Marco Annio Floriano (Floriano) año 276

 


CRISIS DEL SIGLO III (235 al 284)


Emperadores Llirios


Son pocas las informaciones que se tienen de la vida, como de su reinado. En la Historia Augusta se menciona que era hermano del emperador Marco Claudio Tácito Augusto, aunque en un pasaje, podemos leer que era su medio hermano, siendo esta la versión preferida por los historiadores actuales; a pesar de lo cual, historiadores, como Ronald Syme, que se basa en fuentes griegas, cuestionan la existencia de algún tipo de parentesco entre ambos. A pesar de todo, es muy probable que naciera el 19 de agosto del año 232 en Terni, región de Umbria.
    A finales del año 275, Tácito, fue proclamado emperador tras la inesperada muerte de Aureliano. Tácito nombró a Floriano su prefecto del pretorio y le ordenó que se dirigiera con sus tropas hacia Panonia, para repeler las incursiones que realizaban los godos. Al morir, en julio del año 276, repentinamente Tácito, al parecer asesinado como consecuencia de un complot militar, Floriano se proclamó emperador, siendo reconocido por el Senado romano y las provincias occidentales. Se puso al frente de las tropas, continuando la campaña contra los godos, y obteniendo una gran victoria, justo antes de que se produjera la revuelta protagonizada por Probo, un comandante de gran exito que sirvió bajo el gobierno de Aureliano como con el de Tácito, que fue apoyada por las provincias de Egipto, Siria, Palestina y Fenicia.

A pesar de su experiencia militar, Probo se encontraba en una posición precaria, puesto que solo contaba con el apoyo de una pequeña parte del Imperio, mientras que el resto respaldaba a Floriano. Ante esta situación, Probo, que contaba con el control del grano procedente de Egipto, se aprovechó de ello para cortar el suministro de este cereal al resto del imperio. No contento con ello, condujo a sus tropas a Asia Menor para defender las Puertas Cilicias, con lo que pudo utilizar la guerra de guerrillas para librar una guerra de desgaste en lugar de una confrontación directa. Al apercibirse de ello, Floriano condujo sus tropas a Cilicia y alojó sus fuerzas en Tarso. Muchos de sus soldados, no acostumbrados al clima cálido de la zona, enfermaron debido a una ola de calor que se produjo en ese verano. Probo reaccionó lanzando incursiones alrededor de la ciudad, encaminadas a debilitar la moral de las fuerzas de Floriano. Estrategia que tuvo éxito, por lo que Floriano perdió el control de su ejército y, como consecuencia, el 9 de septiembre del año 276, el ejército se levantó en su contra y lo asesinó cerca de Tarso, la misma ciudad que había sido testigo del enfrentamiento con Probo.
    El asesinato del emperador a manos de sus propios hombres era una trágica pero frecuente manifestación de la inestabilidad de la época. Las legiones, que habían elevado a tantos emperadores al trono, no dudaban en derribarlos si consideraban que habían fallado en su deber o si aparecía una alternativa más prometedora.





El reinado de Floriano duró un período muy breve, apenas ochenta y ocho días según algunas fuentes, o dos meses y veinte días según otras. Esta brevedad lo sitúa entre los emperadores más efímeros de Roma, un recordatorio contundente de la extrema fragilidad del poder imperial durante la Crisis del Siglo III. Su muerte no solo puso fin a una vida que apenas había alcanzado la cima, sino que también allanó el camino para el ascenso indiscutible de Probo, quien, aunque también tendría un final violento, lograría un reinado más largo y más exitoso en términos de restauración del orden imperial.


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Ramón Martín

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