Calle del Mar de Valencia, Algunas de sus casas


          Vamos a repasar algunas de las más significativas casas que han formado o forman parte de la calle del Mar. En éste capitulo conoceremos la Casa Natalicia de San Vicente Ferrer, la Casa solariega de la Familia de los Valeriola y, la Casa de los Pujades, conde de Anna.

          De lo que consideramos los inicios de que tenemos conocimiento, debemos destacar el <<Bany En Pujades>>, y otra edificación que, aunque no recaía propiamente, en la calle del Mar, pertenecía al mismo paisaje urbanístico. Nos referimos a los <<Bany del Almirant>>, que lindaban con el barrio de los judíos.

          A partir de 1238, una vez conquistada la ciudad por Jaime I de Aragón, se observa una evolución en los edificios de toda la ciudad y, como no podría ser de otra manera, en la calle del Mar. Este aumento en la edificación fue debida a que, algunos de los caballeros que acompañaban a Jaime I, se asentaron en Valencia. Haciéndolo algunos en la calle del Mar y sus alrededores. Ese aumento fue, aún más notorio, al subir al trono Pedro I en 1276, hasta 1412 en que muere Martín I el Humano.

          Las diferentes clases sociales y el crecimiento demográfico, darán lugar a una época de esplendor de los oficios, y así irán apareciendo casas para tenderos, comerciantes y artesanos y, por consiguiente, las casas morunas sufrirán una transformación. Existían en la calle del Mar, palacios y casas pobres, patios con elegantes escaleras, junto a casas humildes con su típica escalerilla. Se dan ciertos conceptos de edificación, por ejemplo la <<Botica>>, una parcela que ocupaba la planta baja de la casa, con fachada a la calle, destinada a actividades comerciales. Los <<obradors>>, no estaban destinados a compartir la vivienda, sino al ejercicio de la profesión u oficio de quién lo disfrutaba. De estos últimos debieron existir muchos en el <<Açoch>> de la Judería.

          Frente al convento de las religiosas de San Cristóbal, estuvieron instaladas las carnicerías, y es posible que, como reminiscencia de los bazares de la Judería, como vía de acceso hacia las rutas de navegación, existiera en la calle, durante la Baja Edad Media, un espacio porticado, destinado a cambistas y comerciantes de telas.

          Al comenzar a derribarse las murallas de Valencia el 20 de febrero de 1865, entre la puerta del Real y la de la Trinidad, señala el comienzo de una nueva era, con la aprobación del primer ensanche de Valencia, en el año 1887, que abre nuevos horizontes a la edificación. Por lo que atañe a la calle del Mar y a sus casas, la estructura vial, no sufrirá prácticamente alteraciones, aunque sí en cuanto a los edificios que, fueron renovados la mayoría de ellos,

          Solamente subsiste, desde hace siglos, el viejo Palacio de los Valeriola, con la misma estructura arquitectónica. Fue sede de la imprenta Domenech y del diario de la prensa valenciana <<Las Provincias>>.

         

CASA NATALICIA DE SAN VICENTE FERRER 


          Es la casa con más historia y prestancia, de todas las que están en la calle del Mar. Conocida comúnmente como <<Natalicia>> o simplemente como <<el Pouet>>. La casa donde nació San Vicente Ferrer se hallaba en la última manzana de la calle, entre nuestra calle del Mar, la calle del Fossar de Benimaclet (en la actualidad Bretón de los Herreros) y el callejón de la Garrofa. Hacia Levante no existían edificaciones y, el terreno despejado colindaba con la vecina Rambla de Predicadores, cuyo convento de Santo Domingo era, fácilmente divisable, desde la casa de la familia Ferrer.


          Es seguro que sería pequeña y, la puerta principal, con su arco de medio punto con un ventanal que iluminaría el piso superior, se abría ala calle del Mar. En el piso inferior estaba el despacho de Guillem Ferrer, padre del santo, que era notario. Este despacho de paredes encaladas, techumbre de vigas visibles, armarios de madera y una mesa conjuntada con ellos, era oficina pública, por lo que se denominaría <<operatorio>>. Más allá del despacho, otras habitaciones, entre ellas la cocina (cuina), con su despensa (rebost), con sus tinajas para guardas aceite y harina (gerres olieres y farineres). Inmediato a la cocina, estaría el comedor (menjador).

          Por una estrecha escalerilla, se ascendería al piso principal, donde se encontraban las habitaciones más importantes, entre ellas el dormitorio principal, situado normalmente, en la parte interior para evitar ruidos, y que daría a un patio interior, en la que encontraríamos el famoso <<pouet>>. La mansión del matrimonio Guillem Ferrer y Constança Miquel, tuvieron dos hijos que se harían famosos: Vicente, dominico, y Bonifacio, cartujo en Porta-Coeli y Vall de Christ.

          A finales del siglo XIV, tuvo el dominio de la casa el hospital que fundara en 1397 Pere En Conill, posteriormente el vecino Convento de Predicadores, consiguió el derecho, en caso de que se vendiera. Por fin los frailes predicadores o de Santo Domingo, consiguieron la posesión de la Casa Natalicia, aunque el 13 de marzo de 1498, la vendieron al Gremio de Boneteros. Cuando a mediados del siglo XVI decayó el gremio, solicitaron a l Municipio les comprase la propiedad, cosa que el Consejo de la Ciudad aprobó el 14 de agosto de 1573.

          La mansión fue transformándose, las renovaciones más importantes se realizaron en 1677. En 1734 se realizó el bello frontispicio que perduró hasta hace poco tiempo. Así fueron sucediéndose los años, hasta que, en el pleno del Ayuntamiento de Valencia, del día 11 de enero de 1915, a propuesta del concejal señor Lluch, se acuerda entregarla a los Padres Dominicos.

          Terminada la guerra civil española, el Ayuntamiento de Valencia, en colaboración con la Junta Vicentina, ante la proximidad del VI Centenario del nacimiento de San Vicente Ferrer y del V de su canonización, acordó en sesión plenaria la reconstrucción de dicho edificio. Su estructura es de estilo gótico y base octogonal.

          Señalar que, aquella casa, como todas las de su época, tenía su pozo. Así <<el Pouet>>, es algo entrañable en la casa solariega de los Ferrer, como luego lo ha sido para todo el pueblo valenciano. Según la tradición, San Vicente Ferrer, antes de partir definitivamente de Valencia pronunció estas palabras: “Os dejo este pozo, que jamás se agotará y cuyas aguas os serán de gran consuelo”.


CASA SOLARIEGA DE LA FAMILIA DE LOS VALERIOLA

          Esta casona, donde durante años ha funcionado la Imprenta Domenech, es el único vestigio completo en su estructura que, se conserva a través de unos cuantos siglos de historia de la vieja calle del Mar. Al contemplarla la clasificamos en el llamado estilo <<académico>>. Este estilo surge, al decaer el siglo XVIII, como un cansancio del Barroco, una corriente Neoclasicista. Esta reacción es fomentada por las Academias erigidas en Francia y que llegarían posteriormente a España.


          El gran propulsor de este estilo académico fue Carlos III. El Neoclasicismo se impone con apasionamiento, gracias a la presencia, en nuestro país, de arquitectos extranjeros en la corte, como es el caso de Sabatini. Las directrices de la Academia de San Fernando de Madrid, tendrá su proyección en la Academia de San Carlos de Valencia. La influencia se patentiza en nuestras casonas y palacios del siglo XVII, que siguen las normas de los palacios italianos.

          Esta arquitectura la encontramos en el palacio que perteneció al ilustre linaje de los Valeriola. En el no pueden faltar, una o mas torres situadas en los ángulos del edificio, que sobresalían poco de la altura del edificio, según la traza y estilo que adoptó el rey Ceremonioso al reconstruir su palacio en el Real de esta ciudad que, había sido destruido por Pedro I de Castilla, y que fue imitado por los magnates valencianos hasta dos siglos más tarde.

          La portada presenta un amplio portalón de sillería con arco de medio punto. A ambos lados del portal, entresuelos con dos balcones a cada parte y, sobre ellos, en el piso principal, cinco grandes y esbeltos balcones de balaustrada de hierro, además de los tres de la fachada lateral izquierda. Coronando el remate de todo el conjunto externo del edificio, una serie de arquillos que dan luz a un extenso desván que, recorre toda la fachada. En el extremo noroeste, cual permanente vigía, se alza la esbelta torre de techumbre encaperuzada, desafiando el paso del tiempo.

          Entramos en el edificio por el ancho portalón adintelado, que da acceso al zaguán, en el que podemos ver, a mano derecha, la escalera particular del entresuelo, que era independiente; y a la izquierda la habitación del portero. De este primer patio, atravesando un arco, llegamos a a otro patio descubierto, en el que se encuentra la escalera de piedra y baranda de hierro, con pasamanos de bronce que, nos conduce, al piso principal donde habitaban los señores de la casa. Junto al comienzo de la escalinata, el <<pódium>>, para poder montar en los caballos, cómodamente. Alzando la vista, vemos un viejo e inservible reloj de sol. Este patio es el que dará acceso a bodegas, caballerizas, habitaciones de cuadreros, etc.

          Ascendemos por la escalera, al primer rellano, donde podemos ver como los vetustos muros, disimulan un abigarrado conjunto de plantas, que sirven de adorno a la escalinata. En el último rellano, una puerta de dos hojas, sencilla, por donde entramos a lo que fue vivienda del dueño de la casa. Distintas dependencias: gabinetes, dormitorios, comedor, cocina, dan paso al salón principal, recayente a la fachada mayor por su magnitud, altos techos, su chimenea de ricos mármoles de un cierto sabor setecentista. Llaman la atención, los anchos pavimentos del siglo XVIII. Tiene el salón planta rectangular, sobresaliendo su, bien conservado, techo artesonado de madera. Sobre el friso, en cada una de las cuatro paredes, se lee, en dorados caracteres góticos, este lema: <<VERITAS VINCIT>>. Varios salones más, enriquecen el conjunto.

          En el lugar más retirado de la casona, cerca de las cocinas y despensas, llegamos a la angosta escalera interior, por la que se sube al piso último del inmueble. Finalmente una, estrecha y empinada escalerilla, conduce a terrazas y tejados, sobre la que se alza, desafiando el tiempo, cual centinela encaperuzado, y que todavía sigue vigilante sobre la vieja vía del Mar, la torre vigía.


CASA DE LOS PUJADES, CONDES DE ANNA


          En el primer artículo ya hicimos mención de esta mansión, en la calle de su nombre, y después del Mar. Orellana ubicó este edificio entre la plazuela de Santa Tecla y la calle de <<las Gallinas>>, hoy azucach con la misma rotulación, por lo que podemos deducir que, la casona solariega de este linaje, corresponde a la actual manzana comprendida entre la calle de Luis Vives y el callizo de Las Gallinas, y cuyas plantas bajas ocupaban los establecimientos de: material fotográfico Nácher, máquinas de escribir Orbis y la papelería R. Roca, ya desaparecidos.

          Por el año 1610, los Pujades, condes de Anna, ya no habitaban dicha mansión, lo que debió contribuir a que fuese cayendo en el olvido tan antiguo renombre de la calle, correspondiente a su casa solariega.

Texto: Propio. Imágenes: http://valenciaactua.es y propias

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