15 jul 2019

Blanca I


Nació en Pamplona el 6 de julio de 1387, era hija de Carlos III de Navarra y Leonor de Trastámara. Con apenas quince años de edad casó en Catania, el 21 de marzo de 1402, con el rey Martín el Joven de Sicilia, que era hijo de Martín I el Humano rey de Aragón, el cual estaba viudo de su primer matrimonio, y era un magnífico candidato para anudar relaciones. Navarra estuvo representada por Leonel, hijo ilegítimo de Carlos III, y Diego de Baquedano, celebrándose en el castillo de la ciudad de Catania.

Las continuas ausencias de su esposo, la ejercitaron en las tareas de gobierno, que asumiría de forma continuada a la muerte del rey en 1409. La ausencia de herederos legítimos provocó el retorno de Sicilia a la titularidad de Martín I el Humano rey de Aragón, pero generaba un nuevo problema, la falta de sucesión en el propio trono aragonés, que buscó la solución en un nuevo matrimonio, que sería también infructuoso. Entretanto, Blanca, tuvo que enfrentarse a las luchas entre los diversos bandos nobiliarios y burgueses. Una revuelta encabezada por Bernardo de Cabrera, consiguió sitiar a la reina en Marqueto (Siracusa). Solo la intervención diplomática de Carlos III de Navarra ante las Cortes Catalanas y la Corona francesa, consiguieron su libertad en 1412. 

Pero las luchas continuaron y la reina volvió a verse en dificultades, mientras en Aragón se resolvía la cuestión sucesoria con la elección del trastámara, Fernando I el de Antequera, castellano primo de la reina; el Papa de Aviñón, Benedicto XIII, otorgó al nuevo monarca la investidura de Sicilia, y este mantuvo a Blanca como su representante. 

En marzo de 1415, Fernando I el de Antequera, nombró a su hijo Juan II, nuevo lugarteniente. En este tiempo, la situación en la familia real Navarra había cambiado profundamente, ya que los hijos varones y la primogénita, Juana, habían fallecido y en 1413 Blanca había quedado como heredera del trono. Su regreso a Navarra, en 1415, y un nuevo matrimonio, resultaban imprescindibles para asegurar la continuidad dinástica. Carlos III, entre los diversos candidatos, optó por el infante Juan II de Aragón, frente a la propuesta del conde Juan I de Foix, cuya primera esposa, había sido otra hija del monarca navarro. 

Juan II de Aragón había estado prometido a otra infanta Navarra, Beatriz, pero el compromiso se rompió en 1415 para desposar a Juana II de Nápoles; enlace que tampoco se llevó a cabo. El matrimonio con Blanca permitía recuperar las fracasadas relaciones, y fortalecer aún más, la compleja trama de intereses políticos y personales de las dinastías hispanas. En las amplias capitulaciones matrimoniales de 1419 se reconocía la condición de Blanca y de sus herederos como futuros titulares de la Corona y la de su marido como consorte, pero no quedó detallada la situación de de forma concluyente la situación de Juan II, en el caso de que la reina falleciese en primer lugar. Cien años antes, en 1305, Luis I el Obstinado había heredado a su madre, Juana I, pese a que su padre, Felipe I de Navarra y IV de Francia, se encontraba en plenitud de facultades. 

En 1328, Felipe II de Evreux había reconocido el derecho de sus hijos para ocupar el trono en caso de que su esposa, Juana II de Borgoña, falleciera antes que él. La boda se efectuó en la catedral de Pamplona el 10 de julio de 1420, jurando los Fueros del Reino y siendo reconocidos por las Cortes como herederos. El matrimonio se trasladó a Peñafiel, núcleo castellano, que se encontraba envuelto en una complicada situación. Allí nació el primogénito, Carlos, destinado a recibir el trono de Navarra y el patrimonio paterno. Como heredero de su madre recibió juramento de las Cortes en 1422. 

El 7 de septiembre de 1425 Blanca I y Juan II sucedían en el trono navarro a Carlos III, aunque la coronación se retrasó hasta 1429, acto al que asistieron, entre otros, los obispos de Pamplona, Calahorra y Bayona. 

La tradición reservaba el gobierno al varón, ya fuera titular o consorte, pero los intereses castellanos de los Trastámara de Aragón, el propio Juan II y sus hermanos, alejaron al soberano de las cuestiones internas del reino durante algunos años, siendo el poder ejercido por Blanca, que intentó por todos los medios alejar a Navarra del conflicto en que estaba envuelto su marido. Pero, las confiscación de las rentas castellanas de los infantes de Aragón, arrastró a Navarra y a Aragón a la guerra, en 1429. 

Con las tropas de Juan II de Castilla instaladas en las villas navarras de la frontera, Blanca y Alfonso V de Aragón iniciaron gestiones diplomáticas para conseguir la paz: las treguas de Majano de 1430, pusieron fin a las hostilidades, pero solo la paz de Toledo del 22 de septiembre de 1436, cerró el conflicto, con la devolución de una parte del patrimonio confiscado y de los castillos navarros ocupados, también se pactó el matrimonio del príncipe Enrique de Castilla con Blanca, hija de los monarcas navarros. 

Entre tanto, los viajes de Juan II a Castilla y a la Corte italiana, y el nombramiento de su hermano como lugarteniente de Aragón y Valencia, en 1435, le alejaron de Navarra y dejaron durante largo tiempo la administración en manos de Blanca. La reina derivó hacia los viejos intereses ultra pirenaicos de la dinastía de los Evreux. Intentó, sin éxito, la restitución del ducado de Nemours, en 1440, que fue concedido a su padre como compensación por el perdido condado de Evreux en 1405 y reincorporado a la corona francesa en 1420, pero consiguió cerrar el matrimonio, de su hijo Carlos príncipe de Viana, en Olite, el 30 de septiembre de 1439, con Inés de Clèves, sobrina del duque Felipe de Borgoña. 

El último periodo de gobierno de Blanca se abre en febrero de 1439, al llegar Juan II a la corte de Juan II de Castilla, en plena guerra civil. La frágil salud de la reina, aconsejó la colaboración de su hijo Carlos, y Blanca pudo dedicarse a visitar los santuarios cercanos al palacio de Olite, donde tenía instalada su residencia habitual, y especialmente a Santa María de Ujué, muy vinculado al linaje familiar, y que designó como lugar de sepultura. 

El 17 de febrero de 1439 dictó testamento, donde pedía al primogénito Carlos que no reclamase el trono sin el consentimiento de su padre; la ambigüedad de las capitulaciones matrimoniales de 1419 favoreció esta solicitud, contraria a los usos navarros, y origen de la crisis sucesoria desatada años más tarde. La reina pretendía evitar un conflicto interno. Su última gestión política de relieve en 1440, consistió en acompañar a su hija Blanca a la boda con el futuro Enrique IV de Castilla, concertada en Toledo, necesaria para asegurar la creciente influencia en Castilla de los Trastámara aragoneses. La boda tuvo lugar en Valladolid, aún acudió al santuario extremeño de Guadalupe, donde permaneció hasta 1441, y a su regreso intentó un acercamiento entre su esposo y Álvaro de Luna. Falleció en Santa María de Nieva, el 3 de abril de 1441, donde fue inicialmente sepultada. 


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