Iglesia de Nuestra Señora del Pilar y San Lorenzo

 



La iglesia parroquial de Nuestra Señora del Pilar y San Lorenzo, fue en un principio, un convento dominico fundado en 1618 por el librero Baltasar Simón de Vallterra, poniéndola bajo la advocación de Nuestra Señora del Pilar. Simón de Vallterra había nacido en Zaragoza en 1545 falleciendo en Valencia, el 30 de noviembre de 1614. Al fallecer dejó sus bienes en manos del dominico Juan Vicente Catalá para que fundara un convento. En 1615 en la entonces plaza de la cofradía de santa Lucía, junto al portal de Torrent, se compran tres casas donde se instala Juan Vicente Catalá junto con cuatro frailes dominicos. De 1611 es la autorización para construir un segundo convento dominico en Valencia; licencia concedida a los PP de la orden de predicadores, para que funden un colegio bajo la advocación de la Santísima Virgen con doce religiosos de predicadores y confesores, los cuales están destinados a visitar a los enfermos del cercano Hospital General asistiéndoles en su muerte, y a consolar encarcelados en bien morir. Esta autorización se vería plasmada en la fundación del convento de Nuestra Señora del Pilar, el 2 de junio de 1618, nombrándose a Catalá, vicario perpetuo.
    El convento fue obra del carmelitano fray Gaspar San Martín (1574-1644), iniciándose las obras en 1638, realizado, prácticamente en su totalidad, en mampostería y ladrillo, a excepción de la portada de la iglesia que fue realizada en piedra.


Figura en el plano del Padre Tosca de 1704, en cuya imagen apreciamos que contaba con un claustro de dos pisos, huerta y una torre, aunque muy distinta a la que conocemos. El convento estaba pegado a la muralla, cercano al antiguo Hospital General, la ermita de santa Lucía y el convento de Nuestra Señora de Belén (este extramuros). En la muralla se distingue la puerta conocida como de los Inocentes o de Torrente.
    Las dependencias conventuales se articulaban alrededor del claustro, situándose la portería, la sala capitular, el refectorio y la cocina, en la planta baja; mientras que el dormitorio comunitario, las celdas, la biblioteca y el archivo, estaban en el piso alto; quedando la iglesia y el huerto vallado a ambos lados del claustro.
    Durante la guerra de la Independencia es utilizado como hospital de sangre, y al ser tomada Valencia por el general Suchet, deporta a los monjes a Francia, de donde no regresaran hasta 1816; ocupándose el convento por monjas procedentes del desaparecido monasterio de la Zaidia. Al construirse el nuevo monasterio de la Zaidia y el traslado de las monjas, los dominicos pueden volver a ocupar su convento, aunque por poco tiempo, ya que en 1835 tienen que volver a abandonarlo a causa de la desamortización de Mendizábal, convertido el convento, en 1843, en hospital militar y cuartel de intendencia.
    En 1903 se traslada la parroquia de san Lorenzo a esta iglesia del Pilar quedando ambas advocaciones en el mismo templo, aunque, en la práctica, la iglesia es conocida únicamente como iglesia del Pilar. En 1964 el convento es derribado, quedando solo la iglesia y una estancia que recae a la actual plaza del Pilar. Esta estancia, de tres altura, es construida en el siglo XVIII y quedará unida a la iglesia como capilla del Rosario. En la actualidad es utilizada para usos parroquiales.

La iglesia se construye entre 1659 y 1692, aunque, en realidad hablamos de tres iglesias: la de su fundación, una segunda iglesia terminada hacia 1650 y la definitiva comenzada en 1659. Esta fue obra de los maestros canteros Pedro Leonart Esteve y Pedro Do. Hacia 1675 se hace cargo de las obras Francisco Giner que se hará el cerramiento de la bóveda central, de la nave del transepto y la cúpula sobre el crucero. Hacia 1692 se darán por finalizadas las obras con la decoración interior, realizada también por Francisco Giner.
    La iglesia tiene planta basilical de una sola nave de cuatro tramos, nave de transepto no sobresaliente en planta, tres capillas laterales entre contrafuertes, testero plano, coro alto a los pies ocupando el último tramo y bóveda de cañón rebajada con lunetos. La cúpula es de media naranja sin tambor, apoyada sobre pechinas en el crucero. Existen tribunas o balcones sobre las capillas laterales que recaen a la nave central. El presbiterio de testero recto se decora con frescos, del valenciano José Nogales Hernández realizados en 1940 alusivos al Pilar de Zaragoza y a los santos san Gil y san Lorenzo. En el centro, en el interior de una hornacina, la imagen de la Virgen del Pilar.
    En el interior destacan los azulejos del zócalo de las capillas laterales realizados en Manises en el siglo XVIII, con elementos iconográficos que representan a hombres con cola de pez, angelotes, elementos vegetales y simbólicos. Otros paneles con escenas historiográficas o ejemplarizantes, de pasajes bíblicos o de tradición local.
    La portada de la iglesia es del año 1730, fue contratada el 1 de abril de 1730 con el maestro albañil Bautista Pons, en estilo barroco. Se trata de una puerta adintelada, a cuyos lados encontramos dos columnas de estilo dórico y dos pilares de fuste acanalado, ambos sobre un zócalo de piedra. El conjunto sostiene un friso de metopas y triglifos coronado por bolas y adornos piramidales, y en cuyo centro una hornacina avenerada con la imagen de la Virgen del Pilar que se levanta sobre un pilar grabado con una cruz. A ambos lados de la hornacina dos pilares jónicos de fuste estriado. Remata el conjunto un frontón partido en cuyo centro encontramos el escudo de los dominicos, titulares del convento. En la portada intervinieron: José Puchol encargado de lucir la puerta y "masisar" la portada; los escultores Manuel Vergara, el Mayor y su yerno Jaime Molins Artigues que se encargaron de la talla de la Virgen y de las armas dominicas de la portada respectivamente. Por desgracia, la virgen original fue destruida en 1936 y la original es de época posterior.
    En el imafronte de la fachada, tres ventanas adinteladas con diversos adornos de bolas en su parte superior. La ventana central superior se adorna con una vidriera con la que se ilumina la nave central de la iglesia.
    En el lateral izquierdo de la fachada podemos ver un panel cerámico representando a San Vicente Ferrer, donde se coloca, todos los años, uno de los altares de la fiesta de santo patrón.
    El actual campanario es de principios del siglo XX, se compone de tres cuerpos de planta rectangular y unos 40 metros de altura. En el cuerpo correspondiente a las campanas encontramos varios vanos abiertos con arcos de medio punto, donde podemos encontrar las actuales campanas, ya que las originales fueron destruidas durante la guerra civil de 1936.
    El interior es redecorado, entre 1692 y 1698, con estucos barrocos dorados representando: rosetas, motivos vegetales, hojas de acanto, vides y cabezas de querubines; dorado que contrasta con el blanco de los paramentos y muros. Las pechinas del crucero se decoran con este tipo de adorno, así como los nervios de la cúpula, las aristas de los lunetos, las pilastras y los arcos fajones de la bóveda central. En la década de los cincuenta del siglo XVIII fue reconstruido el altar mayor. En total hay seis capillas laterales, tres a cada lado de la nave central. La mayoría de los retablos están dedicados a una doble advocación:





Retablo de Santa Catalina de Siena: en su parte superior, la imagen de Santa Rita de Casia y en el nivel inferior las figuras de tres santos: San Lorenzo con la parrilla, símbolo de su martirio; en el centro y de un tamaño algo menor que las otras San Vicente Ferrer y la situada en el extremo izquierdo San Gil Abad con báculo y un libro en su mano, al que acompaña una cierva que según la tradición le alimentaba con su leche mientras hacía vida de ermitaño. En los muros dos lienzos alusivos a la vida de San Vicente Ferrer: un milagro ocurrido en 1755 por intercesión del santo y la escena de la muerte del Santo con la aparición de Jesús, Santo Domingo de Guzmán y San Francisco de Asís. Los paneles cerámicos de los zócalos representan: el de la izquierda aspectos relacionados con las tentaciones del Santo, y el de la derecha, aspectos relacionados con la penitencia y disciplinas tras las tentaciones. El de la izquierda está dominado por una figura policroma de mujer que representa a La Penitencia, en su cinturón una leyenda: "Castigo mi cuerpo". En el lado izquierdo, una escena monocroma en color azul que representa como San Vicente Ferrer pide la intersección de la Virgen María, que hace huir al diablo que le está tentando. A la derecha de la figura central, otra escena monocroma y azul en la que vemos al Santo venciendo la tentación del diablo disfrazado de ermitaño.
    En cuanto al panel de la derecha, la presencia policroma de Inés de Moncada ataviada con ropas de anacoreta y portando una cruz y otros elementos. Inés fue una mujer de la nobleza que se disfrazó de hombre e ingresó en la cartuja de Portacoeli pero al confesar tal circunstancia, su confesor, para no romper el secreto de confesión, le aconsejó retirarse a una cueva cerca del monasterio a hacer vida de anacoreta. Al fallecer Inés de Moncada es cuando los monjes descubrieron que en realidad era una mujer. A la derecha de la figura central vemos una procesión de penitentes que siguen a San Vicente Ferrer, en el lado contrario de la figura central la escena representa al Santo aplicándose la disciplina delante de un crucifijo. Ambas escenas están realizadas en color azul monocromo. Los paneles cerámicos están fechados hacia 1775, destacando porque en ellos encontramos las composiciones que rodean las figuras centrales en color azul claro monocromo. La decoración cerámica que ocupa el pilar izquierdo de entrada a la capilla está formado por un óvalo en cuyo interior se narra un milagro de San Vicente Ferrer, explicado por una filacteria en su exterior que dice "Anuncia las naves de Barcelona", en el lado derecho en otro óvalo otro de los milagros del santo, a su vez explicado por una filacteria que dice "Mandó traer una difunta y la resucita en testimonio de ser el Ángel del Apocalipsis".





Capilla de la Virgen de los Desamparados: con frescos de la Sagrada familia obra de Joaquín Ximeno realizados en siglo XVIII, estos llevan por titulo: El descanso en la huida a Egipto, El taller del carpintero, El sueño del Niño Jesús y La Comida de Jesús con sus padres. Acompañando a la Virgen de los Desamparados, en la parte inferior del retablo una escultura de San Pancracio en el interior de una hornacina. Mantiene el libro abierto donde se puede leer: "Venite ad me, et ego dabo vobis omnia bona" (Venid a mi y os daré todos los bienes). Los paneles cerámicos que ocupan los zócalos de esta capilla tienen carácter geométrico sin ningún tipo de mensaje, son los mas tardíos y tal vez se puedan datar ya a comienzos del siglo XIX.


Capilla de San José: en el centro del retablo vemos la imagen de San José con el Niño Jesús en brazos y la rama florida. En los muros, dos lienzos al temple con el adormecimiento de la Virgen María y la muerte de San José. Los paneles cerámicos de los muros laterales están decorados con elementos vegetales, floreros, rocallas, aves, ángeles y otros elementos de estética barroca. En el panel del muro de la izquierda podemos ver el anagrama de la Virgen María y en el de la derecha la vara florida símbolo de San José. Los pilares de entrada están ambos decorados con un jarrón con decoración vegetal y floral.



Llegamos a la nave de transepto y el crucero.

En cada muro testero de la nave del transepto encontramos un gran lienzo mural en tela de sarga simulando ser un tapiz, que fue realizado hacia 1889 por Ramón Garrido Méndez. Son dos escenas de la vida de san Vicente Ferrer, el situado en el lado de la epístola, a la derecha, está representado el Compromiso de Caspe en el que intervino san Vicente Ferrer y la del lado del evangelio, a la izquierda, está representada la elección de Fernando de Antequera como nuevo rey de la corona de Aragón. Ambos lienzos, en su origen eran usados como fondo del escenario en la representación dels miracles en el altar instalado en la plaza del Mercado que se levantaba y se sigue levantando en la balconada exterior de la iglesia de los santos Juanes.
    Bajo el lienzo situado al lado de la epístola, una imagen a tamaño natural de Cristo en la cruz. A la izquierda, toda una serie de lienzos que es lo único que resta del antiguo retablo mayor de la iglesia y que fue destruido en la guerra civil española. Dicho retablo barroco fue realizado entre 1748 y 1752 por Andrés Robles. Se componía de un conjunto formado por trece pinturas realizadas en 1736 por Antonio Richarte Escámez y cuatro esculturas de bulto redondo realizadas por el escultor Tomás Paradis hacia 1733, aunque el dorado del mismo se debe a Roque Felipe. Por fortuna pudieron salvarse diez tablas del pintor que, una vez restauradas, están expuestas en el muro del transepto del lado del evangelio. Son diez óleos sobre lienzos con Santa Catalina Mártir, Santa Inés de Montepulciano, San Gonzalo de Amarante, San Alberto Magno, Santo Tomás de Aquino, Santa María Magdalena, Santa Columba de Reati, San Telmo, San Agustin Lucerino y San Jacinto.
    En cuanto a los lienzos del antiguo retablo del Altar Mayor, su descripción y colocación, se las debemos a la descripción que realizó el padre dominico fray José Teixidor, quién las plasmó en su obra Memorias Históricas. El retablo debió ser de gran envergadura ya que ocupaba todo el testero del altar mayor. Por desgracia como ya hemos comentado fue destruido en la guerra civil.



Continuamos por las capillas laterales del lado del evangelio y la primera que encontramos es la más cercana a la nave transepto.

Capilla de Nuestra Señora de los Dolores (La Dolorosa): compuesta por un retablo con dos hornacinas, en la de la parte superior, la imagen de la Virgen de los Dolores, y en la hornacina inferior imagen de Cristo en una de sus caídas, al estilo de las imágenes que procesionan en Semana Santa. En los muros dos lienzos, uno de ellos representando la predicación de san Vicente Ferrer en la iglesia del Salvador y el otro representando la entronización de la imagen del Cristo del Salvador en su capilla por parte del arzobispo Santo Tomás de Villanueva. La bóveda se decora con un fresco del patriarca San Juan de Ribera frente a Cristo. En los muros laterales dos zócalos de azulejos representando escenas alusivas a la llegada del Cristo del Salvador a Valencia en 1250 por el río Turia. El de la izquierda representa la procesión presidida por el obispo de Valencia Andrés de Albalat recibiendo al Cristo del Salvador, el de la derecha representa la llegada del Cristo por el río Turia. Destacan estas escenas por el fondo donde se enmarcan, ya que podemos ver las Torres de Serranos, el puente y numerosas cabecitas que asoman por los pretiles del cauce. En los pilares que ocupan la entrada a la capilla también revestidos de cerámica, podemos encontrar en el lado izquierdo a un ángel sosteniendo un martillo y unos clavos, símbolos de la Pasión de Cristo y en el de la derecha un ángel sostiene el paño de la Verónica.

Capilla del Sagrado Corazón de Jesús: en el centro del retablo, en la hornacina superior, imagen de Cristo mostrándonos su corazón. En los muros laterales dos lienzos del siglo XVIII, uno de ellos representa a santo Tomás de Aquino como doctor de la iglesia en presencia de san Agustín, Jesús y María. El segundo lienzo representa una escena del éxtasis de santa Catalina de Siena. Bajo la hornacina de Cristo imagen de la Inmaculada Virgen María también en el interior de una hornacina. En los muros laterales dos zócalos de azulejos: en el de la izquierda se representa a Cristo en la cruz elogiando a santo Tomás de Aquino por su obra Summa Teológica, en presencia de san Pedro, san Pablo, la Virgen y el Niño, un papa, obispos y otros personajes. La segunda escena situada en el muro de la derecha, está representada santa Catalina de Siena con una corona de espinas exhortando desde un púlpito al papa a poner fin al cisma de occidente. 
    Los pilares que ocupan la entrada a la capilla se decoran: el de la izquierda con un ángel que sostiene en una de sus manos un tintero con plumas de escribir y con la otra mano un libro y sobre él un bonete o gorro en alusión a la condición de doctor de la Iglesia de santo Tomás, mientras que, el pilar de la derecha está decorado con un ángel que sostiene entre sus manos la corona de espinas de Cristo, una corona real de oro y una palma.


Capilla de San Antonio de Padua: en sus muros, dos lienzos de José Renau Montoro realizados en 1910, representando dos milagros del santo. En el centro del retablo en el interior de una hornacina, imagen del santo y debajo una representación del icono de la Virgen del Perpetuo Socorro. En esta capilla los paneles de azulejos son geométricos, sin ningún tipo de mensaje historiográfico.


Capilla de la Comunión: esta capilla se encuentra en la cabecera de la iglesia, en el lado del evangelio. De planta rectangular, se cubre con bóveda de cañón, de una sola nave, mientras que el sagrario se cubre con cúpula sobre pechinas. En el altar podemos encontrar un Cristo crucificado en madera de color natural. Concebida a modo de pequeña iglesia, dispone de capillas laterales a ambos lados de la nave central.






La entrada principal a la iglesia se realiza por una puerta situada a los pies del templo por la plaza del Pilar. Sin embargo la entrada habitual al templo se hace por una pequeña entrada situada en la calle de Guillem de Castro, situada en la cabecera del templo, a través de un edificio de moderna construcción por una puerta que pasa desapercibida. El templo tiene otra puerta situada en la calle Maldonado por la que se accede a la nave del transepto, aunque, en la actualidad, es impracticable por la distribución interna del templo; siendo solo visible desde el exterior a nivel de calle.
    En uno de los muros laterales a los pies del templo, encontramos un óleo sobre lienzo con un retrato de papa San Pío V, de la orden de los dominicos, lo que justifica su presencia en este templo. El lienzo lleva la fecha 1566 que se corresponde con la subida del papa al pontificado. Lleva además el cuadro el escudo con el emblema papal.


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Ramón Martín

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