Geta (211)

 




Publio Septimio Geta, nació en Roma el 7 de marzo del año 189, era hijo de Lucio Septimio Severo y su segunda esposa Julia Domna. Recibió el nombre de su abuelo paterno y era once meses menor que su hermano Caracalla. En el momento de nacer, su padre, Septimo Severo se encontraba en Roma, a donde había llegado procedente de la Galia Lugdunense, provincia en la que era gobernador, y se disponía a partir hacia Sicilia, donde había sido nombrado procónsul. El año 193, siendo gobernador de la provincia Panonia Superior, Septimio Severo se proclamó emperador, tras la muerte de Pertinax, como resultado del estallido de la guerra civil, tras derrotar a sus dos rivales, Pescenio Niger y Clodio Albino. En el 195, para legitimar su gobierno, se declaró hijo adoptivo de Marco Aurelio y hermano de Cómodo, por lo que, Caracalla comenzó a ser considerado nieto de Marco Aurelio, recibiendo el nombre de Marco Aurelio Antonino. A su vez, Geta cambió su praenomen de Publio a Lucio, que contenía una referencia a Lucio Vero, aunque no fue declarado pariente de los Antoninos. Septimio Severo dio preferencia a Caracalla sobre Geta.
    El año 197, Geta acompañó a su padre en la campaña contra los partos junto a su hermano y su madre. Un año después, el 28 de enero del 198, tras conseguir la victoria sobre los partos en la batalla de Ctesifonte, el emperador le proclamó césar y príncipe de la juventud, y a Caracalla augusto. Entre los años 199 y 202, Geta viajó por el imperio, visitando las provincias orientales, para ir, a continuación, a Tracia, Mesia y Panonia. Del 202 al 203, junto a su padre y su hermano, visitó el norte de África y pasó el invierno en Leptis Magna, ciudad natal de Septimio Severo, donde se conserva una estatua dedicada a él. La propaganda intentó, en vano, ocultar la enemistad existente entre Caracalla y Geta, los cuales se peleaban constantemente, por cualquier motivo, aunque Septimio Severo tomó medidas para acabar con esto; el suegro de Caracalla, el prefecto pretoriano Cayo Fulvio Plauciano, también trató de contener la enemistad de los hermanos, pero después de su asesinato, nadie pudo detener a los jóvenes, que se dedicaron a ultrajar mujeres, abusar de muchachos, malversar dinero y convirtiendo a gladiadores y aurigas en colegas de correrías; compitiendo entre ellos, pero chocando continuamente. Si uno se unía a una facción, el otro elegía la opuesta. Finalmente, se enfrentaron uno contra otro en una especia de concurso con equipos de ponis, conduciéndolos con una rivalidad tan fiera que Antonino cayó de su carro de dos ruedas y se rompió la pierna.

Entre los años 205 y 207, los hermanos, junto a su padre, visitaron Campania, donde el emperador trató de reconciliarlos nombrándoles cónsules los años 205 y 208. Trató de persuadirlos para que vivieran en paz y armonía; les recordaba cuentos y obras de teatro de antaño, contándoles las desgracias sufridas por hermanos reales. El año 209, el emperador y su familia se trasladaron a Britania, donde realizó una campaña militar en Caledonia. Allí, mientras Caracalla estuvo en el frente con su padre, Geta permaneció en Eboracum con su madre, asumiendo la administración civil de la provincia. A finales de ese año, y principios del 210, Septimio Severo proclamó a Geta augusto, equiparándolo a su hermano. Este nombramiento llegó tarde, considerando que era menos de un año menor que Caracalla, por lo que tuvo que esperar casi doce años para alcanzar una posición de igualdad. Hacia el 210, Septimo Severo, se dio cuenta de que era imposible que Caracalla convirtiera a su hermano en cogobernante. La lucha en Britania se fue prolongando y Septimio Severo no participó en ella debido al deterioro de su estado de salud. Finalmente, el 4 de febrero de 211, falleció en Eboracum, y en consecuencia, Geta y Caracalla subieron al trono.
    La campaña en Britania se completó al retirarse todas las tropas romanas existentes al norte del Muro de Adriano. Parecer ser que Caracalla tenía prisa por volver a Roma para reforzar su posición. Despidió a algunos consejeros de su padre, ejecutando a otros. Tomando las cenizas de Septimo Severo, en el verano del año 211, los hermanos regresaron a la capital, pero en el trayecto se peleaban constantemente, temiendo que uno envenenara al otro, por lo que no permanecían juntos, llegando a no comer en la misma mesa. Caracalla quería matar a Geta mientras su padre aún vivía, pero no se atrevió, y tras la muerte de éste, los soldados le detuvieron puesto que sentían simpatía por Geta. A su llegada a Roma, realizaron todas las ceremonias necesarias que culminaron con el funeral oficial del difunto césar. A continuación, dividieron el palacio en dos mitades, bloqueando todos los pasillos entre ambas partes.
    Entre ambos hermanos, estalló una pugna por el apoyo de los senadores, entre los cuales la mayoría se inclinó del lado de Geta. Los seguidores de Geta tenían influencia al este del imperio, mientras que Caracalla encontraba apoyo en el oeste, especialmente entre las tropas de las provincias del Rin y el Danubio. Ambos hermanos se plantearon dividir el imperio: Geta controlaría las provincias orientales con la capital en Antioquía o Alejandría, y Caracalla, las occidentales con el centro en Roma. Pero Julia Domna obstaculizó este plan. En cualquier caso, los intentos de dividir el Imperio fueron infructuosos.

Durante las Saturnales, Caracalla decidió matar a Geta, pero el plan fracasó, debido a los rumores que se fueron conociendo. En consecuencia, Geta reforzó su seguridad con soldados y gladiadores. Tras esto, Caracalla decidió tomar una estrategia diferente, indujo a su madre a invitarlos a ambos, a su apartamento, para reconciliarlos. Al llegar Geta, los centuriones de Caracalla lo atacaron y lo mataron, cayendo en los brazos de su madre. De allí, Caracalla se dirigió al campamento de los pretorianos, donde declaró que había escapado de un atentado contra él, al tiempo que aseguraba que Geta fue asesinado porque estaba conspirando contra él. Al día siguiente, reunido el Senado, Caracalla anunció una amnistía a todos los exiliados, pero desencadenando una sangrienta persecución contra los partidarios de Geta; se calcula que unas veinte mil personas perdieron la vida. El cuerpo de Geta fue incinerado. Hay diversas fechas para datar el asesinato de Geta: el 19, el 24 e incluso el 26 de diciembre del año 211, aunque también a principios del 212. Tras la muerte de su hermano, Caracalla lo condenó con la damnatio memoriae y ordenó que su nombre fuera borrado de todos los registros. Solo en el año 219, tras la llegada de Heliogábalo a Roma, sus restos fueron trasladados al Mausoleo de Adriano y allí enterrados junto a las cenizas de su padre y hermano.
    Elio Espartano, autor de una biografía de Geta, describió la apariencia y los hábitos del emperador de la siguiente manera: “Geta tuvo en la adolescencia áspero carácter, pero no cruel. Era hermoso, pero hablador, glotón y ávido de vinos preparados de diferentes maneras. [...] Mostró decidida afición por las letras, especialmente por los escritores antiguos, y siempre recordó las máximas de su padre. [...] Su voz era sonora a pesar de cierta tartamudez. Era cuidadoso en el vestido, hasta el punto de lamentarlo su padre. En cuanto recibía algún regalo de los que solían hacer al palacio, lo empleaba en su adorno y nunca daba nada a nadie”.


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Ramón Martín

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