Flavio Valerio Constantino (Constantino I el Grande) el 306 y del 324 al 337
DINASTÍA CONSTANTINA
Hay discrepancias entre los historiadores sobre el año de nacimiento de Constantino, centrándose estas entre los años 272, 280 o 282, en la ciudad de Naïssus (actual Niš, en Serbia). Era hijo de Constancio I Cloro y de Helena, natural de Bitinia, que fue tomada como concubina por Constancio al comienzo de su carrera militar. Al abandonarla para casarse con la hijastra de Maximiano, Flavia Maximiana Teodora, Constancio se hizo cargo del hijo bastardo que habían tenido.
Nada se sabe de la niñez y juventud de Constantino. Al comenzar el siglo IV, el Imperio Romano estaba gobernado por una Tetrarquía, compuesta por dos augustos, Diocleciano y Maximiano, y dos césares, Galerio y Constancio I. Los cuatro compartían el poder, aunque Diocleciano, como creador del nuevo sistema, era la suprema autoridad. En esa época, Constantino sirvió en la corte de Diocleciano en Nicomedia tras ser nombrado su padre como uno de los dos césares de La Tetrarquía el año 293, allí continuó con su educación en griego y latín, además de acompañar al emperador Diocleciano en sus campañas militares, en Egipto y Mesopotamia. Es en esos años cuando contrae matrimonio con Minervina, joven perteneciente a la aristocracia de la que se sabe poco y a la que puede que conociera en una visita realizada a Antioquía. El matrimonio tuvo un hijo, Crispo, que posiblemente nació en el año 303. Puede que Minervina muriera en el parto o poco después.
El año 305 marcó el final de la primera tetrarquía al renunciar los dos augustos con lo que los dos césares accedieron a la categoría de augustos, mientras que dos oficiales ilirios fueron nombrados nuevos césares. Esta segunda tetrarquía quedaba formada por Constancio I y Valerio Severo, como augusto y césar en Occidente y Galerio y Maximino Daya,su sobrino, en la parte oriental. Estaba claro que en el nuevo colegio imperial la voz cantante iba a llevarla Galerio; por su parte Constantino, tras abdicar Diocleciano, pasó a estar a las órdenes de Galerio combatiendo a los sármatas, aunque pronto fue reclamado por su padre, con el que marchó a Britania para combatir a los pictos que amenazaban las fronteras de dicha provincia. La fragilidad del sistema se puso enseguida en evidencia. Constancio cayó enfermo, falleciendo el 25 de julio de 306, cuando su Constantino se encontraba junto a él, en Eboracum (actual ciudad de York). Fue allí, donde las tropas leales a su padre le proclamaron augusto, ese mismo día, poniendo en cuestión el sistema tetrárquico. Como fórmula de compromiso Galerio nombró a Constantino césar con autoridad sobre Britania y la Galia, mientras ascendía a augusto a Valerio Severo. Pero el arreglo no funcionó a causa de la aparición de un tercer contendiente, Majencio, hijo de Maximiano, a quien la Guardia Pretoriana, apoyada por el pueblo, había proclamado augusto en Roma en octubre de ese mismo año.
Entonces, Maximiano volvió a la escena política como augusto, por segunda vez, para apoyar las aspiraciones de su hijo Majencio, derrotando a Severo, que fue abandonado por sus tropas, la mayoría antiguos veteranos de Maximiano. Severo se entregó, pero fue ejecutado cuando Galerio avanzaba hacia Roma, sin poder alcanzarla, ya que las defensas de la ciudad, habían sido reforzadas, parte de sus tropas comenzaron a desertar. Ante la amenaza de Galerio, Maximiano buscó el apoyo de Constantino, reconociéndolo como augusto, y casando a su hija pequeña Fausta, de siete años, con él. Majencio, fortalecido tras la retirada de Galerio, no reconoció el acuerdo, lo que obligó a Maximiano a huir a la Galia y refugiarse en la corte de su yerno en Augusta Treverorum (Tréveris), donde Constantino había hecho construir un inmenso palacio dotado de una basílica monumental. Casi, al mismo tiempo, estallaba una nueva rebelión en África donde las tropas proclamaban augusto a su general, Domicio Alejandro, antiguo protegido de Maximiano. La situación obligó a Diocleciano a intervenir, el cual vivía retirado en su palacio de Split, cercano a Salona donde había nacido. A finales del 308 convocó una reunión de los emperadores en Carnuntum, cerca de la actual Viena. La solución alcanzada fue que Galerio y Licinio serían los augustos y Constantino y Maximino Daya, los césares, declarando usurpadores a Majencio y Domicio Alejandro, mientras que, por su parte, Maximiano, presionado por Diocleciano, abdicó de nuevo. Constantino y Maximino Daya no estuvieron de acuerdo con el título de césares, logrando ser reconocidos como augustos por Galerio; por lo que había cuatro augustos gobernando el Imperio.
Majencio, que no había renunciado al poder, acabó con la rebelión de Domicio Alejandro, asegurando su dominio sobre el norte de África. Para complicar aún más la situación, ese año 310, Maximiano se proclamó por tercera vez augusto, y, tras hacer correr el rumor de que Constantino había muerto combatiendo a los francos, intento sublevar al ejército de Galia; aunque fracasó en el intento, viéndose obligado a refugiarse en Marsella donde se suicidó por temor a ser capturado por Constantino. Al morir Galerip, el panorama se simplificó al año siguiente, quedando el gobierno del imperio en manos de cuatro augustos: dos en Occidente (Constantino y Majencio) y dos en Oriente (Licinio y Maximino Daya).
Con el compromiso matrimonial de Licinio con una hermanastra, Flavia Julia Constancia, de Constantino, acordaron una alianza, lo que fue respondido por Maximiano Daya, que se sintió amenazado, con el reconocimiento de Majencio. Se formaron así dos bloques enfrentados. Constantino tomó la iniciativa, y en la primavera del año 312 cruzó los Alpes y se apoderó de: Segusio, Turín, Milán y Verona, que habían sido convertidas en fortalezas por Majencio para detener su avance. La batalla decisiva tuvo lugar a las puertas de Roma donde Majencia esperaba a Constantino con el grueso de sus fuerzas. El 27 de octubre de 312, víspera de la Batalla del Puente Milvio, se produjo un acontecimiento que iba a cambiar la faz del mundo antiguo: la conversión de Constantino al cristianismo. Según Lactancio, a quien Constantino había llevado a Tréveris para que educara a su hijo primogénito Crispo, Constantino tuvo un sueño en el que el Dios cristiano le ordenaba que para asegurarse la victoria dibujara sobre el escudo de sus soldados un monograma con las letras chi (X) y rho (P), las dos primeras letras de la palabra Christos (conformando el crismón). Veinte años después Eusebio de Cesarea escribió una versión diferente: la aparición en el cielo de una cruz luminosa con las palabras in hoc signo vinces, (con este signo vencerás); y la del Cristo invitándole a poner el crismón sobre el estandarte imperial.
La victoria fue para Constantino, muriendo Majencio en la batalla, siendo su cabeza paseada por Roma en la punta de una pica. Constantino entró triunfante en Roma dirigiéndose a los senadores, muchos de los cuales habían apoyado a Majencio, y les prometió clemencia. La batalla fue presentada como una gran derrota de la tiranía a manos de la justicia, tal como se conmemora en el Arco de Constantino, situado junto al Coliseo de Roma y erigido en el año 315. Fue un gran triunfo del cristianismo.
Una alianza entre Constantino, designado por el Senado en el año 313 primus augustus, y el otro augusto Licinio, confirmaron la tolerancia religiosa establecida en el Edicto de Galerio mediante el Edicto de Milán, sellando el destino de Maximino Daya, quién se suicidó meses después, tras ser vencido, el 30 de abril del 313, por Licinio en la Batalla de Tzirallum. Constantino quedó como augusto de Occidente y Licinio de Oriente. El sistema de la tetrarquía quedaba liquidado.
El Edicto de Milán, promulgado en el año 313, representa un hito en la historia del cristianismo y del Imperio romano. En este decreto, establecido por Constantino y Licinio, se garantizaba, dentro del Imperio, la libertad de culto a todas las religiones, poniendo así fin a las persecuciones sufridas por los cristianos durante siglos. El edicto no solo permitió a los cristianos practicar su fe libremente, sino que también les devolvió las propiedades confiscadas. El ascenso de los cristianos de perseguidos a privilegiados fue rápido, Constantino, que había experimentado el poder del cristianismo en la Batalla del puente Milvio—como hemos visto anteriormente—, comenzó a otorgar beneficios y favores a los cristianos. Esto incluyó la construcción de templos y la promoción de cristianos a puestos de influencia dentro del gobierno. Este cambio fortaleció el vínculo entre el trono y la religión, consolidando el poder de Constantino al contar con el respaldo de una creciente comunidad cristiana. Al legalizar el cristianismo, sentó las bases para una metamorfosis religiosa que culminaría con el cristianismo convirtiéndose en la religión oficial del imperio bajo Teodosio I en el año 392. Constantino puso el acento en el adjetivo “católico”, usado con el propósito de referirse a la iglesia.
En el año 314 o 316, se produjo un primer enfrentamiento entre Constantino y Licinio en la Batalla de Cibalis, en la que este fue derrotado, replegándose a Tracia, perseguido por Constantino. Un segundo choque, también victorioso para Constantino, se produjo a finales del 316 o principios del 317 en la Batalla de Mardia, en las cercanías de Filipópolis, tras lo cual Licinio escogió negociar. Por el tratado firmado en Serdica en marzo del año 317 Licinio cedió a Constantino todos sus territorios europeos, excepto Tracia, y ambos acordaron nombrar a sus hijos respectivos, césares (Crispo y Constantino, por parte del primero; y Licinio el Joven, por parte del segundo). Este acuerdo suponía el triunfo del principio hereditario y dinástico, aun dentro de un esquema tetrárquico. Constantino se estableció en Serdica (en los Balcanes) y Licinio en Nicomedia, en la orilla asiática del mar de Mármara. A partir del año 320, Licinio, que a diferencia de Constantino no había adoptado ninguna política favorable a los cristianos, no respetó el acuerdo de Milán, y los cristianos fueron alejados de la Corte, del ejército y de la administración y, en algunas ocasiones, fueron víctimas de violencia, lo que provocó la reacción inmediata de Constantino. Al parecer, Licinio debió sentirse preocupado porque la Iglesia pudiera llegar a constituirse en un Estado dentro del Imperio; también porque, algunos súbditos suyos mostraban simpatías por su rival, cada vez más decidido a privilegiar a la Iglesia. El temor a la traición acabaría por convertirlo en un perseguidor, y Constantino pudo presentar la guerra como de liberación de la oprimida Iglesia oriental.
En el año 324, tras sitiar Bizancio y vencer a la armada de Licinio en la Batalla del Helesponto, Constantino le derrotó definitivamente en las batallas de Adrianópolis (julio del 324) y de Crisópolis (septiembre del mismo año). La Batalla de Adrianópolis fue un evento decisivo en el ascenso de Constantino al poder absoluto. Tras la victoria conseguida sobre Licinio, quien gobernaba la parte oriental del imperio, se convirtió en el único emperador del Imperio. Esta nueva victoria no solo afianzó su mando sobre todo el territorio, sino que también le permitió llevar a cabo sus reformas políticas y religiosas sin contrapesos.
Licinio se rindió en Nicomedia, pero Constantino, a pesar de haber prometido a su hermana de que le perdonaría la vida a su marido, ordenó su ejecución en el 325, bajo la acusación de haber organizado una conjura contra él, y al año siguiente la de su hijo Licinio el Joven. De esta manera Constantino restableció, en su favor, la unidad del Imperio. Era ahora el único gobernante del Imperio. Su ambición de poder, por la que había luchado durante dieciocho años, se había consumado. Constantino consolidó un poder familiar fuertemente dinástico. Desaparecieron las referencias a La Tetrarquía de los discursos oficiales, incluso las referidas a su padre. Únicamente su madre, Helena, participó en la última fase del reinado constantiniano. Desde el 8 de noviembre del 324, el tercer hijo del emperador, Constancio, fue elevado al rango de césar, y su esposa Fausta al título de augusta al mismo tiempo que Helena que se había establecido en Roma. Para conmemorar su victoria sobre Licinio, decidió fundar una grandiosa urbe. La nueva ciudad, fundada sobre la griega Byzantium, fue creada según el ritual pagano a semejanza de Roma, el mismo Constantino marcó con una lanza el trazado de la muralla y el 11 de mayo de 330 se celebró la conclusión de los trabajos; en los años siguientes se erigieron algunos de los grandes edificios cristianos que marcaron la historia urbana de la ciudad, como las basílicas de Santa Irene, Santa Sofía y la de los Mártires. Pero no todos los nuevos elementos tuvieron significado cristiano; junto al propio rito fundacional, se trasladó a la ciudad un Apolo, obra de Fidias, que retocado se convirtió en la imagen de Constantino. La ubicación de la nueva capital significaba, por encima de todo, asumir que el eje económico y político del Imperio romano se había trasladado hacia el Danubio, Tracia y Anatolia.
Dos años después, en el 326, se produjeron graves incidentes en Roma durante su tercera visita a la ciudad para celebrar las vicenales por el vigésimo aniversario de su ascenso al trono. El motivo de dichos incidentes, fue debido a que Constantino, debido a su conversión al cristianismo, no cumplió con el rito tradicional de subir al Capitolio con su ejército y hacer una ofrenda sagrada en el templo Júpiter, el santuario pagano más importante del Estado romano, que provocó el odio del Senado y del pueblo. Se profirieron insultos y se dañaron y destruyeron imágenes y estatuas de la familia imperial, ya que Constantino había ido acompañado de sus dos hermanastros, Flavio Dalmacio y Julio Constancio. El descontento se inició el año anterior cuando Constantino nombró a un cristiano como prefecto de Roma. Otro elemento a tener en cuenta fue que Constantino entró en Roma el 18 de julio, un día nefasto en el calendario romano de ese año. Los incidentes reforzaron su decisión de que la «ciudad de Constantino», fuera la nueva capital del Imperio. Nunca volvió a Roma. En Constantinopla pasaría los últimos años de su vida.
A finales de abril o principios de mayo del año 337 Constantino enfermó gravemente al salir de Constantinopla al frente de una expedición militar dirigida contra el Imperio Sasánida. Siguiendo el consejo de los miembros de su séquito, fue a las termas de Pythia, cerca de Helenópolis, pero no mejoró. La enfermedad se agravó y se trasladó a Helenópolis donde rezó en un santuario dedicado al mártir Luciano, y desde allí se fue a una villa imperial cercana a Nicomedia, donde falleció el 22 de mayo, día de Pentecostés.
Como los emperadores anteriores, fue divinizado, aunque fue enterrado, tal como él había dispuesto, en la Basílica de los Santos Apóstoles de Constantinopla. Más tarde su hijo Constancio II mandó construir un mausoleo al lado de la Iglesia. En dicho mausoleo el sarcófago estaba rodeado por otros doce que representaban a cada uno de los apóstoles —a Constantino le gustaba referirse a sí mismo como el «decimotercer apóstol»—, aunque ninguno de ellos contenía reliquias de los discípulos de Cristo. Dos años antes había organizado su sucesión —basada en el principio hereditario y dinástico—, con el nombramiento como césar de su sobrino Dalmacio el Joven que se uniría a los césares designados anteriormente. La designación de este nuevo césar incluía el reparto del Imperio entre los cuatro tras su muerte: Constantino, que residía en Tréveris, recibiría Galia, Britania e Hispania; Constancio, que residía en Antioquía, Egipto y Asia; Constante, que probablemente residiera en Milán, Italia, Panonia y el norte de África; y Dalmacio, establecido en Naissus, Mesia y Tracia.
Tras la muerte de Constantino, que no dejó escrito ningún testamento, se produjo un auténtico baño de sangre en Constantinopla a cargo de sus tres hijos, que estaban dispuestos a eliminar a los competidores. Fueron asesinados los hermanastros de Constantino: Flavio Dalmacio y Julio Constancio y los hijos del primero, Dalmacio el Joven y Anibaliano. También fueron asesinados algunos de sus colaboradores más cercanos. Solo se lbraron los dos hijos pequeños de Julio Constancio, Constancio Galo y Juliano. A finales de agosto se treunieron en Panonia, los tres hijos de Constantino, para negociar el reparto del poder, donde acordaron que los tres llevarían el título de augusto, sin que prevaleciera ninguno sobre los otros, lo que significaba que los tres podían legislar y nombrar a sus propios funcionarios y oficiales. Esta proclamación como augustos tuvo lugar el 9 de septiembre, siendo enviada al Senado de Roma que la aceptó.
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