viernes, 24 de noviembre de 2017

LOS REINOS DE TAIFAS-Los Reyes de Taifas

Los Hammudíes: Ali y al-Qasim, hijos de Hammud, contaban entre los jefes beréberes llamados por Almanzor para apoyar su dictadura. Tras la muerte de Abd al-Rahman ibn Abi 'Amir, formaron parte del grupo que apoyaba la causa de Sulayman al-Mustasin. A la muerte de éste, se apoderó Ali b. Hammud del Califato, en julio del 1016 (Muharram 707. Ninguno se esforzó para emular a Almanzor, especialmente durante los primeros ocho meses de su reinado, de dos años escasos. Ali se mostró firme, justo, austero y audaz. Mantuvo a los beréberes de Zanata, y esto bastó para que los cordobeses le entregasen su apoyo. Los contingentes de Zanata eran causa de disturbios: traídos desde África por Almanzor, sólo reconocían su autoridad y la de sus hijos. Eran turbulentos, intrépidos y anárquicos. Sólo una mano firme podía sujetarles, Almanzor y su hijo Abd al-Malik al-Muzaffar supieron hacerlo, pero su segundo hijo Abd al-Rahman, no supo imponerles el debido respeto y le abandonaron a su suerte, acudiendo a la capital, en donde iniciaron un largo periodo de anarquía y desolación.
En un principio apoyaron la causa de Sulayman al-Mustasin, como los otros beréberes, para luego abandonarle por Ali ibn Hammud, formando parte de los mercenarios que le acompañaron cuando entró victorioso en Córdoba, el 1 de julio de 1016. Una vez elegido califa quiso imitar a su admirado Almanzor. Durante los primeros ocho meses se mostró firme, justo y correcto, Exigió obediencia a todos los beréberes, zanatíes y de otras tribus. Mientras los cordobeses le demostraban su adhesión, los beréberes se alejaron de él. Aquí no pudo seguir con su papel de Almanzor, le faltaba la valentía de aquél.
Cuando supo que los zanatíes le habían abandonado, se sintió perdido, para recobrar su ayuda les permitió toda clase de desmanes, les permitió despojar, a los notables cordobeses de sus vestidos y montura en plena calle. Esta debilidad decidió se suerte. Fue asesinado por sus propios esclavos. El resto de los pretendientes de esta casa no fueron mejores en este sentido.
Los Abbâdíes eran clientes de Almanzor y de origen árabe yemení como él. Se instalaron en al-Andalus, en la región de Sevilla. Ismail ibn 'Abbâd fue nombrado cadí de Sevilla por Almanzor, convirtiéndose, con su apoyo, en el hombre más rico del oeste de al-Andalus. Al comienzo de la revolución fue perseguido por Muhammad ibn 'Abd Yabbaar al-Mahdi. Cuando los Hammudíes se apoderaron del Califato, al ­Qâsim ibn Hammud se aseguró la adhesión de los Abbâdíes nombrando a Abu-l-Qasim Muhammad ibn Abbâd, hijo de Ismail, su representante en Sevilla. Le devolvió las propiedades de su padre. Así empezó a brillar la estrella de esta casa. Abu-al Qâsim ibn Abbâd siguió el modelo de Almanzor en todas las facetas negativas de su carácter, pero no fue capaz de emularle en lo grande o noble.
Los Banu Sumadih de Almería: El fundador de esta rama de la casa Tuyîbi, en Almería fue Muhammad ibn Ma'n ibn Sumadih. Su madre, Burayha, fue hija de Abd al-Rahman, hijo de Almanzor. Cuando los enemigos le expulsaron de Zaragoza, buscó refugio en Valencia poniéndose bajo la protección de Abd al-Aziz ibn Abd al-Rahman ibn Abi Amir, su tío materno. Los dos hijos de Muhammad ibn Ma'n se casaron con dos hijas de Abd al-Aziz y uno de ellos, Ma'n, fue nombrado por él, empezando así la influencia de esta casa sumadih en esta ciudad.
Los Banu al-Aftas de Badajoz: El fundador de este emirato fue un esclavo amirí llamado Sabur, seguidor de Fa'ik, el esclavón de al-Hakam II. Siempre, Almanzor se procuraba la adhesión de los jóvenes esclavos en contra de sus dueños, y de este modo Sabur llegó a ser `amirí, es decir, miembro del partido del gran dictador. Abd Allah ibn Maslama, fundador de la dinastía de los Aftasíes, era un teniente de Sabur. Descendía de la tribu de Miknasa, que llegaron a al-Andalus buscando fortuna y atraídos por la fama de Almanzor. Así se formó Abd Allah ibn Maslama en la escuela del maestro. Al estallar la revolución, Sabur se independizó en Badajoz y Abd Allah se unió a él con los guerreros miknasies a sus órdenes. Sirvió a Sabur y a su muerte le heredó y se instaló en Badajoz como reyezuelo, tomando el título de al-Muzaffar.
Los Banu Razîn de Santa María de Albarracín, llamada también la Sahla: El fundador de esta casa fue Abd al­Màlik ibn Hudayl ibn Razîn, de la tribu beréber de Hawwara, confirmado en el gobierno por Almanzor. A raíz de la revolución se separó de Córdoba igual que Ismail ibn Dzû-1-Nûn, Mundir Ibn Yahya, con el pretexto de su devoción a Hisham II en contra de Muhammad ibn Abd al-Yabbâr al-Mahdi. Es interesante observar cómo los `Amiríes y sus seguidores se apoyaron, en la aparente lealtad, al califa legítimo Hisham II, al igual que hizo Almanzor. Este rasgo fue una de las maniobras políticas que casi todos los amiríes heredaron de su maestro.

Los Banu Tahir de Murcia: Muhammad ibn Ahmad ibn Tahir, fundador de un emirato en Murcia, fue un antiguo miembro del grupo amirí. Cuando la revolución, Zuhayr el esclavón amirí, se adueñó de Almería y Murcia. En Murcia, el personaje más importante era Abú Amir ibn Jattàb, de la familia de los Banu Jattaá, antiguos protegidos de Almanzor. Zuhayr, temiendo el prestigio político de Abú Amir en Murcia, le obligó a trasladarse a Almería y nombró a Muhammad ibn Tahir gobernador. A la muerte de Zuhayr, Ibn Tahir siguió como jefe de Murcia, apoyado por `Abd al-`Azis, hijo de `Abd al-Rahman ibn Abi Amir, dueño de Valencia. Muerto Muhammad, le sucedió su hijo Abú Tahir Abd al-Rahman ibn Muhammad, el más conocido de su dinastía. Es el famoso autor de la carta que contiene la historia del Cid, una carta que se ha convertido en un verdadero documento histórico de inestimable valor.
Ibn Rasiq Ahmad, señor de Mallorca, fue un antiguo seguidor y partidario de Almanzor, nombrado gobernador y lugarteniente de aquella bellísima isla, por Muyahid, el famoso jefe de los esclavos Amiríes.
Los Banu Dzû-l-Nùn, de Toledo: Fueron quizás, los que más sufrieron el ejemplo amirí. El carácter del fundador de la dinastía, un beréber andalusí de la tribu de Hawwara, refleja más que ningún otro, las facetas negativas de la figura de Almanzor. Fue gobernador de Uclés durante el mandato de aquél y se esforzó en demostrarle su adhesión. Al morir el segundo hijo de Almanzor, en 1009 y al comienzo de la conflagración de la guerra civil, Ismail ibn Dzû-1-Nûn se pronunció a favor de Sulayman al-Mustasin obteniendo la confirmación de su dominio en Uclés. Su vecino por el Este era Wâdih, eslavo amirí que dominaba en Almería y Murcia, extendiéndose también su autoridad hasta Cuenca. Ismail se ganó su amistad y consiguió el gobierno de esta última ciudad. Al morir Wâdih, su mujer buscó refugio en Cuenca pidiendo protección. Su interés creció cuando supo que la viuda, tenía una respetable cantidad de riquezas que él no tuvo escrúpulos en confiscar. Los Toledanos, incapaces de ponerse de acuerdo a la hora de elegir un gobernador y necesitados de alguna fuerza militar para protegerse, decidieron llamar a Ismail, hijo de al-Midrâs ibn Dzû-1-Nûn. Ante la invitación, el ambicioso cabecilla llegó a ser el reyezuelo más importante de al-Andalus, además, fue el primero en declararse independiente.
Ninguno de aquellos usurpadores se mostró tan fascinado y ebrio de poder como este ávido rapaz. Se extrañaba cuando oía decir a alguien que pronto se podría reunificar al-Andalus bajo el mandato de un marwâní. Decía entonces: “Juro por Allah que si Abú Bakr al-Siddîq me pide obediencia iré contra él. ¿Cómo voy a ceder mi poder a un pretendiente de los Banu Umayya a quienes Allah no nos obliga a obedecer? Estos descendientes de Marwan son de linaje ilegítimo; sus abuelos ni siquiera estuvieron entre los compañeros de Muhammad ni les permitían los piadosos antepasados el derecho al voto en las elecciones para el emirato”. Lo mismo decía de todos los Hâshimîes y Qurashíes.
La actitud de este hombre es un ejemplo claro de que estos cabecillas no temían que sus tierras pudiesen caer en manos cristianas. Pensaban que se habían liberado de ellos y solo tenían que gozar del poder y de la vida. Además, Ismail ibn Dzû-1-Nùn, se vio engañado por la paz y la tranquilidad que reinaba en las fronteras con León y Castilla, ocupadas en una guerra entre los hijos de Sancho III. Pero, cuando Fernando I logró unificar el reino en 1037, todo cambió. El monarca cristiano continuó el avance hacia el sur y, consiguió llegar hasta las tierras del reino de los Aftasíes, apoderándose de Coimbra. Ismail ibn Dzû-l-Nùn murió en 1043 y el trono de Toledo fue a parar a su hijo Yahya, llamado al-Ma’mun y luego a su biznieto Yahya, llamado al­Qâdir.

Estos fueron los más importantes reyezuelos. De los ejemplos citados se desprende cómo Almanzor se esforzó en preparar el terreno a fin de que su familia ocupara el puesto de los Marwaníes. Para ello formó un ejército amirí y un partido devoto a él y a su casa. Al morir en 1003, dejó a su hijo al-Muzaffar en su puesto, pensando que a la muerte de Hisham II el califato pasaría a su familia. Pero no fue así, su hijo al-Muzaffar murió muy joven, tras siete años de reinado. Su segundo hijo era un monstruo sin corazón ni piedad, que sufrió el peor de los destinos, traicionado y abandonado por sus propias tropas amiríes. Huyó de la manera más cobarde que imaginarse pueda y fue degollado por sus enemigos unos días más tarde. El ejército mercenario formado por Almanzor volvió a convertirse en la plaga de al-Andalus, y el partido que había formado demostró estar compuesto por hombres ingratos y rapaces sin piedad que se repartieron el país olvidándose de todo: patria, honor y dignidad.

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