Flavio Mauricio Novo Tiberio (Mauricio) del 582 al 602

 


DINASTÍA JUSTINIANA




Mauricio nació el año 539 en Arabiso (Capadocia). Su padre se llamaba Pablo, y tenía un hermano y dos hermanas. Llegó a Constantinopla como notarius, para servir como secretario del comes de los excubitores. Era uno de los principales partidarios del césar Tiberio II, por lo que fue designado para sucederle como comes excubitorum. En el año 577 el emperador lo envió a dirigir las fuerzas militares como magister militum per Orientem, y casi al mismo tiempo fue elevado al rango de patricius, el título honorífico superior del Imperio, que se otorgaba a un pequeño número de ciudadanos. Un año después fue nombrado augusto, dirigiendo incursiones a ambos lados del Tigris, donde capturó la fortaleza de Aphumon y saqueó Singara. Cosroes I buscó la paz en el 579, pero murió antes de llegar a un acuerdo y su sucesor, Hormisdas IV, rompió las negociaciones. En el 580 Mauricio lanzó una nueva ofensiva, avanzando más allá del Tigris, para, al año siguiente, invadir de nuevo la Armenia persa, apoyado por los gasánidas, mandados por Al-Mundhir III, donde se aproximó a Ctesifonte. Su ejército marchó a lo largo del Éufrates, acompañado por una gran flota, pero los persas destruyeron el puente sobre el río y contraatacaron en Mesopotamia, lo que le obligó a retroceder. En junio del 582 Mauricio obtuvo una victoria decisiva cerca de Constantía, con la que consiguió detener el avance sasánida en el Éufrates; pero tuvo que interrumpir la campaña, cuando el emperador, que se hallaba enfermo, lo convocó a la capital. El 5 de agosto, Tiberio se encontraba en su lecho de muerte y todos los dignatarios esperaban que nombrara su sucesor. Por fin, eligió a Mauricio y lo nombró césar, que adoptó el nombre de «Tiberio». El 13 de agosto, Mauricio fue coronado augusto. En el momento de la ceremonia, Tiberio había preparado un discurso, pero estaba demasiado débil incluso para hablar, por lo que el quaestor sacri palatii (alto funcionario judicial del Imperio) se lo leyó. El 14 de agosto de 582 murió Tiberio y sus últimas palabras fueron dirigidas a su sucesor.


En política exterior, el Imperio de Oriente se enfrentaba a un desafío difícil de resolver: el tener que intervenir en varios frentes a la vez (en el Este, en los Balcanes y en el Oeste), sabiendo que el teatro de operaciones del Este absorbía la mayoría de las tropas, aunque únicamente fuera para contener el empuje de los sasánidas. Al poco de subir al trono, Mauricio continuó con las operaciones militares en Oriente, donde sus ejércitos vencieron a los persas en la Batalla de Solacón del año 586, que tuvo lugar al sur de Dara. Más tarde, en el 588, consiguieron otra gran victoria ante Martirópolis, allí el comandante sasánida, Maruzas, fue asesinado, varios líderes persas fueron capturados junto a 3.000 prisioneros más, y sólo 1.000 hombres sobrevivieron para refugiarse en Nisibis. Por su parte, los persas, también sufrían la presión de los turcos. En el 588 el general Bahram Chubin había expulsado a los invasores, pero un año después fue derrotado por los bizantinos. En el 590, tras dieciocho años de guerra, dos hermanos partos, Vistahm y Vinduyih, derrocaron al monarca y convirtieron al hijo de este último, el príncipe Cosroes II, en el nuevo rey, que no lo fue por mucho tiempo, ya que fue destronado por Bahram Chubin (Bahram VI), por lo que Cosroes se refugió en territorio bizantino. La estrategia de Mauricio funcionó, Persia cedió parte de la Armenia persa y de la Mesopotamia oriental, con lo que obtenía, para el Imperio, la frontera oriental más favorable desde los tiempos del emperador Juliano II, además de rubricar un tratado de paz que se mantendría durante todo su gobierno. Sin embargo, los eslavos y los ávaros destruyeron durante su reinado las fortificaciones bizantinas sobre los ríos Danubio y Sava, rompiendo el sistema defensivo, ocuparon el norte de los Balcanes donde devastaron las regiones de Mesia y Macedonia, y atacaron Tesalónica, entre los años 584 y 586, llegando hasta el Peloponeso.
    En el año 587 Comenciolo cayó derrotado por los ávaros y el emperador debió llamar a Juan Mistacón, general en Oriente, lo que confirmaba la dificultad de los bizantinos para llevar a cabo, con éxito, una guerra en dos frentes. En el año 588 es Prisco quien toma el mando de los ejércitos balcánicos. Los ávaros lo asedian en Tzurullum, retirándose con un fuerte tributo. En esta primera década del reinado de Mauricio, es solo por medio del oro que los bizantinos lograron preservar la situación en los Balcanes. En el 591, luego del tratado de paz firmado con los persas, Mauricio pudo transferir tropas de la frontera oriental hacia los Balcanes, entregando el mando del ejército a los generales Prisco y Pedro, quienes dirigieron varias campañas con éxito, lo que le permitió mantener controlada la situación en ese frente. A partir del 592 atacó a ávaros y eslavos al otro lado del Danubio, como modo de proteger los Balcanes de futuras invasiones. Gracias a la estrategia agresiva, consistente en llevar la lucha más allá de las fronteras del Imperio, Mauricio fue capaz de recuperar el control de la frontera del Danubio y reforzar el control imperial sobre la península balcánica.
    En occidente, Mauricio destacó por su pragmatismo, aprovechando con habilidad las rivalidades internas existentes en Hispania y la Galia, primero para mantener la presencia en la península ibérica, además de favorecer los intereses bizantinos entre los francos, que le pueden servir como aliados contra los lombardos. Frente a estos, Mauricio, también estableció una alianza con el rey franco Childeberto II, a fin de que emprenda las hostilidades y poder expulsarlos de Italia. Sin embargo, la alianza franco-bizantina generó algunos resultados adversos. En el 584 el reino lombardo se había reunificado bajo la figura de Autario, conscientes los duques de la ineficaz y la peligrosa debilidad militar de esa fragmentación. Cuando Childeberto invadió la Lombardía, Autario consiguió su retirada mediante sobornos.
    Los esfuerzos de Mauricio para asegurarse el auxilio austrasiano fracasaron una y otra vez. Childeberto envió en varias ocasiones sus tropas, mas con la intención de recuperar las antiguas posesiones francas que para conquistar Italia para el emperador. Esta ayuda de los francos sólo le permitió a Mauricio contener a los lombardos por un tiempo y asegurar el dominio de una pequeña parte del territorio italiano. En el 598 el Imperio aceptó una paz con el rey lombardo Agilulfo. El acuerdo convertía a los lombardos en soberanos legítimos de las regiones que ocupaban, lo que confirmó las pérdidas territoriales de los bizantinos.
    En la península ibérica, ante las ambiciones de Leovigildo, Mauricio apoyó al pretendiente Hermenegildo en la guerra civil desatada. La esposa de Hermenegildo, Ingundis (hermana de Childeberto), escapó y pidió asilo en Constantinopla, pero murió en Sicilia, en el 584. A la muerte de Leovigildo, logró un status quo con su sucesor Recaredo I. entonces Mauricio aprovechó el cambio de monarca para reforzar la presencia imperial, mandando restaurar las murallas de Carthago Spartaria (Cartagena), capital de la provincia de Spania. El hecho quedó en un texto inscripto en la famosa lápida de Comenciolo, magister militum Spaniae, fechado entre el 1 de septiembre del 589 y el 13 de agosto del 590.

En política interior, Mauricio tomó medidas para frenar la desintegración del imperio. Reorganizó la administración y puso gran energía en la restauración del poder imperial. Su séquito incluía varios dignatarios importantes de su familia, nombró a su padre jefe del Senado bizantino; a su primo Domiciano, obispo de Melitene, le envió como embajador a Persia, donde contribuyó a forjar una alianza decisiva con Cosroes; su hermano Pedro, fue elevado a curopalate, ocupando destacados cargos militares; también se puede citar a su cuñado Filípico, que se convirtió en conde de los Excubitores. Demasiado generoso con su familia, este favoritismo acentuó el juicio de avaricia que sufrió. También se apoyó en ciertos generales; los más destacados son Prisco y Comenciolo.
    Su administración civil es mucho menos conocida. Creó un nuevo puesto en la administración financiera, el logoteta, sin que sepamos sus competencias. Parece luchar contra la corrupción, encargando a un tal Leoncio investigar las prácticas criminales de ciertos dignatarios en Italia y Sicilia. Confió en los Azules y los Verdes, en particular en esta última, para nombrar a algunos miembros de su administración. En el 602, se vuelven contra él, ya que parecen haber acumulado agravios contra la administración de Mauricio, en particular contra Constantino Lardys.
    Como sus predecesores desde Justiniano, emprendió varias construcciones, pero las dificultades financieras del Imperio limitaron sus aspiraciones. Completó algunas construcciones emprendidas por Tiberio, en particular el palacio de Bryas. Construyó, principalmente, edificios religiosos: una iglesia dedicada a San Jorge y otra cerca del barrio de Blaquerna. También se le suele atribuir la elevación del icono de Cristo en la puerta de Chalke, entrada solemne al Gran Palacio. Según algunas fuentes, habría sido demasiado generoso con Arabiso, su lugar de nacimiento, que se vio beneficiado por construcciones y privilegios, lo que aumentó su impopularidad en el resto del Imperio. También se le atribuyen otras construcciones, como la restauración del palacio de Sofía para su suegra Anastasia; un arsenal fuera de las murallas de Constantinopla (cerca del fondo del Cuerno de Oro); y la reparación de acueductos. Pudo haber destruido algunos edificios o esculturas, a menudo de origen pagano.
    En el año 583, un terremoto sacudió Constantinopla, al igual que en Arabiso unos años más tarde, y Egipto experimentó disturbios que interrumpieron el transporte de cereales a Constantinopla. Hubo un aumento de la piratería en Chipre, mientras que Constantinopla se vio periódicamente agitada por disturbios de diversa magnitud.
    El sistema administrativo tardorromano dividía la autoridad civil y militar entre un praefectus praetorius y un magister militum, para reducir la posibilidad de rebelión por gobernadores provinciales demasiado poderosos. En el 584 Mauricio creó el cargo de exarca o gobernador, representante del emperador, que asumía el poder civil y el militar dentro del territorio. Según la traducción griega, exarcado significa "territorio de fuera", indicando que se trataba de una provincia fuera del imperio, lejos y aislada de las demás. Particularmente expuesta a ataques del enemigo, por lo que su gobierno era militar, subordinando la autoridad civil a la misma. Este sistema se aplicó en las provincias occidentales de Italia y África, donde el dominio bizantino se estaba desintegrando, y era parte de la descentralización de la autoridad de Constantinopla.
    La importancia que concedía a los territorios de Occidente se hace evidente en el testamento que redactó en el 597, cuando se sintió gravemente enfermo, en el que legaba el gobierno de Constantinopla a su primogénito, Teodosio, en tanto que Tiberio, su segundo hijo, recibía el dominio de Italia y las islas occidentales, con sede en Roma.
    Conocemos varias medidas tomadas por Mauricio en el ámbito militar, que atestiguan su deseo de consolidar el aparato militar. Aunque Mauricio cayó tras una revuelta militar, debida al fuerte descontento entre las tropas, no fue insensible a la condición de los soldados, promulgando un edicto que mejoraba la condición de los discapacitados y que restablecía el principio de conceder un terreno a los soldados desmovilizados. Al mismo tiempo, preocupado por proteger a los hijos de los soldados muertos en combate, permitió que uno de los hijos ingresara en el ejército con el rango equivalente al de su padre. Tuvo mucho cuidado en mantener el número del ejército. Al que reorganizó creando una nueva unidad: los optimates. También se incorporó a los bucelarii (guardia de los generales), las unidades mejor pagadas y equipadas, al ejército de campaña; ambos cuerpos de caballería pesada terminarían por ser asentados como temas durante la segunda mitad del siglo VII. Por su parte, los limitanei (guardias de frontera) no cobraban y, al parecer, fueron retirados del sureste de Palestina, lo que disminuiría, gravemente, las posibilidades de resistencia ante las invasiones persas y musulmanas del siglo VII.





Política fiscal: Uno de los aspectos fundamentales de su gobierno fue su intento de consolidar las finanzas públicas, que las costosas políticas de Tiberio II habían debilitado. Sus esfuerzos por consolidar el Imperio tuvieron éxito, especialmente tras la paz con Persia. Por un lado aumentó la presión tributaria y, por otro, disminuyó los gastos de la corte. La creciente necesidad de liquidez del Imperio explica su disposición consistente en transformar el impuesto sobre los cereales pagado por Egipto en un impuesto pagadero en oro.
    A finales del año 583, de manera sorprendente, se nombró a sí mismo para el consulado para evitar la costosa organización de juegos y entretenimiento asociados con tal evento. Se ganó una reputación de parsimonia que le hizo muy impopular. Intentó reducir el salario de los soldados, ganándose una reputación de avaro. En el 588 hubo un amotinamiento en Oriente por la reducción de las raciones militares y, en el 599, 12.000 soldados bizantinos prisioneros fueron ejecutados por los ávaros al negarse el emperador a pagar un rescate. Los recortes financieros también recayeron sobre los aliados, lo que le ganaron su animadversión; y que en un futuro cercano resultaría fatal para Bizancio frente a la amenaza árabe.


Con respecto a la política religiosa, durante el reinado de Mauricio, el Imperio bizantino se vio sacudido por controversias teológicas entre los calcedonios, que reconocían el Concilio de Calcedonia y los monofisitas, presentes principalmente en Siria, Palestina o Egipto. Hubo dudas sobre como afrontar los hechos, alternando la conciliación y la represión. La lucha contra el paganismo continuó, aunque algunos critican la tendencia de Mauricio a la tolerancia. Fue necesaria una fuerte presión por parte del clero para que aceptara ejecutar a Paulino, sospechoso de brujería. Sin embargo, varias figuras, incluso de alto rango, fueron ejecutadas por paganismo, generalmente en los últimos años de su vida cuando se mostró menos indulgente con las minorías religiosas. Autorizó a Domiciano de Melitene a ejecutar a cuatrocientos monofisitas entre los años 598 y 599. Posiblemente, estaba ansioso por asegurar su salvación, empleando una política religiosa más firme. Obtuvo la adhesión de la Iglesia de Georgia y de parte de la Iglesia Armenia a los principios del Concilio de Calcedonia. práctica personal, Mauricio muestra su religiosidad. Antes de cualquier expedición militar dormía en las iglesias, celebrando las victorias con ceremonias religiosas.
    Mauricio se involucra en la disputa entre el Papa y el Patriarca de Constantinopla sobre el uso del término ecuménico. El obispo de Roma se considera el único capaz de disfrutar de este título, que le confiere primacía sobre los demás patriarcas, pero también lo reclama el patriarca de Constantinopla Juan IV. Mauricio tuvo unas relaciones difíciles con el Papa Gregorio I, no pudieron ponerse de acuerdo en varias cuestiones, aunque mayores problemas tuvo con el exarca romano. Contra la tiranía de Mauricio, Gregorio tomó a los italianos bajo su protección. En tanto que los imperiales protegieron a los obispos en el norte de Italia; en el año 591, cuando se convocó un sínodo en Roma condenando a los cismáticos, Mauricio, lejos de alinearse con el papa, le envió una misiva en la cual le exigió calma. Gregorio, consciente de los problemas que atravesaba la península itálica, tuvo que ceder. Esto explica la cálida acogida que Gregorio dio a Focas cuando derrocó a Mauricio en el año 602. Son también, un signo de la creciente distancia entre Roma y Constantinopla.
    Durante el reinado de Mauricio, el Imperio debió sostener guerras casi interminables en todas las fronteras. La escasez de fondos ocasionó varios levantamientos militares. En el 602, ordenó al ejército de los Balcanes que pasase el invierno al otro lado del Danubio, lo que produjo una rebelión que terminó con el reinado de Mauricio. Los soldados avanzaron hacia Constantinopla bajo el mando de uno de sus centuriones, Focas. Mauricio creyó que varios miembros de su familia le habían traicionado, y ordenó detener a su hijo, Teodosio, y a su suegro, Germano, lo que ocasionó diversas revueltas en la ciudad. Mauricio, su esposa y sus ocho hijos, cruzaron el mar de Mármara refugiándose en Nicomedia. Su hijo Teodosio huyó a Persia. Cuando las tropas de Focas entraron en la capital, se envió una fuerza en busca de Mauricio, y tanto él como sus hijos fueron asesinados.



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