Cayo Galerio Valerio Maximiano (Galerio) del 305 al 311

 


DIOCLECIANO Y LA TETRARQUÍA




Cayo Galerio Valerio Maximiano nació en Sérdica, aunque también es posible que naciera en Gamzigrad (Serbia). Su padre era de origen tracio, y su madre procedía de Dacia. En su infancia continuó la profesión paterna, la ganadería, para después enrolarse en el ejército, donde sirvió, con distinción, bajo el mando de los emperadores Aureliano y Probo. En el año 293, bajo La Tetrarquía, fue nombrado césar por Diocleciano, casándose para ello con Galeria Valeria, hija de éste. Tuvo la responsabilidad, en las provincias de Iliria, para defenderlas de la amenaza de sármatas y carpos; siendo, poco después, enviado a Egipto para hacer frente a la rebelión de las ciudades de Busiris y Coptos.
    En el año 294 Narsés de Armenia, hijo de Sapor I, logró acceder al poder en Persia, al deponer a Bahram III, hijo de Bahram II, ocupando el trono en su lugar. A comienzos de ese mismo año, Narsés envió a Diocleciano una serie de regalos mientras que en Persia se encargaba de fortalecer su reinado eliminando a todos los apoyos de sus predecesores, borrando también sus nombres de los monumentos públicos. Buscaba ser identificado con los gobiernos más militaristas de Ardacher I y Sapor I.
    En el año 295 o 296 Narsés declaró la guerra a Roma. En un principio invadió Armenia occidental, reconquistando las tierras que fueron entregadas a Tirídates en la paz del 287. Los príncipes del desierto sirio colaboraron con los invasores, y Narsés se trasladó hacia la Mesopotamia romana, en donde derrotó a Galerio, comandante de las fuerzas orientales, entre Carras (actual Harrán, en Turquía) y Callinicum (actual Ar-Raqqah, en Siria). En la primavera del 298, Galerio recibió refuerzos desde la frontera del Danubio, mientras Narsés no avanzó desde sus posiciones en Armenia y Mesopotamia, dejando a Galerio la iniciativa de la contraofensiva, que se materializó en un ataque sobre el norte de Mesopotamia a través de Armenia; entonces Narsés se retiró a Armenia para hacer frente a Galerio en desventaja, puesto que el abrupto terreno favorecía a la infantería romana, en perjuicio de la caballería sasánida. Con la ayuda local, Galerio pudo obtener la ventaja de la sorpresa y, en dos batallas, logró la victoria.
    En un segundo encuentro, Batalla de Satala, que tuvo lugar ese mismo año, el ejército romano se apoderó del campamento de Narsés, capturando el tesoro, su harén y su esposa oficial, que estaría cautiva, en Dafne, durante el resto de la guerra, sirviendo como recordatorio de la victoria romana. A continuación, Galerio avanzó hacia Media y Adiabene, asegurando el control sobre Nisbis antes del 1 de octubre de ese año. Desde ahí avanzó siguiendo el río Tigris, tomando Ctesifonte y llegando hasta las ruinas de la antigua Babilonia antes de volver a territorio romano siguiendo el Éufrates. Narsés envió un embajador a Galerio para rogar la puesta en libertad de su mujer e hijos, pero fue despedido recordándole cómo Sapor I había tratado al emperador Valeriano, a pesar de lo cual, los romanos trataron con respeto a la familia imperial sasánida. Las negociaciones de paz comenzaron en la primavera del 299, estando presentes Galerio y Diocleciano. El magister memoriae Sicorio Probo fue enviado a Narsés para proponer los términos de la paz. Las condiciones en las que se firmó la Paz de Nisibis fueron duras para los persas: debían ceder terreno a Roma, convirtiendo el río Tigris en la frontera entre ambos; además, Armenia volvía a estar bajo control romano, con el fuerte de Ziatha como frontera y la Iberia caucásica pasaría también al control de Roma. Nisibis, ahora bajo el control romano, se convertiría en el único punto para el comercio entre los dos imperios, y Roma controlaría también las cinco satrapías entre el Tigris y Armenia. Con estos territorios Roma contaba con un punto avanzado al norte de Ctesifonte y podría ralentizar cualquier futuro ataque persa en la región. El hecho de que el imperio mantuviera un esfuerzo de guerra tan constante en tantos frentes a la vez se ha visto como un signo de la eficacia del sistema de Diocleciano, así como de la aceptación que su gobierno tenía entre el ejército.

Al concluir la guerra, Diocleciano y Galerio volvieron a Antioquía, y en el año 299, tomaron parte en una ceremonia de sacrificio y adivinación en la que, los arúspices, fueron incapaces de leer las entrañas de los animales sacrificados, culpando a los cristianos; por lo que ordenaron que todos los miembros de la corte realizaran un sacrificio para purificar el palacio. Enviaron cartas a los mandos militares exigiendo que todo el ejército llevara a cabo los sacrificios requeridos bajo pena de ser licenciados. Diocleciano era conservador en cuestiones religiosas, fiel al tradicional panteón romano que entendía la necesidad de la purificación religiosa; pero, hay quienes afirman que era Galerio, y no Diocleciano, el principal impulsor de la purga, además de su principal beneficiario. Galerio, más devoto y apasionado que Diocleciano, veía una ventaja política en las persecuciones, y estaba deseando acabar con la política de inacción que se había mantenido sobre este tema.
    Entre los años 299 y 302, Antioquía era la principal residencia de Diocleciano, mientras que Galerio sustituía a su augusto en el medio y bajo Danubio; visitó Egipto en una ocasión, durante el invierno del 301, para ocuparse del suministro de grano de Alejandría. Debido a una serie de disputas con los maniqueos, Diocleciano ordenó que los líderes de los seguidores de Mani fueran quemados vivos junto con sus esculturas. El 31 de marzo del 302, declaró que los maniqueos de las clases bajas debían ser ejecutados con la espada, mientras que los de clases altas debían ser enviados a trabajar a las canteras del Proconeso o en las minas de Phaeno, al sur de Palestina. Todas las propiedades de los maniqueos debían ser confiscadas y depositadas en el tesoro imperial. Diocleciano condenó a la religión maniquea, por su novedad, sus orígenes foráneos, la manera en la que corrompía la moral romana, y su oposición a las tradiciones religiosas antiguas. Estos motivos eran aplicables al cristianismo, que sería su siguiente objetivo. Diocleciano regresó a Antioquía en el otoño del año 302, y ordenó que al diácono Román de Antioquía le fuera cortada la lengua por desafiar la orden de las cortes e interrumpir los sacrificios oficiales, finalmente fue enviado a prisión, en donde fue ejecutado el 17 de noviembre del 303. A continuación, Diocleciano partió en invierno, acompañado por Galerio, y se dirigió a Nicomedia. Diocleciano y Galerio discutieron sobre la política a seguir con los cristianos: el primero argumentaba que bastaría con prohibirles trabajar como funcionarios o en el ejército para recuperar el favor de los dioses, pero Galerio quería ir más allá, y defendía la exterminación. Entonces acudieron a pedir consejo al oráculo de Apolo en Dídima, el cual contestó que "los justos sobre la tierra" dificultaban a Apolo la facultad para aconsejar. Diocleciano interpretó que, el termino "justos", sólo podía hacer referencia a los cristianos por lo que accedió a las demandas de una persecución universal. Así el 23 de febrero del 303 ordenó que la iglesia de Nicomedia fuera arrasada, quemando sus escrituras y que se requisara todo lo que hubiera de valor para el tesoro imperial. Al día siguiente, promulgó su primer "Edicto contra los cristianos", en el que ordenaba la destrucción de las escrituras cristianas y de sus lugares de culto por todo el Imperio, prohibiéndoles reunirse para celebrar sus actos litúrgicos.
    Antes de acabar febrero, un incendio destruyó parte del palacio imperial, y Galerio convenció a Diocleciano de que los culpables habían sido los cristianos, que conspiraban junto a los eunucos de palacio. Se abrió una investigación y se hicieron diversas ejecuciones, que se prolongaron hasta el 24 de abril, fecha en la que fueron decapitadas seis personas entre las que se encontraba el obispo Antimo. Dieciséis días después del primer incendio, se produjo un segundo incendio, y Galerio partió hacia Roma, declarando que Nicomedia no era segura. Diocleciano le seguiría poco después. Se promulgaron edictos de persecución de los cristianos, exigiendo el arresto del clero y reclamando actos de sacrificio universales; edictos que no tendrían éxito, pues la mayoría de los cristianos escaparon a los castigos, mientras los paganos se mostraron contrarios a la persecución. Los sufrimientos de estos nuevos mártires, sirvieron para propagar la religión; y Constancio y Maximiano no aplicaron los edictos, permitiendo que los cristianos de occidente no fueran perseguidos. Galerio rescindió el edicto en el 311, anunciando que la persecución había fracasado en su intento de traer a los cristianos de vuelta a la religión tradicional. Veinticinco años después del comienzo de las persecuciones el emperador Constantino I se convertiría en el único emperador y revertiría las consecuencias de los edictos retornando todas las propiedades confiscadas a los cristianos. Bajo su gobierno, el cristianismo se convertiría en la religión principal del imperio, y tanto Diocleciano como Galerio acabarían siendo demonizados por sus sucesores cristianos. Galerio mantendría su política de represión sobre los cristianos hasta la promulgación del Edicto de tolerancia de Serdica, en abril del 311, firmado en su nombre y en el de Licinio y Constantino. A pesar de ser uno de los principales impulsores de las persecuciones, Galerio terminaría admitiendo que su política había fracasado. Sería el punto final a la persecución de los cristianos en el imperio romano, serían legalizados dos años más tarde por Constantino y Licinio con el Edicto de Milán.

En el año 305 Diocleciano y Maximiano abdicaron, y Galerio y Constancio ascendieron al rango de augusto. Se eligieron dos nuevos césares para reemplazarlos, en cuya elección, Galerio tuvo gran influencia, buscando con ello maximizar su influencia en todo el imperio. El primero de los nuevos césares fue Maximino Daya, hijo de la hermana de Galerio. Un joven con poca experiencia, que fue investido con el púrpura imperial, recibiendo el título de césar y el mando sobre Egipto y Siria. El segundo sería Severo II, un compañero de armas de Galerio que fue enviado a Milán para tomar posesión del gobierno de Italia y de África. Severo reconocía formalmente la autoridad de Constancio, aunque en la práctica era leal a Galerio por lo que este, habiéndose reservado el control directo de la región entre Italia y Siria, se aseguraba el control de las tres cuartas partes del imperio.
    Todos sus planes comenzaron a colapsarse cuando Constancio murió en York en el año 306 y las legiones elevaron a su hijo Constantino I al rango de augusto. Galerio se enteró a través de Constantino, que le informaba de la muerte de su padre y afirmaba su derecho a la sucesión, lamentando el entusiasmo de su tropas que no le habían permitido obtener el púrpura imperial de la forma regular y constitucional. Galerio pasó por la sorpresa, la decepción y la ira. Más tarde, advirtió que sus probabilidades de ganar en guerra contra Constantino eran escasas; por lo tanto, sin llegar a condenar ni a ratificar el nombramiento de sus tropas, aceptó que el hijo de su colega fallecido entrara a formar parte de La Tetrarquía oficial, gobernando las provincias más allá de los Alpes, pero solo le otorgó el título de césar, mientras que el título vacante de augusto pasaría a quien hasta entonces había sido el césar de occidente, Severo II.
    Poco después de afrontar esta primera crisis Galerio tuvo noticia de la inesperada pérdida de Italia a manos de Majencio, hijo del antiguo augusto Maximiano. La necesidad de ingresos de Galerio le llevó a imponer una dura política económica en Italia, que pasó de estar exenta de impuestos a sufrir un duro censo de las propiedades encaminado a gravar la renta de sus habitantes. Los procedimientos empleados para la investigación del censo llegaron incluso a la tortura de los que se sospechaba que ocultaban bienes. El descontento llevó a los italianos a aclamar a Majencio, que se declaró emperador en Italia provocando la ira de Galerio, quien ordenó a Severo marchar sobre Roma, esperando que su llegada acabara con la rebelión. Sin embargo, Severo fue capturado y ejecutado por Maximiano, que se encontraba ayudando a su hijo y que había recibido, de nuevo, el rango de coemperador. La gravedad de la situación imponía la presencia de Galerio, que partió al mando de un poderoso ejército, entrando en Italia para vengar la muerte de Severo y castigar la rebelión. Galerio encontró un clima hostil, y aunque logró llegar hasta Narni, a unas sesenta millas de Roma, no llegó a controlar la península itálica. Viendo las dificultades, envió a dos oficiales para intentar una negociación, que recordaban a los sublevados que tenían mucho más que ganar de la generosidad de Galerio que lo que podrían obtener en cualquier campaña militar. Pero, sus ofertas fueron rechazadas, y Galerio se dio cuenta de que a menos que comenzara la retirada se podía encontrar en la misma situación que Severo; por lo que dio comienzo a la retirada, y con grandes dificultades evitó que sus veteranos desertaran. En su frustración, permitió que sus legiones devastaran las regiones italianas por las que pasaban, mientras que Majencio decidió evitar el enfrentamiento general.





Ante esa grave situación, en la que parecía inevitable esquivar los casos de usurpadores, Galerio decidió convocar una conferencia en el año 308 con el retirado emperador Diocleciano y con Maximiano. La idea era poner orden en el colegio imperial, por lo que se acordó que, un gran amigo y compañero de Galerio, Licinio, a quien el primero había encomendado la defensa del Danubio mientras estaba en Italia, se convertiría en augusto de occidente, con Constantino como su césar. En oriente, Galerio seguiría siendo augusto y Maximino Daya seguiría siendo su césar. Maximiano debía retirarse de nuevo, y Majencio era declarado oficialmente usurpador ilegítimo. Pero, el plan fracasó. Las noticias de la promoción de Licinio no sólo alentaron a Majencio y a Constantino, sino que el propio Maximino, que gobernaba las provincias de Egipto y de Siria, rechazó su posición de mero césar y reclamó también el título de augusto.
    Durante sus últimos años de vida, Galerio dejó de aspirar a ser el supremo emperador del imperio romano, aunque logró mantener la posición de primero entre sus iguales. Pasó el resto de su tiempo de vida dedicado a otras cuestiones alejadas de lo militar, como la realización de obras públicas, cuyo mejor ejemplo fue el desvío de aguas del lago Balatón al Danubio, ordenando la tala de enormes extensiones de bosque para ello. Galerio murió a finales de abril o comienzos de mayo del año 311, como resultado de una horrible enfermedad. Se cree que pudo ser un cáncer colorrectal, una gangrena o una gangrena de Fournier.



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Ramón Martín

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