miércoles, 21 de febrero de 2018

RUTA DE LOS CASTILLOS DEL VINALOPÓ: Castillo de Petrel


Los orígenes de Petrel se remontan a la Edad de Bronce. Los romanos crearon varios asentamientos agrícolas, en la zona, y el nombre de una de sus villas, Villa Petraria, daría su nombre a esta población. Pero serían los musulmanes, en el siglo XII, los que construirían un castillo y cercarían el núcleo de la población con una muralla, dándole el nombre de Bitrir. Por el tratado de Almizra, que establecía la frontera entre Castilla y Aragón, la población quedó bajo la influencia castellana. 

El castillo fue entregado por Alfonso X el Sabio, al noble cristiano de origen francés, Jofré de Loaysa cuya familia ejercería el señorío hasta el siglo XV. En 1258 Alfonso X, instituye el mayorazgo en favor de García Jofré de Loaysa. En 1264 la población mudéjar de Petrel, toma el castillo, hartos del poder despótico de Jofré de Loaysa. El rey castellano pide ayuda a su suegro Jaime I el Conquistador, quien pacta con los sublevados, volviendo a tomar el castillo y devolviéndole a su antiguo señor y a la Corona castellana a quien pertenece el territorio. Sin embargo pronto surgen nuevas disputas entre Castilla y Aragón, las tropas aragonesas entran en 1296 en la zona y en el reino de Murcia, la familia Loaysa a pesar de su pertenencia a la corona castellana, jura fidelidad al rey aragonés y este le confirma en sus posesiones y señoríos. 

Por los tratados de Torrellas (1304) y Elche (1305) la población pasará a dominio de la Corona de Aragón. Entre 1356 y 1366 el territorio estuvo en disputa por la conocida como guerra de los dos Pedros, entre Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón. A la muerte del castellano el territorio queda bajo control absoluto y definitivo de la corona aragonesa. 


A comienzos del siglo XV muere sin descendencia, doña Leonor de Loaysa, último de los Loaysa. La entonces baronía pasa a manos de la Corona en la persona de la reina Violante de Bar (esposa de Juan I de Aragón), la cual vende, en 1431, la baronía a los Pérez de Corella en la persona de Ximén Pérez de Corella, conde de Cocentaina quienes dedicarían el castillo a vivienda residencial, ya que las necesidades defensivas habían perdido su razón de ser. El castillo fue reformado, de esta época es la elevación de la torre que en origen era de menor altura, se construye una capilla, bajo la advocación de Santa Catalina y en la torre se habilita el piso bajo como mazmorra. 

A finales del siglo XVI el castillo será vendido nuevamente, esta vez a la familia de Juan de Coloma
quien lo adscribe al condado de Elda. En 1609 con la expulsión de los moriscos, la zona quedó despoblada y hubo que repoblarla con familias procedentes de Castalla, Onil, Biar, Xixona y Mutxamel. Durante la Guerra de Sucesión, la población permaneció fiel a la causa borbónica, por lo que terminada la guerra con la victoria de Felipe V, obtuvo numerosos privilegios por su lealtad. Desde este momento hasta la desaparición de los señoríos en el siglo XIX decretado por las Cortes de Cádiz, el castillo perteneció a esta familia y al conde de Cervellón heredero del condado de Elda. Con la desamortización de Mendizábal sería abandonado, sus piedras usadas para la construcción de viviendas, entrando el castillo en ruina. Durante la Guerra Civil Española, Petrel fue elegido como punto de reunión del Gobierno de la Segunda República antes de partir hacia el exilio en 1939. El gobierno de Juan Negrín se instaló en la finca de "El Poblet". En 1968 el obispado de Orihuela propietario entonces del castillo cedió la propiedad al Ayuntamiento de Petrel.

Situado en el cerro denominado del Testigo, domina la población y el paso del estratégico Valle de Elda. El castillo consta de tres espacios claramente diferenciados: la explanada, la alcazaba y la torre maestra. 


La explanada era una gran superficie amurallada que rodeaba la alcazaba o castillo propiamente dicho. De este recinto sólo queda un lienzo de muralla construido en tapial, y una torre de planta cuadrada adosada que hace de mirador hacia la población. En esta explanada se han encontrado restos de viviendas, por lo cual sabemos que esta parte del castillo estaba habitada.  

La alcazaba o castillo, fue construido entre los siglos XII y XIV. Consta de un recinto amurallado que protege una torre no excesivamente alta situada en uno de los extremos de este segundo recinto. La alcazaba adopta forma poligonal adaptándose al terreno sobre el que se levanta. El castillo está construido en mampostería con sillares en las esquinas, aunque las partes más antiguas, como es la torre, estan construidas en tapial, típica forma de construir de los musulmanes. La entrada al castillo se realiza por una puerta situada en la fachada Sur, formada por un arco de medio punto con dovelas de sillería. Por encima de la portada un matacán volado la defiende. En la fachada Norte se abre una poterna o puerta secundaria construida a principios del siglo XIV formada por un arco de medio punto de similares características a la de su compañera del lado Sur. La defensa del castillo además de los muros y lienzos se realiza por grandes nichos abiertos en el muro con estrechos vanos aspillerados. Otros sin embargo son usados como bancos y ventanas miradores, propios de un uso palaciego. 


Nada más entrar, en el lado izquierdo, encontramos un edificio de planta rectangular que se cierra por una bóveda de medio cañón. Se trata de una de las salas principales del castillo, iluminado por tres vanos en forma de aspillera, dos de ellos visibles desde la fachada que da a la explanada, se entra por una puerta con arco rebajado. 


Dominando el interior del castillo se levanta la torre maestra. De planta cuadrangular, está formada por planta baja, dos pisos y terraza almenada, construida en tapial. La planta baja, en época musulmana, era usada como aljibe, y a partir del siglo XIV fue usada como prisión o mazmorra. En las paredes se han encontrado diversos grafitis realizados por los presos. El acceso se realiza por una puerta situada en alto, por lo que es necesaria una escalera volada para subir tanto hasta el primer piso como hasta el segundo. El acceso a la terraza se realiza por una escalera interior desde el segundo piso. 


El interior del castillo lo forma el patio de armas en cuyo subsuelo encontramos un aljibe. Algunos restos y marcas talladas en la piedra nos indican la existencia de la capilla del castillo, cuya entrada debía estar formada por un arco. Un camino de ronda rodea todo el perímetro interior de la muralla. El patio de armas no excesivamente grande se organiza mediante terrazas que salvan el desnivel del terreno. 






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