Valente nació el año 328 en Cibalae, Panonia Superior (en la actualidad, la ciudad croata de Vinkovci). Ciudad donde también había nacido su hermano
Valentiniano I. Ambos eran hijos de Graciano el Viejo, y de madre desconocida. Mientras Valentiniano se enroló, siendo adolescente en las legiones, donde fraguó una importante carrera militar, Valente permaneció, en el hogar paterno, atendiendo el negocio familiar y las labores del campo, debido a lo cual no tenía capacidad política o militar; Valentiniano era de convicciones cristianas, mientras que Valente era ortodoxo. Siendo una persona de carácter equilibrado y sosegado.
El año 357, Valente, contrajo matrimonio con una hija del prefecto del pretorio, llamada Dominica, con la que tuvo dos hijas: Carosa y Anastasia, y un hijo: Valentiniano Galates, que murió cuando aún no había cumplido cuatro años.
La primera referencia de Valente aparece en el 360, siendo
emperador Juliano el Apóstata participando, junto a su hermano, en la campaña contra los persas. Cuatro años más tarde, en el 364, una vez ensalzado
augusto por los mandos militares su hermano Valentiniano, Valente, que ya era
protector domesticus, fue llamado por el
emperador, a instancias del ejército, para vincularlo al trono. Tras unos meses de gobernar juntos, ambos líderes se reunieron en Sirmium, donde decidieron partir el Imperio, Valentiniano se hizo cargo de la zona occidental, con sede en Milán, mientras Valente lo hacía de la parte oriental con capital en Constantinopla.
Valente tuvo su primer tropiezo en el año 365, cuando un pariente lejano de la dinastía de
Constantino llamado
Procopio, se aprovechó de que Valente se había desplazado a Capadocia, haciéndose proclamar
emperador, para lo cual contó con el apoyo de paganos del círculo del difunto Juliano, que habían sobornado a las legiones acuarteladas en Constantinopla, además de contar con la ayuda de mercenarios godos. Este golpe de estado tuvo éxito en las provincias de Tracia y Bitinia, y Valente estuvo tentado de abdicar, debido a su inexperiencia y por la falta de apoyo de su hermano Valentiniano inmerso, por entonces, en su lucha contra los galos. Pero las mejores legiones estaban en Siria y eran leales a Valente, por lo que éste se decidió a ir al encuentro del usurpador
Procopio. Tras cruzar Asia Menor, ambos ejércitos se encontraron, en abril del año 366, en la Batalla de Tiatira, donde las tropas de Procopio comandadas por el general Gomoarius fueron derrotadas. Procopio fue arrestado y decapitado, el 28 de mayo de ese mismo año. Su cabeza, a modo de trofeo, fue enviada a Valentiniano que se encontraba en Tréveris.
Una vez eliminada esta rebelión de Procopio, Valente entendió que los godos iban a ser un peligro constante, y en el año 367, puso en marcha una campaña contra el líder visigodo Atanarico, un aliado que fue de Roma en tiempos de Constantino, y que se había sumado a la sedición encabezada por Procopio; esta campaña duró tres años. Atanarico, siendo empujado por los temibles hunos, negoció un pacto con Valente por el cual se permitía a los godos establecerse en las provincias de Tracia y Moesia; a cambio, Atanarico, que había exigido ser reconocido como rey de los visigodos, aportaría mano de obra y soldados para las legiones. El tratado, en un principio, era ventajoso para Valente, aunque no por mucho tiempo.
Una vez solventado el problema en la frontera del Danubio, Valente se desplazó hacia Oriente, el año 371 estableciendo su residencia en Antioquía. Su intención era minimizar el armisticio pactado por su antecesor
Joviano con el rey persa Sapor II aprovechándose de los conflictos internos de los sasánidas. Armenia, por el pacto entre Sapor y Joviano, estaba bajo la regencia del rey Papas, un aliado de Roma, lo que no era del agrado de Sapor; para evitar un enfrentamiento entre romanos y persas, Valente y Sapor II concertaron una tregua de cinco años; tiempo que, cada uno utilizaría según sus intereses: Sapor II para debilitar al rey armenio y hacerse con la región, y Valente, para fortalecer las debilitadas legiones a base de los inmigrantes godos establecidos en Tracia y Moesia. Estos serían, salvo algunos enfrentamientos fronterizos, los únicos años que podríamos considerar pacíficos del reinado de Valente.
Llegamos al año 376, se han cumplido los años de concordato con el rey Sapor, y Valente se dispuso a preparar una expedición contra los sasánidas, pero debido a la entrada masiva de godos a través del Danubio, más los inhumanos tratos a los que les sometían los nobles romanos: utilizándolos como esclavos en beneficio propio, hicieron que la región se convirtiera en un hervidero de sublevaciones por parte de los bárbaros, los cuales contaban con un nuevo líder: Fritigerno, un visigodo que había sido aliado de Valente contra el usurpador Procopio y ahora se iba a convertir en su verdugo.
Las legiones asentadas en la parte sur del Danubio fueron incapaces de hacer frente a los altercados, y Valente, que aún se encontraba en Antioquía, no tuvo otra opción que la de recibir a una delegación de jefes godos con los que acordó, además de entregarles tierras a cambio de que abandonaran las armas, que suministraran hombres para el ejército romano. Pero este acuerdo quedó roto a principios del 378 cuando las nuevas avalanchas de visigodos, alanos y hunos traspasaron el Danubio: la guerra por el dominio de los Balcanes era un hecho.
Valente reunió todas las tropas de Oriente y, partiendo de Constantinopla, con un ejército de 30.000 hombres entre romanos y mercenarios, fue al encuentro de los bárbaros que los doblaban en número. La mejor preparación de las legiones romanas, en un principio, les dieron ventaja pero, la ágil, y muy bien preparada, caballería de hunos y alanos sorprendió a las legiones, el 9 de agosto del año 378, cerca de Adrianápolis; en la que se ha dado por conocer como: Batalla de Adrianápolis, que resultó ser una carnicería para las huestes de Valente, debido a que los mercenarios godos chaquetearon, perdiendo los romanos la mayor parte del ejército. El propio Valente, aunque nunca se encontró el cadáver, falleció en la refriega. Hay varias versiones sobre su muerte, la más divulgada dice que se refugió, herido por una flecha, en una cabaña a la que los godos prendieron fuego.
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