DINASTÍA
JUSTINIANA
Justino nació el año 520 y fue el sucesor, en el trono bizantino, de su tío
Justiniano I. Se le acusó, en los principios de su reinado, cuando estallaba la guerra entre lombardos y gépidos en Panonia, de actuar con pasividad, a pesar de que unos y otros lo tentaron con promesas. Los lombardos se habían aliado con los ávaros, mientras que los gépidos pidieron ayuda a Justino a cambio de entregarle Sirmium (actual Sremska Mitrovica). El único movimiento bizantino consistió en relevar a un destacamento gépido en dicha ciudad; no interviniendo en nada más. Mientras tanto, los ávaros no llegaron a tiempo a la batalla, a pesar de lo cual, los gépidos fueron derrotados definitivamente. El rey lombardo Alboino tras cortar la cabeza del derrotado Cunimundo, se fabricó una taza con ella; también tomó a Rosamunda, hija de Cunimundo, como botín y la convirtió en su esposa. Pasados los años, en el 573 Alboino fue asesinado en un golpe instigado por Rosamunda. En el año 568, Alboino, incómodo por la presencia de los vecinos ávaros, se dedicó a convencer a los lombardos de la conveniencia de penetrar en Italia. El primer año invadieron la zona de Venecia, extendiéndose por el norte de Italia. Un año después, conquistaron casi toda Liguria. Era una fuerza imparable que no saqueaba sino que se asentaba, tras vencer a las escasas y mal preparadas fuerzas bizantinas, que además se encontraban en enclaves aislados. Italia, estaba agotada por las plagas.
Narsés, rival de Belisario, a quien se acusaría de haber llamado a los lombardos, había dimitido del mando el año anterior con motivo de las protestas a Justino, protagonizadas por los ciudadanos de Roma.
Con respecto a los ávaros, Justino II, que conservaba la ciudad de Sirmium, se negó a pagarles subsidio alguno, pues pretendía ser riguroso con el tesoro que su tío Justiniano I había dejado, para conseguirlo ensayaba una nueva y desafiante política respecto a los bárbaros, los cuales esperaron, pacientemente, a que el Imperio sufriese algún descalabro, lo que sucedió en el año 573.
En cuanto a lo referente a la provincia de Spania, entre los años 569 y 572 el rey godo
Leovigildo se decidió a atacar al Imperio, tomando Córdoba y otras ciudades, acordando la paz en el 572, y reconociéndose mutuamente sus territorios. No obstante, no sería hasta el reinado de
Suintila, alrededor del 624, cuando los territorios bizantinos en Hispania fueron completamente anexados por los visigodos.
En el año 571, los armenios se rebelaron contra el rey Cosroes I y, apelando a la fe cristiana que compartían, pidieron la ayuda de Justino. Reanudándose la guerra persa contra el rey Cosroes I en el 572. Inicialmente, los bizantinos fueron cosechando exitos; hasta que Justino cometió el error de cambiar, innecesariamente, el mando del ejército, que se amotinó, en pleno asedio de Nísibis; como también, enemistarse con sus aliados gasánidas (también de credo monofisita), que se retiraron y dejaron el paso libre a los persas para que asolaran Siria. Tras cinco meses de asedio, en noviembre del 573 cayó el obispado de Dara, a orillas del río Bouron. La noticia de este desastre afectó, en gran manera a Justino II, por lo que su esposa Sofía, ante la incapacidad mental del emperador, se hizo cargo del gobierno, acprdó, previo pago, una paz de un año y luego una tregua de tres años a Cosroes. Entonces, los ávaros, que habían esperado su oportunidad, presionaron en Dalmacia a las fuerzas al mando de Tiberio Constantino (Tiberio II).

Justino II y su esposa Sofía habían sido monofisitas en su juventud, convirtiéndose a la fe ortodoxa, solamente por razones de estado. Los comienzos del reinado estuvieron marcados por una cierta tolerancia, pero las peleas entre los monofisitas, hicieron creer al emperador que podría ganarse a sus elementos mas tradicionales. Así, en primer lugar, emprendió negociaciones con el patriarca Teodosio de Alejandría, y, al morir éste, se dedicó a organizar discusiones teológicas entre calcedonianos y monofisitas de distintas tendencias. En el año 567 promulgó un decreto, en el que enumeraba los puntos sobre los cuales se podría llegar a un acuerdo. Aunque los monjes monofisitas de Siria habían rechazado el decreto, la jerarquía lo aceptó, por lo que Justino publicó en el 571 un edicto de unión, al que se unieron los obispos monofisitas tradicionales, pero que fue rechazado por los fieles. Tras este fracaso, Justino cambió de radicalmente, mientras que su estado mental se deterioraba. Aconsejado por Juan de Sirimis, Justino II inició una persecución, a todas luces impopular, del poderoso clero monofisita, puso a su doctrina fuera de la ley, y abandonó todo esfuerzo de reconciliación.
Por la evolución de su estado mental, los últimos años de su reinado estuvieron marcados por la locura. Tenía accesos de violencia, trataba de arrojarse por las ventanas, y mordía a sus visitantes. En un momento de lucidez, durante el discurso pronunciado con ocasión del nombramiento como césar de Tiberio Constantino, aconsejó a su sucesor: “no te regodees en la sangre, abstente de la venganza, evita aquellas acciones por las cuales he incurrido en el odio público, y aprende de la experiencia mejor que del ejemplo de tu predecesor. Como hombre, he pecado; como pecador, incluso en esta vida, he sido severamente castigado; pero estos servidores (señaló a sus ministros) que han abusado de mi confianza e inflamado mis pasiones, se presentarán conmigo ante el tribunal de Cristo”.
Tras morir en Constantinopla, el 5 de octubre del año 578, su esposa Sofía actuó como regente en compañía del general Tiberio, más tarde Tiberio II Constantino.
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