lunes, 23 de abril de 2018

El Renacimiento: En el Mundo

Miguel de Cervantes


El Renacimiento en España: En España el cambio no es tan extremo como en otros países, por ello se habla de un Renacimiento español más original y variado que en el resto de Europa. Así, la literatura acepta las innovaciones italianas de Dante y Petrarca, pero no olvida la poesía del Cancionero y la tradición anterior. En cuanto a las artes plásticas, el Renacimiento hispano mezcló elementos importados de Italia, de donde llegaron Paolo de San Leocadio, Pietro Torrigiano o Domenico Fancelli, con la tradición local, y con algunos otros influjos, como lo flamenco. Las innovaciones renacentistas llegaron a España de forma muy tardía: hasta la década de 1520 no se encuentran ejemplos acabados de las mismas y tales ejemplos son minoritarios. No llegaron a España plenamente, lo que determina que el arte renacentista español pase casi abruptamente del gótico al manierismo. 


En el campo de la arquitectura se distinguen tres periodos: plateresco (siglo xv-primer cuarto del siglo xvi), purismo o estilo italianizante (primera mitad del siglo xvi) y estilo herreriano (a partir de 1559-mediados del siglo siguiente). En el plateresco aparece de forma superficial, en la decoración de las fachadas, lo más característico es una decoración menuda, detallista y abundante, semejante a la labor de los plateros, de donde deriva el nombre. El núcleo fundamental fue la ciudad de Salamanca, cuya Universidad y su fachada son el paradigma del estilo. Arquitectos destacados del mismo fueron Rodrigo Gil de Hontañón y Juan de Álava. 

El purismo representa una fase más avanzada de la italianización en la arquitectura. El palacio de Carlos V en la Alhambra de Granada, obra de Pedro de Machuca, es ejemplo de ello. El foco principal de este estilo se situó en Andalucía, donde además del citado palacio destacaron los núcleos de Úbeda y Baeza y arquitectos como Andrés de Vandelvira y Diego de Siloé.

Finalmente, apareció el estilo escurialense o herreriano, original adaptación del manierismo romano caracterizada por la desnudez y el gigantismo arquitectónico. La obra fundamental fue el palacio-monasterio de El Escorial, trazado por Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera, sin duda la obra más ambiciosa del Renacimiento hispano. Lo escurialense traspasó el umbral cronológico del siglo xvi llegando con gran vigencia a la época barroca. 

En escultura, la tradición gótica mantuvo su hegemonía durante buena parte del siglo xvi. Los primeros ecos del nuevo estilo corresponden a artistas como Felipe Vigarny o Domenico Fancelli, que trabajó al servicio de los Reyes Católicos, esculpiendo su sepulcro. No obstante, pronto surgieron artistas locales como Bartolomé Ordóñez y Damián Forment. Posteriormente surgieron grandes figuras, creadoras de un manierismo que sentó las bases de la posterior escultura barroca: Juan de Juni y Alonso Berruguete son los más destacados. 

La pintura renacentista española está determinada igualmente por el pulso que mantiene la herencia del gótico con los nuevos modos venidos de Italia. Esto se aprecia en la obra de Pedro Berruguete, que trabajó al servicio de Federico de Montefeltro, y Alejo Fernández. Posteriormente aparecieron artistas influidos por las novedades italianas, como Vicente Macip o su hijo Juan de Juanes —influidos por Rafael—, Luis de Morales, Juan Fernández de Navarrete o los leonardescos Fernando Yáñez de la Almedina y Hernando de los Llanos. Pero la gran figura del Renacimiento español, que se inscribe en el manierismo, aunque rebasando sus límites al crear un universo estilístico propio: El Greco. 

La literatura renacentista es un reflejo de los principios que dominaron el pensamiento de la época. Grandes figuras nos han legado una producción literaria cuyo mensaje, en muchos casos, continúa de actualidad. Los temas principales de la literatura renacentista son: el amor, la naturaleza, la mitología y la llamada al goce de la vida, reflejado en la expresión latina carpe diem.

La lírica se caracteriza por la flexibilidad y elegancia de la lengua poética, ejemplificada en el uso del verso endecasílabo y del soneto. En este sentido, cabe mencionar a Francesco Petrarca en Italia. En España destacan Garcilaso de la Vega, poetas ascéticos como Fray Luis de León y místicos como Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. Tanto Fray Luis como San Juan de la Cruz se sirvieron de un tipo de estrofa que, tanto por el ritmo poético como por la combinación de versos heptasílabos y endecasílabos, ofrece una gran musicalidad; es “música escrita”.

En la narrativa podemos distinguir varios tipos:

a) Narrativa de ficción, representada por Miguel de Cervantes en sus Novelas Ejemplares, que son recreaciones literarias de modelos de comportamiento asociables a la tradición de la literatura didáctica, ya existente en la Edad Media con obras como El Conde Lucanor de Don Juan Manuel o los Milagros de Nuestra Señora de Berceo.

b) Poemas épico-legendarios, como el Orlando Furioso de Ludovico Ariosto.

c) Novela picaresca, con ejemplos como el anónimo Lazarillo de Tormes o el Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán.

d) El cuento urbano burgués, representado por El Decamerón de Boccaccio, en el que se busca deleitar y entretener al lector.


Arte colonial hispanoamericano: Las primeras muestras de arquitectura colonial en América tuvieron cierta pervivencia de rasgos góticos, si bien pronto llegaron las nuevas corrientes que se producían en España, como el purismo y el plateresco. Al iniciarse la colonización, la arquitectura fue, principalmente de signo religioso, ya que, por orden real, el primer edificio que se debía construir en cualquier nueva ciudad debía ser una iglesia. Durante la primera mitad del siglo xvi fueron las órdenes religiosas las encargadas de edificar las iglesias en México, preferentemente iglesias fortificadas, un conjunto almenado con iglesia, convento, un atrio y una capilla abierta, como el Convento de Tepeaca, el de Huejotzingo y el de San Gabriel en Cholula. A mediados de siglo se empezaron a construir las primeras grandes catedrales, como las de México, Puebla y Guadalajara. En Perú, en 1582 se inició la Catedral del Cuzco y, en 1592, la de Lima, ambas obras del extremeño Francisco Becerra. En Argentina destaca la Catedral de Córdoba, obra del jesuita Andrés Blanqui. 

Las primeras pinturas fueron de escenas religiosas obras de maestros anónimos, realizadas con tintas vegetales y minerales y telas de trama áspera e irregular. Destacaron las imágenes de la Virgen con el Niño, con raíces autóctonas donde se representaban los arcángeles como arcabuceros contemporáneos. La producción artística hecha en Nueva España por indígenas en el siglo xvi es denominada arte indocristiano. Adentrado el siglo xvi surgieron los grandes frescos murales, de carácter popular. Desde mediados de siglo empezaron a llegar, procedentes de Sevilla, maestros españoles: Alonso Vázquez, Alonso López de Herrera, flamencos: Simón Pereyns e italianos: Mateo Pérez de Alesio, Angelino Medoro. 

En escultura, las primeras muestras fueron también del tema religioso, en tallas y retablos para iglesias, confeccionadas en madera recubierta con yeso, decorada con encarnación: aplique directo del color, o estofado, sobre un fondo de plata y oro. A principios del siglo xvii nacen las primeras escuelas locales, como la quiteña, la cuzqueña y la chilota, destacando la labor de la orden jesuita. 


Un repaso rápido al Renacimiento en Francia. Fontainebleau fue la auténtica capital artística de Francia durante el Renacimiento, sin embargo, el impulso definitivo al Renacimiento se dio bajo el reinado de Francisco I. Este monarca solicitó los servicios de grandes maestros, entre ellos el mismo Leonardo da Vinci, que murió en el castillo de Cloux. En lo que respecta a la arquitectura, destacar los castillos del valle del Loira, conjunto de mansiones para la realeza y la nobleza que muestran los rasgos más característicos del Renacimiento francés, el decorativismo de raigambre manierista. Francisco I se embarcó en la obra fundamental de este período: el palacio de Fontainebleau, con su célebre Escalera Imperial. En el involucró a artistas como los pintores Francesco Primaticcio o Rosso Fiorentino, el escultor Benvenuto Cellini o el arquitecto Sebastiano Serlio.​

Tras Francisco I, bajo Enrique II, cuya esposa, Catalina de Médicis, pertenecía a la poderosa familia florentina, se reformó la antigua sede de la corte en París, el palacio del Louvre, la reforma se debe al arquitecto francés, Pierre Lescot. Asimismo, estos monarcas iniciaron la construcción de un nuevo palacio, enfrente del Louvre, el palacio de las Tullerías, en el que intervino otro gran arquitecto francés del Renacimiento, Philibert Delorme.

La escultura del Renacimiento en Francia, contó con dos autores sobresalientes: Germain Pilon y Jean Goujon. En la pintura Francisco I impulsó la formación de artistas franceses bajo la dirección de maestros italianos, como Niccolò dell'Abbate o Primaticcio, conocemos los nombres de algunos: Jean Cousin el Viejo o Antoine Caron entre los más destacados. Sin embargo, el pintor francés más importante de la época, fue François Clouet.


Alberto Durero

El Renacimiento en Alemania no fue una tentativa de resurrección del arte clásico, sino una renovación intensa del espíritu germánico, motivado por la Reforma protestante. Alberto Durero fue la figura dominante del Renacimiento alemán. Su obra impuso la impronta del artista moderno, sus trabajos ejercieron una profunda influencia en los artistas del siglo xvi de su país y de los Países Bajos. La pintura germánica conoció uno de sus mayores momentos de esplendor. Junto a Durero surgieron otros grandes autores, como Lucas Cranach el Viejo, Hans Baldung Grien, Matthias Grünewald, Albrecht Altdorfer, o Hans Holbein el Joven. En escultura pervivieron las formas góticas hasta bien entrado el siglo xvi. Destaca la obra de Peter Vischer, autor de las tumbas imperiales de Innsbruck. También trabajaron aquí algunos artistas flamencos, como Hubert Gerhard, autor del San Miguel de la fachada de la iglesia de San Miguel de Múnich. En arquitectura, los primeros exponentes fueron los edificios patrocinados por la familia Fugger en Augsburgo, como la Capilla Fugger en la iglesia de Santa Ana o el barrio de casas obreras llamado Fuggerei. A mediados del siglo xvi se amplió el castillo de Heidelberg, siguiendo las directrices clásicas. La mayoría de los príncipes alemanes prefirieron conservar las obras góticas, limitándose a decorarlas con ornamentación renacentista. 


El Renacimiento en Flandes y Países Bajos, a la par que se desarrollaba en Italia el Cinquecento la escuela flamenca de pintura alcanzó un desarrollo notable, de la paleta de Jan van Eyck, Rogier van der Weyden y otros grandes maestros. Se caracterizó por su naturalismo, aunque los modos del gótico pervivieron, aunque matizados con cierta vena caricaturesca y fantástica y una mayor sensibilidad a la realidad del pueblo llano y sus costumbres. A mediados del siglo xvi el clasicismo italiano se manifiesta en la llamada Escuela de Amberes y en pintores como Jan van Scorel o Mabuse. Algunos grandes nombres de la época fueron Joachim Patinir, Quentin Metsys, el retratista Antonio Moro, el Bosco, uno de los precedentes del surrealismo (El jardín de las delicias), y Pieter Brueghel el Viejo, que en su pintura glosa sentencias morales y de crítica social (El triunfo de la Muerte). En el campo de la escultura destacó Adriaen de Vries, autor de expresivas obras excelentes ejemplos de manierismo escultórico fuera de Italia. En arquitectura el gótico siguió teniendo una gran preponderancia hasta entrado el siglo xvi, en que se recibió la influencia de la arquitectura renacentista francesa, como se denota en el Ayuntamiento de Amberes, obra de Cornelis Floris de Vriendt.


Boccaccio

El Renacimiento en otros países:

- Inglaterra, en arquitectura, durante todo el siglo xvi pervivió el estilo Tudor de origen gótico, mientras que las novedades renacentistas fueron adoptadas únicamente en elementos ornamentales, como en la tumba de Enrique VII en la abadía de Westminster, realizada arquitectónicamente en estilo gótico, se contrató al artista italiano Pietro Torrigiano para realizar la decoración escultórica.​ Otros ejemplos de estilo Tudor serían los palacios de Sutton, Nonsuch y Hampton Court. ​

- Portugal: en arquitectura, el gótico pervivió en el llamado estilo manuelino. A mediados de siglo se recibió la influencia de arquitectos italianos como Serlio o Palladio, como se denota en la iglesia de Nuestra Señora de Gracia en Évora o en el claustro del convento de Cristo de Tomar, obras de Diogo de Torralva.​ Aquí trabajó el arquitecto italiano Filippo Terzi, autor de la iglesia de San Vicente de Fora en Lisboa.​

- Austria y Bohemia: formando parte del imperio de los Habsburgo, estos países contaron con el patrocinio del emperador Rodolfo II, que atesoró en su corte de Praga una gran cantidad de obras y objetos de todo tipo. Adquirió cuadros de artistas como Brueghel, Tiziano, Leone Leoni o Durero, y acogió a artistas como Giuseppe Arcimboldo. ​ En Bohemia se construyeron diversos palacios, como el Comunal de Pilsen y el de Schwarzenberg en Praga; y castillos, como los de Litomyšl, Černý y Kostelec. 

- Suiza: la influencia italiana se notó especialmente en el cantón de Ticino, como se evidencia en las catedrales de San Lorenzo de Lugano y San Francisco de Locarno. En pintura destacó la obra de Niklaus Manuel, aún cercana al gótico tardío. 

- Hungría: contó con el mecenazgo del rey Matías Corvino, gran amante del arte italiano. El monarca contrató artistas y arquitectos italianos para reformar y decorar sus palacios, como Benedetto da Maiano, Clemente Camicia y Giovanni Dalmata; el miniaturista Attavante degli Attavanti; y el escultor Andrea Ferracci. 

- Polonia: el Renacimiento llegó de la mano de artistas italianos llegados al país, como los arquitectos Franciscus Italus y Bartolomeo Berecci, Gian Maria Mosca y Giovanni Battista di Quadro; y los escultores Santi Gucci, Girolamo Canavesi y Domenico Veneziano. En cambio, en pintura trabajaron mayormente artistas alemanes, como Hans Sues von Kulmbach, Louz von Kitzingen y Martin Koeber. 

- Rusia: en esta época continuó la tradicional arquitectura rusa de influencia bizantina, pero se recibió alguna influencia del Renacimiento italiano a través del arquitecto boloñés Aristotele Fioravanti, que construyó la catedral de la Dormición en el Kremlin de Moscú; otro arquitaliano, Aloisio Nuovo, fue el encargado de construir la catedral del Arcángel Miguel también en el Kremlin. La influencia italiana se denota igualmente en la catedral de San Basilio de Moscú, obra de Póstnik Yákovlev.


No hay comentarios:

Publicar un comentario