5 ago 2019

Muhammad IX

        

    Su nombre completo era Abu Abd Allah Muhammad b. Nasr b. Muhammad (V), aunque adoptó el laqab de al Galbib billah, los granadinos lo denominaron al Aysar, el Izquierdo o el Zurdo. Con su acceso al trono se rompía, una vez más, la línea sucesoria de Yusuf III. Tras ser proclamado en 1419, con la ayuda de los Abencerrajes, nombró como visir a uno de los dirigentes que habían organizado la sublevación, Abu l Hayyay Yusuf b. al Sarray. A partir de este momento la familia de los Banu Sarray desempeñará un influyente papel en Granada y provocarán la guerra civil en el reino que tanto facilitó la conquista por parte de los cristianos.

            Las relaciones con Castilla se mantuvieron en buenos términos y, tras prorrogar la tregua que Muhammad VIII tenía hasta abril de 1421, Muhammad IX firmó una nueva por tres años que, aseguraba la paz hasta el 13 de julio de 1424, aunque se produjeron pequeños incidentes que, si bien enturbiaron la paz, no impidieron que la tregua continuara. Juan II volvió a prorrogar la tregua, solicitada por el sultán nazarí, el 11 de junio de 1424 por una duración de dos años. En cuanto a las relaciones con Aragón, aunque en este primer reinado de Muhammad IX, no hubo ninguna tregua firmada, se mantuvieron en una situación de calma tensa entre 1419 y 1423, mientras que desde 1424 hasta 1427 se desarrolló una intensificación de las relaciones diplomáticas. Junto a los contactos diplomáticos con los reinos cristianos peninsulares, al Aysar, también cuidó las relaciones con el Túnez hafsí de Abu Faris, donde en 1421 había un embajador extraordinario enviado por Granada.

            Con respecto a la política interior, hay que resaltar la rebelión que llevó a cabo un peculiar personaje que atemorizó las costas levantinas entre 1421 y 1426 desde Almería. Ante el cariz de las actuaciones de este individuo, que se hacía llamar el Santo Moro, Muhammad IX, se dirigió con su ejército a Almería para reducirlo, pero la ciudad le cerró las puertas y el sultán tuvo que desistir de su intento. Ibn Asim, secretario del gobierno nazarí informa de que, en este primer reinado de Muhammad IX fue cuando, probablemente, tuvo lugar otra sublevación, mucho más peligrosa que la del Santo Moro de Almería y en la misma capital. Se trata de la rebelión de Yusuf al Mudayyan, personaje sufí que tras iniciar su propaganda religiosa en la mezquita aljama de Granada, de la que tuvo que expulsarlo Ibn Siray, fue ganando partidarios e incluso gozó del favor del sultán, quien le facilitó los medios para que pudiera construir barcos y traer con ellos a musulmanes del otro lado del Estrecho a la guerra contra los infieles. Pero cuando se sintió suficientemente fuerte, se rebeló. Tras apoderarse de algunos arrabales de la capital y del Albaicín, sus partidarios lo proclamaron rey, pero el sultán aplastó rápidamente la revuelta y el rebelde fue muerto cuando huía; ello no desanimó a sus partidarios.

            En cambio, la sublevación que sí triunfó fue la de los partidarios del destronado y encarcelado Muhammad VIII, que lo llevó a recuperar el trono el jueves 9 de enero de 1427. Después de casi ocho años como señor de la Alhambra, Muhammad IX huyó a Almería para embarcarse hacia Túnez, donde el sultán Abu Faris, con el que mantenía excelentes relaciones, lo acogió hospitalariamente en su corte y le ofreció ayuda para recobrar el trono.

            El segundo reinado de al Aysar, fue muy difícil, a pesar de su brevedad, ya que no alcanzó los dos años de duración, comenzando en marzo de 1430. A comienzos del mes siguiente el 9 de abril, ya habían llegado, cerca de Palencia, donde se encontraba el monarca, un grupo de seis caballeros granadinos, partidarios de Muhammad VIII, que habían huido del nuevo señor de la Alhambra. Los caballeros nazaríes llevaban cartas del derrocado en las que este informaba al rey castellano de su destronamiento, de su cautiverio en Salobreña y le pedía ayuda para recuperar el poder. La respuesta de Juan IIfue positiva, asegurando que le ayudaría. Por su parte, Muhammad IX, le envió una embajada con el visir Ibrahim b. Abd al Barr que llegó a Burgo de Osma en mayo. En ella le agradecía las gestiones ante el hafsí Abu Faris para la restauración de su poder, ofrecía su ayuda militar en la lucha castellana contra Aragón y Navarra. El rey castellano, que se hallaba en aquel lugar negociando con los dos reinos cristianos, dilató su respuesta a los granadinos, hasta que alcanzó el pacto de Majano acordado con navarros y aragoneses el 25 de julio. Entonces informó a los representantes nazaríes de su negativa y poco después envió un embajador con su contrapropuesta, que era inadmisible para Granada y que solo pretendía ganar tiempo y obtener información de la situación interna del sultanato. Como era de esperar, al Aysar rechazó la propuesta.

            Mientras tanto, Juan II (3) comenzó los preparativos del ataque a Granada a partir de agosto, enviando dos embajadas, en diciembre de 1430, a Abu Faris de Túnez y a Abd al Haqq b. Utman de Fez, con el objetivo de aislar a Muhammad IX. Dio orden de comenzar a hostigar la frontera granadina y, así, el 11 de noviembre los soldados nazaríes cayeron en una emboscada en Colomera, pero se resarcieron después en Igualeja, en la comarca de Ronda, mediante una estratagema. La llegada del invierno obligó a la suspensión de las hostilidades hasta lea primavera del año siguiente, 1431.

            En cuanto a las relaciones con Aragón durante este segundo reinado, Alfonso V el Magnánimo envió una primera embajada a Granada entre finales de abril y principios de mayo de 1430 para entablar contactos con el emirato y solicitarle que socorriese a la infanta Catalina, esposa del infante Enrique, que se hallaba asediada en Segura. Posteriormente, Aragón siguió realizando esfuerzos por llegar a un tratado con Muhammad IX y efectuó algunos gestos de buena voluntad, como la liberación de un grupo de cautivos de Játiva entre los que se encontraba un familiar del sultán. Aunque no se llegó a firmar ningún tratado, los contactos y relaciones fueron cordiales y fluidos a lo largo de 1430 y 1431, especialmente a partir de los ataques de Castilla a Granada. Con la llegada del buen tiempo, se reanudaron los ataques a tierras granadinas. Los cristianos a veces sufrieron importantes descalabros, pero también conquistaron entre el 10 y el 13 de marzo Jimena de la Frontera.

            La situación se complicaba cada vez más para Muhammad IX, que además tenía que hacer frente a sus opositores que no dudarían en aprovechar la menor oportunidad para devolver al trono a Muhammad VIII, lo que creaba un clima de descontento que podía desembocar en una sublevación. Para cortar de raíz esta posibilidad. Muhammad IX adoptó una tajante decisión a finales de abril de 1431: ordenó ejecutar a Muhammad VIII y a su hermano Abu l-Hasan Ali en la misma cárcel de Salobreña. Castilla seguía preparándose para la guerra y, tras una incursión a la Vega de Granada y Loja dirigida por el condestable Álvaro de Luna el 16 de mayo de 1431, el propio Juan II se dirigió con todo su ejército contra el reino nazarí. Esta amenaza creó más tensión y malestar en la capital. Por ello, la oposición a Muhammad IX, que se había quedado sin candidato, tras la ejecución de Muhammad VIII, buscó a uno para sustituirlo y eligió a Yusuf b. Muhammad b. al Mawl, el Abenalmao de las crónicas castellanas.

            La elección resulta sorprendente, ya que existían dos nietos de Yusuf II y Sa’d b. Ali, futuros sultanes ambos y con mejor derecho al trono, mientras Yusuf b. Muhammad b. al Mawl ni siquiera pertenecía a la familia nazarí por línea agnaticia, dominante en la sociedad árabe, y su único vínculo con la misma se debía a que su padre se casó con una hija de Muhammad VI, quien no era, precisamente, el más legítimo de los sultanes, pues había usurpado el trono y pertenecía a una línea mucho más alejada de la legítima que, por ejemplo, la de Muhammad al Aysar. Tal vez lo que hizo que la oposición eligiera a Yusuf b. Muhammad b. al Mawl fueran las maniobras de su cuñado Ridwan Bannigas, el Gilayre de las crónicas castellanas, liberto de origen cristiano que había gozado de la confianza de Muhammad VIII y que emparentó con la familia real nazarí casándose con una nieta  de materna de Muhammad VI.

            Lo decisivo fue que recurrieron a los castellanos para conseguir desbancar a Muhammad IX y entronizar a Yusuf. Para ello, Ridwan Bannigas se presentó ante el rey castellano cuando este se hallaba en Córdoba a finales de mayo de 1431, ofreciéndole apoyar a un pretendiente al trono que dividiera a los granadinos y desestabilizara al Estado, que le permitiera conquistarlo o reducirlo a un vasallaje. El ejército cristiano al mando de Juan IIse dirigió a Granada, presentándose en la Vega, el 27 de junio. El pretendiente Yusuf b. al Mawl acompañado de su cuñado y otros siete destacados partidarios, le expuso sus pretensiones al trono y acusó de usurpador a Muhammad IX, le pidió ayuda y le ofreció a cambio vasallaje. Después de una serie de escaramuzas que se produjeron no lejos del real cristiano, comenzó la batalla campal. Las tropas granadinas no las dirigía Muhammad IX, que decidió permanecer en la Alhambra por temor a que su ausencia fuera aprovechada para una sublevación, dada la difícil situación que se vivía. Puso al frente del ejército a un príncipe o infante, sobrino suyo, conocido como el Cojo, que el domingo 1 de julio de 1431 fue derrotado en la batalla de la Higueruela. Tras la rotunda victoria castellana, el rey acordó reconocer a Yusuf b. al Mawl como sultán de Granada en vasallaje a Castilla y le ofreció su ayuda para ganar el trono. Con todo ello se cumplía, el objetivo de debilitar y someter a Granada, ya que no tomarla completamente.

            Yusuf b. al Mawl y sus seguidores partieron con Juan II a Córdoba, adonde fueron a unírsele numerosos partidarios de Granada. Además, el monarca castellano dio órdenes a los capitanes de la frontera, de que apoyasen militarmente la causa de Yusuf, lo que llevaron a la práctica algareando las zonas fronterizas fieles a al Aysar a la vez que infiltraban agentes para ganar partidarios. Enseguida empezaron a declararse algunos lugares en favor del rebelde, como Montefrío, Cambil, Alicún, Cesna Íllora, Casarabonela, Turón, Ardales o El Castellar. En Ardales, Yusuf b. al Mawl  y el adelantado Gómez de Ribera firmaron, el 16 de septiembre de 1431, el acuerdo de vasallaje a Juan II que tenía que ser ratificado una vez llegado al trono el pretendiente. En el texto del tratado Yusuf afirma que la causa de su levantamiento contra Muhammad IX fue la ejecución de Muhammad VIII y su hermano Abu l-Hasan Ali.

            Muhammad IX abandonó la Alhambra llevándose el tesoro, a una sobrina que era hermana del infante Cojo y dos hijos de Muhammad VIII como rehenes. Junto a ciento cincuenta caballeros, una noche de finales de diciembre de 1431 partió hacia Almería para, posteriormente, trasladarse a Málaga. Yusuf envió a Ridwan Bannigas con seiscientos caballeros a ocupar Granada y, tras derrotar a los partidarios de al Aysar que intentaron detenerlos, entraron en la ciudad y tomaron la Alhambra el 31 de diciembre de 1431.

            El tercer reinado de Muhammad IX, fue el más largo de sus cuatro reinados, iniciado en abril de 1432, los Abencerrajes volvieron a ocupar los puestos principales de gobierno, como el de gran visir, que desempeñó Ibrahim b. Abd al Barr, junto a otros miembros del linaje, como Abu l Qasim b. al Sarray. También desempeñaron importantes funciones públicas y diplomáticas Ibn Kumasa y Sa´id al Amin. Durante todos estos años las luchas internas que Granada sufría fueron aprovechadas por Castilla, cuando sus conflictos civiles o sus enfrentamientos con Aragón se los permitían. La política de Juan II de Castilla se encaminó a un intervencionismo en el interior del sultanato granadino, procurando mantener divididos a los granadinos, a la vez que evitaba treguas largas e imponía vasallaje y tributo al reino nazarí, pero además intentaba debilitar la frontera conquistando plazas fuertes y desmoralizar a la población mediante el saqueo de cosechas.

            En abril de 1432, la guerra abierta con Castilla no se llegó a desatar por los problemas internos del reino cristiano, en donde las querellas nobiliarias impedían organizar un ataque a gran escala contra Granada. Aunque, en junio, el maestre de Calatrava taló la comarca de Guadix sin que pudieran impedirlo las tropas de la ciudad reforzadas por los contingentes enviados desde Granada por al Aysar al mando del Cojo, que fueron derrotados por los castellanos. Otro tanto hacía el adelantado Diego Gómez de Ribera en la vega de Málaga. Después, unidos adelantado y maestre, realizaron una entrada en la Vega, aunque sin atreverse a entablar batalla ni talar los campos de la capital; en cambio sí atacaron Dúrcal y los baños y campos de Alhama.

            En 1433 se produjeron algunos ataques castellanos a partir de la primavera, en los campos de Guadix, donde volvieron a derrotar a las tropas que al Aysar había enviado desde Granada esta vez al mando de Ibrahim b. Abd al Barr. Lo mismo se volvió a repetir en Málaga, aunque los musulmanes se desquitaron en Coín. En Vera, Ibrahim b. Abd al Barr salió al encuentro de las tropas murcianas y las derrotó. Pero los éxitos de los cristianos fueron mucho mayores. En esta tónica de enfrentamientos fronterizos con victorias de uno y otro bando, una de las derrotas cristianas más sonadas fue la que tuvo lugar en la Peña de los Enamorados, cerca de Archidona, donde la imprudencia del capitán de la frontera occidental, llevó a sus hombres a una terrible masacre el 17 de marzo de 1435. Meses después fueron los granadinos los que fracasaron el 18 de mayo en su intento de impedir a las tropas cristianas que talaran la vega de Guadix.

            El año siguiente la situación se hizo más crítica, con la sumisión de algunas ciudades islámicas a Castilla, a lo largo de 1436. Las ciudades que se sometieron se hallaban todas en la zona oriental del reino: Vélez Blanco, Vélez Rubio, Galera, Castilléjar y Benamaurel, y aunque entregaron sus alcazabas y fortalezas y se declararon vasallos de Castilla, mantenían todos sus derechos y pagaban los mismo tributos que al sultán de Granada, pero que ahora iban a parar a las arcas de Juan II. En la misma línea, Guadix y Baza tomaron una iniciativa similar: propusieron al rey castellano, que les nombrase un rey para combatir y derrocar a Muhammad IX; afortunadamente para los granadinos, Juan II exigió las fortalezas respectivas, y ante la negativa, desconfió y no llegó a ningún acuerdo. Muchos de los disidentes granadinos, acogidos en la corte castellana, que luchaban junto al ejército cristiano frente al sultán emprendieron la emigración hacia Túnez a finales de 1436. Entre los que pasaron se hallaba el jefe de los disidentes, un tal Abenamar, que pertenecía a la familia nazarí. Y aunque ello supusiera la desaparición de un grupo de enemigos para al Aysar, ponía de manifiesto el estado de descomposición en el que se hallaba el reino islámico.

            Este proceso de conquistas cristianas hubiera proseguido de no ser por las condiciones internas de Castilla en donde las luchas nobiliarias agitaban el reino. Por ello, Muhammad IX, tomó la iniciativa de proponer treguas a castilla hacia el mes de octubre de 1438. Las negociaciones, desarrolladas en Jaén a partir del 5 de diciembre de ese año, fueron lentas y difíciles, entre otras razones, porque Castilla pretendía someter a vasallaje a Granada, cuestión inadmisible para al Aysar. Pero los intereses que ambas partes tenían en conseguir la paz propiciaron que se llegara finalmente a un acuerdo. El 11 de abril de 1439 se firmaron las capitulaciones provisionales en Jaén por parte de los encargados de las negociaciones. Días después, varios caballeros cristianos se dirigieron a Granada, donde fueron recibidos por una multitud que los aclamaba jubilosa por el acuerdo, para obtener la ratificación del tratado por el sultán granadino. Este juró el tratado sobre el Corán en el salón del trono el día 21 de abril. Las cláusulas del tratado, similares a las de 1424, fijaban una duración de tres años para esta tregua que empezaba el 15 de abril de 1439 y terminaba el 16 de abril de 1442. El tributo que el reino nazarí debía pagar ascendía a veinticuatro mil dinares o doblas de oro y, además, debía entregar quinientos cincuenta cautivos de guerra castellanos.
            Dado que no podía afrontar el poder militar de Castilla, claramente superior, solo le quedaba el recurso de llamar a sus hermanos de fe. Pero a esas alturas del siglo XV los meriníes de Fez habían perdido todo el poder que alcanzaron en el siglo anterior, mientras que de los hafsíes de Túnez solo podía esperar una ayuda limitada. Por ello decidió recurrir directamente al mameluco egipcio al Zahir Yaqmaq. Así, el viernes 16 de diciembre de 1440 arribó la embajada nazarí a el Cairo, siendo recibida por el sultán Yaqmaq, al que le presentó una carta de Muhammad IX en la que le solicitaba ayuda militar frente a los cristianos. Pero el sultán mameluco rechazó la petición de un ejército, limitándose a enviar dinero y pertrechos. Al Aysar solo tenía el recurso de mantener las treguas el mayor tiempo posible. Para ello, antes de que finalizara la que estaba vigente, envió a Ibrahim b. Sa´id al Amin para las negociaciones de la prórroga. Estas negociaciones se prolongaron durante más de un año sin que se llegara a un acuerdo y llegaron a estancarse. Finalmente, en marzo de 1443 Juan II aceptó en Escalona la renovación de las treguas por tres años, hasta el 15 de abril de 1446.
            A finales de la primera decena de septiembre de 1447 comenzó al Aysar su cuarto y último reinado. Se resolvió así la precaria situación política en la que había estado sumido el reino y el inestable gobierno de Ismail III. Entonces, aparece en escena el príncipe victorioso Abu Abd Allah Muhammad, que reportó al sultán numerosas victorias y un reforzamiento del poder. Era hijo de Muhammad VIII y nieto de Yusuf III, que, al mismo tiempo, fue tío de Muhammad IX al Aysar. La aparición de este personaje tiene otra significación de carácter dinástico. El hecho de que Muhammad IX no tuviera ningún hijo varón le permitió adoptar al respecto de su sucesión una determinación de gran perspicacia política: escogió un candidato que apoyasen sus enemigos, muchos de ellos partidarios del asesinado Muhammad VIII. Por ello fue, precisamente, al mencionado hijo de este sultán a quien designó como heredero. Además, para asegurarse su lealtad y atraérselo completamente, lo vinculó mediante el lazo de matrimonio con su hija Umm al Fath y lo puso al mando del ejército.
            Su política exterior en este cuarto reinado se dedicó a mantener la intervención en las disputas internas de Castilla apoyando a distintos bandos, fomentando sus enfrentamientos y actuando militarmente en favor de unos grupos frente a otros y siempre en beneficio propio. De esta manera, al mando de Muhammad X el Chiquito continuó la actividad bélica granadina contra los castellanos, iniciada por Yusuf V desde Almería. El ejército nazarí efectuó frecuentes razzias en territorio cristiano que, proporcionaron una gran cantidad de botín y esclavos. Ello motivó orden de iniciar negociaciones para pactar una tregua de tres años. Aprovechando esta buena situación, los granadinos recuperaron una serie de lugares que habían perdido con anterioridad y realizaron numerosas algaradas por toda la frontera, en las que derrotaron a los cristianos, capturando cuantioso botín de bienes, ganado y prisioneros. En particular, el ejército nazarí efectuó en este año sus algazúas en la zona occidental y los límites de Málaga


            Una de las más sonadas victorias de los musulmanes se produjo en la célebre batalla de río Verde, en las cercanías de Marbella, donde las tropas del alcaide de Jimena de la Frontera, Juan de Saavedra, procedentes de Jerez, Alcalá de los Gazules, Medina Sidonia y Vejer, fueron destrozadas por los visires nazaríes Abu Ishaq Ibrahim b. Abd al Barr y Abu l Qasim b. al Sarray, que habían salido de Granada al mismo tiempo que las tropas cristianas hacia Marbella, el 4 de marzo de 1448. La derrota de los cristianos fue total y los soldados que no perecieron acabaron prisioneros. El hecho sucedió el domingo, 17 de marzo de 1448 y su impacto fue tal que llegó a inspirar el conocido romance Río Verde, río Verde.

            Este fracaso militar llevó al rey castellano a tomar la iniciativa para llegar a una tregua. Para esto encargó a Pedro de Aguilar el 5 de abril de 1448 que estableciera contactos con Muhammad IX con este propósito, pero la posición de fuerza en la que se encontraba el emir nazarí le permitió rechazar las proposiciones de armisticio. En cambio, el 25 de diciembre Alfonso V el Magnánimo de Aragón y Juan II de Navarra sí establecieron un acuerdo con el sultán de la Alhambra por el que suspendían toda clase de hostilidades. Con las manos libres de pacto que lo atase y con la incapacidad castellana para defenderse, al Aysar continuó sus campañas victoriosas y los castellanos volvieron a ser derrotados y masacrados en la frontera murciana, en los alrededores de Hellín, el mes de diciembre de 1448.

            Ante estas derrotas castellanas, al año siguiente las tropas nazaríes, comandadas por Muhammad X el Chiquito, no encontraron ya resistencia. En el verano de 1449 razziaron todas las comarcas de la frontera. Estos ataques se extendieron desde la zona occidental, en donde alcanzaron a Utrera, cerca de Sevilla, hasta la oriental, en la que atacaron, entre otros lugares, los arrabales de Jaén, Baena y Antequera. En agosto, un ejército nazarí entró en el reino castellano, en dirección a Montiel y saqueó las tierras de la comarca de Medina y Terrinches y todos los lugares que, de regreso a Granada, no eran leales a Navarra, capturando un enorme botín. Sin dejar reposar los caballos, el ejército se dirigió después a Benzalema y la región occidental del reino.

Pero, como ocurrió en sus reinados anteriores, la buena situación exterior no libró a Muhammad IX de que en el interior de su Estado hubiera revueltas y sublevaciones para arrebatarle el poder. En esta ocasión fue el destronado Ismail III, quien contó con el apoyo de Juan II en contra del sultán gobernante. Tras abandonar la corte castellana se estableció en la fortaleza de Comares, de esta manera, en abril de 1450, el antiguo sultán volvió y con él se encendió la guerra civil. La situación debía ser los suficientemente grave y alarmante para que, al contrario que en las ocasiones anteriores en las que Castilla intentó pactar una tregua, el emir de Granada aceptara el acuerdo en el mes de marzo de 1450. Mientras tanto, Ismail III continuaba extendiéndose gracias a la ayuda castellana y, tras tomar diversos lugares en la región occidental del reino, se apoderó de la alcazaba de Málaga el jueves, 2 de abril de 1450 y fue proclamado rey allí. La respuesta de al Aysar no se hizo esperar. A finales de mayo de 1450 se dirigió con su ejército a Vélez Málaga y lo conquistó. Ismail, que esperaba el ataque había pedido ayuda al adelantado Per Afán de Ribera a finales de mayo. El 5 de junio al Aysar y Muhammad el Chiquito se dirigieron a Málaga y ocuparon el huerto conocido allí como de Ibn Salim. Desde aquel lugar se trasladaron a poniente, y conquistaron Málaga el jueves 26 de junio. Ismail se refugió en la Alcazaba y Gibralfaro y solicitó ayuda a los castellanos. Pero al cabo de dos días de tomar las atarazanas, situadas en las afueras del ciudad, los partidarios de Ismail III se dividieron y decidieron parlamentar.

            Tras llegar a un acuerdo, el sábado 28 de junio al Aysar subió a la alcazaba con todos sus alcaides y servidores para recibir el sometimiento de los habitantes de Málaga y su comarca occidental. El 30 de junio de 1450, Ismail III pereció, probablemente ejecutado por Muhammad IX Por tanto, al Aysar no llegó a perder en ningún momento el trono y el número de sus reinados queda en cuatro. A partir de entonces el Chiquito desarrolló algunas campañas militares exitosas en 1450 y 1451 mientras Muhammad IX seguía gobernando desde la Alhambra.

            Las campañas nazaríes de 1452 presentan un balance negativo para los musulmanes, que fueron derrotados en la frontera sevillana por la traición de un desertor. Sin embargo, la derrota que resultó verdaderamente catastrófica por la pérdida humana y de dirigentes fue la sucedida en la batalla de los Alporchones o batalla de Lorca. Al regreso de una expedición de castigo por tierras de Murcia, las numerosas tropas nazaríes dirigidas por el visir Ibrahim b. Abd al Barr fueron masacradas el viernes 17 de marzo de 1452 por un gran ejército que le salió al encuentro y que se había ido concentrando en las cercanías de Lorca. Murieron los principales militares de Granada y catorce alcaides de diferentes ciudades. Como consecuencia de este desastre, Granada aceptó la tregua que desde el 16 de agosto de 1452 Pedro Aguilar negoció por orden de Juan II con Muhammad IX. Su inicio se fijo el 1 de septiembre y su duración era de cinco años y, aunque hubo incidentes de poca importancia, la tregua no llegó a romperse. Aunque todavía en el mes de marzo de 1453 al Aysar vivía y reinaba, ya no le quedaba mucho tiempo de vida.

El 24 de julio de 1453 escribía el gran visir Abu l Qasim b. al Sarray al concejo de Sevilla y, entre otras cuestiones, le notificaba la muerte de Muhammad IX al Aysar. Había reinado más de veintiocho años, y aunque no se conoce su fecha de nacimiento, murió a avanzada edad y algunos documentos castellanos lo llamaban el Viejo. Había atravesado por numerosas vicisitudes en medio de una turbulenta y agitada época de inestabilidad política y, después de tres destronamientos y cuatro reinados, después de haber tenido que enfrentarse a enemigos tan poderosos como Juan II de Castilla, había conseguido morir en el trono y por causas naturales, como todo parece apuntar. Dejó, al menos, tres hijas, Umm al Fath, esposa de Muhammad el Chiquito, Fátima y A´isa, la última de las cuales se casaría con el futuro sultán Abu I-Hasan y se convertiría en la madre del último emir de al-Andalus, Boabdil.


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Fuentes: Nubeluz y WikipediA, mas algunos folletos.
Imagen: Wikimedia Commons

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