Pacto de las Tercerías

 



El rey Alfonso IX, conocido como “el Legislador” había estado casado con la infanta Teresa de Portugal, (hoy Santa Teresa de León), aunque su matrimonio fue anulado por el papa Celestino III, habiendo transcurrido tres años y tenido tres hijos. ¿Pero porqué esta tardanza? Posiblemente debido al legado papal en la Península, por Celestino III, que había condenado, el año 1174 los pactos que Fernando II había firmado con el caudillo almohade Abú Yusuf Yaqub. Tanto la división de los reinos y, sobre todo, este tipo de treguas, tan comunes a lo largo de la Edad Media, no fueron del agrado del legado y orgulloso Jacinto Orsini. Tampoco podemos soslayar que los aires de apertura que representaban las Cortes leonesas no eran agradables para quienes temían perder poder, entre los grandes señores y grandes papas. Por eso al firmar Alfonso IX un pacto de cinco años con los almohades, Celestino III ejerció sobre él su poder excomulgatorio.
    Al ser ese primer matrimonio declarado nulo, Alfonso, por cuestiones políticas casará, en segundas nupcias, con Berenguela, hija del rey de Castilla, Alfonso VIII y, por lo tanto, también pariente en tercer grado, matrimonio que sí bendice el papa Celestino. En 1204, sin embargo, Inocencio III lo anulará, que hubiera debido producirse antes o ni siquiera haber permitido el matrimonio.

Durante los últimos años de Alfonso IX, fallecido el heredero varón Fernando, habido de su primer matrimonio, en agosto de 1214; planteándose un problema sucesorio. El infante leonés, también Fernando, hijo de Alfonso y Berenguela había llegado, con 18 años, al trono de Castilla, aunque en extrañas circunstancias: accidente del heredero Enrique y cesión de los derechos sucesorios de parte de Berenguela, ya divorciada del rey leonés, en su hijo. Los documentos leoneses de la época, desde la ascensión al trono castellano de Fernando, dejan de citarle; prefiriendo a su hermano Alfonso, el que será Señor de Molina.
    A pesar de los 17 hijos tenidos por Alfonso IX con sus dos mujeres legítimas y, al menos, cuatro relaciones fuera de dichos matrimonios, los aspirantes al trono quedan reducidos a tres: las infantas Sancha y Dulce, hijas de Teresa, y Fernando, hijo de Berenguela. El rey se pronunció a favor de que la corona recayera en sus hijas Sancha y Dulce, y no en el ya rey de Castilla. Pero, esta decisión entrañaba algunos problemas:

En primer lugar, el Reino se dividió entre partidarios y detractores de las unas y del otro, lo que produjo un debilitamiento del mismo y la ocasión de medrar por parte de los grandes señores que aspiraban a aumentar sus privilegios. Además, la consiguiente amenaza de conquista por las tropas castellanas de Fernando que encontraron el paso expedito hasta la capital, León, a pesar de un intento de oposición, de parte de Diego Froilaz, que se instaló junto a sus partidarios en San Isidoro. Además de contar con el apoyo de los obispos de Oviedo, Astorga, León, Lugo, Salamanca y Ciudad Rodrigo, Fernando contaba con la traición del Maestre de la leonesa Orden de Santiago, que comprometido a defender los derechos al trono de las hijas de Alfonso; el rey había cedido a la orden el lugar zamorano de Castrotorafe.

En segundo lugar, dado que el matrimonio de Alfonso y Teresa había sido declarado nulo, los partidarios de Fernando argumentaban que las infantas no tenían ningún derecho a heredar el Reino. En este punto, se omite que los hijos de este matrimonio, habían sido declarados legítimos, conservando intactos sus derechos para heredar a su padre.

En tercer lugar, no aparecía ningún documento que probara la voluntad expresa del finado, algo esgrimido por los partidarios de Fernando; a pesar de que Alfonso se había manifestado, de manera inequívoca sobre sus deseos, siendo lógico pensar que, si la parte contraria a las infantas se aviene a pactar y pagar generosamente unos derechos, es porque se los reconocían. En cuanto a la no existencia de documentos, algunos historiadores afirman que, a partir de la llegada al trono de Fernando, su madre se encargó de llevar a cabo una purga sistemática de los mismos. En este sentido, en un pacto firmado en Boronal en 1220, entre Alfonso IX y Alfonso II de Portugal, se establece que, si Alfonso IX falleciera antes que el rey portugués, este se comprometía a mantener dicho acuerdo con las infantas Sancha y Dulce. De hecho, los portugueses alcanzarán una gran importancia, a partir de entonces, siendo nombrado mayordomo real el infante Pedro de Portugal, tío de las propias infantas. También debemos considerar que, en el Fuero de Cáceres de 1229 consta que los ciudadanos de la villa “Hicieron pacto a mí y a mis hijas doña Sancha y doña Dulce, bajo juramento…”

En cuarto lugar, se argumenta que el rey no había determinado claramente la forma en la que se vertebraría esta cesión a dos personas. Es posible que se hubiese resuelto, si Alfonso hubiera cedido sus derechos en la primogénita, Sancha, lo que ocurrió a la muerte de Alfonso VI que lo hizo en su hija mayor Urraca.

En quinto y último lugar, no podemos obviar en esta lista, los deseos de los grandes de la iglesia. Hemos mencionado a los papas, absolutamente opuestos a León, siendo partidarios de la unidad peninsular en su lucha contra los enemigos de la Fe; en cuanto a los obispos y abades, que habían perdido gran parte de la importancia de la que gozaban, gracias a limitaciones de los documentos emanados de las Cortes alfonsinas y de la cantidad enorme de Cartas Puebla y fueros concedidos por Alfonso en sus conquistas, especialmente en Extremadura.





Una vez analizadas todas estas circunstancias, y teniendo en cuenta que Teresa de León se había retirado al Monasterio de Lorvão, y había tenido algunos problemas con su familia real portuguesa que no estaba dispuesta a repetir las maniobras de Berenguela y el ejército de Fernando por lo que impondrán una solución definitiva: la reunión de ambas exesposas de Alfonso y la firma de la Concordia de Benavente, a pesar de que la primera de las citas tuvo lugar en Valencia de Don Juan. En dicho pacto firmado en Benavente, el día 11 de diciembre de 1230, se recoge la renuncia a los derechos de las infantas al trono de León y, como recompensa por su gesto, recibirían una docena de señoríos que debían proporcionarles una importante renta. Así mismo, quedaba constancia, de que, si se retiraban a un monasterio (algo que ocurrió, en el de Villabuena, en el Bierzo) se rebajaría la cantidad. Haciendo constar que la que se casara los perdería en su totalidad. Pocos días después de firmarse el acuerdo, Fernando sería coronado rey de León, ciñendo la corona de ambos reinos sin que ello supusiera la desaparición de uno de ellos.



Ramón Martín

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