viernes, 21 de julio de 2017

Luis José Sartorius y Tapia


Nacido en Sevilla en 1820, era su madre doña Joaquina de Tapia y Sánchez de Oviedo, emparentada con los marqueses de Castellón. La familia era oriunda de Polonia, siendo pariente del antequerano marqués de Cela. Toda la familia se trasladó de Sevilla a Madrid cuando Luis era aún un adolescente, allí logró hacerse con las simpatías de Bravo Murillo, que le introdujo en el mundo periodístico. De pluma ágil y con grandes dotes como redactor, no tardó en darse a conocer en los círculos políticos y sociales de la capital. Tras colaborar en varios periódicos, en el año 1842 fundó El Heraldo, dedicándose a combatir la política del Gobierno progresista de Baldomero Espartero, convirtiéndose en el órgano de prensa más válido del Partido Moderado. La Reina Isabel le otorgó en 1848 el Condado de San Luis y al mismo tiempo el título de Vizconde de Priego.

Su salto a la política lo hace el 2 de febrero del año 1843, tras salir elegido diputado, labor en la que destacó al igual que en el mundo periodístico. Adscrito a la causa de Narváez, Sartorius fue nombrado, a los treinta años, ministro de la Gobernación, en el gobierno de Narváez, el 4 de octubre del año 1847, permaneciendo en el cargo hasta el final del período gubernativo, el 20 de octubre del año 1849, fecha en que volvió a ocupar la misma cartera en otro Gabinete de Narváez. Finalmente, fue sustituido, el 14 de enero de 1851, tras la caída en pleno de todo el Gabinete de Narváez, que fue sustituido por otro de Bravo Murillo.

En el tiempo en que fue titular de la cartera de Gobernación, llevó a cabo una labor encomiable: fundó la Escuela de Ingenieros de Montes, desde la que impulsó una política de repoblación forestal; mejoró y organizó el cuerpo de policía; proyectó una ley de funcionarios de Gobernación para que los destinos se consiguieran por méritos; realizó esfuerzos enormes por mejorar la calidad de la enseñanza primaria; acometió varias reformas urbanísticas en Madrid, como fueron las del ensanche de la Puerta del Sol, la construcción del Teatro Real y la traída del agua corriente; refundió en el cargo de Gobernador civil, los de Jefe político e Intendente; introdujo reformas para el correcto funcionamiento de Correos; acordó un tratado de extradición con Francia; y, por último, obtuvo del Congreso la aprobación de una reforma arancelaria en profundidad. Sartorius también se preocupó de la vida cultural y literaria del país, proporcionando un reglamento sobre la propiedad literaria que protegía y beneficiaba a los escritores, lo que le valió el apelativo de "mecenas de las letras españolas".

A pesar de todas esas reformas, Sartorius cayó en desgracia al conocerse sus prácticas para amañar las elecciones, la mayoría ministerial conseguida en el año 1849 fuese conocida como "el Congreso de la familia". En dichas elecciones, fue acusado de proteger a los ministeriales y de combatir desde el propio Gobierno a los candidatos de la oposición, imputaciones que resultaron ser ciertas. Violentamente atacado en el Congreso, el Gobierno en pleno se vio obligado a dimitir, el 14 de enero del año 1851.



En el año 1853, recibió el encargo de formar un nuevo gobierno, haciéndolo el 19 de septiembre, en el que, además de presidente, volvió a ocupar la cartera de Gobernación. Desde un primer momento, Sartorius se granjeó numerosas enemistades, debido a una soberbia y vanidad que le llevaron a comprarse un título y acumular una rápida fortuna que levantó las sospechas de toda la clase política, lo que le obligó a confinarse en el conocido clan de los polacos, que conformaban su clientela personal. El 19 de noviembre se abrieron las Cortes, y en ellas presentó una gran cantidad de proyectos de ley, especialmente sobre tribunales y comunicaciones, y que acabó abrumando a todas las sesiones y comisiones formadas para debatirlos. Sartorius fue vivamente censurado al sacar a subasta pública, mediante Decreto Ley, la concesión de la construcción del ferrocarril Madrid-Irún, proyecto que el Senado consideraba totalmente inmoral por favorecer a una serie de personas próximas a Sartorius, entre las que se incluía a la propia reina madre María Cristina y al financiero José de Salamanca. Ante el cariz que fue tomando la situación, todos los partidos políticos de corte liberal se unieron en el compromiso único de derribar al Gobierno de Sartorius, uniéndoseles después cierto grupo de conservadores, también contrarios a su despotismo, en el que se incluía el propio Narváez, su antiguo protector.

El 8 de diciembre del año 1853, Sartorius presentó al Parlamento un paquete de medidas para su discusión y aprobación, referentes a aspectos jurídicos y de comunicaciones, pero en ambas Cámaras fue recibido con total hostilidad. En la primera votación, llevada a cabo en el Senado, Sartorius sufrió un rotundo fracaso, obteniendo 69 votos a favor por 105 en contra. En vista de lo cual, Sartorius procedió, a suspender las Cortes, tras lo cual promulgó los presupuesto del Estado por medio de un Decreto Ley comenzando a perseguir con saña a todos los contrarios a su política: destituyó a los empleados que habían votado contra el Gobierno; atacó con fiereza a los principales jefes militares, los generales Concha, O'Donnell, Serrano, Zabala, Armero, Infante, Nogueras y Manzano, a los que trasladó a cuarteles lo más alejados posible de Madrid.

Conocedor a la perfección del poder de la prensa, llevó su política represora hasta los propios periódicos, a los que proporcionó una serie de normas prohibiendo tajantemente la publicación de noticias sobre la cuestión de los ferrocarriles, la votación del Congreso, los personajes políticos que votaron en contra, así como sobre las numerosas destituciones y dimisiones de funcionarios, la contrata de la casa Clavé, Girona y Cía. (futura contratista para la construcción del puerto de Barcelona), y, en definitiva, sobre todas aquellas cuestiones que tuviesen relación alguna con la Administración. La censura sobre la prensa, una de las más rigurosas conocidas, alcanzó a los propios periodistas, los cuales, fueron despedidos por Decreto o bien encarcelados, creándose un clima y una situación muy violenta en todo el país que culminó en una primera intentona golpista, en febrero del año 1854, en Zaragoza, reprimida por el general Felipe Rivero. Sartorius declaró el Estado de sitio para todo el país, medida que empeoró aún más la situación.

La oposición logró una cierta cohesión interna bajo el liderato del general O'Donnell, que contó con la colaboración de los generales Dulce, Ros de Olano y Mesina, además de un gran apoyo por parte de amplios sectores políticos civiles y de la gran mayoría de la población del país, la cual culminaría con el pronunciamiento conocido como la Vicalvarada, el 30 de junio del año 1854, poniendo fin al Gobierno de Sartorius y obligando a la reina a llamar a Baldomero Espartero y proponerle un Gobierno de coalición con O'Donnell.



Sartorius, tras la Vicalvarada del año 1854, desempeñó como embajador en Roma y presidente de las últimas Cortes del reinado de Isabel II, período en el que escribió su única obra, La cuestión preliminar. Falleció el 22 de febrero de 1871, alejado de toda actividad política.





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