martes, 21 de agosto de 2018

Grandes Lideres Mundiales: Alexander Fleming


No solo hay que destacar a los Líderes en la milicia o en la política. Hoy quiero rendir tributo a un Líder en la Medicina. 

Entre los grandes avances registrados por las ciencias médicas y biológicas en el siglo XIX cabe destacar el establecimiento del origen microbiano de las enfermedades infecciosas, que debemos a investigadores como Louis Pasteur y Robert Koch. Sin embargo muchas enfermedades infecciosas siguieron siendo mortales, pues se carecía de medios para combatirlas una vez contraídas. De aquí la trascendencia del hallazgo de la penicilina, que era capaz de destruir los gérmenes patógenos sin dañar al organismo. El descubrimiento de Alexander Fleming, en efecto, no solamente había de salvar millones de vidas, sino que también revolucionaría los métodos terapéuticos, dando inicio a la era de los antibióticos y de la medicina moderna. 

Alexander Fleming nació el 6 de agosto de 1881 en Lochfield, Gran Bretaña, en el seno de una familia campesina afincada en la vega escocesa. Fue el tercero de los cuatro hijos habidos en segundas nupcias por Hugh Fleming, el cual falleció cuando Alexander tenía siete años. Fleming recibió, hasta 1894, una educación bastante rudimentaria, obtenida con dificultad. Cumplidos los trece años, se trasladó a Londres con un hermanastro que ejercía allí como médico. Completó su educación con dos cursos realizados en el Polytechnic Institute de Regent Street, empleándose luego en las oficinas de una compañía naviera. En 1900 se alistó en el London Scottish Regiment para participar en la Guerra de los Boers, pero ésta terminó antes de que su unidad llegara a embarcarse. Su gusto por la vida militar le llevó a permanecer agregado a su regimiento, interviniendo en la Primera Guerra Mundial como oficial del Royal Army Medical Corps en Francia. 

A los veinte años, la herencia de un pequeño legado le llevó a estudiar medicina. Obtuvo una beca para el St. Mary's Hospital Medical School de Paddington, institución con la que, en 1901, inició una relación que había de durar toda su vida. En 1906 entró a formar parte del equipo del bacteriólogo sir Almroth Wright, con quien estuvo asociado durante cuarenta años. En 1908 se licenció, obteniendo la medalla de oro de la Universidad de Londres. Nombrado profesor de bacteriología, en 1928 pasó a ser catedrático, retirándose como emérito en 1948, aunque ocupó hasta 1954 la dirección del Wright-Fleming Institute of Microbiology, fundado en su honor y en el de su antiguo maestro y colega. 

Su carrera profesional estuvo dedicada a la investigación de las defensas del cuerpo humano contra las infecciones bacterianas. Su nombre está asociado a dos descubrimientos importantes: la lisozima y la penicilina. El segundo es, con mucho, el más famoso y también el más importante desde un punto de vista práctico. Fleming descubrió la lisozima en 1922, cuando puso de manifiesto que la secreción nasal poseía la facultad de disolver determinados tipos de bacterias. Dicha facultad dependía de una enzima activa, la lisozima, presente en muchos de los tejidos corporales, aunque de actividad restringida por lo que se refleja a los organismos patógenos causantes de las enfermedades. Pese a esta limitación, el hallazgo se reveló altamente interesante, puesto que demostraba la posibilidad de que existieran sustancias que, siendo inofensivas para las células del organismo, resultasen letales para las bacterias. A raíz de las investigaciones emprendidas por Paul Ehrlich treinta años antes, la medicina andaba ya tras un resultado de este tipo, aunque los éxitos obtenidos habían sido muy limitados. 

El descubrimiento de la penicilina, tuvo su origen en una observación fortuita. En septiembre de 1928, Fleming, durante un estudio sobre las mutaciones de determinadas colonias de estafilococos, comprobó que uno de los cultivos había sido accidentalmente contaminado por un microorganismo procedente del aire exterior, un hongo posteriormente identificado como el Penicillium notatum. Su meticulosidad le llevó a observar el comportamiento del cultivo, comprobando que alrededor de la zona inicial de contaminación, los estafilococos se habían hecho transparentes, fenómeno que Fleming interpretó correctamente como efecto de una substancia antibacteriana segregada por el hongo. 


Una vez aislado éste, Fleming supo sacar partido de los limitados recursos a su disposición para poner de manifiesto las propiedades de dicha substancia. Así, comprobó que un caldo de cultivo puro del hongo adquiría, en pocos días, un considerable nivel de actividad antibacteriana. Realizó diversas experiencias destinadas a establecer el grado de susceptibilidad al caldo de una amplia gama de bacterias patógenas, observando que muchas de ellas resultaban rápidamente destruidas; inyectando el cultivo en conejos y ratones, demostró que era inocuo para los leucocitos, lo que constituía un índice fiable de que debía resultar inofensivo para las células animales. 

Ocho meses después de sus primeras observaciones. Pese a que Fleming comprendió desde un principio la importancia del fenómeno de antibiosis que había descubierto, la penicilina tardó todavía unos quince años en convertirse en el agente terapéutico de uso universal que había de llegar a ser. Las razones son diversas, pero uno de los factores más importantes que lo determinaron fue la inestabilidad de la penicilina, que convertía su purificación en un proceso excesivamente difícil para las técnicas químicas disponibles. La solución del problema llegó con las investigaciones desarrolladas en Oxford por el equipo que dirigieron el patólogo australiano Howard Florey y el químico alemán Ernst B. Chain, refugiado en Inglaterra, quienes, en 1939, obtuvieron una importante subvención para el estudio sistemático de las substancias antimicrobianas segregadas por los microorganismos. En 1941 se obtuvieron los primeros resultados satisfactorios con pacientes humanos. El desarrollo de la Segunda Guerra Mundial determinó que se destinaran a las investigaciones recursos lo suficientemente importantes como para que, ya en 1944, todos los heridos graves de la batalla de Normandía pudiesen ser tratados con penicilina. 

Con un cierto retraso, la fama alcanzó por fin a Fleming, quien fue elegido miembro de la Royal Society en 1942, recibió el título de sir dos años más tarde y, por fin, en 1945, compartió con Florey y Chain el premio Nobel. Falleció en Londres el 11 de marzo de 1955. 



Grandes Líderes Mundiales: Cleopatra


Cleopatra descendía de una familia de faraones, la Lágida, que tenía su origen en Macedonia, y que gobernó desde el año 305 a.C. hasta el año 30 a.C. El fundador de esta dinastía fue Ptolomeo I Soter, uno de los generales de Alejandro Magno. Fue hija de Ptolomeo XII y de Cleopatra V. Durante una revuelta en el año 58 a.C. Berenice IV aprovechó el odio que sentían los egipcios hacia Ptolomeo XII y envió al exilio a su padre; gobernando junto a su madre durante un año. 

Cleopatra nació en el año 69 a.C. tuvo dos hermanas mayores, Berenice IV y Cleopatra VI, una hermana menor Arsinoe IV y dos hermanos menores, Ptolomeo XIII y Ptolomeo XIV. Todos fueron educados bajo la cultura Helénica. A pesar de haber recibido una educación puramente griega, Cleopatra fue la primera faraona de la era Ptolemaica en hablar el idioma egipcio. Al presentarse por primera vez en público, tenia 14 años, se dice que podía hablar 7 u 8 idiomas entre ellos griego, hebreo, sirio, egipcio y arameo, conocía de música, historia y ciencias políticas. Además era muy buena en matemáticas, literatura, astronomía y medicina. 

Era impulsiva, caprichosa, ingenua, espontánea, apasionada, diplomática y constante. Plutarco dijo de ella: “Se pretende que su belleza, considerada en sí misma, no era tan incomparable como para causar asombro y admiración, pero su trato era tal, que resultaba imposible resistirse. Los encantos de su figura, secundados por las gentilezas de su conversación y por todas las gracias que se desprenden de una feliz personalidad, dejaban en la mente un aguijón que penetraba hasta lo más vivo. Poseía una voluptuosidad infinita al hablar, y tanta dulzura y armonía en el son de su voz que su lengua era como un instrumento de varias cuerdas que manejaba fácilmente y del que extraía, como bien le convenía, los más delicados matices del lenguaje”. 

Cleopatra VII Filópator subió al trono en el año 51 a.C. cuando contaba con 18 años de edad, su padre Ptolomeo XII Aulettes la obligaba por testamento y por la ley que regía en Egipto a casarse y compartir el trono con su hermano Ptolomeo XIII Dionisio II de apenas 10 años de edad. Ptolomeo XII dejó como tutor de ambos al regente de Roma que en ese momento era Pompeyo. 

Políticamente, ella era muy ambiciosa, gobernó con la ayuda de su primer ministro Dioiketes. Instauró nuevas leyes, devaluó el dinero un tercio para las exportaciones. Y hasta modificó las leyes religiosas en favor de su propia gente. Intentó solucionar un conflicto existente con el imperio romano. Un año atrás habían asesinado a dos hijos del cónsul romano en Alejandría. Para demostrar buena voluntad, Cleopatra entregó a los presuntos asesinos a Pompeyo, que intentaba obtener el poder absoluto de Roma. Su opositor era Julio César. Cleopatra también ofreció soldados egipcios a Pompeyo. Toda la condolencia que ella había mostrado hasta ahora para con el imperio romano se convirtió en el tema de discusiones en Alejandría. Esta ayuda a los Romanos no fue apreciada, y los enemigos de Cleopatra: sus tres consejeros Pothinus, Achillas y Theodotus y hasta su propia hermana, Arsinoe IV, que deseaban obtener el poder, aprovecharon esta situación para tramar un plan en su contra. En el tercer año de su reinado Cleopatra fue obligada a exiliarse en Siria, derrocada por Ptolomeo XIII. 


Cleopatra viendo la oportunidad de recuperar su trono decide llegar hasta César. Estando él en el palacio real le es entregada una alfombra que era enviada por la exiliada Reina, y al desenrollarla se encontró con ella misma dentro. César quedó prendado de la belleza exuberante y la gran audacia de Cleopatra, y vio una oportunidad de mantener a Egipto dominado si ella volvía a ser Reina. Cleopatra a su vez supo que si enamoraba a César iba a tener de su lado a Roma, y no tendría que temer una invasión por parte de los romanos. 

Julio César y Cleopatra pasaron la noche juntos. Al día siguiente Ptolomeo XIII fue citado ante el César, al llegar se percató de la situación entre César y su hermana y decidió huir del palacio haciendo correr el rumor entre los egipcios, que había sido traicionado, intentando despertar a la multitud contra Cleopatra, pero pronto fue capturado por los soldados de César. César, para calmar los ánimos, da a Ptolomeo XIII la isla de Creta y a Ptolomeo XIV y Arsinoe IV Chipre. Arsinoe considera que ella debería reinar Egipto y se une a la causa de su hermano. 

Tras la muerte de Ptolomeo XIII Cleopatra fue proclamada reina absoluta de Egipto y César la obligó a casarse con su hermano menor, de tan solo 12 años, Ptolomeo XIV. Puesto que Arsinoe IV estaba considerada como traidora, Cleopatra obtuvo el mando de Chipre, junto con su hermano Ptolomeo XIV. 

Semanas después, Cesar parte hacia Hispania, y el 23 de junio del año 47 a.C., Cleopatra dio a luz al hijo de ambos, Ptolomeo XV César, llamado por el pueblo egipcio Cesarión. El niño es validado rápidamente por los egipcios como hijo de Amon-Ra. 

Durante julio del año 46 a.C., César volvió a Roma, donde recibió muchos honores y una dictadura de diez años, fue proclamado Imperator. Había extendido increíblemente el imperio romano. Entre el año 46 y 44 a.C., el crecimiento de Roma, gracias a las batallas ganadas por César mantuvo a los romanos bajo su influencia. 

César demandó abiertamente a Cesarión como su hijo. Esto enfureció a los romanos, ya que César estaba casado con Calpurnia. En febrero del 44, él se proclama “dictador eterno”. Entonces comienzan a correr rumores que César se proponía ser el rey del imperio romano con Cleopatra como reina. La aristocracia no desea a un rey como jefe del imperio romano, y planean asesinar a César. Si César muere, Cesarión se convertiría en el regente del imperio romano y del reino egipcio, pero esto será solamente posible si el senado romano valida el testamento de César. El 15 de marzo del 44 a.C., César es asesinado a la salida del edificio del senado en Roma. 

Tras su regreso a Egipto, Cleopatra, temiendo que su hermano y marido Ptolomeo XIV que ya contaba con 15 años de edad quisiera tener más poder del que ella le otorgaba, lo envenena y establece a Cesarión como su corregente a la edad de cuatro años. Sin embargo, para lograr el reconocimiento de Cesarión como legítimo rey ante el ex-teniente de César, Dolabella, Cleopatra le envió las cuatro legiones. Con la muerte de éste, Cleopatra decidió unirse a las fuerzas de Marco Antonio y Octavio (quien pasó a llamarse Augusto). 

En Roma se formó un Triunvirato entre Antonio, Octavio y Lepidus. Antonio estaba a cargo de las provincias del este, Octavio estaba a cargo de Roma y de la Galia, y Lepidus estaba a cargo de África del Norte. Antonio derrota a los republicanos opuestos a Cleopatra, restablece la paz que estaba quebrada por los republicanos. Lentamente se va acercando a Egipto, ya que desea aliarse a Cleopatra porque Egipto sigue siendo una nación de gran alcance y riquezas. 

Cleopatra acepta tener una reunión con Marco Antonio en su nave egipcia, que se considera como una parte de su territorio. En el año 41 a.C. Marco Antonio y Cleopatra se encuentran en Tarsus donde él la había convocado. Ella sabía bastante sobre él para poder conseguirle. Conocía sus capacidades estratégicas y tácticas limitadas, su sangre azul, su hábito de beber, su afición a las mujeres, su vulgaridad y su ambición. La reunión duró cuatro días enteros, y durante ésta se convirtieron en amantes. Antonio decide ir a Egipto con Cleopatra. En el año 40 a.C., obligan a Antonio a salir de Egipto porque una parte de su territorio había sido conquistada por Persia. Seis meses más adelante, Cleopatra dio a luz a sus gemelos: Cleopatra Selene y Alexander Helios. 

Durante la ausencia de Antonio, Cleopatra comenzó un conflicto entre ella y Herodes de Judea. Este era un gran amigo de Antonio. En el año 36 a.C. Marco Antonio deja Italia en una expedición contra Persia. Octavia había tenido otra hija y viajó con él hasta Corcyra. Pero allí Antonio se excusó de llevarla a Persia diciéndole que no deseaba exponerla a los peligros de las batallas y la envió a Roma, su hogar. Le dijo que ella le era más útil en Roma cuidando la paz con Octavio. 


Aproximadamente en el año 36 a.C. Cleopatra y Antonio se casaron, y aunque la bigamia era ilegal en Roma, esto insultaba no solamente a Octavia y Octavio sino a todo el imperio. Ella también dio a luz a otro niño de Antonio, Ptolomeo Philadelphus. 

En el año 32 a.C. Octavio acusa a Cleopatra públicamente por uso de magia, incesto, adoración animal, droga, embriaguez y lujuria desenfrenada. Declarándole la guerra, el nombre de Antonio no se mencionaba en ninguna parte de la declaración oficial. Los romanos creían que era mucho mejor declarar la guerra a la reina egipcia que influenciaba a Antonio, que a Antonio mismo. 

Cleopatra tiene un ejército mucho más grande que el de Octavio, con Antonio al frente, aunque tenía algunas dificultades para proveer el alimento a tantos hombres debido a que las tropas romanas cercaron las naves de Antonio. La batalla ocurrió en el año 31 a.C., día a día Marco Antonio perdía aliados romanos y sus fuerzas se debilitaban. Por el contrario Octavio estaba cada vez más seguro de su victoria, ya que lo superaba en ejército. 

Y la victoria llegó, Cleopatra viendo que las fuerzas de Antonio estaban perdiendo, salió en retirada y lo abandonó huyendo hacia Alejandría. Esto trae la desorganización en el ejército egipcio, Octavio tiene la victoria en sus manos. La marina de Octavio derrotó a Antonio en Actium, Grecia, el 2 de septiembre de 31 a.C. Antonio intenta recolectar nuevas tropas pero no tiene éxito, y desea suicidarse, pero sus amigos lo disuaden. Cleopatra sabe que las tropas romanas pronto llegarán a Alejandría, y decide ocultar todos los tesoros lejos del mar mediterráneo, pero las naves son interceptadas por los árabes (bajo el mando de Octavio). 

Octavio se acercaba más y más, Egipto estaba prácticamente cercado. Cleopatra deseaba encontrar un acuerdo pacífico y tanto ella como Antonio enviaron sobornos a Octavio para lograr la paz, pero ninguno fue aceptado. Los generales de Marco Antonio le informan que Cleopatra había muerto en su mausoleo, y éste al saber a su amante muerta, se suicidó con su propia espada. Según se dice, en su agonía Marco Antonio fue llevado hasta el mausoleo donde se encontraba Cleopatra, y allí ella lo vio morir en sus brazos. Entonces Cleopatra es apresada por los soldados de Octavio y trasladada al palacio, en donde se dice que intentó desde sobornarlo hasta seducirlo, sin obtener éxito alguno. 

Octavio quería llevar a Cleopatra viva a Roma, para mostrar su superioridad y su victoria. También mandó capturar a los niños de Cleopatra, excepto a Cesarión que huyó al Sur. Cleopatra se percató del plan de Octavio de llevarla a Roma, sabía que la visualizarían como esclava en las ciudades que ella misma había gobernado. Decidió que no viviría de esta manera, así que a tres días de la salida hacia Roma, pidió a sus criadas Iras y Charmion que le traigan una cesta con frutas y en ella un áspid. Mientras tanto ella escribía una carta a Octavio en la cual le pidió que la pongan junto a Antonio después de su muerte. Corría el 12 de agosto del año 30 a.C. cuando Octavio recibe la carta, pero ya era demasiado tarde, al entrar al cuarto donde se hallaba Cleopatra, de tan solo 39 años de edad, la encontró ya muerta sobre su cama de oro, con su traje real y sus joyas puestas, junto a sus dos criadas. 



Esparta: Las guerras médicas


Esparta no hizo caso al tratado de alianza que habían firmado con Creso, rey de Lidia, cuando los persas destruyeron este reinado. Lo mismo hicieron cuando Ciro aplastó la revuelta de las ciudades griegas de la Jonia, limitándose a observar la situación y a proferir vagas amenazas contra los persas. 

Pero Esparta se había erigido en Grecia como la mayor combatiente contra las tiranías. Buena prueba de ello fue la ayuda prestada a Atenas para derrocar al tirano Hippias, sin embargo los errores de Cleómenes, rey espartano autor de la gesta, pusieron en peligro la misma Liga al atacar los progresos de la nueva democracia ateniense. Esparta no favorecía las democracias, sino las oligarquías. 
Creso, rey de Lidia

En la primera expedición persa contra Grecia, fue Atenas la que libró en solitario la victoriosa batalla de Maratón, el 490 a.C., debido al retraso de las fuerzas enviadas por Esparta. Retraso que Esparta justificó por motivos religiosos y rituales. 

Al tener los griegos conocimiento de la segunda campaña persa, con unos efectivos muy considerables, se disponen a establecer una estrategia para contrarrestarla. El mando, tanto por tierra como por mar, recae en Esparta, por ser la mayor potencia militar del momento. Aunque pronto surgen disensiones entre los aliados. Los espartanos consideran que hay que hacer frente a los persas en el istmo de Corinto, para no alejar el grueso de su ejército del Peloponeso. Sin embargo, ante la presencia inminente de los persas, cedió a la voluntad de los aliados, aún a sabiendas que era empresa perdida. Leónidas se dispuso a defender el paso de las Termópilas 

De nuevo, aduciendo motivos religiosos, el número de espartanos fue muy reducido, solo trescientos,
Temistoclés
el resto eran aliados. El valor y la disciplina espartana quedaron de manifiesto, pero fueron insuficientes para detener al gran ejército persa. Leónidas y sus trescientos, sucumbieron en la empresa. 

Siguiendo la estrategia del ateniense Temístocles, el Atica fue abandonada, la batalla se planteó por mar, con una aplastante victoria en Salamina, mientras los peloponesios defendían el istmo. 

Una año más tarde, de nuevo los persas invadieron el Atica, y de nuevo los espartanos retrasaron su ayuda, a pesar de las insistentes peticiones de los atenienses. Solo cuando atisbaron intentos de firmar la paz con los persas, pusieron en marcha su ejército que, unido al ateniense, derroto a los invasores en Platea, el año 479 a.C. La posterior batalla naval de Micala y el castigo infligido a la ciudad de Tebas, por su alianza con los persas, concluyeron la guerra con victoria griega. 


Los años que siguieron a Platea, están marcados en Esparta por la figura de Pausanias, y por las revueltas de los aliados de la Liga del Peloponeso, periodo que Tucídides llama la Pentecontecía, y en el que Atenas aprovecha el éxito conseguido en las guerras médicas, creando la liga ático-délica, que le da predominio en toda Grecia y le lleva a una inevitable guerra contra Esparta. 

El estado lacedemonio, sin embargo, no supo aprovechar la victoria en las guerras médicas. De nuevo la situación interior determinaba su política exterior. Su estructura campesina y pastoril, junto al temor a las revueltas, dieron vía libre a Atenas para obtener todo tipo de beneficios. 

Llegada de Filipides tras la batalla de Maratón

En cuanto a Pausanias, trató de hacer su política particular, creando recelos tanto en Atenas como en Esparta. Activó una revuelta de ilotas, que le costó la muerte. No menos recelos les creó la política filodemocrática de Temístocles, el estratega ateniense en el Peloponeso, y que marca, junto con la reconstrucción de las Murallas de Atenas (Muros Largos), el comienzo de los roces entre los dos estados. Ni siquiera la ayuda prestada por Atenas a Esparta en la revuelta de los ilotas de 464 a.C. pudo subsanar estas diferencias.

JOAQUIN SOROLLA Y BASTIDA Dos de mayo


1884. Óleo sobre lienzo, 400 x 580 cm. 

Defensa del Parque de Artillería de Monteleón, en Madrid, por las tropas al mando de Luís Daoiz y Pedro Velarde. El 2 de mayo de 1808, contra los soldados franceses, en el inicio de la Guerra de la Independencia.


lunes, 20 de agosto de 2018

Reinas de León: Urraca Fernández


Nacida en el año 925, era hija del conde de Castilla, Fernán González, conde de Castilla. Su boda con Ordoño III, rey de León, heredero del trono leonés, en el año 946, formó parte de los acuerdos entre su padre y el rey Ramiro II, rey de León, para poner fin a las desavenencias entre la monarquía asturleonesa y el condado de Castilla, que habían sido frecuentes. Urraca se trasladó a vivir a León, con el resto del séquito regio, y pasó a ser reina en el año 950, cuando Ramiro II abdicó en favor de su hijo Ordoño III. 

El reinado de Ordoño comenzó mal desde el principio, pues la aristocracia leonesa, dirigida por su hermano Sancho y su tío García, rey de Navarra, comenzó a conspirar para arrebatarle el trono. Las fuentes no son demasiado claras al respecto, pero parece que el padre de doña Urraca, el conde Fernán González, también intervino en el suceso, para desgracia de su hija. Cuando Ordoño descubrió la conspiración y la defenestró, hacia el año 951, se volvió iracundo contra la acción del conde castellano y decidió repudiar a doña Urraca. 

Ésta volvió a Castilla y se instaló en la villa burgalesa de Covarrubias, donde fundó el monasterio de los Santos Cosme y Damián. Allí permaneció durante unos meses, ya que de nuevo Fernán González juró fidelidad a Ordoño III y el monarca asturleonés admitió de nuevo a la reina Urraca a su lado. De este matrimonio nacieron: Bermudo II, rey de León; Ordoño de León, fallecido joven. ; y Teresa de León, monja. 

Contrajo un segundo matrimonio en el 958 con Ordoño IV, rey de León, rey de León, de cuyo matrimonio nacieron dos hijos de los cuales se conoce el nombre de uno de ellos: García, que fue entregado como rehén por su padre al califa Alhakén II cuando Ordoño IV viajó a Córdoba a firmar un tratado de amistad. 

En Castilla permaneció hasta el año 955, en el que falleció su marido y fue sucedido por su hermano Sancho, al que apodaban el Craso. 

Aún casaría una vez más en el 962, con Sancho Garcés II de Pamplona, de cuyo matrimonio nacieron: García Sánchez, rey de Pamplona y conde de Aragón; Ramiro de Pamplona; Gonzalo de Pamplona; y Urraca de Pamplona la Vascona, entregada en 982 a Almanzor.​ 

El carácter de doña Urraca, poco dado a las festividades palaciegas y a las conspiraciones cortesanas, hizo que definitivamente volviese a Castilla, al monasterio fundado por ella en Covarrubias, donde vivió hasta su fallecimiento, en Covarrubias, Burgos, en el año 965. Su sobrina Urraca García, hija de Garci Fernández, continuaría la labor de mecenazgo sobre el monasterio de los Santos Cosme y Damián.


El Greco: El entierro del conde Orgaz


Realizado hacia 1871. Aguafuerte, Buril, Punta seca sobre papel avitelado, 315 X 452 mm. 

Esta estampa, número 3 de la colección Cuadros selectos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, reproduce una copia anónima de la pintura del Greco, conservada desde 1901 en el Museo del Prado, y antes, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, desde 1774. La estampa se puso a la venta por primera vez en 1872, formando parte del cuarto cuaderno de la colección, que finalizaría su publicación en 1885. Acompañaba la estampa un texto explicativo firmado por Nicolás Gato de Lema. 

El grabado de la lámina se fecha hacia 1871, pues el 15 de mayo de ese año al grabador se le pagaron 5.000 reales. La lámina de cobre se conserva en la Calcografía Nacional, Madrid. En la Biblioteca del Museo del Prado se conservan otros tres ejemplares más, encuadernados. 

La colección Cuadros selectos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando se compone de un total de 50 estampas, que reproducen mediante las diversas técnicas de grabado, una selección de las pinturas más sobresalientes que se conservaban en dicha institución hacia 1870-1885, principalmente, de la escuela barroca española y de Francisco de Goya. La publicación de las estampas se realizó por entregas, entre 1870 y 1885, en 10 cuadernos de 5 estampas cada uno, con un texto explicativo de cada una de ellas escrito por diferentes miembros de la Academia como, Valentín Carderera, Pedro de Madrazo o José Amador de los Ríos, entre otros. Los primeros cinco cuadernos se publicaron entre 1870 y 1874, y tras un largo parón, los cinco restantes vieron la luz entre 1881 y 1885. Según las actas académicas, esta interrupción de siete años se debió a los problemas de salud que sufría Pedro de Madrazo, que le impedían escribir los comentarios del sexto cuaderno que tenía asignados. 

Con esta serie, la Academia de San Fernando buscaba difundir sus colecciones, además de dar cabida a las dos formas de entender el grabado de reproducción en debate por aquellos años. Por un lado, el tradicional grabado a buril, basado en la teoría de trazos, que seguían por ejemplo, Domingo Martínez Aparici, Ricardo Franch, o Pascual Alegre; y por otro, el grabado de interpretación al aguafuerte, que practicaban, entre los más alabados por los académicos, José María Galván, y sobre todo, Bartolomé Maura, que fue el gran protagonista de esta modalidad de grabado. 

Una vez ejecutadas las láminas, los cobres se estamparon en la Calcografía Nacional –donde todavía se conservan, mientras que los textos se imprimieron en los talleres de Manuel Tello, en Madrid. Por último, los cuadernos se pusieron a la venta en Madrid, en la secretaría de la Academia de San Fernando, y en las librerías Bailly-Baillère y Durán; y en las provincias, en las Academias, en las Escuelas de Bellas Artes, y en las Comisiones de Monumentos. El coste de cada cuaderno fue de 5 pesetas para los compradores eventuales, y de 4 para los suscriptores. 

En el Archivo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando se guardan las actas de las reuniones referentes a la Comisión de publicaciones de los Cuadros selectos de la Academia: de los años 1870-1871, donde se pueden seguir las vicisitudes de la publicación; además, de los documentos donde se registran los pagos efectuados a los grabadores que participaron en la serie. 

En el Gabinete de dibujos y estampas del Museo del Prado se conservan algunas estampas sueltas de esta colección, y las portadas y las hojas de texto de los cuadernos 1, 3 y 4, y los textos guardados en la Caja 23-12-02. Además, en la Biblioteca del Museo se custodian tres ejemplares completos encuadernados. 





FUENTE: Museo de El Prado

viernes, 17 de agosto de 2018

Oneca de Pamplona, esposa de Alfonso IV, rey de León


Oneca era hija del rey Sancho Garcés I de Pamplona y de su esposa, la reina Toda. Se desconoce su fecha de nacimiento. Contrajo matrimonio, en el año 925​ con el rey Alfonso IV de León, que fue coronado rey, el día 12 de febrero del año 926. 

Se desconoce la fecha en que falleció Oneca, aunque se supone que debió ser en junio del año 931. Sus restos mortales fueron trasladados al desaparecido monasterio de Ruiforco de Torío, donde también había sido enterrado su esposo.​ Posteriormente, el rey Alfonso V de León, ordenó trasladar los restos mortales de todos los miembros de la realeza sepultados en el monasterio, incluidos los de Alfonso IV y su esposa, a la basílica de San Isidoro de León, donde fueron depositados en una fosa común ubicada en un rincón de una de las capillas del lado del Evangelio. Sobre la fosa común, el rey Alfonso V ordenó erigir un altar dedicado a san Martín de Tours, obispo y confesor. 

Fruto de su matrimonio con el rey Alfonso IV de León, nació Ordoño IV, el cual contrajo matrimonio con Urraca Fernández, hija del conde de Castilla Fernán González.


JOAQUIN SOROLLA Y BASTIDA Don Ramón Piña y Millet


1909. Óleo sobre lienzo, 80 x 62 cm.


jueves, 16 de agosto de 2018

Castillos de León: Castillo de duques de Alba


El castillo de Alba de Tormes, es símbolo del origen de la Casa de Alba. Las primeras noticias que se tienen del castillo en Alba de Tormes datan del año 1426. Hasta entonces existía un alcázar ubicado en la zona donde se levanta el parque El Espolón. En 1429 Don Gutierre Gómez de Toledo, obispo de Palencia, toma posesión de la villa y ordena levantar una fortaleza. Sería la parte más antigua de la construcción, la torre de planta cilíndrica de tres alturas conocida hoy como Torreón de la Armería. 

La conversión del señorío en condado y posteriormente en ducado tras la donación de la villa a los Álvarez de Toledo hizo que el castillo aumentase de tamaño y se convirtiera en el lugar de residencia y la cabeza del señorío de la Casa de Alba. 

La mayor parte del castillo se levantó en tiempos del I Duque de Alba, en la segunda mitad del XV y primera del XVI, época en la que trabajan los mejores arquitectos del momento como Juan Carrera, Enrique Egas o Juan Guas. El grabado de Anton van den Wijngaerde de 1570 nos muestra ya el castillo completo, con forma irregular que refleja los distintos momentos de su construcción. Pero será el III duque, Don Fernando Álvarez de Toledo, quien lo manda decorar de forma suntuosa, con mármoles italianos. Será también el momento en el que se realizan las pinturas murales de la Sala de la Armería. Por entonces sus salas se convierten en un gran centro cultural, sobre todo en época de Don Fadrique con quien pasaron por el castillo escritores como Garcilaso, Lope de Vega o Calderón de la Barca. La representación de una de las obras de Juan del Enzina en uno de sus salones le han hecho merecedor de considerarse la cuna del teatro español. 

Todo este esplendor toca a su fin con la Guerra de la Independencia. Durante la contienda el castillo es ocupado por las tropas francesas que lo utilizan como cuartel incendiándolo tras su retirada. Queda en tan deplorable estado que es abandonado, quedando a merced del tiempo. Desde ese momento sufre un deterioro paulatino al ser utilizado como cantera de la localidad hasta quedar solo en pie la torre de la Armería. 


Gracias al trabajo realizado en las excavaciones arqueológicas iniciadas en 1991, tras la cesión de uso por parte de la Casa de Alba al Ayuntamiento de Alba de Tormes, se puso al descubierto la planta completa del edificio cuyas paredes se han conservado hasta una altura superior a 2 metros. Construido en mampostería concertada de grandes bloques se trata de un edificio rectangular en torno a un patio central o patio de armas rodeado de una doble galería. Con defensa alrededor, de la que apenas se conserva parte de la barrera o liza, está rematado por cubos circulares y poligonales en los ángulos y en la mitad de los lienzos, integrados con las dependencias domésticas. Destaca entre ellos la soberbia Torre del Homenaje situada en la mitad del lienzo oriental y reforzada por robustos contrafuertes. En una de las paredes que limitan el patio central, en su extremo suroriental, se localiza la boca del aljibe del castillo, construcción indispensable para el abastecimiento del agua pluvial. 

Se han encontrado múltiples hallazgos materiales. Junto a una cantidad abundante de fragmentos cerámicos, principalmente de Talavera, se han exhumado monedas, botones (muchos de ellos con el números del regimiento), piedras para fusil de chispa, alguna hebilla, baldosas, etc. Entre los materiales marmóreos que decoraban las dependencias predominan las baldosas, cornisas, balaustres, fragmentos de columnas o elementos de arco con el intradós decorado con casetones con florones. Como pieza significativa destaca una enjuta de mármol blanco con dos medallones, uno por cada lado. En ellos se representan dos bustos, una efigie de un emperador romano y en el otro lado la de un soldado, representados de perfil y realizados con exquisito gusto. Todas estas piezas, sin duda, pertenecen a la galería meridional, dentro de la cual se ven bustos de bronce sobre pedestales? También hay otro busto en mármol del III Duque de Alba aparecido en las excavaciones de 1991 y que se expone en la sala de la Armería. Esta sala, situada en la primera planta de la torre, está completamente decorada por pinturas al fresco, tanto la bóveda anular como las paredes, obra de Cristobal Passin entre 1567 y 1571. En ellas se representan tres escenas de la batalla de Mühlberg, en la que fue vencedor el Gran Duque de Alba.

El Greco: Pandora


Realizado entre 1600 y 1610. Madera, 43 X 12,7 cm. 

Las dos esculturas, Epimeteo y Pandora, se dieron a conocer en 1945 por su entonces propietario y descubridor, el conde de las Infantas. El diálogo que percibimos en esta pareja, invención de Hesíodo en el siglo VIII a. C., parece anteceder a la apertura de la caja en la que se contenían los males que asolarían a la humanidad por acceder ésta al secreto del fuego. Aunque la caja suele aparecer en las manos de Pandora, en esta versión es Epimeteo, el hermano irreflexivo de Prometeo, quien la sostiene. Las dos figuras siguen modelos de la escultura clásica, presente también en la obra de Durero. Desconocemos las circunstancias en que fueron creadas. Fueron donadas al Prado en 1962 por Dolores Andrada y Pérez de Herrasti, en memoria de su esposo el conde de las Infantas. 





FUENTE: Museo de El Prado

miércoles, 15 de agosto de 2018

JOAQUIN SOROLLA Y BASTIDA Chicos en la playa


1909. Óleo sobre lienzo, 118 x 185 cm. 

La serie de cuadros con motivos de niños en el agua culmina con esta obra, en la que los desnudos de los muchachos se imponen en la composición en mayor medida que en otra pintura del artista. Aunque está firmada en 1910 y, por ello, esa cronología se ha seguido de modo casi unánime, el artista debió de pintar la obra durante el verano de 1909, pues la imagen aparece ya reproducida en un libro de Rafael Doménech cuyo colofón explicita que se terminó de imprimir el 19 de diciembre de ese año. 

La obra correspondería, pues, a la larga y fecunda estancia de Sorolla en Valencia de unos tres meses desde finales de junio hasta finales de setiembre , durante la que realizó varias obras maestras, entre ellas El baño del caballo. Ambas revelan una esencial fascinación mediterránea que el pintor quiso poner de manifiesto, en ambas obras, mediante la elección de un marco de pilastras toscanas con su entablamento liso. El motivo del desnudo infantil tendido al sol a su albedrío ya había interesado a Mariano Fortuny y a Ignacio Pinazo, además de a Sargent, artistas todos apreciados por Sorolla. Como el primero, abordó el asunto a la orilla del mar en un riguroso primer término que evita la representación del horizonte pero, a diferencia de él, le interesó el movimiento de las aguas, convertido en puro motivo pictórico y, junto a ello, los destellos de la luz en el mar y en el cuerpo de los niños, los reflejos de las figuras de éstos en el agua y las sombras coloreadas proyectadas sobre la superficie líquida. El pintor había planteado este tema en algunas otras obras, con las que ésta del Prado tiene relación por aparecer en ellas cuerpos de muchachos desnudos tendidos en primer término. Ya en 1903 aparecen en Niños a la orilla del mar, pero allí se trataba de niños más pequeños, por lo que tiene mayor similitud con los desnudos de muchachos de varias obras de 1908, entre ellas Idilio en el mar, Sobre la arena ¿Idilio en la arena?, Niños en la playay los desnudos tendidos en dos obras de composición más amplia, una de la Hispanic Society y otra en colección particular. Hay también varios dibujos de niños en posición horizontal que conserva el Museo Sorolla. Aún en 1916, el artista pintó otro cuadro titulado niños en la playa, con un desnudo tendido en la orilla del mar. A pesar del tamaño del lienzo, el artista pintó la obra del natural. 

Con todo, consiguió plasmar sin estudio previo, no sólo la sensación de inmediata veracidad del asunto, sino también una composición de extremado equilibrio entre la actitud estática propia de los cuerpos tendidos y el dinamismo de su colocación relativa. En efecto, la escena muestra en primer término el muchacho con la cabeza más levantada, en disposición casi diagonal que introduce al espectador en el lienzo, lleva al segundo a través del rostro vuelto de éste y se aquieta en la actitud abandonada del tercer muchacho, tendido paralelamente al borde superior del lienzo. A esa gradación de las actitudes corporales, más relajadas cuanto más lejanas están las figuras, corresponde una intensidad también creciente del colorido de los cuerpos, desde el blanco con reflejos malvas del muchacho del primer término, de cabello rubio y piel más clara, al tono más tostado del segundo, de cabello castaño, hasta el rojizo broncíneo que presenta el del fondo. Los destellos de la luz traducen la intensidad también creciente hacia el último término con la que el sol incide sobre los cuerpos, gradualmente sumergidos en el agua. Así, en el primer muchacho, menos mojado, los brillos sobre la piel aparecen como empastes de color blanco mate; son más intensos y claros en el segundo, parcialmente sumergido, y muy luminosos en el del fondo, ya empapado de agua y completamente reluciente. El artista representó además el movimiento de las aguas en torno a los cuerpos, en amplísimas pinceladas de tonos turquesas, azules, violetas y malvas que ya había utilizado en obras con tema de nadadores, especialmente en las realizadas en Jávea en 1905. Reflejó también la pequeña depresión excavada por la resaca en la arena junto a los pies del muchacho del centro. Especial interés tiene la captación de la doble silueta que arrojan las figuras de los dos primeros chicos (en el tercero es menos visible) que corresponde, en la parte inferior, al reflejo sobre las aguas e, inmediatamente debajo de los cuerpos, a la sombra coloreada de éstos, en un tono violeta intenso directamente observado por el artista a la luz, de máxima intensidad, del mediodía valenciano.