
Puede parecer extraño que, la capital de un país tan tradicionalmente católico como es España, no haya tenido catedral hasta hace poco. A pesar de que, el deseo de tener una catedral en Madrid viene de antiguo, concretamente de cuando, por orden del rey don
Felipe II la Villa alcanza la dignidad de capital, un 8 de mayo de 1561. Es a partir de entonces, cuando los reyes solicitan en varias ocasiones la sede episcopal para Madrid, dignidad que no llegó hasta el 7 de marzo de 1885. Sólo a partir de esa fecha, los madrileños pueden dar comienzo a la construcción de su catedral, puesto que la villa ya cuenta con su propio obispo. Esta tardanza, junto al momento histórico en el que fue construida, hace que el edificio tenga ciertas peculiaridades si la comparamos con otras catedrales europeas.

El proyecto original, como iglesia, se inició el 4 de abril de 1883, cuando el rey
Alfonso XII puso la primera piedra, en una solemne ceremonia. Siendo encargado el proyecto al arquitecto don Francisco
de Cubas y Montes, marqués de Cubas.
En un principio con dicho proyecto se cumplía un deseo de la fallecida reina doña
María de las Mercedes, esposa de don Alfonso XII, que había pedido levantar una nueva iglesia dedicada a la Patrona de Madrid. El cambio de iglesia a catedral se pudo realizar aquel 7 de marzo de 1885, cuando el papa León XIII, concedió la sede episcopal a la ciudad. La construcción de la catedral se prolongó durante casi todo el XX, ya que tuvo largos parones debidos, principalmente, a problemas de financiación motivados por algunos de los acontecimientos que marcaron la historia de Europa, como fueron las dos Guerras Mundiales. En lo que respecta a España, el pais terminó el siglo XIX con el
desastre de 1898, en el que se pierden las últimas colonias de ultramar, restos de un antiguo Imperio que no se supo conservar. Comienza el siglo XX y no parece venir con mejores intenciones, pues se produce la profunda crisis de la monarquía, la llegada de la
Segunda República Española y la Guerra Civil, y a continuación 40 años de dictadura. Vaivenes que afectaron, de una manera u otra, a la construcción de esta catedral que se prolongó durante 110 años.
El arquitecto don Francisco de Cubas, concibió el proyecto como un templo de estilo neogótico, aunque fue finalizada con una arquitectura clasicista buscando que pudiera armonizar con el vecino
Palacio Real, a lo que hay que agregar la renovación litúrgica del Concilio Vaticano II (1962-1965) que trajo la reestructuración de los espacios celebrativos.
El lugar ocupado por la catedral y el palacio es el
origen de Madrid, puesto que fue este el espacio elegido por el emir
Muhammad I, en el siglo IX para levantar un alcázar que pudiera controlar los accesos naturales de la Sierra de Guadarrama y los caminos que llevan a Toledo. Era el idóneo debido a su situación estratégica, cruce de caminos de distintos puntos de la Península, y que, además, gozaba de abundante agua, vegetación y fauna. En este preciso lugar, dará comienzo la andadura histórica de un pequeño asentamiento militar que llegará con el paso de los años a ser capital de España.
Tras la conquista de la fortaleza y su población en el año 1085 —siento no poder concretar la fecha con mas exactitud, pues no hay acuerdo en la misma—, Madrid pasó a ser propiedad de los monarcas castellanos, lugar de paso de la corte itinerante. En Madrid se convocaron cortes en repetidas ocasiones y sus alrededores pasaron a ser un lugar de caza para uso y disfrute del monarca de turno. Con el paso de los años, el
Alcázar fue creciendo al dotársele de nuevas edificaciones, según las necesidades de cada época hasta que, el 8 de mayo de 1561, Felipe II mandaba entrar el Sello Real en la villa, convirtiéndola así en la residencia permanente de la corte y capital de sus reinos.
En la Nochebuena del año 1734, el
Alcázar sufrió un devastador incendio. Era necesario sustituirlo, y cuatro años después, devastador. Pocos años después, el 7 de abril de 1738, el primer rey Borbón, don
Felipe V daba comienzo la construcción de un nuevo palacio de estilo barroco sobre las ruinas del antiguo alcázar. Sería un siglo y medio después, cuando don Alfonso XII eligió el terreno situado frente a la fachada principal del Palacio, exactamente frente al patio donde se levantaba la antigua armería, para construir la futura catedral de Madrid.
Desde luego, el lugar no era un sitio elegido al azar; en la
cuesta de la Vega, donde se encontraba uno de los antiguos accesos de la muralla, se conservaba, y aún se conserva en la actualidad, una hornacina con la imagen de la
Virgen de la Almudena que nos recuerda el lugar donde, según la tradición, se halló la Imagen. Hoy, a tan solo unos pocos metros de dicha hornacina, en el conocido como
parque arqueológico Muhammad I, podemos ver los restos de la antigua muralla árabe, la famosa
almudaina, que daría nombre a la Virgen por haber sido escondida entre sus piedras. Cerca se encuentran los restos arqueológicos de la que fue
Iglesia de Santa María donde la
Virgen de la Almudena recibió culto durante siglos hasta ser demolida en 1868.
Según una antigua tradición, a los pies de la Catedral y del Palacio, se encuentran los jardines del Campo del Moro, cuyo nombre proviene de Alí Ben Yusuf, un caudillo musulmán que intentó reconquistar Madrid en el año 1109, y que gracias a la intercesión de la Virgen de la Almudena, los cristianos encontraron un depósito de trigo con el que pudieron alimentarse y resistir el asedio. Hecho que ha quedado plasmado en uno de los lienzos que flanquean una de las puertas de la Catedral.

Cuando el rey don Felipe II decide trasladar la corte de Toledo a Madrid, esta se convierte en la capital política del reino, mientras que, la capital religiosa siguió permaneciendo en Toledo, cuyo arzobispo ostenta el título de Primado. En muchas ocasiones los reyes intentaron que la nueva capital fuera sede episcopal, con catedral y obispo propio, para no tener que depender del arzobispo de Toledo. Durante el reinado de
Isabel II se firma con la
Santa Sede el
Concordato donde se afirma que Madrid será
sede episcopal. Aunque, sin embargo, la realización de esta cláusula no se hizo posible hasta que, el 7 de marzo de 1885, el papa León XIII erigió la
Diócesis de Madrid-Alcalá, nombrando a su primer obispo, Narciso Martínez Izquierdo. Dos años después de poner la primera piedra de la futura iglesia de la Almudena, el papa decidía, mediante la bula de constitución de la diócesis de Madrid-Alcalá, situar la sede episcopal en esa iglesia aún en ciernes. Después de más de un siglo, el 15 de junio del año 1993, otro papa, Juan Pablo II, consagró y dedicó el templo, convirtiéndose en la catedral más joven de Europa y una de las pocas consagradas por un papa.
En el año 2000, cumpliendo una voluntad del rey don Alfonso XII, se trasladaron los restos de su primera esposa María de las Mercedes, para ser enterrados a los pies de la Patrona de Madrid.
El primer proyecto de la futura catedral, consistía en un gran templo de estilo neogótico inspirado en el gótico radiante, pero con elementos hispánicos. El arquitecto don Francisco de Cubas fue el elegido por don Alfonso XII para llevar a cabo esta empresa. Sin embargo, falleció en 1899, pocos años después de comenzar la obra; obra por la que pasaron un buen número de arquitectos que permanecieron bastante fieles al proyecto original. El Museo de la Catedral conserva una gran maqueta de ese primer proyecto de la Catedral, así como diversos planos.
La reina doña
María Cristina de Habsburgo, segunda esposa de don Alfonso XII, se implicó en las obras de la futura catedral pudiendo asistir a la misa de consagración de la cripta finalizada el 29 de mayo de 1911. La construcción continuó hasta la proclamación de la
Segunda República, momento en el que los monarcas abandonan España y el edificio se quedó sin mecenas. El futuro de la nueva catedral se hizo incierto y el estallido de la
Guerra Civil en 1936, hizo que se paralizaran las obras. Acabada la contienda, en 1944, la
Dirección General de Bellas Artes, cuyo director general era don Juan
de Contreras y López de Ayala, marqués de Lozoya, convocó un concurso de arquitectura para poder continuar las obras. Fueron los arquitectos madrileños Fernando Chueca Goitia y Carlos Sidro
de la Puerta quienes presentaron un nuevo proyecto, el cual mantenía lo construido y proponía finalizar la catedral como un edificio de corte más clásico a semejanza del
Palacio Real. En ese proyecto se proponía unir la catedral y el palacio mediante una arcada que cerrase el
patio de armas, unión que nunca se llevó acabo. Pero la obra contaba con escasos fondos para acelerar los trabajos. A principios de la década de los 80, el cardenal de Madrid, don Ángel Suquía Goicoechea, consigue la implicación de algunas instituciones del Estado y la participación económica de muchos españoles deseosos de ver la catedral terminada.
Finalmente, el 15 de junio de 1993, el papa Juan Pablo II consagró la catedral, dedicándola a Santa María de la Almudena.
Descripción
Una vez hemos repasado una breve historia de la catedral, que mejor que emprender la descripción.
Los sillares del zócalo, al igual que las bases de las columnas se realizaron con piedra dolomítica, proveniente de Baides (Guadalajara). En cuanto a la fachada, de tonos blancos y vetas rosadas, se utilizaron calizas micríticas veteadas de Portugal y la parte más ornamental de la portada, con una caliza también portuguesa. A partir del año 1911 se continuó con una piedra caliza de Novelda (Alicante), de tonos cremas. La portada principal, incluidas las dos torres, son de granito, proveniente de Zarzalejo (Madrid); mientras que, las columnas de granito, situadas entre las dos torres de la fachada principal, proceden de las canteras de El Boalo, Cerceda y Mataelpino, todas de la provincia de Madrid.

Refiriéndonos al exterior de la catedral, posiblemente su elemento más llamativo sea la cúpula doble; vista desde el interior es gótica, aunque con reminiscencias barrocas al exterior. Consta de un tambor octogonal en el que se abren cuatro grandes huecos termales y una pequeña linterna como remate. La cubierta de pizarra oscura. A modo de pináculos, doce estatuas que representan a los doce apóstoles, obra del escultor catalán, Luis Sanguino.
La
fachada principal, orientada hacia la
plaza de la Armería, compuesta por un gran pórtico de columnata doble; el piso inferior de inspiración toscana y el superior de orden jónico. Este conjunto neoclásico, fue rematado tras la consagración de la catedral por una hornacina barroca, que cobija una imagen de la
Virgen de la Almudena. Al mismo tiempo, se colocaron cuatro estatuas, obra del escultor extremeño Ramón Chaparro, representando a: san Isidro Labrador, santa María de la Cabeza, santa Teresa de Jesús y san Fernando, realizadas en piedra blanca de Colmenar de Oreja (Madrid). En el balcón, una vidriera de 10 m², Representando a Virgen de Lis, y cuatro estatuas con los cuatro evangelistas, del escultor madrileño, José Luis Parés. También dos grandes escudos, del mismo escultor, ubicados en la parte inferior de las torres, que representan las armas de la
Casa Real Española y el escudo de Juan Pablo II, el papa que consagró la catedral. En los extremos de dicha fachada, en dos hornacinas, dos estatuas de bronce de san Pedro y san Pablo, obra del extremeño Juan de Ávalos; y, rematando las hornacinas, dos relieves: la
Entrega de las llaves a san Pedro y la
Conversión de san Pablo. Las puertas son de bronce. En la central, adornos con el tema trinitario, conmemorando el Jubileo del año 2000; una de las laterales hace referencia a la monarquía de España, con efigies de los reyes de la Reconquista; la otra, está dedicada a Hispanoamérica. Son obra del escultor Luis Sanguino. A la torre de la derecha, se la conoce como Mariana o de los Gallegos, pues las campanas fueron donadas por gallegos; y cada una de ellas tiene una advocación mariana castiza: Santa María la Real de la Almudena; Santa María de la Paloma; Santa María de Atocha y Santa María de la Flor de Lis. Mientras que en la torre de la izquierda —la que da a la
calle Bailén—, está el carillón, fabricado en Saldaña (Palencia), al igual que las campanas Benedicta, Ancilla Domini, Magnificat y Gratia Plena.

Pasamos ahora a detallar la
fachada de Bailén, a la que se accede por una escalera imperial y rampas laterales, y que es la que se utiliza diariamente para acceder a la catedral; y que corresponde a la parte oriental del crucero, dando, como su nombre indica, a la
calle Bailén. En su diseño se advierte un cierto influjo escurialense por su monumentalidad y desnudez, viéndose rota por las monumentales puertas de bronce, obra ambas del escultor Luis Sanguino. En el lateral de la izquierda se representa el hallazgo de la
Virgen de la Almudena por el rey don
Alfonso VI, en el año 1085. La central, nos recuerda el día de la
Consagración de la Catedral por el papa Juan Pablo II, el 15 de junio de 1993, con imágenes de los reyes don
Juan Carlos I y doña
Sofia, doña María
de la Mercedes, madre del Rey, y el entonces arzobispo de Madrid, Ángel Suquía. Por último, la puerta lateral derecha ilustra la procesión de la
Virgen de la Almudena el 9 de noviembre, día de su fiesta, por las calles de Madrid. En ella se ve al cardenal-arzobispo Antonio María Rouco Varela, y los monumentos más emblemáticos de la ciudad. La decoración se completa con dos estatuas de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María, colocadas en hornacinas en lo alto de la fachada; ambas obra de José Luis Parés. En frente de esta fachada, una plaza conocida comúnmente como plaza de Juan Pablo II por su estatua de casi tres metros, realizada por Juan de Ávalos. En la plaza, cuatro fuentes y farolas de estilo fernandino. Todo el conjunto cerrado por rejas, coronadas por las estatuas en bronce de san Antonio María Claret, san Ignacio de Loyola y san Juan de Ávila, obra de la escultora Consuelo Perea.

El Interior de la catedral tiene planta de cruz latina, compuesta por una nave central y dos laterales, amplio crucero de tres naves; cabecera curva con girola y cinco capillas radiales. Inmediatamente notamos el contraste con el exterior de la catedral, de estilo ecléctico en el que predominan las líneas neoclásicas y barrocas, ya que el interior sigue los patrones del estilo neogótico, incluyendo vidrieras policromas y triforio.
Hacia el presbiterio, gran parte del mobiliario litúrgico sigue ese estilo neogótico. La mesa del altar mayor, en el centro del crucero, es de mármol verde; a la derecha se encuentra la cátedra episcopal, de líneas gotizantes, tallada en nogal en 1885; detrás del altar mayor, presidiendo el presbiterio, una escultura de Cristo crucificado, de estilo barroco, obra del insigne imaginero cordobés Juan de Mesa, realizada en 1620 y que al igual que la sillería del coro, procede de la
Colegiata de San Isidro, para la que se encargado por el
Colegio Imperial. Es una obra clave del barroco escultórico español, a pesar de que tuvo que ser restaurada tras los daños sufridos durante la guerra civil española.
La Virgen de la Almudena, patrona de Madrid, tiene su altar en el crucero de la nave derecha, frente a la entrada por la calle de Bailén. Consiste en un altar elevado, al que se accede por dos escaleras laterales con barandilla de bronce. La escultura representa a la Virgen con el Niño en sus brazos; de madera tallada y policromada, en estilo gótico; está colocada en la hornacina central de un valioso retablo, realizado por el pintor, posiblemente francés, Juan de Borgoña a finales del siglo XV. Consta de dieciocho tablas representando escenas de la vida de Jesús y María; la mazonería y la predela son modernas, de estilo neogótico; la imagen se halla sobre un pedestal de plata del siglo XVII, con ciriales y resplandores del mismo material y época, regalados por la Villa de Madrid. Bajo el arco rebajado que forman las escaleras, se encuentra la sepultura de la reina doña María de las Mercedes, esposa de don Alfonso XII, cuyos restos fueron trasladados allí en el año 2000, para dar cumplimiento a la voluntad de la soberana de ser enterrada a los pies de la Virgen. En el espacio del crucero, antes de la escalinata, se puede contemplar una escultura representando la Caída de Jesús con la cruz, conocida como Cristo de la Misericordia. Es una talla de, barroca, de intenso realismo y veraz policromía, atribuida al jienense, Juan Martínez Montañés. En el lado contrario, otra obra maestra de la imaginería barroca, un Cristo atado a la columna, obra del escultor napolitano Giacomo Colombo, firmada y fechada en 1698.

En el comienzo de la girola se encuentra la capilla del Santísimo, reservada a la adoración eucarística, con un moderno sagrario-ostensorio. También, en esta capilla, la talla de la Virgen del Monte, una escultura medieval, de estilo gótico, del siglo XIII.
En la intersección con el crucero, en el lado de la epístola, podemos ver un gran cuadro, que presidió, algún tiempo, el altar mayor, representa los preparativos para la Crucifixión y que procede del desaparecido convento madrileño de los Capuchinos de la Paciencia, obra del pintor madrileño Francisco Ricci, fechada en 1651, en el destaca una atmósfera sombría y tensa. Se trata, sin duda, de una pieza clave de la pintura barroca española y una de las más señeras de las que podemos ver en el templo. A sus pies, un Cristo Yacente, obra del escultor Juan de Ávalos. En el brazo opuesto del crucero, se encuentra un retablo de tablas pintadas de estilo gótico, obra de los siglos XV-XVI, atribuido a Juan González de Becerril.
La capilla central de la girola está dedicada a san Isidro Labrador y santa María de la Cabeza, con tallas policromadas barrocas, atribuidas al escultor asturiano Juan Villabrille y Ron, de los siglos XVII y XVIII, que flanquean el arca funeraria, del siglo XIII, que contuvo los restos incorruptos del santo. Es una obra medieval, con diversas escenas pintadas representando pasajes de la vida del santo.
La cubierta de la nave central, diferenciándose de las laterales que siguen esquemas góticos —bóveda de crucería simple—, se resuelve con hormigón alveolado, con lo que se pudo reducir costes y trabajo. La decoración pictórica es geométrica, obra del pintor José Luis Galicia, que recuerda, en su estilo, a los artesonados mudéjares, sobre todo por la utilización del pan de oro y variadas gamas de colores. La cúpula, obra del mismo artista, tiene como motivo los cuatro elementos (tierra, mar, fuego y aire) en sus cuatro vértices, que sostienen a la bóveda celeste.
Las capillas de las naves laterales están dedicadas a santos contemporáneos: san Jose María Escrivá de Balaguer, decorada con relieves y escultura del santo, obra de Venancio Blanco; santa María Micaela del Santísimo Sacramento; beata Mariana de Jesús; santa Maravillas de Jesús; santa Ángela de la Cruz; san Vicente de Paúl y santa Luisa de Marillac; san Pedro Poveda; santa María Soledad Torres Acosta y santa María Josefa del Corazón de Jesús. Todas se organizan y decoran, en su mayor parte, con estilo contemporáneo. A los pies del templo, la capilla penitencial y la capilla bautismal; esta última con una sencilla pila de mármol negro y una destacada escultura de San Juan Bautista, obra del escultor francés Robert Michel, del siglo XVIII. Junto a la sacristia mayor, se encuentra la capilla de Juan Pablo II, inaugurada por el cardenal Osoro, el 13 de noviembre de 2022. El órgano, situado en el coro alto, a los pies del templo, fue construido por el organero alemán Gerhard Grenzing, una pieza excepcional que consta de cuatro teclados, más un teclado de pedal, y tiene acoplamientos mecánicos y eléctricos: el teclado de las caderetas exteriores cuenta con dieciséis líneas de tubos, el mayor tiene once líneas; veintiuna líneas de tubos son para el teclado expresivo, nueve para la trompetería y el pedal suma trece líneas más.

El 28 de abril de 2004, el cardenal Rouco Varela, arzobispo de Madrid, bendijo las pinturas y vidrieras que decoran el ábside de la catedral, que fueron encargados al religioso y artista leonés Kiko Argüello. Los murales representan: El Bautismo, La Transfiguración, La Crucifixión, Cristo Pantocrátor, La Resurrección, La Ascensión y La venida del Espíritu Santo en Pentecostés. En el centro, presidiendo toda la catedral, la imagen del Pantocrátor, representado como Jesús en su Segunda Venida. Estas pinturas nos recuerdan a los iconos de las iglesias ortodoxas. Sobre las pinturas, hay siete vidrieras dedicadas a la Palabra o Verbo de Dios, con su nombre en diferentes idiomas; en el centro, el nombre de María. Las vidrieras, crean un equilibrio entre las figuras pintadas, el cromatismo de las vidrieras y el del techo.

La
cripta fue la primera estructura construida, se erigió en estilo neorrománico, con acceso por el lado de la
cuesta de la Vega. Fue abierta al culto el 31 de mayo de 1911, cuando fue terminada por el arquitecto madrileño Enrique María Repullés, el cual está enterrado en ella. Contiene una imagen del siglo XVI de la
Virgen de la Almudena. Destacan sus más de 400 columnas coronadas con capiteles, todos ellos diferentes, que evocan figuras bíblicas y motivos de la naturaleza, así como la figura de la
Osa y el Madroño, símbolo de Madrid. Su fachada tiene referencias medievales, con una triple puerta con arco de medio punto. Está presidida por una imagen de la Almudena, junto al Corazón de Jesús y San Isidro, cobijados por una girola. Tiene cinco naves, y a sus lados, 18 capillas. En ellas han intervenido artistas como
Benlliure, en los relieves, o Maumejean, en las vidrieras que iluminan las capillas. La decoración de las capillas mezcla mosaicos de tradición bizantina, relieves e imágenes de proporciones clásicas, así como vitrales de estilo gótico. Las lámparas votivas del techo están inspiradas en el tesoro de Guarrazar, hallado en Toledo a mediados del siglo XIX.
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Bibliografía:
Historia
de la Villa de Madrid de José Antonio Vizcaino
Costumbres,
leyendas y descripciones de la Villa y Corte en los siglos pasados de
Ricardo Sepúlveda
Historia de Madrid de Federico Bravo
Morata
Historia de Madrid de la Editorial Complutense bajo la
dirección de Antonio Fernández García
Breve Historia de
Madrid de Federico Carlos Sainz de Robles
Historia de Madrid en
pildoritas de Eduardo Valero
Diversas revistas y publicaciones
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