Pertinax (192-193)
El emperador Pertinax, cuyo nombre completo era Publio Helvio Pertinax, nació el 1 de agosto del año 126 en Alba Pompeia, una ciudad del norte de Italia, en el seno de una familia de clase baja. Su padre, Elvio Successo, fue un liberto que logró amasar una considerable fortuna, lo que permitió a su hijo recibir una educación de calidad; el nombre de su madre se desconoce. En su juventud, Pertinax colaboró con su padre en el negocio de carbones, pero con el tiempo abandonó esta actividad para dedicarse a la enseñanza de la gramática, siguiendo el ejemplo de su mentor, Sulpicio Apolinario. En el 161, a la edad de treinta y cinco años, se cansó de los bajos salarios y abandonó la enseñanza para ingresar al ejército romano, dando comienzo su ascendente carrera. Gracias a su dedicación, fue promovido a varios cargos de responsabilidad en diversas provincias del Imperio, ganando notoriedad entre sus compañeros de armas y en el Senado. A pesar de no tener experiencia militar, el dinero familiar le permitió convertirse en el comandante de una pequeña legión de soldados galos en Siria. Su habilidad como líder no pasó desapercibida y, rápidamente, se convirtió en tribuno estacionado en York. Poco después, luchó junto con el futuro emperador Marco Aurelio en la frontera del Danubio. A pesar de algunos primeros roces, sus vínculos con Marco Aurelio le ayudaron a convertirse en senador, cónsul en el 175, gobernador de Dacia y después Siria en el 181, y prefecto de Roma en el 189. Su relación con el poder imperial comenzó a forjarse cuando fue llamado por Cómodo, al reconocer su destreza para el mando y la administración.
El asesinato de Cómodo provocó el pánico en la ciudad de Roma. Fue entonces cuando, Leto, el comandante de la Guardia Pretoriana —uno de los conspiradores de la muerte de Cómodo—, y Eclecto, chambelán de Cómodo, se dirigieron a Pertinax y le ofrecieron el trono. Necesitado de asegurarse el apoyo de los pretorianos, se dirigió al campamento de la Guardia Pretoriana, garantizando a cada soldado un bono de 12,000 sestercios. Desde allí, fue a reunirse con el Senado, donde se condenó a Cómodo y Pertinax fue proclamado emperador, pero esta aceptación pronto se convertiría en consternación y disgusto, pues los excesos de Cómodo habían llevado a la ruina al imperio.
Para reconstruir las finanzas del imperio, vendió todo lo que pudo. Aunque el pueblo estaba inicialmente complacido, la Guardia y los funcionarios del palacio no lo estaban. El reinado de Pertinax corría peligro. Estando en Ostia inspeccionando un cargamento de grano, estalló un complot dirigido por Quinto Sosio Falco, un miembro de la Guardia Pretoriana. Y aunque Falco fue perdonado, ya que era evidente que le habían tendido una trampa, varios involucrados fueron ejecutados. Cada día que pasaba, la Guardia Pretoriana estaba cada vez más disgustada con Pertinax; y el 28 de marzo del 193, trescientos guardias asaltaron las puertas del palacio encontrando poca resistencia. Aunque su chambelán Eclecto le pidió a Pertinax que se fuera, este prefirió quedarse y enfrentarse a la Guardia. Trató de razonar con ellos, pero sus palabras cayeron en oídos sordos; él y Eclecto fueron apuñalados hasta morir. El tiempo del emperador en el trono había sido un desastre, ya que había sido demasiado duro y autoritario. Su cabeza fue cortada, colocada en un poste y llevada a través de las calles de Roma. Sin un sucesor aparente, el trono volvió a quedar vacante. Pertinax sería el primero de lo que se conoció como el Año de los Cinco Emperadores. El imperio se vio envuelto en una guerra civil y pasarían cuatro años antes de que se aclarara.
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Ramón Martín







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