Trajano (98-117)
Marco Ulpio Trajano nació en Itálica (Hispania), cerca de Sevilla el 18 de septiembre del 53, en el seno de una conocida familia de militares. Su padre era un respetable funcionario y general de Roma. Trajano, ya desde pequeño se educó dentro de ese ámbito castrense formando parte, desde joven, de los ejércitos dirigidos por su padre en Siria, entonces provincia romana de la que era gobernador. Consiguió suficientes méritos para ir ascendiendo en política, obteniendo el año 89 el cargo de pretor, marchando como legado a Hispania, donde se puso al frente de la VII Legión Gémina. Gracias al creciente prestigio obtenido, le condujo a la limes —grandes murallas fronterizas que levantó el Imperio Romano— germana, donde se acreditó como valiente general y conductor de hombres. En el 91, el emperador Domiciano le concedió el título de cónsul de la Germania Superior. Seis años más tarde, fue adoptado oficialmente por el emperador Nerva, asociándole al trono imperial con el consenso del Senado y el Ejército.
Trajano heredó un imperio muy extenso y ya bien consolidado. Había pasado más de un siglo desde las grandes reformas de la época de Augusto y las últimas conquistas llevadas a cabo por la dinastía Flavia. Nadie se atrevía a disputar la hegemonía del imperio en esta parte del mundo: ni los bárbaros que se encontraban al otro lado del limes, ni el gran imperio parto que se encontraba más allá de Siria. La cultura romana, su arquitectura, su literatura y su manera de entender el mundo impregnaba toda la cuenca del Mediterráneo. La economía, entretanto, prosperaba al calor de un comercio creciente entre las distintas partes del imperio, que se habían ido especializando en distintos productos.
Con Nerva había dado comienzo una nueva dinastía conocida como Antonina cuyos primeros cinco titulares serían conocidos, con el paso de los siglos, como los cinco emperadores buenos, Trajano sería el segundo. En esa época, el imperio tenía una extensión aproximada de cinco millones de kilómetros cuadrados, alojando, dentro de sus fronteras, casi 90 millones de personas. En enero del año 98, falleció su padre adoptivo, Nerva, lo que le alzó a lo más alto del Imperio. El nuevo emperador, fue acogido por el pueblo con gran entusiasmo, lo que justificó gobernando bien y sin el derramamiento de sangre que caracterizado al reinado de Domiciano. Liberó a muchas personas que habían sido encarceladas injustamente y devolvió buena parte de la propiedad privada confiscada por Domiciano; un proceso iniciado por Nerva antes de su muerte. Su popularidad fue tal que con el tiempo el Senado Romano le confirió el título honorífico de Optimus Princeps, gracias a las cualidades demostradas para asumir la púrpura augusta. Durante la ceremonia de ascenso al trono imperial, que tuvo lugar en el Senado, el senador Plinio le dedicó un famoso Panegírico, en el que pedía que se concediera al Senado una mayor implicación en la conducción de los asuntos de la administración pública del Estado; Trajano observó aquella regla y llamó a muchos senadores a gobernar las provincias. Conservó un fuerte control, ocupándose escrupulosamente de los asuntos de las diversas provincias y arrogándose, por ejemplo, los permisos para la construcción de edificios públicos. Esto le permitió desenmascarar y castigar a muchos senadores que se habían aprovechado de la política indulgente de Nerva. Trajano se valió de un órgano judicial creado por él para investigar estos delitos, el Consilium Principis, del cual formaron parte los mejores juristas de la época. Fueron numerosos los investigados por casos de mal gobierno de las provincias, aunque el Senado dictó generalmente sentencias favorables.
Desde antes de ser emperador, estaba casado con Pompeya Plotina, aunque no tuvieron hijos. Según Dión Casio, Trajano bebía mucho y tenía cierta debilidad por los muchachos. Esto influyó en su gobierno al menos en una ocasión, lo que le llevó a favorecer al rey de Edesa por el aprecio que tenía a su hermoso hijo. De cualquier modo, fue uno de los emperadores más serios y correctos, sabiendo gestionar bien los asuntos públicos. El poder no lo corrompió, ni usó jamás su poder para eludir la ley, reconociendo siempre la primacía de esta última sobre su cargo. Eliminó todos los rituales traídos de Oriente, como el abrazo de los pies o el besamanos. Supo hacerse querer por todos, especialmente del Senado y el ejército. Estaba convencido de que el progreso derivaría más de una ordenada administración que de imponentes reformas. Gratificó a sus tropas y garantizó la alimentación diaria a los niños necesitados; redujo la presión fiscal; concedió créditos a bajo interés a la clase agraria; y puso en marcha un gran aparato burocrático que mejoró el rendimiento económico de las provincias. No se olvidó de su tierra natal, a la que proporcionó de importantes infraestructuras. Creciendo durante su mandato, de forma ostensible, las inversiones en obras públicas, destacando el Foro de Trajano, la Basílica Ulpiana, el Puente de Alcántara, diversas bibliotecas, las Termas del Esquilino, la Vía Traiana, la restauración de la Vía Apia, la ampliación del Puerto de Ostia y el considerado como su monumento más representativo: la Columna Trajana, donde figuran sus victorias en la Dacia (actual Rumanía).
Aunque sería en el plano militar, donde Trajano brillaría con intensidad. La conquista de la Dacia en el año 106, no sólo supuso la incorporación de un rico territorio con enormes yacimientos de oro en Transilvania; sino que también fue motivo para la celebración de unos juegos que serían recordados como los más grandes de la historia romana. En ellos, unos 10.000 gladiadores y otras tantas fieras lucharon y murieron durante cuatro meses conmemorando la hazaña de su emperador. Trajano intentó emular a Alejandro Magno, emprendiendo, con éxito, la conquista y dominio de Oriente. De ese modo, Mesopotamia, Armenia, Asiria y el norte de África se integraron, por la fuerza de las armas, en el Imperio Romano. En recuerdo de aquella gesta, el César adoptó el sobrenombre de Pártico. La realización de estas campañas le sirvieron para remodelar la guardia pretoriana y mejorar la estructura del Ejército romano, creando nuevas legiones que aseguraron una eficaz defensa del Imperio.
Muchos hispanos sirvieron al emperador en los estamentos político, económico y militar y se les pudo ver en los múltiples conflictos guerreros como generales, oficiales o tropas de combate. En la Dacia, numerosas unidades hispanas lucharon haciéndose merecedoras de grandes elogios por su lealtad y esfuerzo. Hacia el año 107, la frontera del Danubio estaba defendida con 10 espléndidas y poderosas legiones, siendo buena parte de las tropas auxiliares que las apoyaban provenientes de Hispania.
El año 117, cuando Trajano regresaba de Oriente, se sintió enfermo. De nada le sirvieron su gran altura y corpulencia física, para detener un fatídico mal, que le fue paralizando progresivamente. El 8 de agosto de ese año, falleció en Cilicia (en la actual Turquía). Sus cenizas, trasladadas a Roma, fueron recibidas en medio de la consternación general, siendo depositadas en la base de la columna que lo inmortalizó. Su viuda, Plotina, lloró la irreparable pérdida, aunque no tuvo inconveniente en potenciar la candidatura de un presunto amante, Elio Publio Adriano, otro hispano que había nacido también en Itálica y era sobrino de Trajano, y que sería el segundo y más reconocido emperador hispano.
Para conocer muchos más aspectos de Roma, os invito a entrar en el Blog Gladiatrix en la arena, en el siguiente enlace: Gladiatrix en la arena
Los interesados en poder adquirir este tratado sobre el siglo XIX en España, podéis hacerlo en Amazon mediante los siguientes enlaces: Tapa blanda por 8,32€ y Versión Kindle (con posibilidad de hacerlo en otros formatos) por 3,00€
Ramón Martín











Comentarios
Publicar un comentario