Batalla de Piedrasillada

 




A medida que se iban reconquistando las zonas ocupadas por los musulmanes, las tierras en las que el río Duero eran fronterizas, vivían bajo la constante amenaza de un nuevo ataque musulmán, por lo que era constante que, aldeas y castillos pasaran de unas manos a otras de la noche a la mañana. Aunque la mayor parte de las batallas no pasaban de ser simples "razzias" o "aceifas", expediciones cuyo principal objetivo era la captura de prisioneros para obtener un rescate, además de un buen botín. Mientras que los campesinos veían como sus campos eran arrasados y su ganado robado; unas veces por los Cristianos y otras por los musulmanes.
    El conde García Fernández intentó mantener la paz con los otros reinos cristianos, a fin de poder hacer frente a los musulmanes. Pero los pactos con el Califato de Córdoba y los continuos compromisos de pagar tributo al califa se dieron a menudo entre los nobles de forma independiente. Esa falta de unidad, junto al creciente descontento de algunos nobles castellanos que estaban cansados de luchar, agregado a la destreza guerrera de Almanzor, llevaron a García Fernández hacia una muerte vaticinada por el poeta Said de Bagdad en su "Profecía de la Cierva".
    El odio que sentía Almanzor hacia García Fernández se acrecentó cuando el hijo menor del primero, Abd-Allah, urdió una conspiración contra su padre, quien al ser descubierto huyó a tierras cristianas solicitando amparo del Conde Castellano; a lo que García no puso impedimento. Reclamó entonces Almanzor la entrega de su hijo, jurando respetar su vida, despechado, instigó a su vez a la traición a la mujer Ava de Ribagorza y al hijo Sancho García del Conde de Castilla. Muchos nobles, descontentos con el conde, apoyaron a Sancho abandonando a su padre, quedando el ejército castellano dividido. No se arredró García Fernández ante la escasez de huestes fieles y la superioridad de su enemigo, presentando batalla.





En los anales y crónicas podemos encontrar esta batalla con diversos nombres: Piedra Salada, Piedra Solada y Peña Salada, tuvo lugar entre Alcozar y Langa, entre los días 18 o 19 de mayo del año 995, y en el transcurso de la misma cayó, gravemente herido, el conde García Fernández, siendo hecho prisionero.
    Son escasos los datos de la batalla, porque aunque todas las crónicas dan constancia del hecho, no se prodigan en detalles, siendo los pocos que aparecen bastante contradictorios. Los Anales Toledanos, indican que el conde murió el lunes 29 de julio; los Anales Compostelanos se menciona el 25 de diciembre como la fecha en que tuvo lugar la batalla, fecha que debemos considerar como poco probable, por los rigores invernales que la provincia de Soria soporta por esas fechas; los Anales Complutenses señalan como fecha el 29 de julio de 995; el Cronicón Burgense indica el 25 de julio como fecha de la batalla y el 29 del mismo mes para la muerte de García; la Crónica General no alude a fechas concretas; por último, el historiador árabe Ibn al-Jatib dice que fue el sábado, Rabí II del 385, es decir, el 18 de mayo del año 995. Esta última fecha parece ser la más fiable, habiendo muerto el conde días después, el 25 de mayo, en Medinaceli, donde fue llevado prisionero por el visir Qand.
    Las crónicas dicen que Almanzor envió médicos para que curasen al conde, pero las graves heridas recibidas en la cabeza le llevaron irremediablemente a la muerte. La cabeza de García Fernández fue enviada a Córdoba en un cofre, y su hijo Sancho García, tras negociar con Almanzor, pudo recuperar su cadáver e inhumarlo en San Pedro de Cardeña, cumpliendo así los deseos del conde.
    La traición de Sancho García fue pronto olvidada por los castellanos; no ocurrió lo mismo son su madre, Ava de Ribagorza, a quien se tildó de traidora; haciéndola los juglares, responsable de la sublevación de su hijo Sancho y de la muerte de su esposo.
    Cuenta la leyenda que, en aquella época, los guerreros mantenían a sus caballos dentro de sus dormitorios con el fin de poder incorporarse rápidamente a la lucha. Y agrega la leyenda que Ava, una condesa extranjera, mantenía gordo y lustroso el caballo de su esposo, y en vez de alimentarlo con cebada lo hacía con salvado, lo que propició que el animal cayera desfallecido en el fragor de la batalla de Piedra Sillada y el conde fuera herido y hecho prisionero. También aseguraba dicha leyenda que, deslumbrada por las riquezas de la corte musulmana, pretendía casarse con Almanzor. Y no faltó quien añadiera que intentó envenenar a su propio hijo para conseguir el gobierno de Castilla; elaborando una pócima venenos, pero, cuando preparaba el brebaje, una de sus camareras la descubrió, comunicándoselo a su amante, quien a su vez informó a Sancho. Éste guardó el secreto y, cuando su madre le presentó la copa, hizo que ella bebiese primero, cayendo muerta al instante.
    El fiel informante era natural de Espinosa, por lo que desde entonces se concedió a los Monteros de Espinosa el honor de guardar la cámara de los reyes de Castilla.




Es seguro que, la causa principal de la derrota en Piedra Sillada se debió a las desavenencias y falta de unión de los nobles castellanos y, por supuesto, a la superioridad numérica de los musulmanes que ha quedado plasmada en un adagio que todavía hoy se recuerda por tierras sorianas:

Llegaron los sarracenos
y nos molieron a palos;
que Dios ayuda a los malos
cuando son más que los buenos.




Ramón Martín

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