El Portal de La Valldigna está en el Barrio del Carmen de la ciudad de Valencia. Es un lugar que, además de destacar por su valor arquitectónico, es un importante testimonio de la historia medieval de la ciudad y de la convivencia —aunque no siempre fuera fácil— entre las diversas culturas y religiones que han marcado el carácter de la ciudad.
El Portal es un arco de medio punto construido en sillería, con un ligero avance de las impostas que recuerda la forma de los arcos de herradura de tradición islámica; que fue abierto en el año 1400 sobre lo poco que quedaba de la antigua muralla musulmana del siglo XI. Su función era marcar la frontera entre la ciudad cristiana y el barrio donde residían los musulmanes que permanecieron en Valencia tras la conquista de Jaime I en 1238. Por lo tanto, era mucho más que una puerta física. Constituía un límite simbólico, una frontera cultural y religiosa que organizaba la vida en la Valencia medieval.
Su nombre se debe al cercano Monasterio de Santa María de la Valldigna, que había sido fundado el 14 de marzo de 1298 por el rey
Jaime II de Aragón. Estando situado, frente al portal, la casa de procuración del monasterio (despacho profesional de procuradores que representa partes en procesos judiciales), nombre con el que lo conocemos hoy.
En la parte superior del arco, se conserva una pintura cerámica que representa al rey Jaime II entregando la carta de fundación del monasterio, detalle que nos conecta directamente con la historia de la
Corona de Aragón y el papel que tuvo Valencia en ella.
Tras la conquista de la ciudad por parte de los cristianos, los musulmanes que decidieron permanecer en la ciudad, fueron obligados a establecerse en barrios separados del resto, son las las llamadas «morerías». La morería de Valencia, la cual se desarrolló, principalmente, en el entorno de la actual plaza de Mossén Sorell, constituyendo uno de los arrabales extramuros más importantes de la ciudad medieval. de Valencia, y que estaba situada al otro lado de este portal, en lo que hoy conocemos como el barrio del Carmen.
El acceso al denominado barrio de los musulmanes estaba regulado, siendo el Portal de la Valldigna el punto de paso más importante. A través de él fueron circulando personas, mercancías y tradiciones, en una Valencia que, a pesar de las restricciones, fue un hervidero cultural donde convivieron (y en ocasiones chocaron) las tres culturas: cristiana, musulmana y judía.
Es importante recordar que, en este entorno, tuvo lugar el suceso vivido por Fray Joan Gilabert Jofré, interponiéndose al acoso y apedreamiento de un demente, tras el cual y cambiando su sermón cuaresmal, propició que el 9 de abril de 1409 se pusieron los cimientos del primer manicomio del mundo que se llamó Hospital dels Folls i dels Ignocents, considerado el primer hospital psiquiátrico de Europa. También, un dato por muchos desconocidos: en las inmediaciones del Portal, se instaló, el año 1474, la imprenta de Lambert Palmart, la primera conocida de la península ibérica. Allí se imprimió el primer libro en valenciano: Les obres o trobes en lahors de la Verge Maria, una recopilación de poemas en honor a la Virgen María. Lo que convierte a este rincón valenciano, en un lugar clave para la historia de la lengua y la literatura valenciana.
En 1678 se construyó una vivienda sobre el propio portal, integrando el arco dentro de la edificación superior que todavía hoy se conserva.
En la actualidad, el Portal de la Valldigna es un lugar cargado de encanto, puesto que, a pesar de haber sido restaurado y protegido como Bien de Interés Cultural, sigue conservando ese aire de rincón secreto que lo hace tan especial. Pasear por sus alrededores es viajar en el tiempo. Las calles estrechas, las casas con siglos de historia y la atmósfera tranquila del barrio del Carmen lo convierten en un lugar ideal para descubrir una Valencia más auténtica y más íntima.
Dicho lo cual, desde aquí, nos atrevemos a recomendar visitar el Portal de la Valldigna, por ser uno de esos lugares que, aún no apareciendo en las guías turísticas tradicionales, es capaz de guardar historias fascinantes, al ser un símbolo de esa Valencia medieval, de sus luces y sus sombras, además de formar parte del alma de una ciudad que cuenta con cerca de 2.000 años de historia. Es un ejemplo perfecto de esos rincones secretos que hacen de Valencia una ciudad única. Un destino donde cada calle, cada plaza y cada piedra cuentan una historia que merece ser descubierta.
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