Antonino Pio (138-161)

 


Nacido el 19 de septiembre del año 86, en el seno de una familia —procedente de Nemausus en la Galia Narbonense—, rica e influyente y rica, en Lanuvium al sureste de Roma. Su padre, Tito Aurelio Fulvo, fue nombrado cónsul en el año 89, y de su madre Arria Fadila apenas se tienen noticias. Poco se sabe sobre su antes de ser emperador. Aunque se tienen noticiad de que era joven cuando murió su padre, por lo que su abuelo materno se encargó de su educación, en Lorium. Siguió una carrera civil, dada su condición de patricio, no abandonando la península itálica salvo el tiempo en que tuvo que ejercer el proconsulado de Asia. Al morir su abuelo, heredó sus posesiones, pasando a ser uno de los hombres más ricos de Roma, algo que fue en aumento al casarse con Faustina la Mayor, hija del poderoso Marco Annio Vero. Faustina y Antonino tuvieron cuatro hijos, dos niños y dos niñas: Marco Aurelio Fulvio Antonino; Marco Galerio Aurelio Antonino; Aurelia Fadila; Annia Galeria Faustina Minor, futura emperatriz, casada con el emperador Marco Aurelio. Antonino Pío, cuando su esposa murió en 141, se vistió completamente de luto.




Disfrutó de una exitosa carrera pública, pero cuando la salud del emperador Adriano empezó a fallar, le nombró su heredero, a pesar de que Antonino nunca quiso ese honor. De hecho, Adriano reconoció que Antonino estaba lejos de desear tal poder, aunque creía que aceptaría el cargo incluso contra su voluntad. Poco después, Adriano murió y Antonino se convirtió en emperador.

    Antonino demostró ser un gobernante indulgente y escrupuloso. Uno de sus primeros actos fue anular algunos de los últimos decretos de Adriano, el cual había condenado a bastantes. Optando Antonino por la clemencia. Según algunos historiadores, esta es la razón por la que el Senado le otorgó el apelativo de “Pío”. No se limitó a perdonar a los enemigos de los demás, y al darse una conspiración contra él, fue el Senado, y no Antonino, quién procesó al posible usurpador, prohibiendo Antonino que se investigara a los conspiradores que apoyaban al rebelde. También abolió el empleo de delatores y anunció que ningún senador sería ejecutado durante su reinado. Aunque aceptó algunos honores, rechazó otros. Como es el caso de que, debido a que el Senado y el pueblo, le adoraban tanto que le ofrecieron cambiar el nombre del mes de septiembre por el suyo, lo que rechazó rotundamente. Antonino, a menudo, evitaba la grandeza inherente de su cargo. A lo largo de su mandato, vendió tierras imperiales, redujo e incluso eliminó sueldos superfluos y vivió en sus propias villas en lugar de en fincas imperiales.


Los interesados en poder adquirir este tratado sobre el siglo XIX en España, podéis hacerlo en Amazon mediante los siguientes enlaces: Tapa blanda por 8,32€ y Versión Kindle (con posibilidad de hacerlo en otros formatos) por 3,00€






Aunque se produjeron varios conflictos durante su largo reinado, muchos fueron de carácter defensivo. Antonino fue frugal en otros aspectos; protegió el tesoro público y redujo las confiscaciones y la carga fiscal de sus súbditos. Incluso, en alguna ocasión, utilizó recursos personales para apoyar al imperio: contribuyó con su dinero para reparar los proyectos de construcción de Adriano y, durante una hambruna, proporcionó vino, aceite y trigo gratis a los romanos. Gestionó con tanta prudencia las finanzas del Estado que, a su muerte, dejó un enorme superávit en el tesoro público, algo poco habitual en la antigua Roma. Parte de este superávit estuvo relacionado con su aversión a los proyectos vanidosos y a las guerras innecesarias. Al igual que otros emperadores, fue un constructor, aunque no en el grado que lo fueron otros. Pero se debe tener en cuenta que, sus proyectos nunca fueron diseñados para glorificarse a sí mismo. Y aunque hay constancia de que, durante su largo reinado, estallaron varios conflictos, la mayoría fueron de carácter defensivo. Antonino no trató de aumentar, masivamente, el dominio de Roma, produciéndose, tan solo, dos pequeños avances durante su mandato, en Britannia y Germania, aunque parece que la razón de los mismos, pudo haber sido, el interés de realizar un ajuste de las fronteras para que Roma pudiera defenderlas con más facilidad y economía.

    



Tras desempeñar el reinado más duradero desde el de Augusto, superando en dos meses al de Tiberio, murió de unas fiebres en Lorium (Etruria), a unos doce kilómetros de Roma, el 7 de marzo de 161. Su última palabra fue característica de lo que fue su reinado: aequanimitas, (ecuanimidad). Su cuerpo fue depositado en el Mausoleo de Adriano y se erigió una columna en su honor en el Campo de Marte, y el templo que él mismo había dedicado a su esposa Faustina en 141 se volvió a deificar en su nombre y en el de Faustina.




A diferencia de muchos de la mayoría de los emperadores que le precedieron y le sucedieron, siempre dio la imagen de preocuparse legítimamente por sus súbditos y el Estado. Estableció una dotación para apoyar a las niñas huérfanas y afectadas por la pobreza; prestó dinero personal a un tipo de interés bajo a los necesitados; tampoco puso en marcha ninguna persecución cristiana, y trató de devolver el prestigio y el respeto al Senado. Pero algo se le puede reprochar en su gestión: rebajó el denario romano de plata en torno al cinco por ciento para financiar una gran celebración. Aparte de este error, son muchas las virtudes de Antonino. La mejor descripción de su vida es la de su sucesor, Marco Aurelio, que le describió como un hombre humilde respetuoso con las libertades de los demás, cuando dijo: “Aunque todas sus acciones estaban guiadas por el respeto a los precedentes constitucionales, nunca se esforzó por conseguir el reconocimiento público de ello”. Su biógrafo Julio Capitolino, escribió de forma elogiosa: “Casi el único de todos los emperadores [Antonino] vivió sin mancharse con la sangre de ciudadanos o enemigos, en la medida que estuviera dentro de sus capacidades”.



Para conocer muchos más aspectos de Roma, os invito a entrar en el Blog Gladiatrix en la arena, en el siguiente enlace: Gladiatrix en la arena






Ramón Martín



Comentarios

Entradas populares