sábado, 25 de julio de 2020

Los Limes Romanos - COLABORACIONES



El avance de las legiones romanas, hizo necesario construir fortificaciones eficaces que protegieran los territorios conquistados en su frontera septentrional, de los ataques que pudieran realizar las tribus germánicas.


Interesante artículo de GLADIATRIX EN LA ARENA, que podéis leer en el siguiente enlace: LOS LIMES ROMANOS

domingo, 19 de julio de 2020

LAS VESTALES - COLABORACIONES



Quiero iniciar esta nueva sección: COLABORACIONES, con dos artículos del Blog GLADIATRIX EN LA ARENA, dirigido por una gran amiga, con la que aprendo cada día, MARIBEL BOFILL.

Es un tema que, estoy convencido, será del gusto de todos, ya que el sacerdocio de la diosa Vesta, era clave dentro de la religión y la sociedad romana, por lo cual os pongo los dos enlaces correspondientes, ya que está dividido en dos artículos:



Espero sean de vuestro agrado.

Santiago Ramón y Cajal - COLABORACIONES

Santiago Ramón y Cajal

sábado, 18 de julio de 2020

Leyenda de Artal y Oras – LEYENDAS



El año 1305, tras ceder don Guillermo de Angularia, el Señorío de Cullar a la Orden del Temple, del que formaba parte la población de Benasalí , junto a sus alquerías y habitantes cualquiera que fuese su ley, sexo y condición, los caballeros a las órdenes del Gran Maestre Berengasio de Cardona fijaron su residencia en el castillo de la Mola.

Dice la leyenda que, al regresar una tarde, de Cullar el templario don Artal de Asens cabalgaba éste, contemplando distraído los girones de niebla que flotaban en las hondonadas, cuando un rumor de pasos le hizo volver el rostro con enojo.

Por un vecino sendero y en opuesta dirección, caminaba una joven mora de excepcional hermosura. Su talle y su figura complementaban un rostro iluminado por dos dulces ojos negros y unos labios rojos y hechiceros. Sus cabellos eran castaños, con ondulaciones armoniosas. La mirada del caballero se clavó en las pupilas de la joven, que saludó respetuosamente continuando su camino. Como sabremos después, era la hija de un moro adinerado, que vivía en un grupo de casas que rodeaban la que fue mezquita, ya consagrada, como ermita de Nuestra Señora de Gracia por el primer párroco de Benasal, Nadal de la Fitera.

Desde aquel día, las visitas del caballero templario a la ermita se sucedieron, procurando ver a la hermosa joven, la cual se esforzaba en parecer esquiva a los galanteos de Artal. Luchaba éste entre su ilusión y los deberes impuestos por sus votos. Lo que pudo ser, al comienzo, una ilusión pasajera, acabó por dominarle de tal manera, que, sin darse cuenta, vagaba continuamente por aquellos montes, simulando cacerías. En una de aquellas llegó sediento a un manantial que brotaba en una peña en la vertiente del Moncatil, y alimentaba una alberca orlada de musgo, yedras y violetas silvestres.

Quedó atónito Artal al encontrarse allí a la hermosa joven, que tras saludarle cortésmente, hizo ademán de partir; pero éste la detuvo preguntándole cuál era su nombre. A lo que ella, le contesto: “Oras, señor”. Artal, conmovido repuso: “Felices las pasaría si lograra ser dueño de tu corazón”.

El templario, tomó su mano, invitándola a sentarse sobre un tronco que había en la orilla de la alberca. Trémula y confusa calló la joven, mientras Artal, la contaba cómo desde el primer momento de conocerla, se había apoderado de su alma sin resistencia posible, dispuesto a sacrificarlo todo, en aras del ser correspondido.

La mora quedó silenciosa, abatida y con los ojos húmedos. Artal, contrariado por su silencio, le preguntó el motivo. A lo que ella contestó: “Porque no debo, señor, ya que al revelarme vuestro cariño me habéis hecho la más desgraciada de las mujeres, por ser imposible realizar esos ensueños que vehementemente acariciáis, porque yo os amo también. Asens, os ruego tengáis lástima de mí y tratéis de olvidarme. Si el Gran Maestre conociera vuestro amor tendría fatales consecuencias; y si mi padre supiera que amo a un cristiano, me mataría o se moriría de pena”.

A lo que el templario objetó: “Desecha pueriles temores, la única amargura para mí es la privación de tu cariño. Si crees que soy víctima de un sueño, dejadme soñar”.

Las entrevistas de los enamorados se sucedieron, a veces en el manantial, y a veces en la cueva de Antebrusco, favorecidos por la fidelidad de un esclavo que actuaba de intermediario. Transcurrieron los días y Artal recibió la orden de marchar precipitadamente a Peñíscola. Al amanecer del siguiente día se citaron para despedirse en la misma fuente donde tuvieron la primer entrevista.

Artal, al ver a la joven, dijo “Júrame, Oras guardar cariñoso culto a mi cariño”. A lo que la joven respondió: “No, Cristóbal, respeta mis temores, no exijas juramentos que no necesitas. Mira esa tranquila agua, cómo refleja nuestras imágenes; si te olvido, sean estas mismas aguas, testigo de nuestros amores, tumba a mi falsía”.

“Confío en ti, Oras, y ocurra lo que ocurra, tuyo soy siempre” – repuso Artal, al tiempo que depositaba un beso en los pálidos labios de su amada, tras lo cual saltó sobre su montura para desaparecer en el bosque.


Benassal de Antonio Porcar

Los incidentes precursores de las calumnias de las que fueron víctimas los cruzados del Temple obligaron al caballero a marchar desde Peñíscola a Francia. Allí, convencido de que se avecinaba un funesto desenlace para la Orden del Temple, por las intrigas de los poderosos interesados en extinguir la Orden.

Pero, la mente de Artal, estaba dominada por el recuerdo de Oras. Cumplida su misión, el regreso no se hizo esperar. Llegado a Benasalí, salió del pueblo cautelosamente por el camino de Cullar. Al llegar a la vertiente occidental del monte, le sorprendió una tormenta estival que en aquellos parajes son tan imponentes como peligrosas. La penumbra fue poco a poco cubriéndolo todo, una nube plomiza cubrió el espacio. Espacio iluminado sólo por los relámpagos, mientras los truenos retumbaban en las montañas; gruesas gotas de lluvia caían con violencia y el viento sacudía violentamente los troncos de los árboles. El caballero, mojado y maltrecho, busco cobijo en el repliegue que formaban las rocas junto a la alberca tantas veces objeto de su recuerdo. Allí guarecido pensó: Esperaré se disipe la nube y luego subiré a la ermita, daré gracias a la Virgen por mi feliz retorno y veré a Oras, porque todas estas gentes saldrán a saludarme después de tan prolongada ausencia.

Como si la naturaleza quisiera favorecer su proyecto, un girón de cielo apareció azulado y brillante. Sentado sobre el mismo tronco, que fue testigo mudo de su dicha, contemplaba el agua de la alberca. Así permaneció largo rato. Su corazón palpitaba apresurado, como si presintiera una desgracia. Dándose cuenta de su estado, se levantó resuelto a dominar aquella nerviosidad y proseguir su camino; pero el agua, ya tranquila y transparente, atrajo de nuevo su mirada, porque vio dibujarse entre los limos del fondo la imagen de la joven, y la de un joven moro que la recibía en sus brazos. Las aguas habían sido más fieles al caballero que la mujer.

Aquella tarde, cuando el ermitaño de Nuestra Señora de Gracia iba a tocar ánimas, encontró, tendido en las gradas del altar a un templario con el pecho atravesado por su propia daga, mientras oprimía entre sus fríos labios un medallón. Acercóse, y al incorporar el casi inanimado cuerpo, abrió sus vidriosos ojos y con voz tan apagada cual si saliera de una tumba dijo: “Tuyo soy siempre…” – y expiró.

Aquella modesta ermita, lugar del suceso, fue derruida por orden del Gran Maestre, que a expensas de la orden construyó otra más espaciosa, dándole la advocación de San Cristóbal, en memoria del nombre del malogrado caballero.

 

Por Ramón Martín


lunes, 13 de julio de 2020

Los Monteros de Espinosa - HISTORIA

Monumento a Sancho García en Espinosa de los Monteros, Burgos, en conmemoración de la fundación del cuerpo de los Monteros (condadodecastilla.es)
Monumento a Sancho García en Espinosa de los Monteros, Burgos, en conmemoración de la fundación del cuerpo de los Monteros (condadodecastilla.es)

Siguiendo con mi proyecto de recordar anteriores publicaciones en
Quiero proponeros hoy, la creación de los Monteros de Espinosa, un cuerpo cuyo objetivo era la protección de las personas reales de la monarquía española.

Si os interesa podéis leerlo en el siguiente enlace: 


Ramón Martín

sábado, 11 de julio de 2020

Calle del Mesón de Paredes - CALLES DE MADRID


Es un honor colaborar en una revista digital de prestigio. Me refiero, naturalmente a:

uno de mis últimos artículos, se refiere a una de las calles más conocidas de Madrid, ciudad en la que nací. Si os interesa conocerla, solo tenéis que pinchar en el siguiente enlace:


Si a la dirección de la revista le parece bien, seguiré poniendo mis colaboraciones y las de otros compañeros.

Ramón Martín

miércoles, 8 de julio de 2020

Castillo de Sant Martí Sarroca – CASTILLOS DE CATALUNYA


Sant Martí Sarroca, es una población de la comarca del Alt Penedès, en el valle del río de Foix. Este municipio de la provincia de Barcelona alberga una interesante historia medieval. El castillo esta situado sobre el cerro de la Roca. Los primeros escritos referidos al castillo y a la cercana iglesia, datan del siglo X, cuando ambos, fueron restaurados por Galí de Sant Martí, de donde procede su nombre. Se han encontrado restos de poblaciones del neolítico, ibéricos, romanos y visigodos.

Junto a la iglesia de Santa María forma el conocido Conjunto Monumental de la Roca. La primitiva construcción del castillo del siglo X, ha sufrido a lo largo de su dilatada historia, diversas modificaciones, quedando muy pocos elementos de aquella primera construcción. Tenemos que situarnos en el ala norte, donde encontraremos la primitiva fachada, con ventanas románicas y góticas. En ella la sala Gótica, hoy utilizada para actos públicos y privados. La nave situada al sur, es del siglo XVI y se utiliza para exposiciones artísticas. A poniente, un grueso talud y dos torres circulares, del siglo XII, a cada lado. En los bajos del edificio, encontramos el Museo Municipal, donde destacan los fragmentos de un monumento funerario prerromano de los siglos III y II a.C. y la cabeza de una Venus del siglo I d.C.

El castillo fue construido por iniciativa de Galí de Santmartí, siendo su hijo Guillermo, quién acometió, ya en el siglo XI, la ampliación de este. Reforzado como fortificación militar por Mir Geribert, Príncipe de Olérdola, emparentado con los Santmartí. En el año 1023, el castillo limitaba con Castellví de la Marca. Al morir Mir Geribert en 1060, dejó como usufructuaria a su segunda mujer Guilla de Besora. El castillo fue heredado, posteriormente, por Arnau Mir, hermano menor de Gombau, que, entre 1076 y 1082, juró fidelidad al conde Ramón Berenguer II, y fue gobernador del Penedés. En el siglo XII, sobre un edificio anterior del siglo X, se construyó la iglesia del castillo, Santa María, después parroquial, haciéndose, en el conjunto, altas murallas y estancias nobles. A Arnau le sucedió su hijo Jordán de Santmartí que reedificó parte del castillo y que sería sucedido por su hijo Guillermo.


Los Santmartí vivieron su época de máximo esplendor a principios del siglo XIII, cuando poseían también los castillos de Subirats, Olérdola, Eramprunyà, Falset y Móra. En el año 1247, el señor del castillo era Ferrer de Sant Martí. A mediados de ese siglo, al extinguirse la línea de los Santmartí, el castillo pasó por unión matrimonial a los Entença. El año 1339, era señor Berenguer de Vilaragut, y cuatro años más tarde, lo era Bernardo Guillermo de Entenza. El castillo fue vendido a los señores de Font-rubí.

En 1360, en tiempos de Pedro el Ceremonioso, perteneció a la Casa de Aragón, y en el año 1376 pasó su propiedad, al entonces niño Martín de Aragón, futuro rey Martín el Humano, hijo de la reina Leonor, que en 1381 vendió el castillo y su término a Bernat de Fortiá, hermano de Sibila de Fortiá, cuarta mujer de Pedro el Ceremonioso. El ascenso de Sibila hasta convertirse en esposa del rey Pedro le causó muchas enemistades. Con el rey enfermo de muerte, temió la represalia de sus hijastros Juan I y Martín, y de Violante de Bar, esposa del primero, y optó por abandonar la corte para ir a Sitges, refugiándose después en el castillo de Sant Martí Sarroca, donde la sitiaron. Sin oponer resistencia, la reina viuda se entregó a las fuerzas del niño Martín el 7 de enero de 1387, salvando su vida a cambio de retirarse de la corte.

Posteriormente el castillo pasó a los Cervelló, señores de Montagut y de Querol, y fue heredado por Guerau de Rocabertí. Hacia 1481, para pagar unas deudas, fue adquirido en subasta pública por la Pía Almoina de la Catedral de Barcelona, que tenía derechos desde el siglo anterior.

A principios del siglo XVIII el castillo volvió a tener uso militar durante la Guerra de Sucesión y fue uno de los últimos núcleos de resistencia a las tropas de Felipe V, junto con el Castillo de Cardona. Se rindió el 18 de septiembre de 1714, una semana después de que Barcelona y sus defensores fueron perseguidos hasta San Quintín de Mediona, donde fueron muertos. En 1782, el castillo volvió a fortificarse.

En 1831 aparece como señor el marqués de Dos Aguas. Con la desamortización el edificio fue degradándose y a menudo utilizados sus materiales para construir nuevas casas en el pueblo. Durante la (Primera Guerra Carlista-1 y Primera Guerra Carlista-2) y la guerra civil de 1872 el pueblo fue fortificado y la iglesia destinada a cuartel, maltratada y profanada y el castillo fue incendiado y quedó convertido en un montón de ruinas. El año 1933, sus piedras sirvieron para construir el puente de Can Rabell. La decadencia del castillo continuó hasta mediados del siglo XX, cuando una iniciativa popular promovió la rehabilitación del conjunto.  En 1963 Pepet Teixidor y Luis Pujadó iniciaron la reconstrucción del castillo.


Por Ramón Martín


sábado, 4 de julio de 2020

Castillo de Calatrava la Nueva – CASTILLOS DE CASTILLA



El castillo-convento de Calatrava la Nueva se alza sobre un cerro rocoso conocido como Alacranejo, situado en el término municipal de Aldea del Rey, al sur de la provincia de Ciudad Real. Próximo al castillo de Salvatierra, junto a él flanquea una de las más importantes vías naturales que cruzan Sierra Morena y unen la Meseta con el Valle del Guadalquivir.

La Orden del Cister tomó posesión del castillo, asumiendo la defensa de todo el territorio frente a los árabes, y fundando aquí la Orden de Calatrava en el año 1158. Cuando la Orden de Calatrava pudo tomar el castillo de Salvatierra, decidieron construir un nuevo castillo en el cerro de enfrente.

Según algunas fuentes, el castillo-convento de Calatrava la Nueva fue construido sobre un castillo anterior, el castillo de Dueñas, que según fuentes del siglo XIII fue donado tras perder el territorio los cristianos, después de la batalla de Alarcos en 1195.

Los Calatravos tomaron Salvatierra en 1198, por lo que es muy posible que se realizaran algunas obras en este otro castillo. Pero Salvatierra volvió a caer en manos musulmanas en torno a 1210. Tras la batalla de las Navas de Tolosa, en 1212, el castillo fue nuevamente recuperado, intensificándose entonces las obras de construcción, realizándose en 1217 el traslado definitivo de la Orden desde Calatrava la Vieja. Perteneció a la Orden de Calatrava hasta el siglo XVIII.

A lo largo de los siglos esta fortaleza fue objeto de distintas reformas y añadidos, siendo las más importantes las realizadas en la época de los Reyes Católicos y en la de Felipe II, que pasó allí unos días y lo acondicionó para el paso de los coches de carruaje.

El recinto fue la sede de la Orden de Calatrava hasta el año 1802, cuando ésta se trasladó a Almagro. Entonces los monjes desmantelaron el convento para llevarse todo aquello que pudiera tener algún valor, quedando el edificio abandonado hasta las primeras décadas del siglo XX. En 1931 pasó a formar parte del registro de Bienes de Interés Cultural. Es a partir de entonces cuando se acometieron las primeras restauraciones, algunas de las cuáles no fueron demasiado fieles, lo que hace que en la actualidad algunos de los elementos arquitectónicos sean difíciles de interpretar.

Tras atravesar la Puerta de los Palos o de los Arcos se accede a la Puerta de Hierro, con dos saeteras alargadas en la parte superior por donde correrían las cadenas de elevación de la puerta. A continuación, pasamos a una estancia abovedada o vestíbulo, con bóveda de medio cañón de mampostería irregular de piedra cuarcita, donde se recibía a los visitantes a Calatrava. Este vestíbulo se abre a la derecha al interior del complejo, concretamente al conocido como Patio del Convento o Patio Principal. Esta zona era la empleada para trabajos con la fragua, molino, horno, almacenes, etc. Muchas de estas dependencias son ya del siglo XVII con bóvedas y arcos de ladrillos.

En el lado oeste de la muralla, en la calle que se dirige a la fachada de la iglesia hay una estancia con un letrero que indica "Horno" función que desarrolló a partir del siglo XVI, aunque se sabe que en la Edad Media fue la vivienda de los citados artesanos. Se accede a través de una puerta apuntada de dovelas rojizas, abertura que fue agrandada posteriormente. El habitáculo es rectangular, en sentido norte sur y completamente abovedado. Al norte habría una chimenea y todavía se conserva largos poyetes que servían de asientos y camas.

Al suroeste de la iglesia, un amplio espacio rectangular que tenía la función ser el cementerio de la Orden. Su nombre es el del Campo de los Mártires, nombre adoptado por haberse enterrado aquí los caballeros muertos en la derrota de Alarcos y la pérdida de Calatrava la Vieja.


La Iglesia es el edificio más destacado de todo el conjunto. Comenzó a construirse unos años más tarde que el castillo, en torno al año 1218. Aunque no se sabe cuándo finalizaron sus obras, en el año 1246 hay documentados enterramientos, con lo que, al menos los principales elementos estructurales ya debían de estar finalizados en esa fecha. Este periodo coincide con el del maestre de la Orden Gonzalo Yáñez de Novoa. Es un edificio muy particular, con una tipología característica de las iglesias del Cister, pero a la vez única en la Península Ibérica. Es un ejemplo paradigmático de arquitectura de transición del románico al gótico, pero con muchas influencias de la arquitectura hispanomusulmana. Lo que le da una singularidad única.

 

Fuentes utilizadas: WikipediA, Arteguias y Lanza Digital

Las imágenes de WikipediA

                                                

 

Por Ramón Martín


martes, 30 de junio de 2020

Puente del Real de Valencia – PUENTES DE VALENCIA



El puente toma su nombre -cuando se construya totalmente de piedra-, por comunicar la ciudad con el Palacio del Real, aunque también fue conocido como Puente del Temple por su cercanía al portal del mismo nombre, en la muralla cristiana. En un documento de 1332, el rey de Aragón Pedro IV el Ceremonioso ya lo denomina con tal nombre.

Se tiene constancia de la existencia de puentes y pasarelas de madera, desde 1332. El puente canalizaba el tráfico entre la ciudad y el puerto, dando también paso al Palacio del Real, pero las continuas riadas del Turia los destruían una y otra vez. Hay constancia de riadas en 1340 y en 1406 que obligaron a efectuar reparaciones, la riada de 1427 destruyó completamente el puente de madera, por lo que hubo que levantar uno nuevo en 1445, aunque seguía siendo de madera. Una nueva en 1590 hizo tomar conciencia de la necesidad de construir un puente totalmente en piedra, así ese mismo año la Fabrica Nova del Riu, toma la decisión de construir un nuevo y definitivo puente, totalmente de piedra.


El actual Puente del Real comenzó a construirse en 1595, finalizando tres años después -aunque la fecha oficial se sitúa el 18 de febrero de 1599-, con motivo de la boda en la Catedral de Valencia entre el rey Felipe III y la reina Margarita de Austria el 18 de abril de 1599.

El 3 de mayo de 1528 -cuando el puente en piedra aún no había sido construido-, se agolpada la gente en el puente para ver pasar al emperador Carlos I de España en su visita a Valencia, el frágil puente se hundió y cerca de mil personas cayeron al río ante los mismos ojos del emperador.


En el plano de la ciudad de Valencia realizado por Anthoine van der Wijngaerde en 1563 se aprecia como el puente contaba con soportes y tajamares en piedra, aunque la pasarela y las barandas eran de madera, con ocho vanos.

Guillem Salvador, Hierony Negret y Françesc Anthon, comenzaron las obras, aunque no consiguieron finalizarlo. Tuvo que ser Joan Pasqual (mestre de fer molins) quien lo llevara a cabo. Este se encontró con un problema, debido a la cimentación del puente. Por lo que utilizó arena, piedras e incluso lápidas con inscripciones procedentes del antiguo cementerio del Convento de Santo Domingo. El puente tenía una longitud de 167 metros y una anchura de 9,50 metros, compuesto por diez arcos escarzanos de trece metros de luz, los tajamares, el paseo y las barandas con adornos de esferas eran totalmente de piedra. Disponía de gárgolas para el desagüe de las aguas de lluvia, y una escalera aguas abajo de acceso al río, que podemos ver en el plano del padre Tosca de 1704. Además, disponía de dos rampas de acceso al cauce situadas una a cada lado del puente.


Se adorna con dos casalicios, uno a cada lado, dedicados a San Vicente Ferrer y a San Vicente Mártir, cuyas esculturas fueron realizadas en 1602 por Vicent Leonart Esteve, e instaladas un año después, aunque los templetes que las debían proteger no se realizarían hasta 1682 y 1683. La construcción de los templetes se realizó a expensas del arzobispo de Valencia Juan Tomás de Rocaberti, en estructura triangular se cubren con tejado a tres aguas y tejas vidriadas. La cubierta se apoya en tres columnas con fustes en piedra negra de Alcublas.

En 1750 la Fabrica Nova del Riu encarga al cantero Bautista Pons la construcción de dieciséis bancales o asientos, así como adornos de bolas piramidales gallonadas en la balaustrada. En 1773 José Puchol Rubio restauró la escultura de San Vicente Ferrer que había sido dañada por un rayo. En 1936 durante la Guerra Civil las estatuas fueron destruidas, siendo son repuestas por Carmelo Vicent Suria que, realiza una nueva escultura de San Vicente Ferrer e Ignacio Pinazo Martínez, la de San Vicente Mártir. La escultura de San Vicente Mártir se instalaría en diciembre de 1945 y la de San Vicente Ferrer en enero de 1946.

Gracias a su última restauración, el puente tiene su aspecto actual, con diez arcos escarzanos sin apuntar y sin clave, es el puente más ornamental, ya que su objetivo era conducir al Palacio del Real, residencia de los reyes y virreyes del Reino de Valencia. La luz de los arcos es de 13 metros cada uno, aunque hay pequeñas variaciones entre ellos. Dispone de tajamares de sección triangular rematadas en punta de diamante. El puente fue reconstruido y ampliado a partir de 1966 por el ingeniero Alberto Oñate tras la riada de 1957. Se aumentó la anchura del puente con seis vías de tráfico e idéntico aspecto lateral del anterior. La nueva anchura del puente se establece en los actuales 27,30 metros y fue inaugurado el 28 de febrero de 1968. En esta remodelación se eliminó la escalera de bajada al puente.

En 1609 se encargaron en Génova cuatro esculturas en mármol con destino a este puente, representando a San Vicente Mártir, San Vicente Ferrer, San Luis Obispo y San Luis Bertrán. Las mismas fueron acabados y embarcadas rumbo a Valencia, pero antes de tocar tierra, el barco que las llevaba fue asaltado por piratas argelinos y nunca más se supo de las esculturas. Estas esculturas vendrían a sustituir a las realizadas por Vicent Leonart en 1603 ya que al parecer no eran del agrado de los jurados de la ciudad.

 

Para la realización del presente artículo se ha consultado el artículo de J. Diez Arnal, y WikipediA

Las imágenes son propias

Por Ramón Martín


lunes, 29 de junio de 2020

Genaro Lahuerta López – Obras en la Colección BBVA – PINTORES VALENCIANOS



MARINA: Acuarela sobre papel de 42 X 52,4 cm.


 

TIERRAS CÁLIDAS: Óleo sobre lienzo de 65,5 X 100,5 cm.


 

PAISAJE: Óleo sobre lienzo de 37,7 X 61,5 cm.


 

 

ALTEA: Óleo sobre lienzo de 64,8 X 100 cm.


 

 Fuente e Imagen: Colección BBVA.