Madrid Musulmana
Durante los siglos VIII y IX, la presencia de nuevos núcleos urbanos en Carpetania es escasa. Los focos episcopales decayeron hasta su desaparición con la llegada islámica. Buscando los posibles motivos de ruina urbana, los podemos encontrar en la progresiva desertización producida en la comarca, entre los ríos Tajo y Guadiana, debido a los desastres climáticos y la progresiva escasez de brazos producida por las emigraciones a terrenos mejores; y las guerras de la primera mitad del siglo VIII entre las tribus berberiscas que estaban instaladas en la comarca.
Como consecuencia se produce una importante emigración masiva hacia Toledo, que aumentará su importancia, y a los nacientes dominios cristianos para repoblar Andalucía. La calzada que recorría la orilla del
río Manzanares, poco a poco, fue resucitando, acentuando el protagonismo de su principal población,
Magerit.
La primera noticia de la ciudad la tenemos en la época del
emirato omeya de al'Andalus, a finales del siglo IX, cuando el emir cordobés,
Muhammad I, hijo de
Abderramán II, mandó levantar una fortaleza o
hisn en la aldea de
Magerit, antigua Matrice (matriz) nombre que hacía referencia a las aguas del lugar y al arroyo que corría por la actual
calle de Segovia, cerca de los llamados
altos de Rebeque, en un promontorio existente junto al
río Manzanares, en el lugar donde hoy se alza la
catedral de la Almudena y el arranque de la
calle Mayor. A esta fortaleza, se le encarga la vigilancia de los pasos existentes en la sierra de Guadarrama para proteger Toledo, la antigua capital visigoda; pero también la de
ribat, punto de reunión de los voluntarios para la «guerra santa» destinadas a ir contra los reinos cristianos del norte; puesto que las posiciones de los contendientes de han ido acercando, y al ser la plaza de frontera, constituye un excelente lugar de concentración de los musulmanes venidos a cumplir el precepto.. Así, en el año 977,
Almanzor comienza aquí su campaña.
Su condición de fortaleza en este inseguro límite de la Marca Media, unido a ser cuartel de voluntarios muslimes, le permiten conservar un importante rango, en competencia con el valor estratégico de Medinaceli. Su prestancia de firme baluarte garantiza la guarda de la ruta del Manzanares, y su validez hasta la llegada del dominio cristiano.

Cuando el califato de Córdoba se desintegra, Madrid pasó a formar parte del
reino Taifa de Toledo. Entre los siglos IX al XII gran parte de las ciudades del interior se convirtieron en fortalezas. Madrid paso en diversas ocasiones de unas manos a otras, así la población tuvo que sufrir las expediciones cristianas de
Ramiro II, en el año 932, entre otras, de menor entidad, las realizadas por
Fernando I en el año 1047, cuando sus huestes rebasan el Sistema Central y arrasan
Magerit aunque sería
Alfonso VI quién sitiará la villa, tomándola en el año 1085, gracias al ejército leones capitaneado por los
Quiñoneros de Segovia Fernán García y Día Sanz. De esta manera pasa a manos cristianas junto a otras poblaciones; lo que hace saltar por primera vez el nombre de Madrid en las crónicas de dichas campañas.
En la última de ellas, se descubre la imagen de la Virgen de la Almudena, oculta, entre dos velas encendidas, dentro de un lienzo de la fortaleza. El rey Alfonso VI, tras conquistar la población, mandó consagrar la mezquita mayor árabe, transformándolo en un templo cristiano dedicado a Nuestra Señora. Durante la conquista realizada por las huestes de Alfonso VI, procede el apelativo de “gatos”, que a partir de entonces llevan los madrileños, con orgullo.
Durante la dominación árabe, estos incorporaron su concepto de ciudad dividida en dos; de una parte la civil y de otra la militar. A la militar la llaman alcazaba, almudena, alfizén o ciudadela, mientras que a la civil la denominan medina. En 1123 se otorga a Madrid “todos los montes y sierras que hay entre ella y Segovia”, indicando que han de servir para que pasten sus ganados y para que se pueda extraer madera con destino a sus edificaciones.

Al igual que otras muchas poblaciones castellanas, Madrid, tras ser conquistada por Alfonso VI se constituye en comunidad de Villa y Tierra, siendo el rey
Alfonso VII quién otorgue sus primeros límites en el año 1152. A partir del año 1189, el gobierno de la ciudad será ejercido por un
dominus Mageriti, representante del rey. En la Edad Media los distritos parroquiales juegan un papel relevante. La ocupación de la ciudad por parte de los cristianos supuso, en un primer momento, una caída de la actividad económica; la ciudad seguirá estando presente en la actividad guerrera, aunque esta vez en sentido contrario, pues al ser concejo fronterizo defensor de la linea del río Tajo, deberá oponerse a sus fundadores musulmanes, sin poder librarse de algún que otro sobresalto, como el que realizaron los almorávides el año 1109, llegando a acamparse cerca del alcázar, en la zona que como recuerdo de aquella incursión, se llamará, desde entonces:
Campo del Moro.
La figura más relevante de estos años fue el que, con el tiempo, sería su patrono: San Isidro (1082-1172), un mozárabe que formaba parte del contingente más elevado de los pobladores de la ciudad, junto a foráneos, francos, musulmanes y judíos. Una amalgama que, de momento, convivirá sin grandes problemas.
En el año 1145, Madrid se da, gracias a la concesión del Alfonso VII, completado en el año 1202, cuando el reinado era gobernando por
Alfonso VIII, nieto de Alfonso VII. Durante ese siglo XIII, se constituye la
Tierra de Madrid, resultado de una larga disputa con la ciudad de Segovia, la cual, al tener una economía basada en la ganadería, necesitaba nuevos pastos, invadió zonas que habían sido asignadas a Madrid. Resuelta la disputa sobre el río Jarama por
Fernando III en 1239, solo quedaba resolver la parte noroccidental, hasta que
Alfonso X, en 1275 creó el Real Manzanares, por el que segovianos y madrileños conservaban el usufructo de la zona; lo cual no evitó que se siguieran produciendo incidentes.
El siglo XIII representa un siglo donde en Madrid se va encauzando la economía, al consolidarse la, hasta entonces, modesta economía; al tiempo que fueron multiplicándose las huertas en el interior, mientras en el alfoz se va desarrollando una prospera agricultura.
Madrid va alcanzando notoriedad, y así, vemos como sus milicias juegan un importante papel en el
encuentro de las Navas de Tolosa del año 1212, o en el
cerco de Sevilla que tuvo lugar en el año 1248. En torno al año 1212, se exhuma el cuerpo de San Isidro, y su cuerpo es trasladado al arca regalada por el rey Alfonso VIII.
Madrid en la Baja Edad Media
En el año 1309, bajo el rey
Fernando IV se convocan las primeras
Cortes de la Villa, aunque de mayor trascendencia fueron las del año 1329 con
Alfonso XI, donde, entre otras resoluciones, se recauda ayuda económica para continuar la guerra contra el reino Nazarí de Granada.

Las primeras décadas del siglo XIV continúan la linea ascendente de Madrid, siendo en el año 1346, cuando la ciudad alcanza su plenitud como municipio, a pesar de comenzar a notarse síntomas de crisis. En ese año, Alfonso XI crea los doce primeros regidores, con lo que se constituye el primer Ayuntamiento, integrado por alcaldes, oficiales y regidores. Para conseguir un mayor control regio, en la siguiente centuria aparecerá la figura del corregidor. Pronto surgen unas circunstancias desfavorables, de origen político; con las
donaciones territoriales dadas por el primer Trastámara,
Enrique II, como castigo a Madrid por haber sido leal a su hermanastro
Pedro I. Lo malo de estas donaciones es que correspondían a zonas de las que Madrid obtenía la mayor parte del cereal y de los pastos para el ganado. Aunque peor aún fue la concesión de Madrid y todo su término, el año 1383, a un monarca destronado: León V
de Armenia; concesión que sería reintegrada al dominio real por
Enrique III. A pesar de todo fueron tiempos difíciles para la ciudad.
La importancia de Madrid fue subiendo gracias a que, tras el paréntesis de Enrique II, los Trastámara residieron durante largos periodos en el alcázar madrileño, sobre todo Enrique III, rey muy afecto a la ciudad. También lo fue, aunque en menor medida, su hijo
Juan II, que celebró fastuosas fiestas en la población.

Pronto surgen nuevas dificultades, como son los graves destrozos y la consiguiente despoblación vividos con
Enrique IV y el asedio puesto al alcázar por los partidarios de
Isabel I el año 1476. Con Isabel dueña de la villa, comienza un periodo de prosperidad, solo turbado por el envío de hombres a la guerra de Granada. No fueron ajenos a este progreso judíos y musulmanes, y en 1481 se les apartó respectivamente junto a su sinagoga en el Campo del Rey, y a su
almagil o mezquita en la
Morería Vieja. Mejor aguantaron los mudéjares, a los que se les permitió permanecer en sus hogares, debido a su condición de especialistas en diversos oficios, principalmente herreros y alarifes (maestros de obra). Posteriormente se les permitió —alrededor del 1500—, construir una nueva morería en los aledaños de la
Plaza Mayor.
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Ramón
Martín
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Bibliografía:
Historia
de la Villa de Madrid de José Antonio Vizcaino
Costumbres,
leyendas y descripciones de la Villa y Corte en los siglos pasados de
Ricardo Sepúlveda
Historia
de Madrid de Federico Bravo Morata
Historia
de Madrid de la Editorial Complutense bajo la dirección de Antonio
Fernández García
Breve
Historia de Madrid de Federico Carlos Sainz de Robles
Historia
de Madrid en pildoritas de Eduardo Valero
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revistas y publicaciones en la red.
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