Lucio Vero (161-169)
El nacimiento de Lucio Aurelio Vero el 15 de diciembre del año 130 marcó el inicio de una vida destinada al poder. Era hijo de Lucio Elio César, heredero, por adopción, del emperador Adriano, aunque murió antes de llegar al trono, lo que creó una situación delicada en lo que respecta a la sucesión, por lo que, Adriano designó como sucesor a Antonino Po, a condición de que este adoptara a Lucio Vero y a Marco Aurelio como sus herederos. Dicha adopción buscaba garantizar la estabilidad del Imperio. Antonino Pío se convirtió en una figura clave para ambos jóvenes, proporcionándoles una educación que incluía formación en retórica, filosofía, administración y arte militar. Durante su juventud, Lucio Vero demostró ser un estudiante capaz, aunque menos inclinado a los estudios filosóficos que Marco Aurelio. Su personalidad extrovertida y carismática contrastaba con la seriedad de su hermano adoptivo.
La carrera política de Vero comenzó con su nombramiento como cuestor el año 153, llegando a cónsul al año siguiente; siete años después, en el 161, fue elegido de nuevo cónsul, junto a Marco Aurelio. Al morir el emperador Antonino el 7 de marzo de 161, le sucede Marco Aurelio, siendo Vero designado coemperador, algo sin precedentes hasta entonces en el Imperio romano. Aunque, oficialmente, ambos compartían poderes, en la práctica era Marco Aurelio quien ostentaba el poder, mientras a Vero se le asignó el control del ejército. Para fortalecer la alianza entre los dos hermanos adoptivos, Marco Aurelio ofreció en matrimonio a Vero, a su hija Lucila. Entre los años 162 y 166, Vero estuvo en Oriente, para dirigir la campaña militar romana contra el Imperio parto por el control del reino de Armenia. Durante ella, la ciudad de Seleucia del Tigris fue destruida, y el palacio de la capital parta Ctesifonte fue incendiado y arrasado por Avidio Casio en el año 164. También, las legiones romanas avanzaron hasta llegar a Media. El rey de Partia, Vologases IV pidió la paz a Roma, y para obtenerla, se vio forzado a entregarla la Mesopotamia occidental. En esta campaña, Vero destacó como un excelente comandante, sin tener ningún temor a entregar tareas de importancia a generales que él mismo consideró más competentes. Sus contemporáneos cuentan que Vero no sufrió, en esta campaña, una experiencia que fuera especialmente dura, ya que, estuvo siempre rodeado de actores y músicos, disfrutando de abundantes banquetes y placeres. Medidas placenteras que fueron compartidas con las tropas de rango, para así elevar la moral. Actitud que no representó un impedimento para tomar las juiciosas acciones necesarias en el campo militar, donde se demostró como un líder capaz. A la vuelta de la campaña, Vero fue obsequiado con un triunfo, recibiendo el apelativo de “Armeniacus”. El desfile fue inusual, comparándolo con los celebrados en anteriores ocasiones, debido a que en el participaron, además de Vero y Marco Aurelio, todos sus hijos y sus hijas solteras, como si de una gran celebración familiar se tratase.
Los dos años siguientes los pasó Vero en Roma, donde continuó con su lujoso estilo de vida, ya que mantuvo una verdadera legión de actores y favoritos a su lado. Se hizo construir una posada, dentro de su propia casa, donde se celebraban fiestas junto a sus amigos hasta el amanecer. También se dedicó a deambular por la ciudad, entre el pueblo, sin mostrar su verdadera identidad. Los juegos del circo romano fueron otra de sus pasiones, especialmente las carreras de carros. Marco Aurelio desaprobaba la conducta de Vero, pero como seguía desempeñando sus tareas oficiales con eficiencia, realmente era poco lo que podía hacer.
En la primavera del 168 de nuevo estalló la guerra en la frontera del Danubio, cuando las tribus germanas de los alamanes y los marcomanos invadieron el territorio romano. Esta guerra se prolongaría hasta el año 180, aunque Vero no vivió para ver el final de la misma. A comienzos de 169, Vero y Marco Aurelio regresaron a Roma. Vero cayó enfermo, mostrando síntomas de envenenamiento, posiblemente en la comida, muriendo a los días el 23 de enero del año 169. Aunque los eruditos creen que podría haber muerto víctima de la viruela, ya que falleció durante la epidemia general conocida como plaga antonina. A pesar de la existencia de pequeñas diferencias existentes con Marco Aurelio, éste lamentó profundamente la pérdida de su hermano adoptivo. Acompañó su cuerpo hasta Roma, donde ofreció juegos para honrar su memoria. Después de su funeral, el Senado romano declaró dios a Vero, con el consiguiente tratamiento Divus Verus.
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Ramón Martín









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