Justiniano nació en Tauresio (Macedonia), el 11 de mayo del año 483, en el seno de una familia de origen humilde y de lengua latina. Pudo ser de origen tracio o ilírico. El nombre Justiniano lo tomó al ser adoptado por su tío
Justino, hermano de su madre Vigilantia. Justino, antes de ser nombrado emperador en el año 518, adoptó a Justiniano y lo llevó con él a Constantinopla, asegurándose de que recibiese una buena educación. Allí Justiniano se centró en la jurisprudencia, la teología y la historia; sirvió durante algún tiempo con los Excubitores (guardia imperial). Según el cronista Juan Malalas, Justiniano era de baja estatura, aunque atractivo, de pelo rizado y cara redondeada.

Progresó en su carrera militar con rapidez. En el año 518, el emperador
Anastasio I falleció y Justino fue proclamado nuevo emperador, contando don la ayuda de Justiniano, que durante el reinado de Justino, fue su confidente más cercano, ejerciendo como virtual regente mucho antes de que fuera nombrado
coemperador el 1 de abril del 527. Cuando Justino comenzó a mostrar síntomas de senilidad, Justiniano se convirtió en el gobernante
de facto, siendo nombrado cónsul en 521, y más tarde comandante en jefe del ejército de oriente. A la muerte de Justino I, el 1 de agosto del año 527, se convertiría en el único soberano del imperio.
Demostró ser un gobernante con gran energía, siendo conocido como «el emperador que nunca duerme». Su familia, como hemos dicho anteriormente, procedía de un entorno provincial no muy elevado, por lo que no basaba su poder en la aristocracia tradicional de Constantinopla. En su lugar se rodeó de personas de talento, a los que elegía por méritos propios.
Alrededor del año 525 contrajo matrimonio con su amante, la que, a partir de entonces sería la emperatriz Teodora, una cortesana veinte años más joven que él. Justiniano no habría podido casarse con ella debido a la diferencia de clases, pero su tío Justino I promulgó una ley por la que se permitía el matrimonio entre distintas clases sociales. La emperatriz llegaría a ser una figura muy influyente en la política imperial. Emperadores posteriores seguirían el precedente, casándose con mujeres no pertenecientes a la aristocracia. El matrimonio causó un gran escándalo, aunque Teodora demostró ser muy inteligente, prudente y buena a la hora de juzgar a las personas, convirtiéndose en el principal apoyo de su marido.
Desde su coronación como emperador, Justiniano se alejó de los elementos tradicionalistas de Constantinopla, adoptando un estilo autocrático de gobierno. Para cimentar su poder, hizo eliminar las antiguas ceremonias romanas. La institución del consulado —el mismo la había disfrutado unos años antes—, fue abolida en el 541. Su gobierno no estuvo exento de oposición. En sus comienzos, estuvo a punto de perder el trono por culpa de los Disturbios de Niká. Las políticas de Justiniano, y en especial su manera de utilizar consejeros eficientes aunque impopulares, por poco le cuestan el trono a comienzos de su reinado. En enero del 532, las facciones de las carreras de carros en Constantinopla, que normalmente se encontraban divididas y enfrentadas entre ellas, se unieron en una revuelta contra él, lo que recibió el nombre de los Disturbios de Niká, por el grito de guerra que utilizaban los rebeldes (niká, que significa victoria). Obligaron a Justiniano a despedir a Triboniano y a otros dos de sus ministros, y luego intentaron derrocar al propio Justiniano para reemplazarlo por el senador Hipacio, sobrino del anterior emperador Anastasio I. El emperador, mientras que las multitudes provocaban revueltas en las calles, llegó a valorar la posibilidad de escapar de la ciudad, pero permaneció en ella alentado por las palabras de su esposa Teodora que, prefería la muerte a perder la dignidad imperial. A lo largo de los dos días siguientes, Justiniano ordenó una brutal supresión, a cargo de sus generales Belisario y Mundus. Ante la insistencia de Teodora, los sobrinos de Anastasio también fueron ejecutados. La destrucción que tuvo lugar en Constantinopla, durante las revueltas, fue muy elevada; pero permitió a Justiniano crear un conjunto de espléndidos nuevos edificios, y en especial la admirada iglesia de Santa Sofía.

Uno de los mayores logros de Justiniano fue la recuperación de territorios del Mediterráneo occidental, que habían ido desapareciendo del control imperial a lo largo del siglo V. Como emperador cristiano romano, consideraba que era su deber restaurar el Imperio romano a sus antiguas fronteras. Aunque no participó, en persona, en las campañas militares, presumió de sus victorias, aunque dichas reconquistas las llevó a cabo su general Belisario.
Justiniano heredó de su tío unas hostilidades entre el Imperio bizantino y el Imperio sasánida. En el año 530, el imperio bizantino logró derrotar a un ejército persa en la Batalla de Dara, aunque al año siguiente, el ejército romano, comandado por Belisario fueron derrotado en la Batalla de Calinico. Muerto el rey Kavad I, en septiembre del 531, Justiniano concluyó, con su sucesor Cosroes, en el año 532, un tratado de paz conocido como la Paz Eterna,que sería roto por el persa en la primavera del año 540. Con este tratado se aseguraba la frontera oriental, lo que permitía a Justiniano dirigir su atención hacia el oeste, en donde los pueblos germánicos se habían asentado.
En mayo del 530, el Monarca probizantino Hilderico fue depuesto. Las protestas de Justiniano para que Hilderico pudiera regresar a Constantinopla no fueron escuchadas, por lo que preparó una campaña que encargó al general Belisario. El miedo a que se produjeran revueltas internas, condujo al abandono de las fortificaciones urbanas. La poderosa flota oriental, abandonó Constantinopla a mediados de junio del 533 y, pasando por Sicilia alcanzó las costas africanas en tres meses, desembarcando en la actual Túnez, Poca resistencia encontraron los hombres de Belisario, venciendo a los vándalos por sorpresa, en la Batalla de Ad Decimum, el 14 de septiembre del 533, y tras volver a derrotarlos, en diciembre, en la Batalla de Tricamerón, tras la cual tomó la ciudad de Cartago. Gelimer, había ejecutado a Hilderico, huyendo hacia el monte Pappua, en Numidia; aunque, finalmente optó por entregarse en marzo del 534. Belisario lo condujo hasta Constantinopla, donde el general fue recibido con grandes honores. La provincia fue anexionada al Imperio, junto a Cerdeña, Córcega, las islas Baleares, y Ceuta.
En abril del año 534, se creó una prefectura africana, centrada en Cartago, aunque estaría cerca del colapso durante 15 años, viéndose envuelta en guerras contra los bereberes y motines militares. El área no sería pacificada hasta el año 548.
Al igual que había ocurrido en África, los problemas dinásticos en el reino ostrogodo de Italia dieron una oportunidad para la intervención militar por parte del imperio bizantino.
El año 535, Justiniano daría dos golpes de mano para tomar Sicilia, al mando de Belisario. Teodato envió una embajada al papa, aunque, al mismo tiempo se envió una embajada Imperial al monarca ostrogodo para establecer un acuerdo secreto de cesión de Italia al imperio. Diversos contratiempos surgidos, indujeron a Teodato a romper el compromiso y enfrentarse a los ejércitos de Justiniano, que puso al frente a Constantiniano, que recuperó la ofensiva en Dalmacia, reocupó Salona y expulsó a los ostrogodos.
Ese mismo año, Belisario, invadió Sicilia y avanzó por Italia, saqueando Nápoles y capturando la ciudad de Roma el 9 de diciembre del 536. Para entonces, Teodato había sido depuesto por su ejército, que eligió al rey Vitiges, comandante de su guardia personal, que reunió un gran ejército y asedió Roma entre febrero del 537 y marzo del 538, pero fue incapaz de tomar la ciudad. Justiniano envió a otro general a Italia, Narsés, pero las tensiones entre Narsés y Belisario dañaron el progreso de la campaña. Milán fue tomada, pero pronto fue recapturada y arrasada por los ostrogodos. Justiniano hizo volver a Narsés en el 539, y para entonces la situación militar se había vuelto de nuevo en favor de los bizantinos, y en el 540 Belisario alcanzó Rávena. Allí los ostrogodos quisieron proclamarle emperador romano de occidente, al tiempo que llegaban los enviados de Justiniano encargados de negociar una paz que situaría la región al norte del río Po en control de los godos. Belisario fingió aceptar la oferta y entró en la ciudad en mayo del 540, para reclamarla para el imperio. Fue llamado de vuelta a Constantinopla, en donde acudió con Vitiges y su mujer Matasunta como cautivos.
Tras una revuelta contra el imperio en Armenia a finales de los años 530, el rey Cosroes I rompió la "Paz Eterna" en la primavera del 540, invadiendo territorio romano; saqueó Aleppo y Antioquía, asedió Daras, y después se dirigió a atacar el estratégico reino de Lázica, cerca del mar Negro, obteniendo tributos de todas estas ciudades. Al año siguiente llegó Belisario, pero, tras obtener algunos éxitos, fue, de nuevo, llamado a Constantinopla en el 542. En el año 543, Costroes derrotó a un ejército bizantino, aunque no tuvo éxito en el asedio de Edessa. Al no obtener avances ninguno de los contendientes, en el 545 se acordó una tregua. La guerra en Lázica continuó en el norte durante varios años, hasta que se acordó una segunda tregua en el 557, y un acuerdo de paz en el 562. Los persas accedieron a abandonar Lázica a cambio de que el Imperio bizantino abonara un tributo anual.

Mientras tanto, la situación en Italia empeoró. Los ostrogodos, dirigidos por Hildibaldo, Erarico y Totila, consiguieron rápidos avances. En el 542, tras su victoria en la Batalla de Faventia, reconquistaron las principales ciudades del sur de Italia, controlando la mayor parte de la península. A finales del año 544, Belisario fue enviado de vuelta a Italia, pero carecía de las tropas necesarias que le permitieran dar la vuelta a la situación. Al no lograr avances, fue retirado del mando en el 548. Mientras tanto, la ciudad de Roma cambió de manos en tres ocasiones: primero fue tomada por los godos en diciembre del 546, reconquistada por los bizantinos en el 547, y tomada, de nuevo, por los godos en enero del 550. Finalmente, Justiniano envió un poderoso ejército bajo el mando de Narsés, llegando a Rávena en junio del 552 y derrotando a los ostrogodos en la Batalla de Mons Lactarius, en octubre de ese año. Acababa así la resistencia goda. En el año 554 fue derrotada una importante invasión de los francos en la Batalla de Casilino, que aseguró el control de Italia.
Por la
Pragmática Sanción del año 554, Italia era reintegrada al Imperio romano, otorgando a los obispos el control de diversos aspectos de la vida civil y la administración de las ciudades, al tiempo que quedaban exentos de autoridad los funcionarios imperiales. Adicionalmente a las otras conquistas, el imperio estableció su presencia en una parte de la Hispania visigoda. Cuando el usurpador
Atanagildo solicitó ayuda en su guerra civil contra el rey
Agila I, Justiniano envió una fuerza de 2000 hombres, comandadas por el
prefecto del pretorio Liberio, que tomó Cartagena y otras ciudades de la costa sudeste, fundando la nueva provincia de Spania que finalmente acordarían con
Leovigildo. Pero la compensación territorial nunca se convirtió en una plataforma para la conquista de la antigua Hispania, de hecho, las zonas concedidas en el 552 comenzaron a menguar en las décadas siguientes, especialmente durante el reino de Leovigildo, hasta su desaparición en el 624, en que los bizantinos fueron definitivamente expulsados por el rey
Suintila. No obstante, la conquista de Spania supuso el apogeo de la expansión del imperio bizantino en el Mediterráneo.
Los hechos que tuvieron lugar a finales del reinado de Justiniano, pusieron de relieve que Constantinopla no estaba a salvo de las incursiones bárbaras procedentes del norte, y el propio emperador se ve incapaz de proteger su capital. Dispuesto a renovar el Imperio, estiró peligrosamente sus recursos sin tener en cuenta las realidades de la Europa del siglo VI. Asó, los kotriguros cruzaron el Danubio helado en invierno, llegando sin oposición hasta Tracia la cual saquearon. El caudillo Zabergán se presentó en Constantinopla con sus fuerzas y Belisario tuvo que salir de su retiro para liderar una contraofensiva que conjuró la amenaza.
Justiniano obtuvo fama por sus reformas legislativas, y en especial, a raíz de la revisión y compilación de todo el Derecho romano; Justiniano prestó especial atención a la legislación, pasando a posteridad por ser el inspirador del Corpus iuris civilis. Su intención era recopilar una serie de leyes de la jurisdicción romana y armonizarla con la cristiana a fin de crear un Imperio homogéneo. Su idea del poder imperial era que emperador era el representante de Dios sobre la Tierra. La compilación del derecho romano, realizada al inicio de su reinado (años 528 a 534) en lengua mayoritariamente latina, concluye la evolución jurídica del derecho de Roma. Sobre ella se efectuarán los estudios romanísticos, a partir del siglo XI, y se fundará la recepción del derecho romano en los países greco-latinos y en Alemania. La totalidad de esa obra legislativa de Justiniano se conoce como el Corpus iuris civilis. compuesto por el Codex Iustinianus, el Digesto o Pandectas, las Institutas y las Novellae.
Por la constitución Haec Quae Necessario, del 13 de febrero del 528, Justiniano crea una comisión encargada de realizar un código, utilizando los: Gregoriano, Hermogeniano y Teodosiano, así como las constituciones posteriores. Tenían la facultad de reunir varias en una, o dividiéndolas conforme a materias, según hubieran sido derogadas o no respondieran a las necesidades. La tarea fue breve y se publicó el Código (Codex Verus) el 9 de abril del año 529, siendo vigente siete días después; está dividido en 12 libros, divididos, a su vez, Algunas constituciones están redactadas en griego, siendo la más antigua la del emperador
Adriano. El primer libro trata de derecho eclesiástico y público en general; del segundo al octavo de derecho privado; el noveno de derecho penal y el procedimiento correspondiente; los últimos de derecho administrativo. Al sancionarse dicho código, se prohibió recurrir a códigos anteriores.
Publicado el primer código, Justiniano ordenó el Digesto, y el 15 de diciembre del 530, se autoriza al cuestor Triboniano para organizar una comisión encargada de dicha tarea. La obra fue concluida el 30 de diciembre del 533. Para ello debían redactar un cuerpo legal que contuviera la obra de los jurisprudentes. De esta forma, surgiría el Digesto, palabra latina que significa “quede lo que se haya ubicado metódicamente”, o Pandectas, de etimología griega, que significa “lo que comprende todo”. La obra se compone de 50 libros; cada libro está dividido en títulos (salvo los números 30, 31 y 32), subdivididos en fragmentos y a su vez en parágrafos. Dos tercios de los fragmentos contenidos en el Digesto pertenecen a los juristas de la ley de citas: Gayo, Ulpiano, Paulo, Papiniano y Modestino; de otros siete juristas emanan una cuarta parte de los Iura: Cervidio Seavola, Juliano, Marciano, Pomponio, Jaboleno, Africano y Marcelo; el resto de la obra se reparte en opiniones de otros 27 juristas. Al concluirse el Digesto, la comisión lo publicó el 21 de noviembre del 533 mediante la constitución Imperatoriam Maiestatem. Por la constitución se estableció la vigencia de las Institutas a partir del 30 de diciembre del 533.
Institutas es un tratado elemental de derecho destinado a la enseñanza dirigida a la juventud ávida de estudiar leyes. La obra debía allanar las dificultades que por el volumen y la complejidad del Digesto impedían el estudio de las instituciones jurídicas, directamente de las Pandectas, reemplazando obras utilizadas por entonces, especialmente las Institutas de Gayo. Las Institutas se basaron en obras elementales de la jurídica clásica y postclásica, como las de Gayo, Marciano, Ulpiano y Florentino. Su contenido era obligatorio para los ciudadanos romanos y fuente real de derecho. Están divididas en cuatro libros, abordando los temas esenciales del arte jurídico: las personas, las cosas y las acciones.
Novellae Constitutiones en la Edad Media se comenzó a incluir, un cuerpo legislativo que comprendía una serie de constituciones dictadas con posterioridad a los códigos (Vetus y Novis), las Quinquaginta decisiones, el Digesto y las Institutas. Comprende la obra legislativa de Justiniano a partir del 534 hasta su muerte en el año 565, la mayoría en griego y algunas en latín. Abarcaban diferentes materias, siendo escasas las de derecho privado, siendo publicadas con carácter privado por algunos autores con el nombre de Novelles o Novellae leges (Nuevas leyes). En vida de Justiniano, no hubo recopilación oficial, limitándose al Cuestor de palacio a registrarlas para ser publicadas periódicamente:
Alrededor del año 535 aparece una colección: Epitome Juliani, atribuida a Juliano, profesor de derecho de Constantinopla. En esta colección se hallan 124 constituciones en latín, reduciéndose a 122 por repetición de dos de ellas. Incluye las constituciones dictadas entre los años 535 y 555.
En el año 556 se conoce una segunda colección, de autor desconocido, compuesta por 134 constituciones en latín, conocida como las Auténticas.
La Colección griega contiene Novelas tanto griegas como latinas. Habría sido realizada en el 578 y la integran 158 novelas de Justiniano y otros emperadores posteriores, como Justino II y Tiberio II. Aparece un grupo de 13 Novelas de Justiniano incorporadas como apéndice, que son conocidas como Edicta Justiniani.
Otra obra fue conocida por la llegada de juristas bizantinos y manuscritos griegos, una vez caído el Imperio Oriental. Con 168 constituciones tenía su origen en Constantinopla.
Juan Antioqueno, Patriarca de Constantinopla realizó una colección de cánones extraídos de las Sagradas Escrituras. Después de morir Justiniano y antes del año 578 correlacionó su obra con las disposiciones de las Novellae Constitutiones de Justiniano I.

La política religiosa de Justiniano reflejó su convicción de que la unidad del Imperio presuponía la unidad de fe; lo que significaba que esta fe sólo podía ser la ortodoxa. Justiniano veía a la religión ortodoxa amenazada por diversas corrientes religiosas, especialmente por el
monofisismo, que contaba con muchos adeptos en Siria y Egipto. Aunque dicha doctrina, había sido condenada como herejía por el
Concilio de Calcedonia del 451, y las políticas tolerantes contra esta corriente del emperador
Zenón y
Anastasio I habían sido una fuente de tensión con los obispos de Roma. Justino confirmó la doctrina de Calcedonia, condenando a los monofisitas. Justiniano continuó esta política, e intentó imponer la unidad religiosa a sus súbditos mediante compromisos doctrinales que pudieran ser válidos para todos, política que se demostró inútil al no satisfacer a ninguna de las partes implicadas. Hacia finales de su vida, se inclinó aún más hacia la doctrina monofisita, pero murió antes de promulgar ningún tipo de legislación que pudiera elevar sus enseñanzas al estatus de dogma. La emperatriz Teodora simpatizó desde el principio con los monofisitas. En el curso de su reinado, Justiniano, que tenía un genuino interés en temas teológicos, llegó a escribir diversos tratados de la materia.
Al igual que en lo relacionado con la administración secular, el despotismo imperial pasó también a la política eclesiástica de Justiniano, que reguló absolutamente todo lo relacionado con la religión imperial. En los primeros años de su reinado, promulgó por ley la creencia de la Iglesia en la Trinidad y en la Encarnación, amenazando a los herejes con las correspondientes penas. Hizo del Credo Niceno el único símbolo de la Iglesia, y dotó de fuerza de ley a los cánones de los cuatro concilios ecuménicos. Los obispos que atendieron al Segundo Concilio de Constantinopla del año 553 reconocieron que nada podía hacerse en la Iglesia que pudiera ser contrario al deseo o a las órdenes del emperador; mientras éste, por su parte, en el caso del Patriarca Antimo I de Constantinopla, reforzó esta prohibición con una proscripción temporal. Justiniano protegía la pureza de la Iglesia eliminando la herejía, y no dejó pasar ninguna oportunidad para asegurar los derechos de la Iglesia y del clero, y proteger el monasticismo. Garantizó a los monjes el derecho a heredar la propiedad de ciudadanos privados y el derecho a recibir regalos anuales del tesoro imperial o incluso de los impuestos de determinadas provincias, prohibiendo por ley la confiscación de los bienes monásticos. A pesar del carácter despótico de sus medidas, fue un importante protector de la Iglesia. Reconstruyó la Iglesia de Santa Sofía, convirtiéndola en el centro y en el monumento más visible de la Iglesia ortodoxa de Constantinopla.
Justiniano entró en política eclesiástica poco después de la ascensión de su tío al poder en el 518, poniendo fin al cisma monofisita que había prevalecido entre Roma y Constantinopla desde el año 483. El reconocimiento de la Santa Sede como la más alta autoridad eclesiástica se mantuvo como la piedra principal de su política occidental, si bien se vio lo suficientemente libre como para adoptar posturas despóticas en relación a algunos papas como Silverio o Vigilio. Aunque no se lograría nunca un compromiso dogmático, sus esfuerzos en la búsqueda de la reconciliación le ganaron la aprobación del principal cuerpo de la Iglesia.
Justiniano centró su apoyo en el edicto religioso de 15 de marzo del año 533, felicitándose por obtener del papa Juan II una admisión de la ortodoxia de la confesión imperial. En un principio había cometido el error de permitir una persecución de obispos y monjes monofisitas; lo que fue, eventualmente, remediado. Su principal objetivo fue ganar el apoyo de los monofisitas, sin llegar a aceptar la fe calcedonia. Sin embargo, se vio limitado por las complicaciones que ello habría supuesto en occidente. Con la condena de los Tres Capítulos intentó satisfacer tanto a oriente como a occidente, pero no logró satisfacer a ninguno. Aunque el Papa accedió a la condena, muchos delegados surgieron en Oriente apoyando a Justiniano, aunque otros, especialmente los monofisitas, permanecieron insatisfechos.
La política religiosa de Justiniano reflejaba su convicción de que la unidad del Imperio presuponía la unidad de fe, y que esta fe tan sólo podía ser la fe descrita en el credo niceno. Aquellos que profesasen una fe distinta, sufrirían el proceso iniciado en la legislación imperial que comenzó durante el reinado de
Constancio II. Quizá el evento a destacar, tuvo lugar el año 529 cuando la
Academia de Atenas, fundada por Platón, y que funcionaba desde 362 a.C., pasó, por orden de Justiniano, a estar bajo control estatal, consiguiendo así la extinción de esta escuela de pensamiento helenista. El culto de Amón en Áugila en el desierto libio, fue prohibido, de igual modo que los restos del culto a Isis en la isla de File; el presbítero Julián y el obispo Longino dirigieron una misión a la tierra de los nabateos, y Justiniano trató de reforzar el cristianismo en Yemen, enviando allí a un obispo de Egipto. También los judíos sufrieron estas medidas, viendo restringidos sus derechos civiles, y amenazados sus privilegios religiosos. Justiniano interfirió en los asuntos internos de la sinagoga e intentó que los judíos utilizaran la biblia Septuaginta, en griego en lugar de hebreo, en las sinagogas de Constantinopla. A los que se opusiesen a estas medidas se les amenazaba con castigos corporales, el exilio y la pérdida de sus propiedades. Los judíos de Borium, que opusieron resistencia a Belisario durante su campaña contra los vándalos, tuvieron que convertirse al cristianismo y su sinagoga fue transformada en una iglesia.
Justiniano encontró una mayor resistencia entre los samaritanos, que resultaron más refractarios a la imposición del cristianismo y se rebelaron repetidas veces, por lo que les hizo frente con edictos rigurosos, pero no pudo evitar que, a finales de su reinado, se produjesen hostilidades contra los cristianos en Samaría. La política de Justiniano también suponía la persecución de los maniqueos, que sufrieron el exilio y la amenaza de pena de muerte. En Constantinopla, cierto número de maniqueos fueron juzgados y ejecutados en presencia del propio emperador.
No cabe duda de que Justiniano fue un prolífico constructor. Bajo su gobierno se terminó la construcción de la Iglesia de San Vital de Rávena en Rávena,aunque, sin duda, su obra más famosa, sería la reconstrucción de la basílica de Santa Sofía, que había sido destruida en los incendios de los disturbios de Niká. Su reconstrucción fue realizada bajo la supervisión de los arquitectos Isidoro de Mileto y Antemio de Tralles y en ella trabajaron más de 10.000 personas; el emperador hizo traer material procedente de todo el imperio: las columnas helenísticas del templo de Artemisa en Éfeso, grandes piedras de las canteras de pórfido de Egipto, mármol verde de Tesalia, piedra negra de la región del Bósforo y piedra amarilla de Siria. Según nos cuenta Procopio, a la terminación de la reconstrucción, Justiniano afirmó "Salomón, te he superado". Esta nueva catedral, con su magnífica gran nave llena de mosaicos, se convirtió en el centro de la cristiandad oriental durante siglos. Justiniano también reconstruyó la Iglesia de los Santos Apóstoles. Los trabajos no se limitaron a las iglesias, ya que en las excavaciones realizadas en donde se encontraba el Gran Palacio de Constantinopla se han encontrado varios mosaicos que datan de la época de Justiniano; se erigió una columna sobre la que se colocó una estatua en bronce de Justiniano en el Augustaeum, en Constantinopla, el año 543. En cuanto a las construcciones de carácter militar, reforzó las fronteras africanas, con nuevas fortificaciones, y aseguró el suministro de agua a la capital a través de la construcción de cisternas subterráneas. Para evitar inundaciones en la región de Dara construyó una presa de arco. También es de su reinado el gran puente de Sangario en Bitinia, principal paso de suministros militares hacia oriente. Justiniano también construyó una nueva ciudad cerca de su lugar de nacimiento que nombraría Justiniana Prima, con la finalidad de que sustituyese a Tesalónica como centro político y religioso de la Prefectura de Iliria.
Históricamente, gran parte de la economía del imperio estaba basada en la agricultura. El comercio llegó a Cornwall en donde el estaño era intercambiado por trigo romano, para lo cual, Justiniano hizo construir un gran granero en la isla de Ténedos para almacenamiento y posterior transporte a Constantinopla. También intentó encontrar nuevas rutas para el comercio con oriente, por entonces muy perjudicado por las guerras contra los persas. La seda, un importante producto de lujo, era importada y procesada en el imperio. A fin de proteger la fabricación de productos de seda, Justiniano creó un monopolio estatal en el 541. Para poder evitar la ruta a través de Persia, estableció relaciones de amistad con el reino de Aksum, para que actuara como mediador, en el comercio de la seda que se transportaba desde la India hacia el imperio; pero estos fueron incapaces de competir con los mercaderes persas en India.
El oro y la plata se extraían en los Balcanes, Anatolia, Armenia, Chipre, Egipto y Nubia.
Bajo su gobierno, se tomaron medidas para contrarrestar la corrupción en las provincias y para hacer más eficiente el cobro de impuestos. Se otorgó mayor poder administrativo a los líderes de las prefecturas y provincias, mientras que se retiraba el poder de los vicarios de las diócesis, algunas de las cuales fueron eliminadas. El movimiento buscaba simplificar la infraestructura administrativa.
A lo largo del reinado de Justiniano, las ciudades y pueblos de oriente prosperaron, pese a que Antioquía sufrió dos terremotos, en los años 526 y 528, fue saqueada y evacuada, el año 540, en la guerra contra los persas. Justiniano reconstruyó la ciudad. Pese a todas estas medidas, el imperio sufrió graves reveses a lo largo del siglo VI. El principal fue la grave plaga que duró entre 541 y 543 y diezmó la población del Imperio, creando una grave escasez de mano de obra y el incremento de los costes. Esa escasez de mano de obra, trajo como consecuencia, el significativo incremento del número de reclutas bárbaros que se incorporaron al ejército bizantino. La guerra en Italia y las guerras contra los persas supusieron un importante peso sobre los recursos del Imperio, y el emperador fue criticado por dar una menor importancia a occidente que a oriente. Durante esa epidemia de peste que se hizo virulenta a partir del año 542, el propio Justiniano cayó enfermo pero se recuperó. La emperatriz Teodora murió el año 548 y Justiniano la sobrevivió casi veinte años. Justiniano murió el 14 de noviembre del año 565, sin dejar descendencia, por lo que le sucedió en el trono Justino II, hijo de su hermana Vigilantia, que además estaba casado con Sofía, sobrina de la emperatriz Teodora. El cuerpo de Justiniano fue enterrado en un mausoleo en la Iglesia de los Santos Apóstoles..

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