Urraca López de Haro, tercera esposa de Fernando II

Era hija del conde López Díaz de Haro, señor de Vizcaya y de la condensa Aldonza, fundadores del monasterio de Cañas en 1169. Contrajo un primer matrimonio con un pariente de su madre, el magnate gallego Nuño Meléndez, hijo de Melendo Núñez y de María Fróilaz, hija del conde Fruela Díaz, y de la condesa Estefanía Sánchez. Tuvieron una hija, María Núñez, en 1195 aparece haciendo una donación junto con su madre y hermano Sancho en el Monasterio de Santa María de Trianos. Entre los años 1234 y 1246, María fue administradora temporal del monasterio.

Hacia 1182, Urraca se convirtió en amante del rey Fernando II, casándose con él tras la muerte de su esposa Teresa Fernández de Traba. Coincidiendo con su matrimonio en mayo de 1187, el rey le hizo donación de los señoríos de Monteagudo y Aguilar.

Pocos meses después de su matrimonio, Urraca, sabiendo que se acercaba el final de la vida del rey, quiso elevar al trono de León a su único hijo superviviente, Sancho Fernández de León, en perjuicio del infante Alfonso, hijo primogénito de Fernando II y de la reina Urraca de Portugal, sostuvo que el infante Alfonso era ilegítimo ya que el matrimonio de sus padres había sido anulado debido a la consanguinidad de sus padres. El rey Fernando desterró a su hijo primogénito, lo que supuso un triunfo para su madrastra, que se esforzó en que su hijo Sancho heredase el trono a la muerte de su padre, dicha pretensión obtuvo pocos apoyos, incluso entre sus parientes, debido a la corta edad del infante. Urraca también se enfrentó a los Traba que defendían los derechos del infante Alfonso, que se había criado con ellos, así como con los Lara, hijos de Teresa Fernández de Traba, la segunda esposa del rey Fernando.


De su matrimonio con el rey Fernando II de León, nacieron tres hijos: García Fernández de León, nacido antes de que sus padres contrajeran matrimonio, murió siendo un niño y fue sepultado en el Panteón de Reyes de San Isidoro de León; Alfonso Fernández de León; Sancho Fernández de León, segundo señor de Monteagudo y Aguilar que había heredado de su madre.

Tras morir el rey Fernando en Benavente el 22 de enero de 1188, Urraca se refugió en Castilla en la corte de Alfonso VIII, sobrino del difunto rey, y confiando sus castillos leoneses a su hermano Diego López de Haro. Alfonso IX de León, temeroso del poder de los Haro, pactó con su primo el rey Alfonso VIII, atacó y se apoderó de las fortalezas que la reina Urraca poseía en el reino de León.

En 1213, el conde Álvaro Núñez de Lara, esposo de Urraca Díaz de Haro, sobrina de la reina Urraca, varias propiedades que había adquirido en La Bureba localizadas en Santa María de Ribarredonda y en los montes de Petralata, así como un pozo de salmuera en Poza de la Sal. Después de haber muerto el conde, Urraca con estas propiedades, más otras adquiridas o que le fueron donadas, dotó y fundó en 1222 el Monasterio de Santa María la Real de Vileña, que fue incorporado a la Orden del Cister, donde tomó los hábitos y se retiró.

La reina Urraca, tras su muerte, alrededor de 1230, fue enterrada en un sepulcro de piedra en el presbiterio de la iglesia del Monasterio de Santa María la Real de Vileña, que ella había fundado. Su sepulcro se encontraba en el Museo de Santa María la Real de Vileña en Villarcayo, trasladado allí después del incendio que destruyó dicho monasterio en 1970. Actualmente se expone en el Museo del Retablo en Burgos.



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