Ingelburga de Dinamarca, segunda esposa de Felipe II rey de Francia

 




    Tras dar a luz al tan esperado heredero del rey Felipe II Augusto, rey de Francia, su esposa Isabel de Henao, murió al dar a luz un par de gemelos que morirían a los cuatro días. Felipe se encontraba planeando una cruzada a Tierra Santa, y ni siquiera la muerte de su esposa lo detendría: partió hacia Tierra Santa, de donde regresó en diciembre de 1191. El príncipe Luis había estado mortalmente enfermo, y aunque, se recuperó, era imperativo que Felipe encontrara una nueva esposa que le diera más hijos. La elección recayó en la princesa Ingelburga de Dinamarca.

Ingelburga había nacido alrededor de 1175, era hija del rey Valdemar I el Grande de Dinamarca y su segunda esposa, la princesa rusa Sofía, hija del príncipe de Minsk. Sabemos poco de la educación recibida por la princesa, y solo tenemos noticias de ella, cuando Felipe decidió casarse con ella. Nadie se explica por qué Felipe la eligió como esposa. Posiblemente los motivos fueran políticos, ya que, Dinamarca estaba en ascenso y era un comodín político. Felipe envió un mensaje al rey Knut, en el que se mostraba interesado en casarse con cualquiera de sus hermanas que estuviera disponible.

Ingelburga, con 18 años, llegó a Amiens el 13 de agosto de 1193. No sabía francés y Felipe desconocía el danés, por lo que se vieron obligados a hablar en latín. El 14 de agosto tuvo lugar la ceremonia de matrimonio, y al día siguiente Ingelburga fue coronada en la catedral de Amiens. Al poco de acabar la ceremonia, el rey se acercó a la parte danesa y exigió que se llevaran a la reina de regreso a Dinamarca porque era su intención buscar la anulación del matrimonio. Tres meses después, el 5 de noviembre, el tío de Felipe, Guillermo, arzobispo de Reims, convocó un concilio en Compiègne. El argumento presentado por Felipe, es que Ingelburga estaba relacionada con su primera esposa Isabel dentro de cuatro grados, un grado de afinidad prohibido por la iglesia. El argumento era muy débil y no convenció a los daneses, a pesar de lo cual, el consejo decidió disolver el matrimonio, permitiendo que ambas partes se casaran nuevamente. 

Ingelburga apeló su caso ante el papa Celestino III en Roma. Tras la llegada de los embajadores daneses a Francia en un intento de reconciliación, pero Felipe los expulsó. Entonces, Dinamarca envió una delegación a Roma, y el papa declaró inválida la decisión del concilio de Compiègne. Pero Felipe siguió adelante y buscó otra esposa. Finalmente se fijó en Isabel de Merania y se casó con ella en junio de 1196. Ingelburga acusó a Felipe de bigamia y adulterio, insistiendo en que el matrimonio se había consumado. En los años siguientes, Isabel dio a luz a dos hijos y, cuando el papa Celestino murió, el papa Inocencio III asumió el cargo. Experto en la ley de la iglesia sobre el matrimonio, inmediatamente apoyó a Ingelburga. Tras años de la obstinada posición de Felipe a dejar a un lado a Isabel, Inocencio pronunció un interdicto sobre Francia que comenzó el 13 de enero de 1200. Este interdicto duró hasta septiembre de ese año y la gente sufrió mucho. En todos los territorios dominados por Felipe, los habitantes se vieron privados de los servicios religiosos, solo se permitían, el bautismo del recién nacido y la hostia consagrada para los enfermos graves.

Se iniciaron negociaciones, pero como Isabel estaba embarazada de su segundo hijo, se acordó que podía permanecer en Francia. Felipe accedió a reunirse con Ingelburga. Reunión que tuvo lugar en una mansión real en las afueras de París, fue un comienzo y condujo a un concilio, celebrado en Soissons en marzo de 1201 donde el rey podría exponer sus quejas y la autoridad del tribunal fue reconocida por ambas partes. El Papa levantó el interdicto.

Isabel dio a luz a su hijo y luego murió en julio de 1201. Felipe ya no se consideraba bígamo. Ingelburga fue enviada a Étampes. Donde pasaría doce años como prisionera. Felipe argumentó que Ingelburga le había lanzado un hechizo en la noche de bodas que lo dejó impotente. El papa Inocencio suavizó su postura y en julio de 1202, estableció dos condiciones para disolver el matrimonio: Isambur debía tener la oportunidad de defenderse ante un juez imparcial, y algunos de sus legados irían a Dinamarca para interrogar a los testigos. También, legitimó a los dos hijos de Isabel. Por lo tanto, Felipe había asegurado la sucesión. En 1207 y 1212 se hicieron intentos, que no llegarían a cristalizar, para llegar a algún tipo de conclusión de la disputa. Finalmente, en 1212, el agente del papa concluyó, tras investigar las pruebas, de que el matrimonio se había consumado el 14 de agosto de 1193 e Inocencio declaró que, en conciencia, no podía separar a Ingelburga de Felipe.

En 1213, el rey Juan de Inglaterra, junto a Otto de Brunswick, emperador de los alemanes, conspiraron contra Francia. Felipe II conspiró para invadir Inglaterra y destronar a Juan. Además, el rey Knut y el rey Valdemar se habían involucrado en contra de Felipe por el trato dado a su hermana, pero Felipe necesitaba la ayuda del hermano de Ingelburga y del papa. Ahora, Felipe, reabrió los canales diplomáticos y acordó recuperar a Ingelburga como reina, obteniendo un par de victorias decisivas en La-Roche-aux-Moines y Bouvines en 1214. Tras la reconciliación, a Ingelburga no se le permitió vivir en París con Felipe, pero fue aceptada por la familia real y considerada la reina y esposa del rey. Así siguieron las cosas, hasta la muerte de Felipe en 1223. Ingelburga fue tratada con dignidad por Luis VIII y Luis IX, recibiendo los honores correspondientes a una reina viuda y permitiéndola participar en eventos reales. Recibió las tierras de su dote, convirtiéndola en una mujer rica. Finalmente se retiró a Corbeil, una isla en Essonne, al priorato de Saint-Jean-de-I’Ile que había fundado y donde terminó su vida en la tranquilidad el 29 de julio de 1236. Fue enterrada en dicho priorato. 

 Ramón Martín

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