Castillo de Gormaz


El castillo de Gormaz es una fortaleza de origen musulmán situada junto al pueblo del mismo nombre, en la provincia de Soria. Asentamiento de origen prerromano, se halló una necrópolis cercana en el paraje de La Requijada del S. IV a.C. con unas 1200 tumbas ordenadas en 25 calles de Norte a Sur, y existen los restos de un castro celta en la ladera sur del cerro. El nombre de Gormaz es de origen protohistórico, y proviene de Vormatio/Bormatiu, derivado de la voz ligur borm/born procedente del dios Borbo-Bormanus, divinidad de las fuentes y manantiales termales. Cerca de la fortaleza se encuentra el paraje de Fuentes Grandes, siendo el acuífero de Gormaz el más importante de la provincia. 

La fortaleza califal de Gormaz, la más grande de Europa en su clase, situada sobre un cerro cretácico de planta alargada que puede verse desde muchos kilómetros de distancia en la llanura soriana, se convirtió en el origen y bastión de numerosas razias o ataques de las tropas musulmanas sobre las tierras cristianas del norte del Duero. 


En el siglo X toda esta zona estaba sometida a continuos y feroces ataques por el dominio de la frontera del Duero. Su aspecto imponente, capaz de albergar ejércitos y situado en la orilla norte del Duero, suponía una amenaza constante para las repoblaciones cristianas de esta parte de la estremadura. Así, en el Cantar del Mío Cid, se describe como “castiello tan fuort”. Esta fortaleza ha sido testigo de personajes como Galib, Almanzor o Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid, de la que fue alcalde en 1087. 

La fortaleza, realizada casi en su totalidad de sillares labrados, cuenta con dos zonas diferenciadas y separadas por un foso, hoy cubierto: el alcázar y el recinto amurallado. En el alcázar encontramos la torre de Almanzor del siglo X, sala de armas y la Torre del Homenaje, con aparejo califal y ménsulas califales reutilizadas, y que hace de puerta de entrada al alcázar, una poterna califal hacia el norte y los restos de un aljibe. En total son siete las torres que hay en esta parte de la fortaleza. 


En el recinto amurallado, de unos 1200 metros de perímetro, 446 de largo y 60 de ancho, con lienzos de 10 metros de altura, se asentaba la tropa, las caballerizas, almacenes y una alberca o depósito abierto de planta cuadrada de grandes dimensiones excavada en la roca. Cuenta con varias poternas hacia el norte, y la fabulosa puerta califal con alfiz o arrabá en un cuerpo formado por dos torres unidas, y con un segundo arco interior y las dos puertas del siglo XIV con sus marcas de canteros. 

El recinto termina en forma de punta siguiendo el contorno del cerro, y en la torre trapezoidal que forma el espolón de poniente, por la parte exterior, se pueden contemplar tres estelas simbólicas anteriores al resto del recinto, que en alguna ocasión se han identificado como símbolos mágicos cuya finalidad sería ahuyentar los espíritus de la noche una vez que se pone el Sol, precisamente por ese lado de la fortaleza. Sea como fuere, no cabe duda que se encuentran en una situación especialmente simbólica. En total cuenta con 26 torres, generalmente rectangulares, realizadas en sillares a soga y tizón a bandas de tizones, siendo las de la muralla macizas hasta el primer piso. Entre el alcázar y el recinto amurallado se encuentran los restos de varias barreras. 

La fortaleza fue mandada reconstruir entre los años 956 a 966 por orden del general Galib en tiempos del califa Alhakén II sobre los restos de un anterior castillo cristiano o árabe. Recordemos que la cabecera de la marca media, o frontera media entre cristianos y árabes, pasa a Medinaceli en el 946. 

En el 975 el conde Garci Fernández, aliado con Sancho de Pamplona y Ramiro III de León, es incapaz de tomar el castillo tras un largo asedio y sufre una humillante derrota al ser atacado por el ejército de Galib que llegó al rescate. Entre 978 y 981 consigue apoderarse de Gormaz, que volverá a recuperar Almanzor en 983. Hubo que esperar hasta 1060 para que fuera recuperada por los cristianos como consecuencia de la expedición de Fernando I, esta vez de forma definitiva. Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid, recibe la villa de Gormaz en 1087. Han sido señores de Gormaz doña Berenguela, el obispado de Osma, Juan Hurtado de Mendoza y los marqueses de Camarasa.


La villa de Gormaz, de menos de 24 habitantes en la actualidad, cuenta con un puente sobre el Duero de origen romano de 18 ojos, reedificado por los árabes y reconstruido en 1864, y la antigua iglesia, posiblemente del siglo VII y hoy ermita de San Miguel, declarada Bien de Interés Cultural, donde se encontró una lápida conmemorativa de la construcción de la fortaleza, de la que queda: “En el nombre de Dios Clemente y Misericordioso. Dios bendiga a Mahoma, el Sello de los Profetas”. De esta ermita es también la pila bautismal que hoy se encuentra en la parroquial, extraordinaria pieza en caliza de forma prismática cuadrangular, con una cavidad en forma de cruz y fondo cóncavo. Y la estela que se aprecia en uno de los sillares del campanario. 

Una edificación de estas características, único del S. X comparable en estilo y grandeza a la Mezquita de Córdoba, merece de una mayor atención y cuidado. Así, algunos lienzos y arcos han sido restaurados, pero las enormes dimensiones de esta fortaleza obligan a inversiones difíciles de afrontar. 

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