miércoles, 13 de marzo de 2019

BERTA, esposa de Pedro I rey de Aragón y Pamplona

Castillo de Marcuello
Fue la segunda esposa del rey Pedro I de Aragón y Navarra, se casaron el 16 de agosto de 1097 en la Catedral de Huesca. Al casarse recibió como dote los lugares de Agüero, Murillo, Riglos, Marcuello, Ayerbe, Sangarrén y Callén además de una almunia próxima a Berbegal.


En 1104, el rey murió sin descendencia, recayendo el reino sobre su hermano Alfonso I el Batallador, mientras que la reina-viuda Berta, permanece como soberana del Reino de los Mallos. Pero la realidad es que la reina es retenida durante un año, para tener certeza de que no está gestando un hijo del rey muerto que pudiera reclamar su derecho al trono. A pesar de todo sigue firmando documentos importantes con el titulo de reina. Doña Berta siguió disfrutando de su asignación dotal, durante el periodo en el que su cuñado, el nuevo rey, era soltero y sin sucesión directa.

Cuando comprobaron que no había una gestación póstuma, doña Berta desapareció de la historia dando pábulo a la leyenda de un reino dentro de otro reino. Algunos historiadores piensan que se fue a Francia y otros dicen que a Italia, pero no hay nada fundamentado.


Fuente: Reino de los Mallos

INÉS DE AQUITANIA, esposa de Pedro I rey de Aragón y Pamplona



Se supone que debió nacer a finales de 1072, era hija del conde de Poitiers y duque de Aquitania, Guillermo VIII y su tercera esposa, Hildegarda de Borgoña. En 1081 fue prometida con Pedro I de Aragón. El matrimonio se celebró el año 1086 en Jaca, convirtiéndose Inés en reina consorte de Aragón y Navarra.
Del matrimonio nacerían dos hijos, que fallecieron antes que su padre; Pedro de Aragón e Isabel de Aragón.
Inés murió, posiblemente, el 6 de junio de 1095 y,  su esposo, se volvió a casar con una mujer llamada Berta, con la cual tampoco tuvo descendencia, muriendo después. Con ello, se cortó la línea sucesoria del Reino de Aragón, que fue continuada por su hermano Alfonso I el Batallador, y posteriormente, por el hermano menor, Ramiro II el Monje.



FUENTE: WikipediA

PEDRO I rey de Aragón y Pamplona



Fue hijo de Sancho Ramírez, monarca de la dinastía aragonesa creada tras dividir el reino Sancho Garcés III en Mayor en 1035, y de Isabel de Urgell, hija de Ermengol III de Urgell. Desconocemos la fecha de su nacimiento, aunque la podemos situar, entre septiembre de 1068 y septiembre de 1069, por ser su madre repudiada por el rey en el 1070. Pedro fue el primogénito de sus hermanos: Fernando, Alfonso y Ramiro II el Monje.

Aunque apareció públicamente en 1072, a partir de 1080 figuró regularmente en el entorno real. A partir de esas fechas, los compromisos importantes, llevaban la corroboración de Pedro. El nombre que, hasta entonces no había sido utilizado por la monarquía aragonesa, parece que fue un acercamiento a la Santa Sede, tras el vasallaje prestado al Papa en 1068. Por otra parte, este nombre será, a partir de aquí, uno de los característicos de la Familia Real aragonesa, juntamente con Alfonso.

“Pedro, hijo de Sancho lo escribió”

Como es habitual, se carece de información sobre la educación recibida por Pedro, aunque se atribuye al abad de Alquezar, Galindo de Muro. A diferencia de sus antecesores y sucesores, que firmaban con signos cruciformes, Pedro firmaba sus documentos con un signo árabe, con una fórmula que dice: “Pedro, hijo de Sancho lo escribió”. Es posible que supiera algo de árabe y, que quisiera, con este gesto, realzar su dignidad copiando prácticas andalusíes.

En junio de 1085, Sancho Ramírez le hizo entrega del dominio sobre Sobrarbe y Ribagorza, que habían sido anexionados por Ramiro I. Esta entrega, implicó una clara actividad política por parte del joven Pedro I, preparando así la sucesión al Trono, de una manera que no supusiera ninguna brusquedad, cosa que debilita al nuevo gobernante, frente a los nobles. Esta posición culminó el 24 de junio de 1089, cuando Sancho y el infante Pedro conquistaron Monzón, que fue confiado al heredero siendo, a su vez, el comienzo de una serie de campañas contra Zaragoza y otras ciudades del valle del Ebro.

La expansión se inició seis años antes, con la ocupación de fortalezas a lo largo de los ríos Gállego y Cinca, sectores estratégicos para la defensa de la taifa zaragozana, pero adquirió nuevos matices, cuando Rodrigo Díaz de Vivar, que había contribuido a apuntalar las defensas musulmanas, optó por la creación de un principado propio en Valencia, tres años después, llegó a un acuerdo con el soberano aragonés, dando paso a una alianza dirigida a debilitar las taifas de la zona oriental de la Península.

Despejado el camino, Sancho Ramírez, con el objetivo de devastar las comarcas islámicas de la región, fortificó en 1091 “Sobre Zaragoza” (El Castellar) y, dos años después, Almenar, en las inmediaciones de Lérida. En esos años, Sancho, organizó una importante campaña contra Tortosa, colaborando con la flota genovesa, ocupando Salou y algunos castillos en el Maestrazgo valenciano y La Plana castellonense. Paralelamente, consolidó diversas alianzas y vasallajes, siempre compartidos por el infante Pedro. Reactivó las relaciones con la Santa Sede, con Urbano II. La invasión de los almorávides en 1086 hizo evolucionar la relación con Alfonso VI, hasta transformarla en una auténtica ayuda militar.

El matrimonio del infante Pedro con Inés, hija de Gui-Geoffroi o Guillermo VIII, conde de Poitou y duque de Aquitania, que se celebró en enero de 1086, tiene una gran importancia, ya que revitalizaba una relación que se había creado en tiempos de Sancho III el Mayor y que proseguiría mientras pervivió la dinastía aragonesa. Gui-Geoffroi participó en la expedición de Barbastro de 1064. Otra de sus hijas fue repudiada por Alfonso VI, lo que influyó en su decisión de aliarse con los aragoneses. Inés estuvo unida a Pedro, una vez rey, hasta 1097, cuando falleció. Con ella tuvo el futuro rey dos hijos, uno recibió el nombre de Pedro, y estaba destinado a ser el heredero del reino, y otra, Isabel, que tomaba el nombre de su abuela. Desde 1097, ambos descendientes, arrastraron una salud deficiente que hizo que muriesen antes que su padre. El infante Pedro el 1 de febrero de 1104, con lo cual se abrió el camino al hermanastro del Rey, Alfonso, el siguiente en la línea sucesoria.

Tras morir Inés, Pedro I contrajo matrimonio con Berta

Tras la muerte de Inés, el rey Pedro I contrajo un segundo matrimonio el 16 de agosto de 1097 con Berta, de origen desconocido. Es probable que fuese italiana y proveniente de la familia de los marqueses de Turín, en concreto de Pedro de Aosta, que se trataba de una familia partidaria de la reforma y de los papas, en un contexto particularmente conflictivo, por las disputas entre el emperador Enrique IV con Gregorio VII y Urbano II. Esta decisión reafirmaba el esquema de alianzas establecido por Sancho Ramírez y respetado por Pedro I.

La llegada al poder de Pedro I se rodeó de ceremoniales, por una parte para solemnizar la memoria del Soberano difunto, culminadas con el enterramiento en San Juan de la Peña, panteón dinástico, el 4 de diciembre; por otra, manifestar públicamente la presencia del nuevo Monarca. Durante el verano de 1094, Pedro, viajó a Valencia para ratificar su alianza con el Cid, recorriendo después, las diferentes comarcas del reino, para entablar contactos con los nobles.

Durante los siguientes diez años, Pedro I en una amalgama de regiones del Pirineo Central y Occidental, resultado de la incorporación de los territorios pamploneses a los dominios originarios de la dinastía remírense. Se componía esencialmente de dos núcleos estructurados alrededor de Pamplona y de Jaca, ambos unidos por el Camino de Santiago. La ruta jacobea prolongaba este sector hacia Estella.

En 1095, las campañas se encaminaron hacia las marcas de Sobrarbe y permitieron, a Pedro I, ocupar una zona que corresponde con el Somontano de Barbastro, entre los ríos Vero y Alcanadre, siendo Naval el núcleo más significativo. Un año después, en el mes de mayo, se formalizó, de nuevo, el asedio de Huesca, que solicitó ayuda de al-Musta‘in, el cual hizo un esfuerzo militar, que contó con la ayuda de algunos nobles castellanos con intereses en La Rioja. El 19 de noviembre de 1096 se enfrentaron ambos ejércitos en Alcoraz, en las cercanías de Huesca, con una victoria aplastante de Pedro I. El 27 de noviembre se entregó Huesca mediante una capitulación pactada cuyos términos se ignoran. A principios de 1097, Pedro I se encaminó a Valencia para ayudar a Rodrigo Díaz a abastecer Benicadell, librándose, al regreso, la batalla de Bairén, en la que vencieron a un importante ejército almorávide. También ayudó a Alfonso VI de Castilla-León, que había sido derrotado en Consuegra por Yusuf b. Tasufin.

Pedro I, enfermo, falleció el 14 de septiembre de 1104

En la última parte del reinado de Pedro I, tiene lugar la ocupación de Barbastro. Durante dieciocho meses, la hueste navarroaragonesa devastó el territorio y construyó varios castillos. Es posible que en la primavera de 1101, al-Musta‘in intentase levantar el asedio de Barbastro, que capitulo el 18 de octubre de ese año, mientras la campaña se prolongaba, con la ocupación de varias localidades del bajo Cinca. Un tema importante y necesario era, consolidar las conquistas, reduciendo las bolsas de resistencia existentes en Bolea (1101) y Piracés (1103). En diciembre de 1101 obtuvo la renovación de fidelidad vasallática del conde de Urgell, y en 1103 llegó a un acuerdo con el conde de Pallars Jussá. En otoño del año siguiente, en una pausa en la lucha contra los almorávides, emprendió una campaña contra el conde del otro Pallars, el Sobirá, en el valle de Arán. Pero, Pedro I, a pesar de lo que sugiere su incesante actividad, estaba enfermo y falleció el 14 de septiembre de 1104 en el transcurso de esta expedición.



domingo, 10 de marzo de 2019

PETRONILA DE ARAGÓN, esposa de Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona



Ramiro II el Monje, también conocido como el rey Cogulla, estaba ansioso por tener descendencia, razón por la cual, se casó joven con Inés de Poitiers. Del enlace nacería Petronila, única Reina que ha tenido Aragón por derecho propio. Ramiro, incapacitado para la guerra y poco diestro en la política, se comprometió a casar a Petronila, que tenía dos años de edad con el conde catalán Ramón Berenguer IV, que ya contaba veinticuatro. 

Una vez asegurado el porvenir de su hija y el gobierno de su Reino, Ramiro, abdicó retirándose de nuevo al monasterio de San Pedro el Viejo (Huesca). Ramón Berenguer IV, demostrando una gran habilidad política, sólo usó el título de Príncipe de Aragón, reservando el de Reina para Petronila. Ésta fue llevada a la corte castellana, para ser educada por Berenguela, que era hermana de su marido y esposa de Alfonso VII de Castilla. Pronto empezaron las intrigas para que Petronila fuera prometida a Sancho, heredero de la corona castellana.

Los aragoneses, alarmados por las consecuencias que acarrearía la ruptura del compromiso matrimonial con Ramón Berenguer IV y, porque desconfiaban de los castellanos, consiguieron que Petronila regresara a Aragón con la excusa de que el clima de Castilla no le sentaba bien. Poco después, la llevaron a Barcelona, donde residió en el Palacio de los condes de Barcelona, donde fue educada viviendo rodeada de una refinada Corte.


El matrimonio con Ramón Berenguer IV se celebró, a finales de 1150, en la Catedral de Lérida. La nueva entidad política que se había formado con la unión del reino de Aragón y del condado de Barcelona no tenía fronteras comunes. Estaba separada por los territorios almorávides de Lérida, por el condado de Urgel y por los condados de Pallars.

En 1154, en el Palau de Barcelona su primer hijo, al que se le impuso el nombre de Ramón, que reinaría como Rey de Aragón y Cataluña con el nombre de Alfonso II. Petronila tuvo cuatro hijos más: Pedro, Sancho, Dulce y Leonor.

El 6 de agosto de 1162 falleció Ramón Berenguer IV, quedando Petronila viuda a los 28 años de edad. Nunca intervino en los asuntos de gobierno, confiando siempre en su marido. Una vez fallecido éste, tuvo que asumir la Regencia del Reino durante la minoría de edad de su hijo primogénito. Dos años más tarde, el 18 de julio de 1164, cuando Alfonso II cumplió los 12 años, abdicó en Barcelona de la Regencia y de la tutela de su hijo, al que donó el Reino aragonés y los condados catalanes.

Petronila vivió diez años más, alternando sus estancias entre Barcelona y el condado de Besalú (Gerona), que le había cedido su esposo, sin participar en la vida política. Murió en Barcelona el 13 de octubre de 1173.



RAMÓN BERENGUER IV, conde de Barcelona



Nació en Barcelona entre los años 1113 o 1114, fue conde de Barcelona, Gerona, Osona y Cerdaña, y príncipe de Aragón, que en la época significaba primus inter pares. Hijo de Ramón Berenguer III y de Dulce I de Provenza. En 1131, al morir su padre, recibe el condado de Barcelona. Acudió el 26 de mayo de 1135, a León, con motivo de la coronación de Alfonso VII, como Imperator totius Hispaniae (Emperador de toda España) ante el legado pontificio y los principales nobles de España y el sur de Francia, incluyendo musulmanes.
En agradecimiento al apoyo prestado a Ramiro II de Aragón en contra de Alfonso VII de León, aquel le ofreció a su hija Petronila, que por entonces tenía un año de edad, en matrimonio. La boda (a pesar de la enorme diferencia de edad) se celebró en Lérida, el mes de agosto de 1150. Los acuerdos matrimoniales se establecieron según el derecho aragonés, bajo la forma de Matrimonio en Casa. Esto supone que, en el caso de no haber heredero varón, el esposo cumple la función de gobierno, pero no la de cabeza de la casa, que solo se otorgará al heredero.
El 13 de noviembre de 1137, Ramiro II de Aragón, depositó en su yerno el reino pero no la dignidad real, firmando este en adelante como Conde de Barcelona y Príncipe de Aragón. Más adelante renunció al gobierno, pero no al título de rey, pues seguía siendo el Señor Mayor de la Casa de Aragón en tanto que su nieto Alfonso no cumpliera la mayoría de edad. De esta manera, Ramiro salvó la monarquía, a la vez que se unían el reino de Aragón y el condado de Barcelona. Tras la citada concesión del rey Ramiro a Ramón Berenguer, quedaba pendiente la cuestión de los derechos sobre el territorio de Aragón estipulados en el testamento del rey Alfonso el Batallador, quien había querido dar el reino a las órdenes del Santo Sepulcro, los caballeros Templarios y los Hospitalarios, si bien los barones feudales no respetaron este testamento en todos sus términos.
Una de las prioridades del príncipe Ramón Berenguer fue resolver esa cuestión, por lo que se iniciaron negociaciones, con representantes de la Orden del Hospital, alcanzándose en 1140 un acuerdo por el que, la Orden cedía a Ramón Berenguer, conde de Barcelona (venerande Barchinonensium comes), y a sus legítimos sucesores y descendientes, de la parte del reino de Aragón que le correspondía según el testamento del rey Alfonso, con la expresa condición, del derecho para construir iglesias y centros propios en diversas poblaciones y que, en el caso de que el príncipe muriese sin descendencia, dicho territorio sería devuelto a los Hospitalarios. Acuerdos de cesión similares fueron concertados posteriormente con los caballeros del Santo Sepulcro, en 1141 y con los Templarios. Esta cesión de las tres órdenes fue confirmada por bula del papa Adriano IV en 1158.
Es un hecho que los barones del reino de Aragón y del reino de Pamplona, ambos reinos incluidos en el testamento de Alfonso I el Batallador, juraron fidelidad a Ramiro II el Monje y a García el Restaurador. Aunque el testamento de Alfonso I el Batallador no fue respetado y, así, Ramiro II de Aragón no solo ejerció la potestad regia entre 1134 y 1137, sino que se reservó la dignidad de rey hasta su muerte en 1157, circunstancia no cuestionada por Ramón Berenguer IV.
Ramón Berenguer IV y su esposa Petronila residieron, con frecuencia, en el palacio condal de San Pedro de Vilamajor, que había sido hecho construir por los condes de Barcelona, Ramón Berenguer y Berenguer Ramón, en el siglo XI. Aquí se crió el futuro rey Alfonso II, creyéndose incluso, que hubiera nacido en este lugar, aunque al parecer, nació en Huesca.
Ramón negocia con Alfonso VII, la devolución de las tierras ocupadas por los castellano-leoneses a la muerte de Alfonso I de Aragón, el Batallador, tío de su mujer. Además, recibir ayuda para reincorporar el reino de Navarra a la Corona de Aragón. En 1140 firmó en Carrión un pacto de ayuda mutua y de retirada de las tropas de Alfonso VII del Ebro, a cambio del vasallaje del conde-príncipe. También se realiza una acción conjunta contra Navarra que no tiene efecto. En 1151, ambos reyes firmaron el Tratado de Tudilén para, renovar la alianza anti-navarra, y repartirse el Al-Ándalus, reservándose la corona de Aragón, las tierras de Valencia, Denia y Murcia, por las cuales Ramón Berenguer habría de rendir homenaje a Alfonso VII.
El hijo que tuvo con Petronila, Alfonso, sería el primer titular de la unión de ambos territorios, conocido como corona de Aragón. Por el lado aragonés, la nobleza, las órdenes militares y la caballería popular luchan por recuperar las posesiones perdidas a manos de los almorávides en la Batalla de Fraga en 1134, recuperándose Alcolea de Cinca, Chalamera y Sariñena en 1141; Daroca en 1142; y Ontiñena en 1147. Por el lado catalán, con la ayuda del conde Ermengol VI de Urgel, Ramón conquista la taifa de Tortosa en 1148 y de Lérida un año después, a al-Muzaffar. Siurana, encumbrada en las Montañas de Prades, fue el último reducto musulmán en Cataluña, ya que resiste hasta 1153 cuando es reconquistada por Beltrán de Castellet. Estas reconquistas forman el territorio que más tarde se llamaría Catalunya Nova (Cataluña Nueva). También hizo grandes expediciones por tierras de Murcia (1144) y Valencia (1146), y una brillante participación en la conquista de Almería (1147).
En 1143 ayudó a Guillermo VI a recuperar Montpellier de la cual había sido expulsado por una revuelta nobiliaria. En 1153 fundó el monasterio de Poblet, para celebrar la reciente reconquista de Tolosa.
A la muerte de su hermano Berenguer Ramón I de Provenza, asume la regencia de su sobrino, Ramón Berenguer III de Provenza. Continúa las luchas contra el linaje de los Baus, aliados de Tolosa. En 1156 colabora con Enrique II rey de Inglaterra y duque de Aquitania en la lucha contra Tolosa. Tras aliarse con Inglaterra, decide orientar su política hacia el bando gibelino, fraguando la boda de su sobrino Ramón Berenguer III de Provenza con una princesa de dicha facción. Concertó un encuentro con Federico Barbarroja, el cual había a su sobrino, los derechos sobre Provenza, pero murió de camino a Turín, el 6 de agosto de 1162, en el burgo de San Dalmacio de Génova.
Hizo sus últimas voluntades el 4 de agosto, dos días antes de morir, las cuales fueron publicadas en la ciudad de Huesca el 11 de octubre del mismo año, en presencia de la reina Petronila y varios magnates aragoneses y catalanes, eclesiásticos y seglares. En dicho testamento nombra a su hijo Ramón o Alfonso, conde heredero universal de todos sus Estados y honores de Aragón, Barcelona y demás, excepto el condado de Cerdaña, que da a su segundo hijo Pedro, nombre con el que era conocido Ramón Berenguer IV de Provenza, junto con el señorío de Carcasona y otros dominios, con la condición de que Pedro rinda homenaje a su hermano Alfonso II de Aragón, y detallando en qué orden tenían que heredarse los honores entre los hijos en caso de muerte de alguno o falta de ellos a la de heredar. Establecía que, de morir Alfonso sin descendencia, el trono pasase a Pedro. Si muriese éste sin descendencia, el heredero sería Sancho, su hijo menor. A su esposa la reina Petronila le dejó para manutención las villas y castillos de Besalú y Ribas. Su capilla la deja a la iglesia de San Rufo de Lérida. Finalmente, deja a sus hijos bajo la tutela de Dios y de Enrique, rey de Inglaterra, gran amigo suyo. En 1164 la reina Petronila hizo donación del Reino de Aragón a Alfonso, completando la unión de los dos territorios en la persona del hijo mayor de Berenguer, el futuro rey de Aragón y conde de Barcelona Alfonso II.
Su cuerpo fue trasladado de Génova al Monasterio de Santa María de Ripoll donde fue enterrado, tal y como dispuso en 1141. El sarcófago estaba adornado y recubierto de muchas planchas de plata, que fueron saqueadas por los franceses en la invasión de junio de 1749, además de remover el cuerpo incorrupto y una espada muy larga que encontraron dentro. Quedó solo el esqueleto íntegro del conde, hasta 1835, cuando los migueletes de Isabel II de España pegaron fuego al monasterio.
En Ripoll habían sido enterrados, hasta entonces, varios Condes de Barcelona desde Wifredo el Velloso, siendo Berenguer el último enterrado allí. Su hijo Alfonso, teniendo que escoger ser enterrado en el mausoleo paterno en Ripoll, o ser enterrado en el mausoleo conyugal del Monasterio de Sijena, escogió el primero. Su testamento específica que, en caso de haber conquistado Valencia en vida, debía ser enterrado en El Puig (Valencia), el cual ya había donado al monasterio de Poblet en febrero de 1176, deseo expresado también por su hijo Pedro II de Aragón y muerto también sin cumplirlo.

Del matrimonio con Petronila de Aragón tuvo a: El infante Pedro de Aragón, que murió antes de 1158, quizá poco después del alumbramiento; El infante Alfonso II de Aragón, rey de Aragón y conde de Barcelona; El infante Pedro de Aragón, quien en 1173 será nombrado conde de Provenza por su hermano Alfonso II, como Ramón Berenguer IV de Provenza; La infanta Dulce de Aragón, casada en 1175 con el rey Sancho I de Portugal; El infante Sancho de Aragón, conde de Cerdaña desde 1168, y tenente de Provenza entre 1181 y 1184.
Tuvo también un hijo natural: Berenguer, muerto en 1212 y de madre desconocida, fue abad de Montearagón y arzobispo de Narbona.


ALMANZOR


Nacido en 942 en Torrox, cerca de Algeciras, Pertenecía a una familia árabe de la tribu yemení de Ma‘afir, descendía pues por línea directa, de Abu amir Muhammad b. al Walid, que había participado junto a Tariq b. Ziyad en la conquista de Hispania, concretamente la primera ciudad de la España visigoda, Carteya. La posición de la familia mejoró notablemente con el nombramiento del abuelo paterno de Almanzor como magistrado (cadí) de Sevilla y con su casamiento con una hija del médico del califa Abderramán III. Se le concedieron tierras en Torrox, sobre el Guadiaro, al noroeste de Algeciras. Su padre, Abu Hafs Abd Allah b. Abi Amir, alcanzó notoriedad transmitiendo las tradiciones musulmanas, era hombre piadoso que vivía de la renta de sus tierras; murió en Trípoli, a fines del califato de Abderramán III cuando volvía de la peregrinación de la Meca. En cuanto a la madre de Almanzor, Burayha bint Yahya b. Zakariyya al-Tamimi, se sabe que era asimismo de origen árabe de buen linaje.

Almanzor, siguiendo los pasos de su padre, pronto se encaminó a Córdoba a fin de hacer sus estudios. En la capital aprendió tradiciones proféticas y jurisprudencia, y lengua árabe y literatura con dos prestigiosos maestros. Tras ocupar un tiempo el puesto de escribiente junto a la gran mezquita, comenzó su carrera política al servicio del cadí de Córdoba, Muḥammad b. Salīm, que lo presentó al visir del califa Al-Hakam II que era por entonces, Ya‘far b. Uoman al-Mushafi, quien lo introdujo en la Corte califal.

El 3 de marzo de 967, sin haber cumplido aún los treinta años, Almanzor se convirtió en el intendente del primogénito de la princesa madre, la vascona Subh (Aurora), favorita del califa y madre del futuro califa Hisham II, ocupándose de sus bienes y hacienda. Almanzor supo captar la simpatía de Subh, mediante regalos y su encanto personal, al parecer llegaron a ser amantes, circunstancia a la que debería, Almanzor, su fulgurante carrera. Enseguida fue nombrado director de la ceca, y siete meses después tesorero; poco más tarde fue nombrado cadí de la circunscripción judicial de Sevilla y Niebla. Por último, 11 de junio de 970, a la muerte del príncipe Abderramán, se le encargó la administración de los bienes del príncipe heredero Hisham, hermano del difunto. Una denuncia puso en peligro tan brillante carrera, pues fue acusado de dilapidar fondos públicos. El Califa ordenó una investigación, pero gracias a la ayuda de su amigo, el visir Ibn Hudayr, pudo reponer el dinero que faltaba y salir bien librado del apuro. Eso le permitió continuar su ascensión, siendo nombrado jefe de la policía media.


En esta época se construyó una mansión en la Rusafa, haciéndose popular entre los cordobeses, manteniendo mesa puesta para todo el mundo. El hecho de haber sido enviado como inspector de finanzas, a fin de verificar lo gastado para captar rebeldes y comprar voluntades, junto al general Galib, comandante de la Frontera Media, permitió a Almanzor anudar sólidas relaciones con el Ejército. A la muerte de al-Ḥakam II (976), tras una larga enfermedad, se abre un nuevo período. El Califa había designado para sucederle a su hijo Hisham II, que tenía por entonces once años, bajo la tutela del visir al-Mushafi. Pero, el partido de los esclavones palatinos (saqalibaquería nombrar al tío, al-Mugira.

En esos momentos, Almanzor desempeñó un papel de la máxima importancia: por un lado, se encargó de neutralizar al aspirante a califa y acabar con sus veleidades, asegurándose el apoyo de Subh, al-Sayyida al-Kubra, (la gran princesa) que le ayudaría monetariamente y le procuraría el apoyo de las tropas merced a su influencia; por otro lado, su vinculación con el visir al-Mushafi dio nuevos vuelos a su ambición, ya que a partir de ahí ocuparía los más altos puestos del Estado. Aunque debió ocuparse, contra su voluntad, de asesinar a al-Mugira, hermano menor de al-Hakam II, al que la guardia esclavona quería nombrar califa. Tras el asesinato, los esclavones se adhirieron a la causa de los dos hombres fuertes del régimen, perdiendo la influencia política que había tenido durante los reinados de Abderramán III y de al-Hakam II. El propio Almanzor fue el encargado de redactar el acta de investidura (bay‘adel nuevo soberano, que se produjo dos días después de la muerte de su padre, el 10 de septiembre de 976, en una ceremonia que duró varios días, a causa de las personalidades que le juraron fidelidad.

El nuevo califa, Hisham II al-Mu’ayyad bi-llah, (el que recibe la asistencia victoriosa de Allah), nombró chambelán (hayiba al-Mushafi y Almanzor ocupó el puesto de visir. Las primeras medidas que tomaron fueron: una bajada de impuestos y se derogó el que gravaba el aceite.

Poco después comenzaron las campañas que harían famoso a Almanzor, fueron cincuenta y dos contra los cristianos del norte peninsular, primero como caíd y después como hayiblo cual daría a al-Andalus la mayor seguridad militar de toda su historia y a Almanzor fama de invencible. El año 977 Ibn Abi Amir al contener un ataque cristiano, conquistó los arrabales de al-Hamma (baños de Ledesma, Salamanca). La expedición apenas tuvo importancia, pero hábilmente explotada le sirvió para aumentar su prestigio y ganarse las simpatías del ejército, sobre todo las de Galib. Mientras, la popularidad de al-Mushafi declinaba a causa de su nepotismo y falta de visión política. Ibn Abi Amir, se hizo nombrar sayib al-madīna (gobernador de la capital cordobesa), cargo que hasta entonces desempeñaba Muḥammad, hijo de al-Mushafi. El nuevo gobernador restableció la seguridad en Córdoba, donde los atentados y los robos nocturnos eran frecuentes, imponiendo un orden estricto. Poco después, a comienzos del año 978 obtuvo del general Galib la mano de su hija Asma, de la que Almanzor nunca se separaría, ya que era mujer culta e inteligente. Contando con el apoyo incondicional de su suegro, hizo prisionero a al-Mushafi, acusándolo de malversación, y confiscó sus bienes; años más tarde, en 982, lo hizo asesinar.

Cuando acabó con el chambelán, Ibn Abi Amir, gobernaba la corte mediante su mandato de policía, el ejército mediante su generalato, y el palacio gracias al favor de que gozaba en el harén. Más tarde se deshizo del jefe militar de su caballería y acto seguido se proclamó hayib, chambelán.

Almanzor era ya el verdadero señor de al-Andalus

Almanzor era ya el verdadero señor de al-Andalus, sólo le quedaba acabar con el general Galib, para que su poder fuera absoluto. Al año siguiente de la caída de al-Mushafi, el año 979, una conjura estuvo a punto de derribar al joven califa Hisham II, los conjurados querían sustituirlo por otro nieto de Abderramán III, llamado Abderramán b. Ubayd Allah. En la conjura estaba implicado, el propio gobernador de la capital Ziyad b. Aflah, quien al fracasar la tentativa en el propio alcázar de Córdoba, metió a todos los conjurados en la cárcel, a fin de salvar su cabeza. Ibn Abi Amir los hizo condenar a muerte, y en eso, no solo influyó la razón de Estado, también quiso congraciarse con los alfaquíes de Córdoba, ya que alguno de los conjurados tenía ideas heterodoxasTrató de ganarse a la plebe urbana exteriorizando su piedad, llegando a copiar por su propia mano un ejemplar del Corán, con el propósito de llevarlo en sus expediciones.

Pero fue también en esta época cuando mandó expurgar la célebre biblioteca califal. Dice Sa’id al-Andalusí: “La primera acción de dominio sobre Hisham II fue dirigirse a las bibliotecas de su padre al-Ḥakam II, que contenían colecciones de libros famosos, e hizo sacar todas las clases de obras que allí había en presencia de los teólogos de su círculo íntimo, y les ordenó entresacar la totalidad de los libros de ciencias antiguas, que trataban de lógica, astronomía y otras ciencias, cultivadas por los antiguos, a excepción de los libros de medicina y aritmética. Una vez que se hubieron separado, Abu Amir, ordenó quemarlos y destruirlos. Algunos fueron quemados; otros fueron arrojados a los pozos del alcázar, y se echó sobre ellos tierra y piedras, o fueron destruidos de cualquier otra manera. Abu Amir hizo eso para granjearse el afecto de la plebe de al-Andalus, ya que por entonces esas ciencias eran mal vistas y cualquiera que las estudiaba era sospechoso de herejía y presunto heterodoxo en relación con la ley islámica (Sari’a). En todo caso, la conjura legitimista, sofocada a tiempo, y la corriente de puritanismo que se había apoderado de la capital revelaban la existencia de un partido de oposición.

Durante mucho tiempo el todopoderoso chambelán tuvo pruebas de que se continuaba murmurando de la conducta irregular de la princesa Subh, a la que suponían embarazada por él, y de las costumbres contra natura del gran cadí Muhammad b. al-Salīm, que seguía en funciones a pesar de su incapacidad. Hacía ya varios meses que Ibn Abi Amir había abandonado su mansión de Russafa por otra almunia más amplia y lujosa, que se había hecho construir cerca de Medina Azahara. Pese a que por entonces Almanzor todavía ocultaba su juego y respetaba la autoridad absoluta del Califa, las relaciones con Subh se fueron enfriando, al ver ésta cómo mermaba paulatinamente el poder de su hijo.

Almanzor, con objeto de librarse de la princesa madre y del Califa, edificó una nueva ciudad administrativa a la que, parafraseando el nombre de la ciudad de Abderramán III, llamó al-Madina al-Zahira, (la ciudad resplandeciente), cuya construcción duró dos años, del 978 al 980. Estaba emplazada al lado del río Guadalquivir, aguas arriba de la capital cordobesa. En el interior erigió un fastuoso palacio, desde donde Almanzor regiría al-Andalus como soberano absoluto; levantó casas para sus hijos y para los principales dignatarios de su séquito, así como viviendas y locales para las oficinas de la cancillería y para el personal, además de cuarteles y caballerizas para la guardia y vastos almacenes para depositar armas y grano.

Obteniendo del califa una delegación de todas sus funciones, a fin de consagrarse a ejercicios de piedad

Pronto la ciudad se salió de sus primitivos límites, pues las gentes vinieron a habitar en ella, de tal manera que los arrabales de la nueva ciudad no tardaron en enlazar con los de Córdoba. Ibn Abi Amir se instaló en ella en el año 981, transfiriendo todo el aparato estatal de Madina al-Zahra a su nueva residencia, obteniendo del califa una “delegación de todas sus funciones, a fin de consagrarse a ejercicios de piedad”. Esta delegación le procuró la cobertura legal para su autoridad, dándole la oportunidad de mantener recluido al califa en su palacio. Almanzor asumirá la dirección del Estado, sin someterse a la aprobación del Califa. Se puede decir que desde el año 981 al 1002 Almanzor se conducirá como el verdadero soberano de al-Andalus.

Durante esos veinte años atacará a los diferentes reinos cristianos. El único que se opuso al poder alcanzado por Almanzor y a transigir con el cautiverio del Califa, fue el general Galib, muy afecto a la casa omeya. Este aliado de otrora, que le había dado la mano de su hija y le había ayudado a conseguir sus objetivos políticos y militares, se enfrentó a Almanzor con sus tropas y con las fuerzas del príncipe Ramiro, hijo de Sancho II Abarca, rey de Pamplona, así como con los hombres del conde de Castilla, García Fernández. Almanzor asistido por tropas beréberes, conducidas por el general Ya’far b. Ali b. Hamdun se enfrentó con Galib y sus aliados cerca de Atienza, siendo éstos derrotados. El general Galib, octogenario ya, murió en Torre Vicente el 10 de junio de 981. En seguida Ibn Abi Amir, explotando el éxito, envió tropas contra los dominios del conde castellano y contra el Reino de León. La fortaleza de Zamora opuso una eficaz resistencia, pero la ciudad fue saqueada y sus aldeas, iglesias y monasterios limítrofes pillados e incendiados; no menos de cuatro mil cautivos fueron llevados a Córdoba.

Tras estas victorias del año 981 fue cuando Ibn Abi Amir adoptó el sobrenombre de al-Mansur bi-llah, “el vencedor por Dios”, y por el que en adelante sería conocido en las crónicas cristianas en la forma romanceada de Almanzor. Se impuso entonces en la Corte el tratamiento de “señor” (mawla). A partir de esa fecha, Almanzor pudo dedicarse a hacer la guerra contra los cristianos del norte de la península. Estas campañas dañaron considerablemente, la labor repobladora de la llamada Extremadura del río Duero, llevada a cabo a lo largo del siglo IX, y pararon “toda reconquista”. Peor parada quedó la situación de los estados orientales peninsulares, puesto que carecían de frontera. El poder de Almanzor fue tan grande que los reyes cristianos: Sancho II Garcés de Navarra y Bermudo II de León, le prestaron obediencia.

Hasta entonces, las campañas musulmanas contra territorio cristiano, habían sido como respuesta a ataques cristianos previos, habían sido relativamente benignas y no habían causado ni demasiados estragos ni muertes, no pasaban de las tierras fronterizas. Los ataques de Almanzor no constituían represalias, sino ataques llevados a cabo de forma continuada y con dureza inusitada, dejando una estela de destrucción, muerte y odio. Los musulmanes que constituían su ejército, no eran andalusíes, sino beréberes, lo cual daría lugar al crecimiento de una solidaridad defensiva entre los cristianos contra el enemigo común.

El rencor acumulado entre los cristianos, les llevó a la convicción, de que había que relanzar la Reconquista

A la caída de los amiríes, el rencor acumulado entre los cristianos, les llevó a la convicción, de que había que relanzar la Reconquista. Almanzor resultó invencible, gracias a recluta de mercenarios, en especial beréberes. De esta manera pudo prescindir de las tropas andalusíes y tener un efectivo aparato de represión para el interior y un instrumento ofensivo de calidad para el exterior. Había eximido a los andalusíes de la prestación del servicio militar por un impuesto especial (fida), aunque eso, le hizo entrar en una espiral de recluta de hombres y de búsqueda de recursos para pagarlos. Tener un ejército dispuesto las veinticuatro horas tenía sus ventajas y también sus inconvenientes: el empobrecimiento de la población andalusí por los pesados impuestos para mantener ese Ejército profesional.

En medio de estos triunfos, en el año 389, Almanzor tuvo que hacer frente a una conspiración organizada por un lejano descendiente de al-Ḥakam I, Abd Allah b. Abd al-Azīz al-Marwani, conocido por “Piedra Seca”, gobernador de Toledo y Abderramán b. al-Muţarrif, general de la Marca Superior, quienes prometieron al propio hijo de Almanzor, el veinteañero Abd Allah, que una vez derribado su padre él ocuparía su puesto. Descubierta la conjuración, Abd Allah se refugió en Castilla con García Fernández, quien se lo entregó a su padre, el cual no dudó en decapitarlo en el año 990 y enviar su cabeza al califa Hisham II con el parte de las victorias allende el Duero. En cuanto a Abderramán al-Muţarrif, fue ejecutado en al-Zahira ante Almanzor. Piedra Seca salvó la vida porque, el amirí, no quiso acrecentar el odio de los marwaníes.

En el año 991 el dictador concedió a su hijo Abd al-Malik el título de ḥayib y nombró visir a su hijo Abderramán, guardando para sí el título de al-Mansur b. Abi Amir en los escritos oficiales, y en 996 el uso de los títulos de sayyid, (señor) y malik karim, (noble rey). Almanzor no desatendió el Magreb, siguió la política de Abderramán III y al-Ḥakam II, más por medios pacíficos que buscando el enfrentamiento. Abd al-Malik, instalado en Fez como un auténtico virrey, nombró jefes de distrito hasta Siųilmasa, depósito del tráfico comercial transahariano; amén de someter a los habitantes de esas tierras a impuesto. Unos meses después, sería llamado a Córdoba por su padre, llegando a la capital el 18 de abril de 999. Wadih, el gran oficial esclavón, general en jefe de la Marca Media, volvía al norte de África para mantener la región bajo estricto orden.

Al regresar de esta expedición, Almanzor murió

La última campaña de Almanzor contra los cristianos tuvo lugar a comienzos del verano de 1002, y estuvo dirigida contra el territorio de la Rioja. Aunque no se ha encontrado noticia alguna, se sabe que, el ejército musulmán avanzó hasta Canales, a unos 50 kilómetros al sudoeste de Nájera, alcanzó el monasterio de San Millán de la Cogolla, que fue saqueado. Al regresar de esta expedición, Almanzor murió, después de una larga enfermedad, por esa época tenía más de sesenta años. Se sabe que guardaba celosamente, para que lo cubriera en la tumba, el polvo de los vestidos que usaba en sus expediciones y que hacía sacudir y guardar después de cada campaña. En el camino de regreso a Medinaceli, puesto avanzado de la Marca Media, su estado empeoró hasta el punto de tener que ser llevado en litera durante un penoso viaje de dos semanas. Llegado por fin a la plaza fronteriza, en su lecho de muerte hizo escribir sus últimas disposiciones, entregando el gobierno a su hijo Abd al-Malik, conocido posteriormente como al-Muzaffar, con instrucciones de cómo había de llevarlo. Almanzor no dejó de expresar temor de que a su muerte todo lo hecho se fuera al traste.


Almanzor murió en la noche del 27 al 28 de ramadán del año 392, es decir, del 9 al 10 de agosto de 1002. Se le hizo enterrar en el patio del alcázar de Medinaceli, rezando en sus exequias su hijo Abderramán (Sanchuelo), mientras Abd al-Malik se dirigía a Córdoba para asentar su poder y evitar cualquier veleidad de cambio de régimen. Sobre la lápida marmórea de su tumba se grabaron los siguientes versos: “Sus trazas te hablan acerca de sus noticias como si tú con los ojos las vieses. ¡Por Dios! No hubo nadie que gobernara la Península como él en verdad, ni quien condujese los ejércitos igual a él”. La política de destrucción y remodelación del Estado cordobés permitió a Almanzor mantenerse en el poder, a costa de acabar con las estructuras que constituían el sistema. Tras él, el califato se extinguió de manera lamentable. Los andalusíes no considerarán más que a un solo enemigo: los beréberes, se olvidarán de los cristianos. Y dado que, los andalusíes se las tuvieron que ver con una sociedad feudal fuertemente militarizada, las posibilidades de supervivencia de un al-Andalus poderoso fueron nulas. La política de aceifas de Almanzor engendró, en última instancia, la actitud mental cristiana que propiciaría continuos ataques de reconquista, que terminarían con la propia existencia de al-Andalus.



viernes, 8 de marzo de 2019

RAMÓN BERENGUER III conde de Barcelona



            Nacido en Rodés en 1082, fue, sin duda el conde catalán más importante de su época, además de desarrollar un importante papel en los asuntos europeos. La principal característica fue la lucha constante contra los musulmanes y los, innumerables esfuerzos, dedicados a la repoblación de los territorios reconquistados. Era hijo de Ramón Berenguer II doña Mafalda de Pulla-Calabria, y había nacido pocos días antes del homicidio de su padre, posiblemente, por instigación de su tío Berenguer Ramón II, que heredó todos los condados, siguiendo las indicaciones del testamento de su padre Ramón Berenguer I el Viejo.

            En sus primeros, su tío, Berenguer Ramón II el Fratricida, le negó todos los derechos correspondientes a la herencia de Ramón Berenguer el Viejo, pero en mayo de 1085, Berenguer fue acusado formalmente de participar en la muerte de su hermano, teniendo que defenderse ante un tribunal presidido por el obispo de Vic, Berenguer Sunifredo, que entretanto tuvo la custodia del joven Ramón Berenguer. Pero en la asamblea se decidió entregar el condado de Barcelona a Alfonso VI de Castilla. Pero esta determinación, no fue del agrado de todos, por lo que al año siguiente hubo una nueva reunión de notables presidida por los Cabrera. En ella se decidió entregar la custodia del niño a su tío durante un periodo de once años, después de los cuales debería asociar al trono a su sobrino.

            En 1091 el papa Urbano II convocó a tío y sobrino, encargándoles la restauración de la archidiócesis de Tarragona, acortando así el periodo de tutoría, por lo que, al poco Ramón Berenguer III ya actuaba sin supervisión alguna y desde de 1093 tomó parte en el gobierno del condado como asociado al trono. Participó en 1095, junto a su tío en el asedio de Tortosa. Pero pronto volvieron las diferencias entre tío y sobrino. En 1096 se acusó formalmente a Berenguer, de asesinato, por lo que a finales de ese mismo año, compareció a juicio ante la corte de Alfonso VI. El conde fue desposeído de su título, que pasó a su sobrino, quien desde entonces gobernó en solitario, aunque con los colaboradores de su tío, que murió en peregrinación a Jerusalén.

            Ramón Berenguer III se unió en 1097 a Artau I de Pallars, para juntos atacar Amposta. El año siguiente puso sitio a Oropesa, posesión del Cid, acérrimo enemigo del anterior conde, y en represalia don Rodrigo atacó a los musulmanes de Morvedre, aliados de Barcelona. Al levantarse el cerco de Oropesa, ambos llegaron a un acuerdo y decidieron casar a la hija del Cid, doña María, con el conde de Barcelona, matrimonio que tuvo lugar aquel mismo año de 1098. A finales de año los recién casados viajaron al monasterio de Ripoll.

            En 1107 los almorávides se introdujeron en Barcelona por el Penedés y tomaron el castillo de Gelida, destruyendo Olérdola a su paso. Ramón, entonces, no tuvo mas remedio que, pedir ayuda a Luis VI de Francia, auxilio que nunca llegó. Desde 1109 el conde favoreció la introducción de las Órdenes Militares en Cataluña, especialmente la de los Hospitalarios. En 1111 Ramón Berenguer III se convirtió en señor de Besalú por extinción de la línea dinástica. Un año después reconquistó Carcasona y Rasés, recibiendo homenaje feudal del vizconde Ató de Beziers.

            Unos años después, en el 1114, el conde de Barcelona, comandó una expedición organizada por los pisanos, junto a hombres del Languedoc y de la Provenza, cuyo objetivo era la conquista de Mallorca e Ibiza. Debido al éxito, hubo un alto número de rescates de cristianos cautivos y un elevado botín. Pero mientras el conde se encontraba en esta campaña, el condado de Barcelona fue atacado por los almorávides por el oeste, siendo rechazados; en primavera del 1115, lo volvieron a intentar por el sur, coincidiendo con el regreso del conde, lo que contribuyó al éxito de las armas catalanas. En contrapartida, Mallorca e Ibiza fueron retomadas por los musulmanes.

            En 1116 Ramón Berenguer proyectó una gran expedición contra los almorávides y viajó a Provenza e Italia para buscar ayuda; pero en Roma, la muerte del papa Pascual II, entorpeció el proyecto, lo que sumado al ataque de Alfonso I de Aragón y Pamplona, frustró los planes del conde, ya que el nuevo pontífice dio prioridad a los del monarca aragonés. En 1117 Ramón se convirtió en conde de Cerdaña tras la muerte de Bernat Guillem sin sucesión. Un año después encargó al obispo Olegario la repoblación de Tarragona y su comarca.

            Es por estos años, cuando se consumó la independencia eclesiástica de Cataluña con respecto a las sedes francesas, al ser nombrado Olegario arzobispo. En 1119 el conde favoreció la repoblación de Les Garrigues, en un intento de aislar a Lleida desde el sur. Comenzando entonces un periodo de rivalidad entre el conde y Alfonso I de Aragón, por la posesión de Lleida y el avance hacia Valencia y Tortosa.

            A partir de 1120, el conde volvió a tener preocupaciones sobre Carcasona y Provenza, viéndose obligado a firmar un acuerdo con el conde de Tolosa para establecer la jurisdicción sobre la Provenza, en el 1125. En 1128 Ramón Berenguer III se convirtió en señor del pagus de Peralada después de desposeer de el al conde Ponç II de Ampurias, hecho prisionero tras rebelarse contra él.

            Con el fin de asegurarse en el juicio divino, las ventajas de que disfrutaban los eclesiásticos, era costumbre en el medievo, ordenarse caballero de alguna Orden Militar, por lo que en 1130 Ramón Berenguer III, que debía presentir su muerte, fue ordenado caballero templario y murió un año después.

            Tras la muerte de doña María, su primera esposa, en 1104, el conde casó, en 1106, con doña Almodis, hija del conde de Mortain, con la que vivió unos cuantos meses. En 1112 casó en terceras nupcias con doña Dulce de Provenza, lo que hizo que desde aquel año Ramón se titulase conde de Barcelona y Provenza; con ella tuvo dos hijos: Ramón Berenguer IV y Berenguer Ramón. En su testamento cedió sus estados peninsulares, Carcasona y Rasés a su primogénito, mientras que a Berenguer le entregó el control de la Provenza. Además tuvo una hija, doña Berenguela, a la que casó en 1128 con Alfonso VII de Castilla como medio para frenar la influencia de Alfonso I de Aragón.