Septimo Severo (193-211)
Lucio Septimio Severo nació en Lepcis Magna, ciudad que formaba parte de la provincia romana de Libia, siendo un importante núcleo de la extinguida República de Cartago, el 11 de abril del año 146. Su padre Lucio Septimio Geta, era un bereber de clase noble, y su madre Fulvia Pia, era una ciudadana romana de ascendencia cartaginesa; por lo que Septimo será el primer emperador de origen africano. Desde joven puso interés en el estudio de los clásicos griegos y latinos, y por supuesto, por la historia de su pueblo; declarándose fiel admirador del legendario Aníbal Barca, aquel general cartaginés que supo poner en jaque a la ya poderosa Roma. Gracias a su madre, teniendo la condición de ciudadano romano, al cumplir los 17 años marchó a la metrópoli para continuar sus estudios, ingresar en el ejército y realizar el Cursus Honorum.
Pronto empezó a destacar, y su carrera político-militar fue bastante fructífera: con 26 años ejerció como Cuestor en Cerdeña, de allí fue enviado a África como Legado del Procónsul; el año 176 fue Pretor en la Tarraconense en Hispania; y tres años después, en el 179, estuvo en Siria al mando de las legiones; donde a consecuencia de las diferencias tenidas con el Gobernador de la Provincia, se retiró de la vida pública durante un tiempo. En el año 187 el emperador Cómodo le nombró gobernador de la Galia Lugdinense y en el 190, fue destinado como Legado Imperial en Panonia con mando sobre 20.000 hombres destinados a proteger la frontera de las incursiones bárbaras.
Septimio Severo contrajo un primer matrimonio, el año 176 con Paccia Marciana, mujer de origen púnico como él y de la que se carecen datos. El enlace duró diez años y fruto de dicho matrimonio nació una hija a la que llamaron Septimia. Un año después de la muerte de Paccia, en el 187, Septimo se unió a la adolescente Julia Domna, una joven siria que contaba con solo 17 años, mientras él tenía 40. Fruto de esta relación nacieron dos varones que llegaría a ocupar el trono de Roma: Caracalla y Geta y los dos murieron asesinados. Julia Domna sobrevivió a su marido y a sus hijos.
El año 193, tras el asesinato de Pertinax y la ignominiosa manera de acceder al trono de Didio Juliano, las legiones de Panonia aclamaron emperador a Septimio Severo; mientras, a su vez, los ejércitos de Britania y Siria hicieron lo mismo con sus respectivos gobernadores: Clodio Albino y Pescenio Niger. El mejor colocado en esta competición por el trono, gracias a la fuerza militar, era Septimo que inmediatamente, se puso en camino hacia Roma para destituir a Juliano y poner orden en la Guardia Pretoriana. Didio Juliano trató por todos los medios de evitar una confrontación en la que se sabía derrotado, llegando a ofrecer a Septimo compartir el trono; pero el poderío y la ambición de éste último, unido al apoyo de las legiones de la Galia y Britania comandadas por Albino, no dejaron margen para la duda. El 1 de junio del año 193 el Senado de Roma sancionaba Imperator a Lucio Septimio Severo, y al día siguiente, 2 de junio, la Curia, a petición del nuevo emperador, ordenaba la ejecución de Didio Juliano.
Una vez en el poder, Severo depuso a todos los miembros de la Guardia Pretoriana, sustituyéndolos por soldados de sus legiones. Hay que considerar que, si los primeros eran hombres viciados y corruptos, los segundos estaban acostumbrados a la brutalidad de la lucha y el pillaje. La decisión fue muy mal acogida por el Pueblo y el Senado que habían puesto grandes esperanzas en él, puesto que había cambiado un sistema opresivo por otro. Para ganarse el cariño de la plebe, organizó unas majestuosas exequias en homenaje a Pertinax y añadió el nombre al de su linaje en honor a éste, así, Septimio Severo pasó a llamarse Lucio Septimio Severo Pio Pertinax Augusto.
Septimio Severo era consciente de haber llegado al trono con facilidad, aunque la guerra por el poder acababa de empezar. Los otros dos sublevados que habían sido proclamados emperadores por sus ejércitos, Claudio Albino y Pescenio Niger, no habían dicho la última palabra; Albino le había prestado su apoyo, pero no de forma gratuita, esperaba algo a cambio; Niger, por su parte, se había hecho fuerte en las provincias orientales: además de las legiones de Siria, contaba con las de Egipto más tropas auxiliares nativas, total, unos 60.000 soldados. Severo garantizó el título de César (heredero) a Albino, al tiempo que prometía al Senado que su reinado se basaría en los principios de Marco Aurelio, con lo que, podía ir tranquilo al encuentro de Niger. El gobernador de Siria ya había ocupado Bizancio y marchaba, optimista, hacia Roma, a pesar de que, las legiones de Severo eran más numerosas y estaban mejor preparadas. Pescenio Niger fue derrotado en sendas batallas: la de Nicea y la de Issos, y Niger trató de refugiarse en Mesopotamia con sus aliados los partos, pero fue capturado y decapitado, enviándose la cabeza al Senado.
Resuelto el problema de Oriente, Severo tuvo que hacer frente a Clodio Albino que, desconfiando de las intenciones sucesorias del emperador, había conseguido reclutar un potente ejército de 70.000 hombres con la idea de arrebatarle el Imperio; en ese ejército contaba con las legiones de Hispania, Galia y Britania. Mientras Septimio Severo, disponía de un ejército similar, integrado por tropas de Panonia, Iliria, Moesia y Dacia. El encuentro entre ambas formaciones tuvo lugar cerca de la actual Lyon, “La Batalla de Lugdunum”, siendo la confrontación, entre romanos, más sangrienta de toda la historia del Imperio; tras varias escaramuzas igualadas, una mejor caballería de Severo, dio la victoria a las legiones de éste último, el 18 de febrero del 197. Se desconoce el número de bajas pero, es probable que superaran los 40.000 hombres, entre ellos el propio Albino quién, una vez aceptada la derrota, se suicidó. Como hizo con Niger, Severo ordenó que fuera decapitado y enviada la cabeza al Senado. No conforme con eso, Severo hizo ejecutar a la esposa de Albino, a sus hijos y a sus generales. En cuanto a la Curia hizo una limpieza con los senadores que habían apostado por Clodio Albino.
Con la muerte de Albino se dio por finalizada la guerra civil, cuatro años de conflicto que habían dejado el Imperio muy debilitado, algo conocido por los enemigos de Roma. En el Imperio Parto (actual Irán), Vologases V, protector y aliado de Pescenio Niger, hostigaba la zona oriental del Imperio; en Roma se rumoreaba de que se había apoderado de Mesopotamia. En el verano del año 197, sin tiempo para celebrar la victoria en la guerra civil, Septimio Severo marchó hacia Oriente para someter a Vologases. Los persas eran superiores en número, pero las legiones romanas estaban mejor preparadas y más disciplinadas; aunque el rey parto consiguió escapar, el éxito conseguido por Severo fue total, llegando a ampliar las fronteras casi a los límites de la época de Trajano. Concluida la guerra, Severo realizó un breve recorrido por diversas provincias de Oriente, llegando a Roma en Junio del 202; de esta forma, los nueve años que llevaba al frente del Imperio, los había pasado guerreando.
Ese mismo año, se celebró en un Triunfo en honor al emperador por la victoria sobre los partos y se comenzó la edificación en el Foro del famoso Arco de Septimio Severo.
Sin rivales internos y con las fronteras bien afianzadas, Septimio debía cumplir con la promesa hecha al Senado de dejar el poder político y administrativo del Imperio en sus manos, pero no fue así, actuando de forma absolutista y delegando la mayoría de las funciones en personas de su entorno. Podemos afirmar que, el único toque liberal lo daba su carismática esposa Julia Domna, mujer de gran cultura, amante de la literatura y la filosofía que entabló amistad con el prestigioso Claudio Galeno, el médico por antonomasia.
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| Julia Domna |
Septimio Severo, olvidándose del Senado y del pueblo, se centró en el ejército y las leyes, acompañado por la fuerte influencia de Cayo Fulvio Plauciano, favorito del emperador, Prefecto de Roma; y por el jurista Emilio Papiniano, también amigo suyo, y Prefecto del Pretorio, éste último, entre otras leyes, elaboró tratados inculcando obediencia a la administración y al poder imperial; leyes muy utilizadas por el emperador y que tenían cierto matiz de despotismo. No obstante, Papiniano ha sido uno de los jurisconsultos más importante de la Historia. En cuanto a materia militar, con la complicidad de Plauciano, dictaminó ordenanzas encaminadas a tener contentos a los soldados: les subió los salarios de forma significativa y permitió los matrimonios, aun estando en la milicia; ya que antes de esta ley, mientras se estaba en el ejército no se permitían los matrimonios. Fue el primer emperador en instaurar el servicio militar obligatorio para todos los ciudadanos romanos, excepto para los nacidos en Italia. En tema administrativo, subdividió algunas provincias para que sus gobernadores dispusieran de menos soldados, y por lo tanto, menos poder.
Del 202 al 208 Roma vivió una época pacífica sólo perturbada por algunos conflictos internos, por temas religiosos, en la región de Palestina; con la idea de evitar este tipo de revueltas, Severo prohibió la práctica de las dos religiones que allí convivían: el judaísmo y el cristianismo. En el 208, las continuas injerencias de los pictos (escoceses) en el Muro de Antonino, la frontera establecida por Antonino Pio, hicieron que tuviera que viajar a Britania para someterlos. El sistema de guerrillas empleado por los pictos, hizo que os romanos tuvieran que retroceder 160 km. hacia el Sur, hasta el Muro de Adriano; fue esta contienda, la última en la que participó Severo y la única derrota importante que sufrió durante su dilatada historia militar.
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| Arco se Septimo Severao |
El 4 de febrero del año 211 moría Septimio Severo, aquejado por la gota, en Eboracum (York) acompañado de sus hijos, a los que, previamente había asociado al Imperio: Lucio Septimio Basiano (Caracalla) y Publio Septimio Geta (Geta).
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Ramón Martín










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