de 271 X 295 cm. 

Cartón para tapiz con la representación de un grupo de majos, sentados a orillas del río Manzanares a las afueras de Madrid, que descansan comiendo, bebiendo y fumando, mientras brindan por la naranjera que se les ha acercado con su mercancía. A la derecha se puede entrever la ermita de la Virgen del Puerto, oculta por un grupo de árboles. Es excelente el bodegón del primer término, pero no lo es menos el juego amoroso entre la naranjera y los majos.
El tapiz resultante de este cartón colgaba en el comedor de los príncipes de Asturias (el futuro Carlos IV y su esposa María Luisa de Parma) en el Palacio de El Pardo de Madrid. La serie de la que formaba parte se componía de diez tapices de asuntos "campestres" (todos conservados en el Museo del Prado), siendo su composición ya en estos años de invención del propio Goya, como consta en los documentos relativos al encargo.


Fuente utilizada: Museo del Prado - Madrid
Imagen: Museo del Prado - Madrid

jueves, 12 de marzo de 2020

Francisco de Goya - Partida de Caza



Fechado en 1775, es un óleo sobre lienzo, de 290 X 226 cm. 

En esta escena se representan dos géneros de caza, a pie y a caballo, incluyendo, además, diversas modalidades de la caza menor. Formó parte del primer encargo que recibió Goya para la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara en 1774-1775. La composición fue aún de invención de Francisco Bayeu, según los documentos conservados, y el tema general elegido, la caza, estaba en consonancia con el uso que los monarcas hacían del Real Sitio de El Escorial, en donde pasaban el otoño.

El tapiz resultante de este cartón formaba parte del conjunto para el comedor de los príncipes de Asturias (el futuro Carlos IV y su esposa María Luisa de Parma), en la zona palaciega del Monasterio de El Escorial. La serie consistía en ocho tapices de asuntos de caza (seis de ellos en el Museo del Prado).


Fuente utilizada: Museo del Prado - Madrid
Imagen: Museo del Prado - Madrid

martes, 3 de marzo de 2020

Sigerico – REYES VISIGODOS



Segundo de los reyes visigodos en Hispania

          Sigerico pertenecía a los Rosomones, un linaje de gran nobleza que junto a los Amalos y Baltos había ostentado la realeza entre los pueblos godos antes de entrar en el Imperio romano. Su hermano Saro, fue rival y tuvo fuertes enfrentamientos con Alarico y Ataulfo. Nombrado muy pronto rey de los godos, Saro se puso al servicio del Imperio, siendo promocionado a general en jefe del Ejército imperial en las Galias, y aspirando a sustituir a Estilicón como generalísimo de los Ejércitos de Occidente. El año 412 Ataulfo capturó y asesinó a Saro, cuando éste marchaba a unirse al usurpador imperial Jovino.


          Posteriormente, Ataulfo caía asesinado en Barcelona, víctima de la venganza de un antiguo miembro del séquito armado de un rey godo, que bien pudo ser Saro. Lo cierto es que ante la inesperada desaparición de Ataulfo, Sigerico logró ser reconocido rey por su Ejército, en lugar de algún otro miembro del linaje Balto.

          El reinado de Sigerico es uno de los más breves dentro de la historia de los reyes visigodos, pues apenas ostentó el poder, durante siete días.

          Los planes de Ataulfo pasaban por la creación de un nuevo reino para los godos, al que llamarían Gotia, aunque a pesar de la ilusión puesta por los godos, no pudo llevarse a cabo debido a que las negociaciones con Roma fueron del todo inútiles y su fallecimiento terminó por enterrar tal voluntad. Sigerico fue nombrado como rey de los visigodos por aclamación, siendo la primera vez que un rey visigodo tomaba su corona dentro de las fronteras de Hispania.

          Sus súbditos, pronto advirtieron su falta de diplomacia, lo que no es de extrañar, ya que sus principales apoyos fueron los nobles más favorables a una guerra directa con Roma. Así llegó su primer edicto, en el que condenaba a la pena capital a los seis vástagos de Ataulfo con la pretensión de que ninguno de ellos pudiese llegar a reclamar el trono en nombre de su fallecido padre. Denotaba el origen en una venganza de sangre. Los hijos de Ataulfo estaban al cuidado del obispo godo arriano Sigisaro, tal vez pariente suyo, También humilló públicamente a la viuda, la princesa Placídia, hermana del emperador Honorio, obligándola a marchar a pie junto a su caballo durante más de quince kilómetros, junto al resto de esclavas.

          Pronto fueron reunidas todas las tropas visigodas con la intención de lanzar un gran ataque sobre Roma, el cual podría haber tenido éxito, por la gran cantidad de efectivos, además de la población bárbara (suevos, alanos y vándalos) que vivía en Roma, ya debilitada por las incursiones de Ataulfo y Alarico. Pero los afines a Walia, que le consideraban como sucesor legítimo del asesinado Ataulfo y aquellos que querían terminar las hostilidades contra el imperio, dieron al traste con el plan y asesinaron a Sigerico al séptimo día de su reinado.

          Debido al malestar general que dejó tras de sí Sigerico, nadie puso ninguna objeción a su asesinato, ni a la legitimidad de Walia como siguiente rey de los visigodos. Con Walia volvía a restablecerse el linaje baltingo y el pueblo visigodo se encaminaba a su nueva tarea, consistente en expulsar a los demás pueblos bárbaros de Hispania.


Para realizar este artículo se han utilizado diversas fuentes y folletos, la fotografía de WikipediA.
Por Ramón Martín

lunes, 24 de febrero de 2020

Francisco de Goya – PINTORES ESPAÑOLES



Un breve repaso por la biografía del maestro, incluyendo algunos detalles menos conocidos del mismo.


CONTENIDO

-     -- Detalles de su biografía
-     -- La inquisición condena algunos de sus trabajos
-     -- Los horrores producidos por la guerra
-     -- La sordera del maestro
-     -- Las mujeres y Goya
-     -- La cabeza de Goya





Detalles de su biografía

Nace el que sería famoso pintor, el 30 de marzo de 1746, en la zaragozana Fuendetodos. Fueron sus padres, Braulio José Goya y Franque dorador de origen vasco, y de Gracia Lucientes Salvador, de una antigua familia de la pequeña nobleza que había venido a menos. Instalada la familia en Zaragoza, Francisco entro a aprender el oficio de pintor en el taller de José Luzán, hasta que decidió establecerse por su cuenta y "pintar de mi invención".
Fueron transcurriendo los años, atendiendo los encargos que le permitían una existencia desahogada. En 1771 viaja a Italia, a partir del cual sufrirá una interesante evolución, presente en La gloria del nombre de Dios, del Pilar de Zaragoza.
En esta época, dedica mas tiempo a sus francachelas nocturnas que cuidarse de su profesión. Apenas pinta algunos encargos de sus amigos Ramón, Manuel y Francisco Bayeu, y su hermana Josefa, con la que contraerá matrimonio en junio de 1773.
Poco después, siendo asiduo de la tertulia presidida por Leandro Fernández de Moratín, a la que acudían los más grandes y afrancesados ingenios de su generación, obtuvo el encargo de diseñar cartones para la Real Fábrica de Tapices de Madrid, donde recibe un salario de 8.000 reales. Reside en el número 12 de la calle del Espejo y tiene dos hijos: Eusebio Ramón y Vicente Anastasio. En abril de 1777 es víctima de una grave enfermedad que pudo acabar con su vida, pero se recupera y comienza a recibir encargos del futuro Carlos IV.
En 1779, solicita sin éxito el puesto de primer pintor de cámara, cargo que es concedido a Mariano Salvador Maella. En 1780, Josefa da a luz un nuevo hijo, Francisco de Paula Antonio Benito, y Goya ingresa en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y conoce al mayor valedor de la España ilustrada Gaspar Melchor de Jovellanos, con quien lo unirá una estrecha amistad. El 2 de diciembre de 1784 nace el único de sus hijos que sobrevivirá, Francisco Javier, y el 18 de marzo siguiente es nombrado subdirector de pintura de la Academia de San Fernando, obteniendo, el 25 de junio de 1786, junto a Ramón Bayeu el título de pintores del rey. El 25 de abril de 1789 será nombrado pintor de cámara de los nuevos reyes Carlos IV y doña María Luisa de Parma.

En el invierno de 1792, cayó gravemente enfermo en Sevilla, tras meses de postración, empezó a recuperarse, aunque había perdido capacidad auditiva. Además, andaba con dificultad y presentaba algunos problemas de equilibrio y de visión. Se recuperaría en parte, pero la sordera sería ya irreversible de por vida.
Tuvo que dimitir como director de pintura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en 1797, y un año más tarde de su profesión en la Real Fábrica de Tapices por hallarse tan sordo que tenía que comunicarse gesticulando.
El 9 de junio de 1796 muere el duque de Alba, Goya se traslada a Sanlúcar de Barrameda con la duquesa de Alba, con quien pasa el verano. La duquesa firmará un testamento por el cual Javier, el hijo del artista, recibirá de por vida un total de diez reales al día.


La Inquisición condena algunos de sus trabajos

En esta época, Goya pinta La maja vestida y La maja desnuda, que son condenadas por la Inquisición como obscenas, y se dice que fueran retratos de doña Cayetana de Alba. Se supone, con probabilidades de ser cierto, que ambos cuadros fueran anverso y reverso del mismo bastidor, pudiéndose mostrar, a conveniencia una u otra pintura, algo que por entonces era algo muy común en los ambientes ilustrados de Francia. Ambas obras se hallaron en 1808 en la colección de Godoy; siendo conocidas por el nombre de "gitanas".

No debió gustar a la Inquisición el contenido de la colección de ochenta aguafuertes. Me refiero a Los Caprichos. Goya se adelantó a lo que pudiera venir, retirándolos de la venta que, durante un tiempo pudieron adquirirse en la perfumería ubicada en la misma casa del pintor, en la calle Desengaño de Madrid.
De estos episodios debió nacer la antipatía del aragonés hacia los mantenedores de las viejas supersticiones y censuras, entregándose, desde entonces, a inspirados ejercicios de dibujo, reservando la mayoría para su selecto grupo de allegados.


Los horrores producidos por la guerra

El 2 de mayo de 1808, el pueblo de Madrid se revela contra el ejército francés que ya ocupa la capital. Tiene Goya 62 años, y no está para pelear en las calles, pero si para observar todo lo que está ocurriendo por las calles. Con los detalles recogidos realizará algunos de los cuadros más interesantes de su intensa producción. Destacaremos La carga de los mamelucos en la Puerta del Sol de Madrid o los fusilamientos del 3 de mayo en la montaña del Príncipe Pio de Madrid.

A partir de aquí, el pesimismo le irá haciendo mella. En 1812 tras morir su esposa, publicará entre 1816 y 1818 publica sus series de grabados, la Tauromaquia y los Disparates; en 1819 adquiere una villa a orillas del manzanares, que se conocerá como la Quinta del Sordo, y la decora con monstruos y sórdidas tintas, son las llamadas pinturas negras. En 1823, tras la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis, se ve obligado a esconderse y escapar a Burdeos, refugiándose en casa de su amigo Moratín.
En 1826, regresó a Madrid, donde permaneció dos meses, durante esta estancia, Vicente López Portaña,  realiza un retrato de Goya, cuando éste contaba ya con ochenta años y antes de partir, de nuevo, a Burdeos, donde morirá el 16 de abril de 1828, siendo enterrado en Francia. En 1899 sus restos mortales fueron trasladados a la ermita de San Antonio de la Florida, cien años después de que pintara los frescos de dicha iglesia, en 1798.


La sordera del maestro
En 1793, contrajo una enfermedad no diagnosticada, que le llevó a permanecer durante varios meses en cama, sufrió alucinaciones, dolores de cabeza constantes, pérdida de audición y apenas podía caminar. Con el tiempo casi todos los síntomas desaparecieron, excepto la sordera.  Es muy posible que padeciera una enfermedad autoinmune llamada síndrome de Susac o que contrajera la sífilis. Aunque también pudo deberse al saturnismo producido por la inhalación de plomo, presente en la mezcla con el óleo, pero Goya tuvo un mezclador, de modo que esa posibilidad se vuelve lejana. O quizá se debió a su elevado consumo de quina, procedente de Perú.



Las mujeres y Goya
El maestro tuvo dos relaciones serias. La primera con su esposa Josefa Bayeu y la segunda con Leocadia Zorrilla. De su esposa nacieron ocho hijos, aunque solo llegaría a edad adulta uno de ellos, Javier. Al morir Josefa, aparece en la vida del pintor Leocadia, aunque no llegaron a casarse. Leocadia tuvo una hija, aunque no se puede asegurar que lo fueran también de Goya. Este tenía una gran predilección por esta niña, y es posible que sea la que figura en una de sus últimas obras: La lechera de Burdeos.
Otra de las mujeres que merecen atención es su madre, la cual, al quedar viuda, se trasladó a Madrid a casa de su hijo, aunque pronto, regreso a Fuendetodos. Goya nunca pintó un retrato de su madre, como tampoco lo hizo de su esposa Josefa. Sin embargo, es posible que Leocadia aparezca en alguna de las pinturas de la Quinta del Sordo.
No existe certeza de que tuviera alguna relación con la duquesa de Alba, salvo la realización de sus retratos.


La cabeza de Goya

No quiero dejar este artículo, sin mencionar un misterio que ha llegado hasta nuestros días. Me refiero a la desaparición de la cabeza, de los restos mortales del artista.
Como veíamos anteriormente, por razones políticas se desplazó a Francia, estableciéndose en Burdeos, donde falleció. Sus restos fueron enterrados en esa ciudad, hasta que el Cónsul Joaquín Pereyra descubrió su paradero y solicitó la exhumación y envío de los restos a España. Pero tras descubrirlo se identificó la falta de la cabeza del pintor. Inmediatamente empezaron indagaciones, pero nadie supo aclarar donde se encontraba el cráneo. Desde entonces, han surgido múltiples teorías, unas aseguran que la cabeza fue extraída por profanadores de tumbas o que se perdió antes de su entierro.
Una de las teorías implica al pintor Dionisio Fierros, quien en su lienzo llamado Vanitas retrata un bodegón en el que al fondo se ve un cráneo sin mandíbula con la inscripción: Cráneo de Goya pintado por Fierros. También aparece el nombre del marqués de San Adriánun maestro y mercader de los dos pintores, que era aficionado a la frenología, lo que motivó el mito de que Francisco de Goya le haya donado la cabeza en su lecho de muerte. Otra teoría surgió en un artículo de Eugenio Gallego, en el que asegura que el cráneo se encontraba en la Universidad de Salamanca y fue usado para un experimento en el que explotó.

Para la realización del presente artículo, se han utilizado diversas publicaciones. Las imágenes de WikipediA, Pinterest y la web del Museo del Prado
Por Ramón Martín

jueves, 20 de febrero de 2020

Ataulfo – REYES VISIGODOS



Se desconoce la fecha de su nacimiento, aunque es segura su pertenencia a la alta nobleza de los godos tervingios. Al parecer, era pariente de su antecesor Alarico I. El año 408, al frente de un importante número de godos y hunos, se unió a su pariente Alarico, que estaba en territorio italiano. Ataulfo aportó al ejército godo de Alarico los guerreros a caballo, que hasta entonces estaba formado, únicamente, por infantes. Como consecuencia fue nombrado conde de estas formaciones a caballo. Primer paso para que, tras la muerte de Alarico en Cosenza, a finales del 410, fuera nombrado su sucesor.

Su reinado sería una continuación del de Alarico, que no había sido capaz de resolver un importante problema, o la integración en el seno del Imperio o la constitución de un reino godo en su interior. La usurpación de Jovino en las Galias en 411 trajo como consecuencia el ofrecimiento a Honorio de su ejército. Ese mismo año Ataulfo impedía, en las Galias, la unión de las fuerzas de Saro, con las de Jovino, haciéndole prisionero y decapitándole. Unos meses después, en 413, pactaba con Honorio una alianza por la que se comprometía a prestar su servicio militar a cambio de alimentar a quince mil soldados godos.

Pero Ataulfo vio como Constancio, cerraba su promoción en el Imperio. Por ello, como antes hiciera Alarico I, hizo un nuevo esfuerzo de sustituir a Honorio por un emperador que fuera más dócil. En enero del 414, contrajo matrimonio, en Narbona, con la princesa Gala Placidia. Con este matrimonio, Ataulfo, abandonaba la idea de sustituir el Imperio romano por una Gothia, optaba con ese matrimonio, por su integración plena en el Imperio. Sin embargo, este objetivo fracasó por la firme intransigencia de Honorio y del poderoso Constancio que abrigaba la idea de hacer a Placidia su propia esposa.

Perseguido por el ejército de Constancio, que logró apoderarse de todas las reservas de grano en los puertos de la Galia, impidiendo el abastecimiento de los godos, por lo que Ataulfo se vio obligado a abandonar el mediodía galo y penetrar en la Península Ibérica a finales del 414. Unos meses después, era mortalmente herido mientras inspeccionaba sus cuadras por Eberwulfo, que se vengaba así de la muerte de su antiguo patrono, aunque parece ser cierto que, el verdadero motivo de este asesinato fue su sentimiento demasiado filorromano que disgustaba a la alta nobleza visigoda. Le sucedió Sigerico, hermano de Saro, que mató a los hijos de Ataulfo de corta edad tenidos de otras mujeres y humilló a la viuda Gala Placidia.

Para realizar este artículo se han utilizado diversas fuentes y folletos, las fotografías son de la red.
Por Ramón Martín

domingo, 16 de febrero de 2020

Castillo de Portillo, Valladolid – CASTILLOS DE CASTILLA



El año 1255 Alfonso X de Castilla dona la villa de Portillo con su alfoz al concejo de Valladolid, siendo disputada, durante las revueltas de la minoría de edad de Alfonso XI por sus dos tutores: D. Juan Manuel y el Infante Felipe, llegando éste a tomar la villa por las armas; no siendo mencionada la existencia de castillo, como tampoco aparece en la donación que obtiene Valladolid  de Alfonso XI en 1352, que  la incluirá en 1339 entre las villas dadas a su hijo el infante Tello. Confiscada en la guerra civil, durante los enfrentamientos entre Enrique II y su hermanastro Pedro I, pasará momentáneamente a manos de Fernando de Castro.

Con la victoria de Enrique II, el infante Tello recupera sus posesiones pudiendo ser el constructor del primer castillo de Portillo pues, tras su testamento de 1370 en que dona la villa a sus cuatro hijos mancomunadamente, Enrique II ordena en 1371 que sea sólo uno de ellos el que reciba la villa y la “fortaleza” de Portillo. En 1378 Enrique II entrega Portillo a su hijo, el duque de Medina Sidonia. Al morir éste en 1404 la villa y su tierra revierten a la Corona castellana, formando parte en 1409 de la dote de la infanta María -hija de Enrique III- que la vende en 1415 a su hermano Juan II de Castilla, el cual, durante su reinado existieron dos fracciones enfrentadas; una, la del Rey con Álvaro de Luna y otra, la de los Infantes de Aragón. El castillo de Portillo será recompensa o prisión para uno y otro bando, según la cambiante suerte de la guerra. En 1423 el Rey entrega la villa y su castillo de Portillo a Diego Gómez de Sandoval que en 1429 se alza en armas en Peñafiel apoyando a los Infantes por lo que Juan II le confisca todas sus villas y le declara “desobediente y rebelde”, refugiándose en Aragón. En 1436 los dos bandos llegan a un acuerdo aunque Juan II de Castilla impone que Sandoval no pueda entrar en el reino sin su permiso expreso y aunque, dos años más tarde, puede regresar a Castilla, el 11 de septiembre de 1438 el Rey había donado Portillo a Ruy Díaz de Mendoza. La situación es favorable al Rey y Álvaro de Luna hasta 1441 en que Juan II es hecho prisionero en Medina del Campo por los Infantes de Aragón. Entonces se anulan las donaciones posteriores  al 1 de septiembre de 1438 por lo que Diego Gómez de Sandoval recupera el dominio sobre Portillo, donde es encarcelado el propio Rey. Sin embargo, Juan II lograra escapar y hacer frente a los infantes en la batalla de Olmedo en la que vence, cayendo prisionero esta vez Sandoval.



Al año siguiente es perdonado y recupera sus posesiones hasta 1448 en que Álvaro de Luna, harto de las intromisiones de los Infantes de Aragón, da un golpe de Estado y encarcela a varios de los cabecillas en Portillo. Diego Gómez de Sandoval logra huir a Aragón, donde morirá, Álvaro de Luna logrará la donación del castillo por Juan II. En 1453 cae, a su vez, en desgracia y es encarcelado en Portillo por orden real hasta su ejecución.

Juan II lo entrega nuevamente a Ruy Díaz de Mendoza que lo disfruta brevemente por cuanto el Rey en su testamento -1454- lo lega a su hijo el Infante Alfonso. Sin embargo, el testamento lo incumplirá el heredero de la corona, Enrique IV, que retiene la villa hasta 1464 cuando la liga de nobles le obliga a reconocer a su hermano Alfonso como heredero y a restituir todas las villas que le dono su padre. Pasa Portillo por tanto a Alfonso, pero al año siguiente empieza la guerra entre los dos hermanos y el Infante Alfonso entrega Portillo a su partidario Rodrigo Pimentel, Conde de Benavente, quién, conocedor sin duda de la historia reciente adopta una singular estrategia para conservar el castillo, “adaptándose a los cambios de la historia”. Así en 1468 cambia de bando logrando que Enrique IV también le haga la donación de la villa.

Acabada la guerra tras la muerte del Infante el rey confirma la donación, y permite su inclusión en el mayorazgo del Conde de Benavente, que realiza importantes obras en el castillo y en otras fortalezas estratégicas como Villalba. Apoya al rey hasta su muerte en contra de las pretensiones de los príncipes Isabel y Fernando, pero al morirse Enrique IV en 1474, vuelve a cambiar de bando siguiendo el partido de los Reyes Católicos, en contra de la princesa heredera Juana y su marido Alfonso de Portugal. Durante esta guerra, Portillo será entregada y ocupada por los portugueses, en 1475 como trueque por el rescate del Conde de Benavente que estaba preso, recuperándolo posteriormente por orden de Fernando el Católico, asegurando definitivamente su título de propiedad.



El castillo de Portillo. Pese a ser modelo de la escuela de Valladolid, es fruto de las sucesivas etapas constructivas que lo enriquecerán a lo largo de casi 150 años. La parte más antigua, toda la planta del recinto interior corresponde a finales del siglo XIV posiblemente al Infante Tello, con sus arcos apuntados, sus bóvedas góticas sobre arcos fajones y su curiosa torre en forma de D en una de las esquinas. La primera reforma importante acerca, sin embargo, al edificio a la imagen del castillo-palacio vallisoletano; se eleva la torre con una gran sala abovedaba, se construye el cuerpo palacial adosado a la fachada, y entre el cuerpo y la torre se deja un patillo de entrada con las puertas desenfiladas que protegían la entrada. Poco después se continúa la obra elevando un piso el cuerpo palacial, esta vez con distintos canteros, pero con los mismos escudos en los frentes de las ventanas.

Los escudos fueron atribuidos primeramente a los Mendoza y después a Diego de Sandoval y María Ladró de Pallars, pero la fecha de este matrimonio (1447) no parece coincidir ni con una posesión suficientemente dilatada como para construir el castillo de Portillo por los Sandoval (se lo confiscan definitivamente en 1448) ni con los detalles de las garitas y troneras del castillo, que lo relacionan con los constructores de Ampudia y Villalonso, construidos después de 1450. Tampoco se ha podido documentar este blasón como el de la segunda mujer de Sandoval. La fecha más razonable para su construcción, coincide con la posesión de Enrique IV y los escudos bien pueden ser sus armas personales.

En los años 70 del siglo XV el Conde de Benavente inicia importantes obras en el castillo, construyendo la barrera exterior rodeada de profundos fosos chapados de piedra, reformando el patio palacial en la que se sustituyen las galerías del primitivo palacio de Enrique IV y construyendo un impresionante pozo de casi 35 metros de profundidad. Refuerza de esta forma la condición militar de un edificio que había tenido carácter palacial hasta ese momento y escasas cualidades defensivas.


Para la realización del presente artículo, se han utilizado los trabajos publicado por Fernando Cobos Guerra y José Javier de Castro Fernández en la Asociación de Amigos del Castillo de Portillo y WikipediA. Las imágenes de WikipediA y Pinterest.
Por Ramón Martín