sábado, 23 de junio de 2018

Los Monteros de Espinosa



El cuerpo de los Monteros de Espinosa ha sido, a partir de los siglos XII y XIII, la guardia personal de los reyes de Castilla, y posteriormente de los reyes de España. Por tradición solamente los descendientes de los hijosdalgos de Espinosa de los Monteros (Burgos) podían pertenecer a dicho cuerpo, el cual velaba por la seguridad de la familia real mientras dormía y cuando convalecían de una enfermedad. Este cuerpo existió hasta el año 1931 cuando, tras la proclamación de la Segunda República, se disolvió. Actualmente da nombre a la compañía del ejército de tierra que compone el Grupo de Honores de la Guardia Real. 

Durante mucho tiempo se creyó que, el conde Sancho García de Castilla había creado, en el año 1006, el cuerpo de los Monteros de Espinosa como guardia personal; lo cierto es que, hoy en día, con los datos disponibles, hay que dudar de la autenticidad de este hecho. El único dato constatado de sus orígenes es bastante posterior. Procede de un “Privilegio” firmado el 28 de agosto de 1208, por el rey Alfonso VIII. En él se detallan una serie de solares que se conceden a Monteros de Espinosa. Alfonso VIII dice sobre éstos que: “sobredichos mis monteros deben venir a mi corte quando enbiare por ellos, todas las vezes que yo los llamare, i soi obligado yo a proveerles de mantenimientos y vestidos de un color mientras que conmigo estubieren, i los absuelvo perpetuamente de las obligaciones i tributo mío”


Sin embargo, parece cierto que el conde Sancho García disponía de una guardia nocturna, aunque no sabemos si eran procedentes o no de Espinosa. En un documento fechado en el año 1014 por el conde Sancho García y su tía Fronilde, uno de los testigos que firman el documento lo hace de este modo: “Ego Petro Rodice qui sunt vigilicus de comite…”. Es decir, el tal Pedro Rodríguez era un guardián de la vigilia, es decir, de noche, del conde Sancho García. Por lo tanto, el conde sí tenía una guardia nocturna, aunque no se puede afirmar que fueran ya en esa época los monteros de Espinosa. El cuerpo de Monteros seguramente ya existiría en el siglo XII, años antes de que Alfonso VIII les concediera los terrenos de 1208 pero no es posible establecer una fecha concreta de su fundación. 

El origen de la leyenda 

La leyenda surge como parte de otra más conocida, la leyenda de la Condesa Traidora. El primer eco del supuesto origen condal de los Monteros aparece en la Primera Crónica General compuesta en época de Alfonso X el Sabio, en el siglo XIII. En el capítulo 764 dice así: “La madre de este conde don Sancho, deseando casarse con un rey de los moros, tramó matar a su hijo para de este modo hacerse con los castillos y con las fortalezas de la tierra y de este modo se casaría con el rey moro más directamente y sin pegas. Mientras ella estaba preparando una noche las hierbas que le daría a beber para que muriese, apareció una sirviente de la condesa y entendió muy bien lo que pasaba. Y cuando vino el conde, aquella sirvienta le contó aquel hecho que sabía de su señora a un escudero que quería bien y que estaba en la casa del conde; y el escudero se lo dijo al conde su señor y le aconsejó de cómo se protegiese de aquella traición. Y de este escudero proceden los monteros de Espinosa que protegen el palacio de los reyes de Castilla; y esta guarda les fue dada por el aviso que este escudero hizo a su señor. Y cuando la madre quiso dar al conde aquel vino a beber, rogó él a su madre que bebiese ella primero; y ella le dijo que no lo haría, que no había por qué. Y él le rogó muchas veces que bebiese, y ella no quiso ninguna vez. Y cuando él vio que no la iba a convencer con ruegos, se lo hizo beber por la fuerza; incluso dicen que él sacó la espada y le dijo que si no se lo bebía que le cortaría la cabeza. Y ella atemorizada bebió el vino y cayó luego muerta”


Vemos aquí que el origen de los Monteros se debe a un escudero procedente de Espinosa que avisó a Sancho García de la trama de su madre contra él. Como ocurre siempre, con los años el hecho legendario se fue agrandando y se enriqueció en detalles. En 1582, cuando Gonzalo Argote de Molina reedita El Libro de la Montería de Alfonso XI, vuelve a hablar del origen de los Monteros de Espinosa siguiendo la senda de la leyenda de la condesa traidora: “Y no olvidándose el Conde del beneficio recibido del Escudero, y de la Doncella, les hizo casar, y les hizo mucha merced, dándoles Privilegio para que los de su linaje fuesen guarda de las personas de los Condes de Castilla, o de los que sucediesen en sus estados, y heredolos en la villa de Espinosa, y así todos los descendientes de ellos han servido siempre a la casa real de Castilla, en la guarda de las personas Reales en Palacio, Casa y Corte, y Monte, donde quiera que los reyes están, y como en aquellos primeros tiempos hiciesen juntamente con el oficio de la guarda, el oficio de monteros (hasta que muchos años después se hizo número y orden particular de la Montería) fueron llamados los Monteros de Espinosa, del nombre del oficio que ejercitaban y del lugar de su naturaleza, y la Villa de Espinosa del oficio de los naturales de ellas fue llamada Espinosa de los Monteros. Hay memoria entre los Monteros de este libro de Sancho de Espinosa”


Versiones posteriores de la leyenda, novelas y obras dramáticas ya dan el nombre completo del escudero: Sancho Peláez, natural de Espinosa; e incluso las palabras que el conde de Castilla pronunció a su escudero en agradecimiento: “Leal me fuiste, Sancho Peláez. Desde ahora tú guardarás mi sueño. Y que guarden también los hijos de Espinosa en los siglos venideros el sueño de todos los monarcas que Castilla tenga”

viernes, 22 de junio de 2018

Piratas: Anne Bonny


Nacida en County Cork (Irlanda), el 8 de marzo de 1698, era hija del conocido abogado, William Cormac, su madre era una criada del matrimonio, Mary o Peg Brenan. Este adulterio provocó un gran escándalo, lo que obligo a William Cormac a emigrar a Norteamérica, instándose en la ciudad sureña de Charleston en Carolina del Sur, acompañado por su madre Mary Brenan y la joven Anne, dejando atrás todas sus riquezas. 

Pronto su padre volvió a hacer una gran fortuna con la compra de plantaciones, lo que le permitió en todo momento tener una vida muy acomodada y poder tener una buena educación, Anne tenía un carácter rebelde y no se resignaba a ser una señora para ser casada con un hombre rico. Cuando Anne se sentía provocada por chicos, se enfrentaba a ellos, haciendo huir a los bravucones con heridas notables en el cuerpo y el orgullo, por ser vencidos por una jovencita de tan solo quince años. Solía llevar un cuchillo para defenderse. Su padre, lejos de aceptar sus inquietudes, fue aún más férreo en su educación, buscando institutrices que la aleccionaran en las labores asociadas a las mujeres. En estos años, leía muchísimas historias sobre la vida de los piratas. Teniendo quince años, una vez un hombre intentó violarla, ella reaccionó de forma violenta y lo mató. 

La ruptura de Anne con su padre llegó cuando éste, buscó un marido para su hija, pero ella no estaba dispuesta a vivir una vida tradicional. Con dieciséis años se traslada a las islas Bahamas, puerto muy frecuentado por piratas. Allí conoció a James Bonny y se casó con él sin el consentimiento de sus padres. Anne estaba convencida que su padre se doblegaría ante ella. James Bonny sólo estaba interesado en la fortuna que podía heredar de su mujer. William la desheredó para así hacer fracasar los intentos de James Bonny. 

Durante los siglos XVII y XVIII, el mar Caribe era el lugar predilecto de los piratas. La expansión colonial y el consiguiente desarrollo del comercio, hacía que en sus puertos se almacenan toneladas de oro y mercancías tanto de la América hispana como la británica. 

La negativa de su padre de ayudar económicamente a la pareja obligó a Anne y James a marchar de Charleston en busca de una nueva vida. Anne, como venganza, quemó algunas de las plantaciones de su padre. En New Providencia (la actual Nassau) en las islas Bahamas, James consiguió un puesto de informador del gobernador, trabajo que le supuso pasar largas temporadas alejado de Anne. Era James un malhechor de baja estopa, un vulgar estafador que aunque participó en algunos abordajes y saqueos, estaba mal considerado entre la hermandad pirata. Opinaban de él que era un tipo cobarde y escasamente confiable para cubrir las espaldas. 


A pesar de la buena educación recibida, la joven esposa, no se aburrió en ausencia de su marido. Pronto se hizo famosa por sus salidas y escarceos amorosos. Pronto se hizo célebre en la isla, tenía un carácter arrollador, sus modales eran tan vulgares como los de cualquier pirata y, además, era atractiva. En una de las ausencias de su marido, Anne conoció a Chikdley Bayard que era uno de los hombres más ricos del Caribe, que viajaba siempre acompañado de su amante, la española María Vargas, conocida por su mala reputación y que tenía fama de tener un carácter muy violento. Empezaron a relacionarse Anne y Chikdley, lo que provocó un duelo a muerte entre Anne y María, del que salió triunfadora Anne. De esta forma se hizo la amante oficial de Chikdley con el que estuvo un tiempo gastando grandes cantidades de dinero. Sin embargo, esta relación duró muy poco. Un día fueron invitados a una fiesta en la mansión del gobernador de la isla de Jamaica. La hermana de Chikdley se burló de Anne a la que acusó de ser una prostituta. La respuesta de Anne fue contundente, le agredió dándole un golpe en toda la boca con un tablón de madera, provocándole la pérdida de varios dientes. Tuvo que intervenir Chikdley ante el gobernador para evitar la detención de Anne. A partir de ese momento se alejó para siempre de ella. 

Un día conoció a Jack Rackman, conocido como “Calico Jack”, un antiguo pirata que le contaba extraordinarias y fascinantes historias, agasajándola con caros regalos. Fue entonces cuando Anne decide abandonar a James Bonny y huir junto a Jack, dedicándose a la piratería. Era experta en el manejo de las pistolas y los machetes. Ahí empezó su actividad como pirata. Durante un año Jack y Anne se dedicaron a dar pequeños golpes, hasta que un aborto espontáneo, estando embarazada de seis meses, la dejó sumida en una profunda tristeza y decidió volver de nuevo a New Providence. 

Se decía que Jack Rackman era un joven atractivo y su temperamento coincidía con el de Anne. Valiente, audaz y ambicioso. Había sido intendente a bordo del “Ranger”. Se embarcó en el bergantín de Charles Vane, uno de los piratas más conocidos, amotinándose para acabar siendo capitán en su lugar. Se creía que la presencia femenina en los barcos piratas era señal de mal augurio, por eso Anne se tuvo que vestir de hombre para poder subir a bordo. Anne supo que su marido James era consciente de su engaño con Hack y la había denunciado ante el gobernador, Woodes Rogers, que amenazó con azotarla públicamente. La pareja decidió reunir una tripulación y robar un barco en el puerto, el “Revenge” reanudando juntos una carrera en la piratería, pero esta vez al mando de su propio barco. 

Anne quedó embarazada, por lo que atracaron en un puerto de Cuba para dejar el bebé a cargo de unos conocidos de Jack. Poco tiempo después la pareja pirata capturó un barco alemán, donde se encontraba un joven extremadamente delicado y bello, que pidió unirse a la tripulación pirata. Enseguida llamó la atención de Anne, resultó ser una mujer, y pronto la relación entre ambas mujeres fue haciéndose cada vez más íntima hasta el punto de iniciarse una relación amorosa entre ambas. Fueron descubiertas por Jack; que pidió explicaciones. Estamos hablando de Mary Red, otra conocidísima pirata que entonces era un joven e imberbe militar británico. Anne reconoció estar enamorada tanto de Mary Red como de Jack, y no deseaba acabar con ninguna de las dos relaciones. 

Jack, aunque receloso, solo amaba a Anne, pero aceptó una relación a tres ante el temor de perderla si no la aceptaba, se sintió un simple invitado en aquel triangulo amoroso, cuyo lugar de encuentro era el camarote y la cama del capitán. Tanto Anne como Mary peleaban igual que cualquier hombre y nunca tuvieron problemas con el resto de tripulantes. Rodeados de caza piratas y patrullas de la armada real, en octubre de 1720, un navío dirigido por el comandante Jonathan Barneta a las órdenes del gobernador de Jamaica puso fin a sus días de piratería. La captura del barco de Rackman fue sencilla, pues la mayoría de los tripulantes estaban borrachos y apenas opusieron resistencia. De hecho, se cuenta que precisamente fueron las dos mujeres las últimas en rendirse y las únicas que permanecieron en cubierta luchando enfurecidamente, hasta que fueron capturadas. La tripulación presa fue trasladada hasta la isla de Jamaica, en concreto a Saint Jago de la Vega, donde serían juzgados por piratería. Todos fueron hallados culpables y sentenciados a la horca. 

Anne y Mary consiguieron salvarse gracias a su declaración, al afirmar que estaban embarazadas de seis meses: “Abogamos por nuestros vientres, señor”, fue su salvadora afirmación. La ley británica prohíbe ahorcar a una mujer embarazada y de esta forma se retrasa la sentencia para su cumplimiento. El tribunal pidió que fueran examinadas por una comadrona y tras comprobarlo, el tribunal decidió mantenerlas recluidas en prisión hasta que dieran a luz, y después ejecutar la sentencia. Debido al estado de embarazo de Anne se permitió a Jack visitarla en su celda, antes de ser ejecutado. Las únicas palabras que le dirigió Anne, fueron: “Lamento verte así. Pero si hubieras luchado como un hombre, ahora no tendrían que colgarte como a un perro”

Un día después del juicio, Jack fue ahorcado junto al resto de su tripulación, el diecisiete de noviembre de 1720. Antes de dicho ahorcamiento, Jack se rió y dijo lo siguiente: “Desdichado sea aquel que encuentre mis innumerables tesoros, ya que no habrá barco ninguno por encima pueda cargarlos todos”. 

Poco tiempo después, Mary Red muere en prisión junto a su hijo nonato por unas fiebres, debido a la falta de higiene y una alimentación insuficiente para una mujer embarazada. Cuando el carcelero comento la noticia a Anne, el grito de esta fue desgarrador, pues aun estando su celda en lo más profundo de los sótanos de la fortaleza, fue escuchado por los paseantes de las calles circundantes con los muros de la prisión, de esta forma se quedaron aterrorizados ante tal desgarro humano. La fama que habían adquirido las dos mujeres piratas había llegado a los oídos de William. 

Pocas semanas después y sin haber dado a luz todavía, fue puesta en libertad por el gobernador de Jamaica, sin que se aclarase los motivos de dicha libertad. Fue puesta en un barco con destino desconocido. Pero ¿Por qué el gobernador de Jamaica la dejó en libertad? Existen varias versiones: 

1º El gobernador se apiadó de Anne al tener sobre su conciencia la muerte de Mary Red. 

2º Jack llegó a un acuerdo para entregar parte de su botín a cambio de la vida de Anne y del hijo de ambos. 

3º El padre de Anne, Willian Cormac, conocedor de la situación de su hija, pago un generoso rescate, con la promesa de que accediera a regresar con él a Charlestone. 

4º Debido a su conocida belleza. Quizás alguno de sus admiradores compró su libertad. 

Con las pruebas hoy existentes parece ser que Anne fue trasladada a Charleston, donde dio a luz su segundo hijo de Calico Jack. Se vuelve a casar el veintiuno de diciembre de 1721 con un hombre de Charleston, Joseph Burleigh juntos tuvieron ocho hijos más. Pudo casarse nuevamente porque su marido James Bonny murió ahogado en 1721, en un terrible huracán, que azotó las Bahamas, dejando a Anne libre para poder volver a casarse. 

Anne murió en Carolina del Sur a los ochenta y dos años, siendo enterrada el veinticinco de abril de 1782. Era una mujer muy respetable. 



Leyendas Medievales: El Paseo de El Cid


El monasterio de Fresdelval se halla situado en la cumbre de un monte que parece como partido en dos mitades por un incomprensible capricho de la madre Naturaleza. 

En una de esas dos mitades existe una amplia meseta que termina, a la derecha, por un cabezo que bien pudiera ser como un mirador desde el cual puede apreciarse buena parte de Castilla, con Burgos en primer término. 

Un anciano que andaba con sus ochenta y tantos cumplidos a las costillas, nacido en las inmediaciones de Fresdelval, contaba en cierta ocasión esta leyenda: 


“En la noche del Día de Difuntos, la noche en que todos aquellos que un día abandonaron su condición de mortales de carne y hueso, tienen libertad concedida por Dios, para visitar a las personas o lugares que más amaron en vida, un hombre, vestido con cota de malla, tocado con un yelmo y embrazando un escudo negro, aparece de pronto, montado en un soberbio caballo engualdrapado de entre los matorrales. A buen paso de su cabalgadura, se encamina hasta el cabezo y contempla durante un largo periodo de tiempo a Burgos y toda la parte de Castilla que su mirada puede alcanzar. 

Cuando parece que su vista está ya saciada en la contemplación del paisaje amado, tira de las bridas de su montura y empieza a galopar alrededor de la meseta haciendo cabriolas y empuñando la lanza como si tomase parte en una justa o torneo. 


Cuando ya el caballero parece fatigado, casi exhausto, vuelve a encaminarlo despacio hacia el cabezo, contempla de nuevo todas aquellas tierras y baja al paso, desapareciendo en un recodo del camino”. 

Según el anciano que cuenta la leyenda, el hombre es don Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, que sale de su tumba y visita su amada tierra, aquel Burgos que tanto amó en vida.

El Greco: La huida a Egipto


Realizado aproximadamente en 1570, es un óleo sobre tabla de madera de pino, de 15,9 X 21,6 cm. 

Esta pequeña tabla, casi una miniatura, es realmente excepcional dentro de la producción del Greco. En ella ensaya la representación del paisaje como elemento esencial de la composición, además de mostrar el manejo tanto de la técnica como de los recursos expresivos de la pintura veneciana del siglo XVI. Se ilustra aquí la marcha de la Sagrada Familia a Egipto, huyendo de la persecución decretada sobre todos los menores nacidos en Belén, una vez advertido Herodes por los Reyes Magos del nacimiento del rey de los judíos. En el evangelio de San Mateo, el episodio quedó fijado de una manera muy escueta: tras la partida de los Magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: Levántate. Toma contigo al Niño y a su Madre y huye a Egipto; y permanece allí hasta que te avise, porque Herodes se dará a buscar al Niño para matarle. Levantándose luego tomó al Niño y a su Madre, y partió para Egipto(Mateo 2, 13 y 14)

La iconografía de este sencillo pasaje fue enriqueciéndose a lo largo de toda la Edad Media, gracias a distintas tradiciones, provenientes de los evangelios apócrifos y de La leyenda dorada. La huida a Egipto conoció nuevos episodios y personajes con respecto al texto evangélico. Ninguna de las aportaciones extrabíblicas fueron incluidas en esta obra. El Greco colocó a los tres personajes esenciales del relato en medio de un hermoso paisaje de suaves colinas, en un momento del atardecer. María está sentada sobre el asno y lleva a su Hijo entre los brazos. El pequeño está representado como un niño vivaz y regordete que se gira con curiosidad para seguir los movimientos de San José, personaje empeñado en enderezar el rumbo del asno, un gesto bastante insólito, que nos remite a la representación de Correggio en La Adoración de los pastores y subraya el papel activo del santo en la huida. 

El Greco introdujo a la Sagrada Familia en un paisaje bastante agreste, concebido a través de una paleta ocre contrastada por el intenso cielo azul que atraviesan algodonosas nubes. La luz cálida y rasante del sol llena de luminosidad la escena y proporciona una sutil sucesión de luces y sombras. La pincelada fluida, vermicular, la concepción minuciosa y menuda de la vegetación, la sutil contención cromática y la concepción de los celajes son características de ese periodo. La pintura aparece citada por primera vez en 1682, cuando se hallaba en el Palazzo della Vigna en Roma, residencia de Gaspar Méndez de Haro, séptimo marqués del Carpio (1629-1687) 





Fuente: El Museo de El Prado.

jueves, 21 de junio de 2018

Alejandro Magno: Nacido para conquistar


Para la historia de la civilización antigua las hazañas de Alejandro Magno supusieron un torbellino de tales proporciones que aún hoy se puede hablar sin paliativos de un antes y un después de su paso por el mundo. Y aunque su legado providencial se vio favorecido por todo un abanico de circunstancias favorables, su biografía es en verdad una auténtica epopeya, la manifestación en el tiempo de las fantásticas visiones homéricas y el vivo ejemplo de cómo algunos hombres descuellan sobre sus contemporáneos para alimentar incesantemente la imaginación de las generaciones venideras. 

Hacia la segunda mitad del siglo IV a.C., un pequeño territorio del norte de Grecia, menospreciado por los altivos atenienses y tachado de bárbaro, inició su fulgurante expansión bajo la égida de un militar de genio: Filipo II, rey de Macedonia. La clave de sus éxitos bélicos fue el perfeccionamiento del "orden de batalla oblicuo", que consistía en disponer la caballería en el ala atacante, pero sobre todo en dotar de movilidad, reduciendo el número de filas, a las falanges de infantería, que hasta entonces sólo podían maniobrar en una dirección. La célebre falange macedónica estaba formada por hileras de dieciséis hombres en fondo con casco y escudo de hierro, y una lanza llamada sarissa. 

Alejandro nació en Pela, capital de la antigua comarca macedónica de Pelagonia, en octubre del 356 a.C. Quiere la leyenda que, el mismo día en que nació Alejandro, un pirómano incendiase una de las Siete Maravillas del Mundo, el templo de Artemisa en Éfeso, aprovechando la ausencia de la diosa, que había acudido a tutelar el nacimiento del príncipe. Cuando fue detenido, confesó que lo había hecho para que su nombre pasara a la historia. Las autoridades lo ejecutaron, ordenaron que desapareciese hasta el más recóndito testimonio de su paso por el mundo y prohibieron que nadie pronunciase jamás su nombre. Pero más de dos mil años después todavía se recuerda la infame tropelía del perturbado Eróstrato. Los sacerdotes de Éfeso vieron en la catástrofe el símbolo inequívoco de que alguien, en alguna parte del mundo, acababa de nacer para reinar sobre todo el Oriente. Según otra descripción, la de Plutarco, su nacimiento ocurrió durante una noche de vientos huracanados, que los augures interpretaron como el anuncio de Júpiter de que su existencia sería gloriosa. 

Nacido para conquistar 

Predestinado por dioses y oráculos a gobernar a la vez dos imperios, la confirmación de ese destino excepcional parece hoy más atribuible a su propia y peculiar realidad. Nieto e hijo de reyes en una época en que la aristocracia estaba integrada por guerreros y conquistadores, fue preparado para ello desde que vio la luz. En el momento de nacer, su padre, Filipo II, general del ejército y flamante rey de Macedonia, se encontraba lejos de Pela, en la península Calcídica, celebrando con sus soldados la rendición de la colonia griega de Potidea. Al recibir la noticia, envió a Atenas una carta dirigida a Aristóteles, en la que le participaba el hecho y agradecía a los dioses que su hijo hubiera nacido en su época, y le transmitía la esperanza de que un día llegase a ser discípulo suyo. La reina Olimpias de Macedonia, su madre, era la hija de Neoptolomeo, rey de Molosia, y, como su padre, decidida y violenta. Vigiló de cerca la educación de sus hijos (pronto nacería Cleopatra, hermana de Alejandro) e imbuyó en ellos su propia ambición. 

El príncipe tuvo primero en Lisímaco y luego en Leónidas dos severos pedagogos que sometieron su infancia a una rigurosa disciplina. Cuando, al cumplir los doce años, el rey, alejado hasta entonces de su lado, decidió dedicarse personalmente a su educación, se maravilló de encontrarse frente a un niño inteligente y valeroso. Era el momento de encargarle a Aristóteles la educación de su hijo. Desde los trece años, hasta pasados los diecisiete, el príncipe convivió con el filósofo. Con los años, confesaría que Aristóteles le enseñó a vivir dignamente; siempre sintió por el pensador ateniense una sincera gratitud. Aristóteles le enseñó a además amar los poemas de Homero, en particular la Ilíada, que con el tiempo se convertiría en una verdadera obsesión. El nuevo Aquiles fue en cierta ocasión interrogado por su maestro respecto a sus planes para con él cuando hubiera alcanzado el poder. El prudente Alejandro contestó que llegado el momento le daría respuesta, porque el hombre nunca puede estar seguro del futuro. Aristóteles, lejos de alimentar suspicacias respecto a esta reticente réplica, quedó sumamente complacido y le profetizó que sería un gran rey. 


Sano, robusto y de gran belleza, Alejandro encarnaría, el prototipo del mancebo ideal. En plena vigencia del amor dorio, enriquecido por Platón con su filosofía, y descendiente él mismo de dorios con un maestro que, a su vez, había sido durante veinte años el discípulo predilecto de Platón, no es difícil imaginar su despertar sexual. Ya mediante la recíproca admiración con el propio Aristóteles, ya proporcionándole éste otros muchachos como método formativo de su espíritu, no habría sino caracterizado, en la época y en la sociedad guerrera en que vivió, el papel correspondiente a su edad y condición. Herido su padre en Perinto, fue llamado a sustituirlo. Era la primera vez que tomaba parte en un combate, y su conducta fue tan brillante que lo enviaron a Macedonia en calidad de regente. En 338 marchó con su padre hacia el sur para someter a las tribus de Anfisa, al norte de Delfos. 

El ateniense Demóstenes mostraba su preocupación por las conquistas de Filipo, era enemigo declarado de Filipo, y aprovechó el alejamiento para inducir a los atenienses a que se armasen contra los macedonios. Al enterarse el rey, partió con su hijo a Queronea y se batió con los atenienses. Las falanges tebanas, invictas desde su formación por el genial Epaminondas, fueron completamente devastadas. Hasta el último soldado tebano murió en la batalla de Queronea, donde el joven Alejandro capitaneaba la caballería macedonia. Alejandro supo ganarse la admiración de sus soldados en esta guerra. 


Filipo, entretanto, había reunido bajo su autoridad a toda Grecia, con excepción de Esparta. En el 337, a los cuarenta y cinco años, no dudó en volver a Iliria en busca de Atala, la princesa de quien se había enamorado. Después de veinte no dudó en repudiar a Olimpias y celebrar una nueva boda con Atala. Alejandro, que amaba a su madre, no soportó aquella ofensa. A pesar de ello, fue obligado a asistir al banquete nupcial. Durante la ceremonia criticó la actuación de su padre, y éste, ebrio, llegó a amenazarlo con su espada. Herido en su amor propio, el príncipe corrió al lado de su madre y le rogó que huyese con él. Con algunas pocas personas fieles, madre e hijo dejaron Pela para refugiarse en el palacio de su tío Alejandro, rey de Molosia en sucesión de su abuelo materno. 

Allí vivieron hasta que Filipo, arrepentido, prometió tributar a la reina los honores que le correspondían. Sin embargo, aunque Olimpias accedió, es muy posible que ya conspirara con Pausanias para la perpetración de su venganza contra Filipo y la cristalización de sus ambiciones de regencia. Pocas semanas después regresaron todos a Epiro, incluido Filipo. Se celebraba la boda de su hija Cleopatra con Alejandro de Molosia, tío de la novia. Durante la procesión nupcial, Filipo II fue asesinado por Pausanias. Parece claro que Olimpias fue la mentora en el asesinato del rey. Pero Alejandro, ¿fue ajeno? A sus veinte años se hacía con el reino de Macedonia, y en seguida puso manos a la obra. En primer término, hizo eliminar a todos aquellos que pudieran oponérsele. En la asamblea popular de Corinto se hizo designar «Generalísimo de los ejércitos griegos». 

Mitología Persa


Los persas son una rama de la familia de los pueblos arios, tal como muestra su lengua; pertenecen, concretamente, a la rama indoirania. Eran en origen nómadas criadores de caballos y ganado vacuno en las estepas del Asia central que emigraron a la meseta iraní alrededor del 1000 a. C. 

En ese tiempo, otras tribus iranias -los medas, los partos, los escitas- llevaban a cabo igualmente movimientos migratorios. Algunas tribus persas se hicieron sedentarias, mientras que otras prosiguieron su vida nómada. Las que se asentaron adoptaron costumbres de las culturas urbanas más antiguas del Asia occidental, especialmente cuando Ciro (559-530 a. C.) empezó a conquistar Elam, Asiria y Babilonia. 

Los otrora nómadas se convirtieron en jefes de un imperio multiétnico cosmopolita que iba desde el Mediterráneo hasta el Amudarya (Oxus) y el Indo. 


En alguna fase anterior a Ciro (no hay acuerdo entre los especialistas sobre cuándo ocurrió), la religión tradicional de los iranios fue reformada, probablemente en el nordeste del Gran Irán, por un sacerdote (zaotar), el profeta Zaratustra, conocido por los griegos como Zoroastro, que aproximó su sistema religioso al monoteísmo: 

Ahura Mazda, invocado constantemente en las inscripciones de Darío Aqueménida (521-486 a. C.) y jefes posteriores de la dinastía aqueménida (550-330 a. C.) descendientes del antepasado del clan -Hajamenesh; Aquemenes en griego-, es el supremo Sabio Señor del zoroastrismo, aun cuando la fe recalcara la completa separación y el antagonismo entre el Pensamiento Sagrado y el Pensamiento del Mal.

Castillos de Castilla: Castilnovo


Esta espléndida fortaleza está situada en la depresión del Valle del río San Juan, en el condado de Castilnovo, entre Villafranca y Valdesaz y muy próximo a Sepúlveda, rodeada de un bosque de encinas, álamos, chopos y sabinas. 

Su origen es incierto, aunque hay historiadores que se lo atribuyen a Abd-al Rahmân I, siglo VIII, y otros a Almanzor, siglo X, aunque no quedan restos de esas épocas. Los arcos apuntados del lado oeste del Patio de Armas datan de los siglos XII y XIII y posteriormente se fueron adosando sus seis torres, primero las de la Solana, la Puerta y la Vieja y, después las del Moro, Caracol y Álvaro de Luna. 

Alojó al rey don Fernando I de Aragón y su mujer la reina doña Leonor de Alburquerque. En el siglo XV el rey de Castilla Juan II otorga el castillo a su persona de confianza, don Álvaro de Luna, quién le transformó con estilo mudéjar, alternando mampostería y ladrillo. A la muerte de este último fue entregado a Juan Pacheco por Enrique IV. 

Fue adquirido junto con una gran extensión de tierras circundantes, por el rey Fernando el Católico, creando el señorío de Castilnovo, el cual cede a su hija natural doña Juana de Aragón en dote para su matrimonio con don Bernardino Fernández de Velasco, I duque de Frías. A la muerte de Felipe el Hermoso en 1506, la reina Juana I de Castilla se hospedó en el para estar en compañía de su media hermana. 


Doña Juana de Aragón muere en 1510, dejándolo a su marido, que tras su muerte en 1512, lo deja en herencia a su hija doña Juliana Ángela de Velasco y Aragón, quien casa con su primo hermano, don Pedro Fernández de Velasco, quien más tarde sucedería como III duque de Frías. 

En 1526, el emperador Carlos I encargó a al condestable don Íñigo (II duque de Frías) que custodiara al Delfín de Francia y al Duque de Orleans (futuro Enrique II) hijos del rey Francisco I de Francia, como rehenes tras el Tratado de Madrid. El condestable custodió a los príncipes en sus fortalezas de Villaba de los Alcores y de Ampudia. Pero tras su muerte en 1528, su hijo don Pedro, los trasladó a Castilnovo, y más tarde al castillo de Pedraza de la Sierra, ambos propiedad de su mujer doña Juliana Ángela. 

En 1557, Felipe II concedió el título de condesa de Castilnovo a doña Juliana Ángela de Velasco y Aragón, en recompensa por sus servicios prestados a la Corona y por la estima que su primo el emperador Carlos I, y su sobrino Felipe II le tenían. A su muerte en 1559, doña Juliana dejó el condado de Castilnovo, el castillo y sus tierras a su sobrina la condesa de Osorno, quien a su vez lo dejó a su hija doña Juana de Velasco, III condesa de Castilnovo. Al fallecimiento sin descendencia de la tercera condesa pasó a los condes de Lodosa y más tarde a los marqueses de Belveder. 


Para mediados del siglo XIX, el dueño del castillo era el príncipe alemán Hohenzollern, quien en 1859 lo vendió a José Galofré, secretario y pintor de Cámara de la reina Isabel II, quien lo restauró, ya que se encontraba en ruinas, realizando cambios en la fachada norte, haciendo cambios en las ventanas y construyendo el ala sur del Patio de Armas con estilo isabelino. De don José Galofré, pasó por herencia a los marqueses de Quintanar, grandes de España, quienes encargaron al arquitecto Cabello, quién retocó el patio con una arquería neoclásica y construyó en la fachada norte una plataforma para elevar el acceso, al tiempo que adosaba un ala de estilo "casa rural segoviana" en el siglo XX. 

En los años ochenta, los marqueses de Quintanar lo vendieron a la asociación hispano-mexicana, llamada Castilnovo S.A., que durante los 2000 amplió su espacio con un gran salón y una biblioteca española y mexicana. En el año 2016, el castillo salió a la venta por 15 millones de euros, siendo la propiedad más cara de la Comunidad Autónoma de Castilla y León, contrastando con los 3.5 millones que se pedían por el Castillo de Butrón en el País Vasco. A la muerte del último propietario, el castillo fue removido de su estado de venta para pasar a ser ofrecido en alquiler.

Doménikos Theotokópoulos, El Greco


Nacido el 1 de octubre de 1541 en Heraclión, capital de la isla de Creta, territorio de la República de Venecia, en el seno de una familia griega, pero probablemente de religión católica. Se formó como pintor de iconos siguiendo los dictados de la tradición artística tardobizantina. En 1563 era ya maestro de pintura y en 1566 solicitaba permiso para que se le tasara un icono de la Pasión, para poder venderlo en lotería; en 1567 pasó a Venecia, donde residió hasta 1570 y donde, más que ser discípulo de Tiziano, pudo aprender su estilo desde fuera de su taller; en la ciudad de la laguna se afianzó en el dominio del arte del renacimiento véneto, en su empleo del color, la perspectiva, la anatomía y la técnica del óleo, aunque no abandonara por completo sus usos tradicionales. Tras un viaje de estudios por Padua, Vicenza, Verona, Parma y Florencia, se instaló en Roma, donde permaneció hasta 1576-1577, en contacto con el círculo intelectual del cardenal Alejandro Farnesio, inicialmente estuvo alojado en el ático de su palacio. En 1572 fue expulsado de la servidumbre del cardenal e ingresó, con derecho a abrir su propio taller, en la asociación gremial romana, la Academia de San Lucas, trabajando preferentemente desde entonces como retratista y en pequeñas obras religiosas para clientes particulares, no debió conseguir éxitos de envergadura, por lo que decidiría emigrar. 

Desconocemos las razones, es hipótesis su interés por entrar al servicio de Felipe II, con ocasión de la obra decorativa del monasterio de El Escorial de su viaje a España, donde se encontraba ya en la primavera de 1577, en Madrid y luego en Toledo, donde contrataría con la catedral y el monasterio de Santo Domingo el Antiguo los primeros lienzos aquí documentados, "el Expolio" para aquélla y tres retablos para éste, de los que dos lienzos se conservan en el Prado. Consigo trajo, y con él vivió hasta su muerte, a un joven ayudante italiano, Francisco Prevoste; en 1578 nació su hijo Jorge Manuel Theotocópuli, fruto de unas relaciones efímeras con Jerónima de las Cuevas, mujer que procedía del medio artesanal toledano. 

Desde esta fecha reside en Toledo, de donde saldrá en escasas ocasiones, siempre por motivos laborales. Su vida transcurre sin nada destacable, si descontamos sus nueve pleitos documentados, incoados por él mismo o por algunos de sus clientes, ya fuera a causa del valor y precio por el que se tasaban sus lienzos o por las quejas, de orden técnico o por razones iconográficas, que levantaron algunos de ellos, como el propio "Expolio" o "la Virgen de la Caridad de Illescas", al inicio y final de su carrera. Tras ver rechazado en 1584, por Felipe II y la congregación jerónima escurialense, su encargo regio del "Martirio de San Mauricio", para uno de los altares de la basílica, El Greco amplió su taller, iniciando la producción de retablos, no solo de lienzos, para conventos y parroquias de la ciudad y del arzobispado toledano, así como de cuadros de dimensiones reducidas para una clientela de carácter privado más que institucional. Sus principales trabajos consistieron en la ejecución de retablos para monasterios, parroquias y capillas, sucediéndose los de la parroquia de Talavera la Vieja (Cáceres), la capilla de San José y la capilla del Colegio de San Bernardino de Toledo, el Colegio de la Encarnación o de doña María de Aragón de Madrid, la iglesia del Hospital de Nuestra Señora de la Caridad de Illescas, la capilla Oballe de la parroquia de San Vicente Mártir o los del Hospital de San Juan Bautista o Tavera, también de Toledo, que dejó sin acabar a la hora de su muerte. 

Contrató, a veces con su hijo, otros muchos que nunca llegó a ejecutar, como el del monasterio regio de Nuestra Señora de Guadalupe (Cáceres). En algunas de estas últimas obras, El Greco tendió a proyectar de forma innovadora conjuntos artísticos plurales, en los que se combinaban las esculturas, la arquitectura de los retablos con sus lienzos y otras telas empotradas en muros o bóvedas, concibiéndolos como complejos sistemas formales y visuales que debieron producir, hoy es difícil encontrar alguno en su estado original, efectos fascinantes. Proyectó, por lo tanto, obras de escultura y de arquitectura, disciplina ésta que le interesó vivamente a lo largo de su carrera española y en la que, a pesar de no diseñar ningún edificio, adoptó una postura de franca oposición a los postulados locales contemporáneos, marcados desde la corte por el arquitecto real Juan de Herrera y, en Toledo, por sus fieles seguidores. 


En un ambiente refinado, gastando más de lo que ingresaba por su trabajo, y rodeado por la intelectualidad toledana y un breve grupo de amigos italianizados y helenistas, El Greco murió sin dictar testamento el 7 de abril de 1614, dejando una obra elogiada por los poetas culteranos Luis de Góngora y fray Hortensio Félix Paravicino, y coleccionada por los entendidos en el arte de la pintura; también disfrutó en vida y dejó fama de "extravagante", singular y paradójico por su pensamiento teorético y su estilo personalísimo, fácilmente reconocible como suyo, mitificado por sus colegas, criticado también por los más intransigentes teóricos contrarreformistas por sus licencias formales e iconográficas, de tono, conjunto o detalle, quienes rechazaban su desmedido interés por los aspectos superfluos de sus obras y el carácter inapropiado de sus realizaciones religiosas desde el punto de vista funcional, que incentivaran en el espectador los deseos de rezar. 

Su arte, repudiado por la Ilustración dieciochesca, fue redescubierto por los románticos y los pintores franceses del siglo XIX, que produjeron una interpretación concordante con sus propios intereses, iniciándose por parte española la apropiación españolista del hasta entonces tenido por un griego discípulo de Tiziano; también el interés por la pintura de Velázquez hizo volver los ojos hacia el candiota, el único precedente del sevillano realmente original que se vio en la historia de la pintura española; la Generación del 98 lo entendió como representación del espíritu religioso español del Siglo de Oro, en relación estrecha con los más altos hitos de la cultura religiosa, en su vertiente literaria, de la época: la mística de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz; las corrientes pictóricas de comienzos del siglo XX lo vieron como un precedente de sus preocupaciones expresionistas, subjetivistas y atormentadas, libres y opuestas a la imitación servil y mecánica de la realidad. 

En la actualidad, la interpretación de la pintura de El Greco se encuentra en pleno proceso de renovación y debate; han sido puestas en entredicho su vinculación con la espiritualidad de los carmelitas descalzos y su identificación con los valores hispanos, centrándose en su interés por la función del mismo como medio de conocimiento de la naturaleza. Frente al artista místico y arrebatado, ha surgido la figura del pintor esteticista e intelectual, filósofo, que se tuvo por "genio", ajeno a las preocupaciones de los devotos y eruditos contemporáneos, bien al servicio de los intereses de la Contrarreforma católica vigente en la España de Felipe II y Felipe III, de la que se habría convertido en perspicaz intérprete, o bien ajeno a este tipo de problemas y, por tanto, dedicado en exclusiva al desarrollo de una pintura personal y formalista, que dejó en forma de anotaciones personales en libros de su rica biblioteca, como en los márgenes de las "Vidas", de Giorgio Vasari y de "Architettura", de Vitruvio. Este abanico de posibilidades constituye una respuesta lógica a este personaje, que ya en su tiempo era considerado como singular y paradójico, y demuestra el interés que sus realizaciones han despertado entre críticos e historiadores del arte y la cultura, como en cualquier espectador que se aproxime a sus obras y experimente la atracción y el desconcertante efecto de sus pinturas. 

El Prado conserva también lienzos del "Retablo del colegio de los agustinos de Doña María de Aragón" (1596-1600), como "La Anunciación", "El Bautismo de Cristo" y "La Crucifixión", así como dos "La Resurrección de Cristo" y "Pentecostés" cuya adscripción a este retablo es muy discutible. Más tardío es "Adoración de los pastores" (1612), procedente de su "Retablo funerario de Santo Domingo el Antiguo". Otras obras, al lado de algunas imágenes devocionales de procedencia incontrolable, son los cuatro del "Apostolado de Almadrones" (Guadalajara), que se ha supuesto iniciado por Domenicos y concluido, tras su muerte, por su hijo Jorge Manuel y el taller de Toledo, obras, por lo tanto, muy tardías y restauradas. 




Fuente: Museo de El Prado.

miércoles, 20 de junio de 2018

Música del Clasicismo: Luigi Boccherini


Nacido en Lucca, Italia en 1743. Dentro del período clásico, Luigi Boccherini es siempre el gran olvidado, a pesar de la estima que le profesaron músicos como Joseph Haydn, quien reconocía su singular aportación al desarrollo de la música de cámara. Formado en su ciudad natal como violoncelista, en 1768 se trasladó a París, donde recibió la oferta de entrar al servicio de la corte española como músico de cámara del infante don Luis. Establecido en Madrid, prosiguió su labor creadora, como las basadas en motivos españoles, y en especial el Quintettino Op. 30 nº 6 “La música notturna di Madrid” (1780) o el Quinteto de cuerda Op. 50 nº 2 “Del Fandango” (1788). Durante sus últimos años hubo de ver cómo su música y su persona caían en el olvido. Autor prolífico, se le deben un Stabat Mater (1781), veintiséis sinfonías, entre las que destaca la subtitulada La casa del diablo, ciento quince quintetos y ciento dos cuartetos. 

Inició sus estudios con el abate Vanucci en el seminario de su ciudad natal y los continuó en Roma, dedicándose al violoncelo y a la composición. Hizo una gran amistad con el violinista Filippo Manfredi y emprendió con él una afortunadísima gira artística que duró varios años. En 1768 llegó a París, donde obtuvo calurosa acogida y donde publicó sus primeros tríos y cuartetos. 

En 1769, siempre con Manfredi, se trasladó a Madrid, invitado por el embajador de España en París: allí obtuvo el calificativo de "compositor y virtuoso de cámara" del infante don Luis, hermano del rey, conservándolo hasta la muerte del infante, ocurrida en 1785. De 1787 a 1797 escribió música solamente para Federico Guillermo de Prusia, que le había conferido el título de compositor de cámara con una pensión anual. 

Muerto Federico Guillermo en 1797, Boccherini perdió la pensión y su situación económica empeoró. Entre 1799 a 1802, gozó de nuevo de una cierta prosperidad gracias a la protección de Luciano Bonaparte, al que había dedicado algunas de sus obras; pero cuando el embajador francés abandonó Madrid, perdió este último apoyo y pasó los últimos años de su vida en estado de indigencia. Muerto en Madrid en 1805, sus restos fueron sepultados en la iglesia de San Justo de Madrid; transportados a Lucca en 1927, se conservan en la iglesia de San Francisco. 

Luigi Boccherini es quizá el más importante compositor italiano de música instrumental del siglo XVIII, estabilizador del estilo de cámara basado en la concepción de cuartetos con sus numerosísimos tríos, cuartetos, quintetos y sextetos. Músico extraordinariamente fecundo, es autor de casi quinientas composiciones, entre las cuales figuran no menos de sesenta tríos, ciento dos cuartetos, ciento quince quintetos, dieciséis sextetos, dos octetos y veinte sinfonías. 

En todos estos trabajos, el compositor sobresale por la riqueza de la invención melódica y por la fluidez del diálogo instrumental, llevado con gracia y equilibrio a través de una sucesión de sonrientes exquisiteces, entre las que se insinúan algunas veces acentos levemente patéticos: son famosos el Concierto para violoncelo y orquesta y el Minueto en la mayor. Escribió también la ópera La Clementina (1765), los oratorios juveniles Giuseppe riconosciuto y Gioas re di Giuda, un Stabat Mater (1800), una misa (1800), algunas cantatas y diversas arias académicas.


Dioses romanos de la guerra: Bellona


Bellona, la diosa de la Guerra, no tuvo tiempo para construir imperios o reunir devotos. Ella favorece a aquellos para quienes la guerra es la vida; entre ellos toma fuerza –no en las bendecidas basílicas o en las oraciones, sino en el lodo bañado en sangre; entre las agotadas tropas armadas, en el rugido de victoria. 

Cuando Roma era joven, Bellona corrió con sus ejércitos, conquistó sus enemigos, se hizo fuerte. A medida que Roma envejeció y empezó a desmoronarse, Bellona peleó sólo con su devoto, Lucius Cornelius Sulla. Sulla subió en los escalafones por lograr actos imposibles de heroísmo y despiadado poder. Sus enemigos le temían, sus soldados lo amaban y a donde quiera que fuera, Bellona cabalgaba con él. Juntos sometieron a las hordas germánicas, arruinaron la guerra social, saquearon Atenas. Sulla era totalmente invencible gracias al poder de la diosa de la guerra. 


Pero el senado Romano se encargó de desplazar a Sulla y así terminó su gloria. Bellona le susurró a Sulla persuasivamente: “Marcha hacia Roma y ascenderás como nadie”. Animado, Sulla comandó sus legiones y se apoderó de las calles de la ciudad, sacrificando a los esclavos gladiadores que encontraba a su paso. El senado colapsó. Lanzaron su voto y Sulla se convirtió en el primer dictador vitalicio de Roma. 

Durante el reinado de Sulla, Bellona fue adorada por lo que representaba como diosa. Pero Sulla envejeció. Sus guerras terminaron. Bellona siguió su paso y Roma olvidó. 


Pero los olvidados todavía existen. Los dioses entran en un conflicto titánico. Es en la guerra en el escenario en que ella prospera. Nadie olvidará a Bellona, la diosa de la guerra de este tiempo. 



Desastres navales: El Acorazado Mutsu


Era el segundo y último acorazado de la clase Nagato de la Armada Imperial Japonesa, construido en los astilleros del Arsenal Naval de Yokosuka fue botado el 31 de mayo de 1920 y completado el 24 de octubre de 1921. 

En 1927, era la nave insignia del emperador Hirohito. Entre 1934 y 1937, el Mutsu sería modernizado con baterías anti-aéreas y radar de búsqueda. Participó en la campaña de China en 1937. El 7 de Diciembre de 1941, una vez comenzada la Segunda Guerra Mundial, este poderoso acorazado participó en el ataque a Pearl Harbor como buque de apoyo a distancia, escoltó a la fuerza de desembarco en Guadalcanal. También participó de las batallas navales de Midway y estuvo presente el 27 de agosto durante la segunda batalla de la Islas Salomon, donde fue atacado por aparatos de la US Navy, sin sufrir daños. 


El 8 de junio de 1943, el Mutsu sufrió una explosión interna, en una de las torretas de sus cañones navales, estando fondeado en Hashirajima (Hiroshima), probablemente debido a un error en el manejo de la munición, aunque también se considera la posibilidad de sabotaje por un miembro descontento de la tripulación, esto destruyó la estructura adyacente del barco que lo partió en dos, causando el hundimiento del mismo. La pérdida en tripulantes, fue de 1.120, incluyendo 140 instructores y cadetes de un grupo de entrenamiento de aviadores; solo pudieron ser rescatados 354. 

El pecio fue objeto de intensas operaciones de rescate entre 1970 y 1978. Una gran parte del casco fue elevada, junto con anclas, hélices, timón, armamento principal y la torre número 4 completa. Gran cantidad de estos restos están expuestos en el Museo en memoria del Mutsu de Tôwa Chô. La torre número 4 está expuesta en la antigua academia naval de Etajima, y uno de los cañones secundarios de 140 mm se expone en el museo del santuario Yasukuni, en Tokio. 


- Tipo: Acorazado. 

- Puesta en grada: 1 de junio de 1918. 

- Desplazamiento: 33.800 toneladas con carga estándar y 38.500 toneladas con carga máxima. 

- Dimensiones: Eslora: 224,91 m, Manga: 32,96 m y Calado: 9,49 m. 

- Propulsión: 4 hélices, con 4 turbinas de vapor y 10 calderas, que daban 82.000 CV. 

- Velocidad: 25 nudos (46,3 Km/h). 

- Autonomía: 5.500 millas náuticas a 16 nudos (10.200 kilómetros a 30 km/h). 

- Tripulación: 1.333. 

- Armamento: 8 cañones de 406/45 mm Type 3, en cuatro torres dobles; 20 cañones de 140/50 mm Type 3 en torres simples; 8 cañones AA de 127/40 mm Type 88 en cuatro montajes dobles y 20 cañones AA de 25/60 mm Type 96, aumentados a 98 en 1944. 

- Blindaje: Cintura: 304,8 mm, Cubierta: 76,2 mm y Torres: 355,6 mm. 

- Ala embarcada: 3 hidroaviones, con 1 catapulta.