Marco Aurelio Valerio Maximiano Hercúleo (Maximiano) del 286 al 305
DIOCLECIANO Y LA TETRARQUÍA
Marco Aurelio Valerio Maximiano Hercúleo nació en Sirmium (Panonia), en el año 249. Al igual que la mayoría de los emperadores originarios de Iliria, en la segunda mitad del Siglo III, su familia también era de clase humilde, con ascendientes de campesinos o pequeños comerciantes, aunque es posible que fueran inmigrantes de la Dacia, la provincia romana que fue abandonada por Aureliano en el año 272. Los historiadores de su época le describen como un personaje bruto y de una cultura muy limitada, aunque de carácter noble y leal. Según el escritor Lactancio tenía un desmesurado afán por el sexo, sobre todo por las jóvenes vírgenes; aunque es posible que esto no sea cierto, ya que Lactancio era un escritor cristiano contrario a la legalidad romana.
En el año 288, Maximiano se casó con Eutropia, una mujer de origen sirio que ya aportaba una hija fruto de un matrimonio anterior con Flavio Afranio Anibaliano, un ciudadano romano, también de origen sirio, que había desempeñado importantes cargos militares y civiles llegando a ser jefe del Pretorio y Cónsul en el año 292. Fruto de este enlace son dos hijos: Marco Aurelio Valerio Majencio y Flavia Máxima Fausta. Los dos hijos y la hijastra estuvieron ligados al poder imperial: Teodora fue la esposa de Constancio I Cloro; Fausta fue consorte de Constantino el Grande; y Majencio, fue emperador desde el 306 al 312.
Maximiano, algo más joven que Diocleciano, realizó su carrera militar, con gran éxito, siempre a la sombra de éste. Estuvo al servicio de Aureliano en las campañas del Rin y del Danubio; participó, durante el reinado de Probo, en la guerra de Asia Menor contra los isaurios y, seguramente, durante el principado de Caro, intervino en la guerra contra los persas en Mesopotamia. Por último, apoyó a Diocleciano, en la lucha por el poder. En el 285, Diocleciano, seis meses después de ser coronado emperador en Nicomedia, donde estableció la capital del Imperio, otorgó el título de césar a Maximiano encomendándole el gobierno de Occidente, que comprendía: África, Britania, Galia, Germania, Italia, Hispania,…, con capital en Tréveris (Germania Inferior), y a partir del año 286, en Mediolanum (Milán).
Su primera tarea, ya como césar, fue acabar con los bagaudas: campesinos de la Galia, que eran masacrados a impuestos por los gobernantes locales, que se organizaban en grupos armados, como resistencia a una crisis económica que llevaba a los sectores más desfavorecidos a la hambruna; eran, según Roma, bandas rebeldes formadas por delincuentes, asesinos y salteadores, que despreciaban la autoridad romana. Estos, como ya ocurriera 440 años antes en Hispania con Viriato, también tuvieron sus líderes, ciudadanos romanos que, apoyados por francos y alamanes, se erigieron en lideres de los sublevados, causando destrozos a las legiones romanas. A finales del 285 o principios del 286, Maximiano había pacificado la Galia, sometiendo a los insurrectos y apresando a sus cabecillas, que fueron apresados y ejecutados. A primero de abril del 286, Diocleciano, otorgó a Maximiano los mismos poderes imperiales que él tenía, por lo que, Roma estaba gobernada por dos augustos; esto seguiría así hasta el 293, cuando ambos, a instancia de Diocleciano, nombraron dos nuevos césares, dando lugar a La Tetrarquía.
Mientras el Diocleciano se ocupaba en Oriente, de los conflictos en los Balcanes contra una nueva tribu oriunda de sur de Rusia, los sármatas, y de zanjar las hostilidades con los persas mediante una hábil negociación con el rey Bahram II; Maximiano, ya como augusto de Occidente, solventaba las batidas marítimas que los piratas francos y sajones realizaban por toda la costa norte de la Galia, controlando el Canal de la Mancha e impidiendo la comunicación con Britania. Misión que fue asignada a Carusio, un General de la Galia Bélgica al servicio de Maximiano. El intrigante Carusio, en lugar de contener a los rebeldes, pactó con ellos desligándose de Roma; tratado al que se unieron las tres legiones establecidas en Britania declarando el Imperium Britannncus y proclamándose Restitutor Britanniae. Maximiano le declaró en rebeldía; era considerado traición a Roma, y por lo tanto, pena de muerte.
En el 288, Maximiano organizó una flota con el objetivo de invadir Britania y deponer a Carusio, pero debido a la precipitación y las inclemencias del tiempo, la armada fue demolida. Hubo que esperar al 296, cuando el césar de Occidente, Constancio I Cloro, rindió a los insurrectos. La segregación del Imperio Británico de Britania y el norte de la Galia, duró nueve años, hasta que, Carusio fue depuesto y asesinado por Alecto, su secretario, y éste último, derrotado y muerto en combate en su enfrentamiento con Constancio I Cloro.
Con el objetivo de dar muestras de unidad y demostrar la indisolubilidad del Imperio, en el año 293 los dos augustos, Diocleciano y Maximiano, tuvieron una reunión en Mediolanum, capital de Occidente, donde sentaron las bases para la nueva distribución del Imperio dividiendo el mismo en cuatro prefecturas, cada emperador nombró un césar: Diocleciano eligió a Galerio, asignándole las provincias orientales de Moesia, Panonia, Tracia, Iliria… y la defensa del Danubio; Maximiano optó por Constancio I Cloro, otorgándole las empresas del Rin, de la Galia y la capitulación del usurpador de Britania; mientras que, el augusto Maximiano se ocuparía de Italia, Hispania y África, había nacido La Tetrarquía; los césares gozaban de plena autonomía en sus territorios, controlaban el ejército y a los gobernantes de las diócesis, sólo los augustos tenían hegemonía sobre ellos. Establecido el nuevo reparto territorial, Maximiano abandonó, en el 297, las fronteras del Rin con destino al Norte de África donde etnias nómadas estaban causando graves desórdenes. Maximiano comenzó la expedición por el sur de Hispania y avanzó hasta Cartago. Una vez finalizada la campaña con éxito, y para evitar nuevas intrusiones, dejó importantes asentamientos en las fronteras de Mauritania y Libia.
La segunda vez que coincidieron los dos emperadores fue en el otoño del 303 en Roma, ambos acudieron a celebrar un “Triunfo”, el último evento de este tipo que se conmemoró en Roma: Diocleciano por las victorias contra egipcios y persas, y Maximiano, por las glorias en África y en la Galia. El acontecimiento fue un fracaso; los ciudadanos de la metrópoli, menospreciados desde que Diocleciano les usurpó la capitalidad, volvieron la espalda a los príncipes. Un año y medio después de la frustrada aclamación, en la primavera del 305, cuando se cumplía el vigésimo año en el trono, los dos augustos abdicaron en beneficio de sus césares: Diocleciano en favor de Galerio y Maximiano en favor de Constancio. Retirados de la vida pública los emperadores, los nuevos augustos nombraron a sus respectivos césares.
Diocleciano pasó el resto de su vida recluido en una palacio de Split (Croacia), y Maximiano se retiró a una lujosa villa en Lucania. Pero la jubilación de Maximiano duró poco, el poder lo había cautivado,por lo que apoyó el golpe de estado protagonizado, con el apoyo del Senado de Roma, por su hijo Majencio que tuvo lugar en el año 307 compartiendo con él el título de augusto. En una asamblea formada por los tetrarcas, con la connivencia de Diocleciano, se le obligó a abdicar definitivamente y retirarse a la Galia bajo el auspicio de Constantino, su yerno; pero la ambición de poder hizo que, aprovechando que Constantino se encontraba peleando en el Rin, se autoproclamó emperador. No sabemos, a ciencia cierta, si su yerno ordenó su ejecución, o le invitó a suicidarse, pero e 1 de julio del 310, Maximiano aparecía colgado de una soga.
El Siglo XIX español, es un repaso por algunos de los acontecimientos que tuvieron lugar en una España que llegaba a dicho siglo como una potencia venida a menos y que saldrá de el en unas condiciones que podemos considerar penosas, ya que perdía los únicos territorios de una Imperio que llegó a dominar una parte importante del mundo.
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Ramón Martín








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