Ana Bolena, Segunda esposa de Enrique VIII



    Aunque su fecha de nacimiento se fijaba en 1507, las últimas investigaciones la sitúan en 1501. Fue la segunda esposa del rey Enrique VIII y la madre de la reina Isabel I, que sería una de las más importantes reinas de la historia británica. Ana Bolena participó activamente en la implantación de la reforma de la Iglesia. 

    Al no tener constancia de archivos parroquiales de aquella época, ha sido imposible establecer la fecha exacta de su nacimiento. Hoy en día, el debate se centra entre dos fechas: 1501 y 1507. Lo cierto es que, Ana era hija de Tomás Bolena, primer conde de Wiltshire y primer conde de Ormonde, y su esposa, lady Isabel Bolena (nacida Isabel Howard), hija de Thomas Howard, segundo duque de Norfolk. Aunque tampoco se sabe el lugar de su nacimiento, se supone que debió ser en la mansión de su familia, Blickling Hall en Norfolk y su residencia favorita, el Castillo de Hever en Kent

    En el momento de nacer, la familia Bolena era una de las más respetadas de la aristocracia inglesa,​ aunque su título era bastante reciente,​ Ana contaba entre sus bisabuelos con un alcalde (Lord Mayor) de Londres y un duque, entre sus parientes estaban los Howards, una de las familias más destacadas del país. El padre de Ana era un diplomático respetado; era ya favorito de Enrique VII, siendo enviado a diversas misiones diplomáticas, siendo muy respetado en Europa, debido a su profesionalidad. Una de ellas fue la archiduquesa Margarita de Austria, hija de Maximiliano I, que gobernaba los Países Bajos en nombre de su padre. Quedó tan impresionada por Tomás Bolena que ofreció a Ana, un lugar en su casa, donde vivió desde 1513 hasta 1514, en que su padre, la envió a París, para seguir su educación. 

    En Francia, fue dama de honor de Claudia de Francia, actuando de intérprete siempre que hubiera algún invitado inglés en la corte. Allí completó sus estudios de francés, al tiempo que adquiría un amplio conocimiento de la cultura francesa. Su educación europea terminó en el invierno de 1521, cuando regresó a Inglaterra. 

    Ana Bolena no era, lo que se consideraba hermosa, para su tiempo. Era delgada y muchos quedaron impresionados por sus ojos oscuros y su larga melena, también oscura, que llevaba suelta. Nunca se la describió como una gran belleza, pero todos estuvieron de acuerdo, con que tenía un gran encanto. Su cutis oscuro y el pelo negro le daban un aura exótica en una cultura que veía la palidez, como parte imprescindible de la belleza. Tenía unos ojos negros y hermosos, muy atractivos, que ella sabía utilizar con eficacia. Atraía a la gente por su carisma y su buen gusto por la moda, que inspiraba tendencias entre las damas de la corte. 

    Era una devota cristiana, en la nueva tradición humanista del Renacimiento. En su juventud era dulce y alegre, disfrutando con los juegos de azar y chismorreando. Y según sus enemigos, podía ser extravagante y rencorosa. 

    Cuando llegó a la corte, la primera esposa de Enrique, Catalina de Aragón era popular a pesar de que todos los hijos que tuvo el matrimonio, murieron jóvenes. El rey estaba preocupado por tener un Hijo que heredara su trono, conservando la monarquía y evitando la guerra civil. 

    Ana debutó en 1522, durante un baile de disfraces, cuando llevó a cabo una complicada danza acompañando a la hermana más joven del rey, a varias grandes damas de la corte y a su hermana María (por aquel entonces, amante del rey). Unas semanas después era conocida como la mujer de moda y más importante de la corte. En aquella época era cortejada por Henry Percy, hijo del conde de Northumberland, aunque, al parecer, nunca fueron amantes. El idilio se rompió en 1523, cuando el padre de lord Henry se negó al compromiso. En la corte reunió una camarilla de amigas y admiradores, siendo famosa su capacidad para mantener a los hombres a distancia. 

    La hermana de Ana, María, había sido amante del rey Enrique, durante el tiempo en que estuvo casada con William Carey, llegándose a rumorear que, uno o los dos hijos de María Bolena, fueron engendrados por Enrique. Ana se resistió a sus intentos de seducción, negándose a convertirse en su amante, diciéndole: “Prefiero perder la vida que la honestidad”.​Ante esta negativa, el rey, se sintió más atraído y la persiguió incesantemente. Al final él le propuso matrimonio y ella aceptó. Decidió no acostarse con él antes de casarse, ya que si tenían un hijo, este sería ilegítimo. Enrique, mandó a sus ministros solicitar una anulación, de su matrimonio con Catalina de Aragón, a la Santa Sede en 1527. Los parientes de Ana apoyaron su causa, mientras Enrique la pagaba todo: vestidos, pieles y joyas; le asignaron sus propios sirvientes, varias damas de honor y nuevas dependencias en palacio. 

    En 1529, parecía que el papa Clemente VII, no estaba dispuesto a conceder la anulación solicitada. Una parte del problema, consistía, en que Carlos I, sobrino de Catalina había hecho prisionero al Papa. Enrique, entendió que era poco probable que, Clemente, le concediera la anulación, desde ese momento quedó en entredicho la lealtad del cardenal Wolsey a los Bolena. Convencida de que era un traidor, Ana Bolena mantuvo la presión hasta conseguir que Wolsey fuera despedido. Tras su despido, Wolsey le pidió que le ayudara a volver al poder, pero ella se negó. Entonces él tramó un complot secreto contra Ana, iniciando contactos con la reina Catalina y el Papa. Descubierto el complot, Enrique ordenó su detención, librándose de ser ejecutado, por su repentina muerte en 1530. Un año más tarde Catalina fue desterrada y sus aposentos asignados a la Bolena, que se convirtió en la persona más poderosa de la corte. 

    Exasperada ante la negativa del Vaticano, la llevo a una nueva alternativa: sugirió a Enrique, seguir el consejo de radicales religiosos como William Tyndale, que negaba la Autoridad Papal y apostaba porque fuera el monarca, quien condujera la Iglesia. También apoyó al radical Thomas Cromwell, que se convirtió en el nuevo favorito del rey. Estableció una excelente relación con el embajador francés, Gilles de la Pommeraye, con quien preparó una conferencia internacional en Calais en 1532, donde Enrique esperaba ganar el apoyo de Francisco I de Francia, para su nuevo matrimonio. Antes de partir, Enrique le otorgó a Ana el marquesado de Pembroke, siendo la primera plebeya inglesa que se convertía en noble por derecho propio. 

    La conferencia de Calais fue un triunfo político, el gobierno francés dio su apoyo al nuevo matrimonio de Enrique. Tras regresar a Dover, Enrique y Ana celebraron una ceremonia matrimonial en secreto, quedando embarazada en unos meses. 

    Los acontecimientos comenzaron a moverse rápidamente. El 23 de mayo de 1533, Thomas Cranmer, arzobispo de Canterbury, en el juicio que se celebró en el Priorato de Dunstable, donde se decidía sobre la validez del matrimonio con Catalina de Aragón, declaró el matrimonio sin fuerza legal. Cinco días más tarde, Cranmer declaró que el matrimonio de Enrique y Ana auténtico y válido. Siete años después del comienzo de su relación con Enrique, Ana era por fin legalmente su esposa y reina de Inglaterra. Catalina fue despojada de su título a tiempo para la coronación de Ana, el 1 de junio de 1533. 

    Desafiando la autoridad Papal, Cranmer declaró que la Iglesia de Inglaterra, estaba bajo el control de Enrique, no de Roma. Esta fue la Ruptura con Roma, que señaló el final de Inglaterra como país católico. La reina Ana estaba encantada, ya que creía que el Papado era una influencia de corrupción en el cristianismo. Después de su coronación, se preparó para el nacimiento de su hija, aunque se sintió profundamente dolida, cuando Enrique se encaprichó de una dama de la corte, que provocó su primer enfrentamiento. El asunto no llegó a más, ya que Enrique quiso que nada pusiera en peligro el embarazo de su esposa. La hija de Enrique y Ana nació el 7 de septiembre, en el palacio de Placentia. Se la bautizó con el nombre de Isabel, en honor a la madre de Enrique, Isabel de York. Para que María, hija de Catalina, no amenazara la posición de IsabelEnrique la envió a Hatfield House. La princesa María se refería a Ana Bolena como la amante de mi padre, mientras ésta llamaba a María esa maldita bastarda. 

    La reputación de Ana, como reformista, se extendió por Europa, y fue aclamada por figuras protestantes; hasta Martín Lutero vio su subida al trono como un buen signo. Salvó la vida del reformista francés Nicolás Bourbon, que había sido condenado a muerte por la Inquisición francesa. Aunque defendiera la reforma religiosa, traduciendo la Biblia al inglés, no desafió la doctrina católica de la transubstanciación. 

    Como reina, presidió una corte magnífica, Ana gastó enormes sumas en vestidos, joyas, tocados, abanicos de pluma de avestruz, equipamiento de montura, y la tapicería y mobiliario más fino procedente de todo el mundo. Numerosos palacios fueron renovados para satisfacer sus gustos extravagantes. El deseo desesperado de Enrique, por tener un varón, hizo que Ana tuviera varios embarazos. Tras el nacimiento de Isabel en septiembre de 1533, tuvo un aborto en el verano de 1534, otro aborto de un feto varón, de unos cuatro meses y medio de gestación, en enero de 1536. Posiblemente tuvo otro embarazo fracasado en los primeros meses de 1535. 

    En enero de 1536, muere de cáncer, Catalina de Aragón. Al recibir la noticia, se dice que Enrique y Ana se engalanaron con ropas de color amarillo brillante. Demostraciones públicas de alegría. Circularon rumores de que Catalina había sido envenenada, tras descubrir durante su embalsamamiento que su corazón estaba ennegrecido. Oscuridad debida al cáncer de corazón. Ana intentó mejorar sus relaciones con María, pero fue rechazada de nuevo. El mismo día 29 de enero de 1536, día del entierro de Catalina, Ana sufrió un aborto. Fue el principio del fin del matrimonio real. Cuando Ana se repuso de su aborto, Enrique declaró que su matrimonio había sido maldecido por Dios. Juana Seymour fue trasladada a nuevas dependencias y el hermano de Ana no fue aceptado en la Orden de la Liga, que le fue otorgada al hermano de Juana. A lo largo de estos meses, Ana expresó su temor a un próximo divorcio. 

    En los últimos días de abril, un músico flamenco al servicio de Ana, Mark Smeaton, fue detenido y torturado por Thomas Cromwell. Al principio negó que él fuera el amante de la reina, pero, bajo tortura, confesó. También acusó a otro cortesano, Henry Norris, viejo amigo de Ana y del rey. Norris fue detenido, pero al ser un aristócrata no podía ser torturado. Francis Weston fue detenido dos días más tarde bajo el mismo cargo. También William Brereton, un mozo de la cámara privada del rey, que fue también arrestado por adulterio, acusado por Thomas Cromwell. El acusado final fue Jorge Bolena, hermano de Ana, acusado de traición y de mantener relaciones sexuales con su hermana durante los últimos doce meses. El 2 de mayo de 1536, Ana fue detenida y llevada a la Torre de Londres. Cuatro de los detenidos fueron procesados en Westminster el 12 de mayo de 1536. Weston, Brereton y Norris mantuvieron su inocencia y solo el torturado Smeaton apoyó a la Corona declarándose culpable. Tres días más tarde, Ana y Jorge fueron procesados por separado. Ella fue acusada de adulterio, incesto y alta traición, mientras varios panfletos circularon por Londres burlándose de los procesos y apoyando a la reina. 

    Jorge Bolena y los otros acusados fueron ejecutados el 17 de mayo. Ana parecía muy confiada, cuando lord Kingston le trajo la noticia de que el rey había conmutado su sentencia de cremación por la de decapitación, y había contratado a un esgrimidor de Calais para la ejecución con una espada de doble filo, en lugar de degollar a una reina con el hacha común. Vinieron a por ella, la mañana del 19 de mayo para llevarla a la Torre Verde, donde debía permitírsele la dignidad de una ejecución privada. Llevaba puesta una enagua roja bajo un vestido gris oscuro de damasco, adornado con pieles. Su pelo estaba recogido y llevaba un tocado Gable en lugar de su acostumbrado tocado francés. ​Tras un breve discurso, se arrodilló en posición vertical. Su oración final consistió en repetir: “a Jesucristo encomiendo mi alma; el Señor Jesús recibe mi alma”. Sus damas le quitaron el tocado y ataron una venda sobre sus ojos. La ejecución fue rápida, de un solo golpe. Según la leyenda, el esgrimidor, considerado con Ana, dijo: “¿Dónde está mi espada?” o “Mozo, trae mi espada” y luego la decapitó, para que ella pensara que tenía todavía unos momentos más para vivir y no supiera que la espada estaba en camino. 

    El reformista escocés Alesius acompañaba a Thomas Cranmer cuando caminaban por los jardines del Palacio de Lambeth. Escucharon el disparo de cañón de la Torre, señalando el final, el arzobispo miró hacia arriba y dijo: “Ha sido reina inglesa en la tierra y hoy será una reina del Cielo”. Entonces se sentó en un banco y lloró. El gobierno no proporcionó un ataúd apropiado para Ana. Su cuerpo y cabeza fueron depositados en un arca alargada y sepultados en una tumba sin marcar en la capilla de San Pedro ad Vincula. Su hija, la reina Isabel I a su llegada al trono, nunca se preocupó de rehabilitar su memoria y buscar un lugar más digno para descansar sus restos; su cuerpo fue identificado en unas reformas de la capilla bajo el reinado de la reina Victoria y de esta manera el lugar de descanso de los restos mortales de Ana está marcado ahora en el suelo de mármol. 



Fuentes: WikipediA, Buscobiografias y Personajes Históricos 
Imagen: Pinterest 

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