Domiciano (81 al 96)

 


Hijo del emperador Titus Flavius Vespasianus Titus Flavius Vespasianus y de Flavia Domitilla. Nació en Roma, posiblemente, en la casa familiar del Quirinal, que se convertiría, con el paso del tiempo en el Templo de los Flavios, en el seno de una familia adinerada de origen sabino. Su bisabuelo Titus Flavius Petro, un soldado del ejército pompeyano, originario de Reate, que hizo fortuna y, además, casó con Tertulla, una rica propietaria de Cosa. Su fortuna fue heredara por su abuelo Titus Flavius Sabinus, que alcanzó el rango ecuestre, y casó con Vespasia Polla. Su padre, Vespasiano, se convirtió en senador y, tras una sangrienta guerra civil, fue nombrado emperador. Su madre murió cuando todavía era un niño, y cuando llegó a la adolescencia, Nerón envió a su padre y a su hermano a Oriente, quedando Domiciano en Roma al cuidado de su tío paterno Titus Flavius Sabinus, en la casa del Quirinal.

    Suetonio le describe como un hombre alto, moreno, de ojos grandes aunque corto de vista, bien parecido y proporcionado, poco aficionado al ejercicio físico. También le gustaba el juego incluso en horas de trabajo, tenía una lujuria patológica y tan solo leía los comentarios políticos de Tiberio. Aunque otros escritores le presentaban como un aficionado a la literatura, que habría recibido la formación necesaria junto a su hermano, teniendo ciertas aptitudes literarias y oratorias, que le permitieron escribir alguna obra. Aunque no se puede afirmar cuántas ni de qué tipo.



En el año 69, con su padre Vespasiano en el trono y su hermano Tito asociado al poder, Domiciano fue nombrado, entre julio y agosto, césar en Oriente, un título que se le fue reconocido en Roma el día 21 de diciembre. También fue princeps iuventutis (príncipe de la juventud). Con ambos nombramientos se convertía en heredero virtual del trono de Roma; a pesar de que, a lo largo del gobierno de su padre,siempre quedó patente que su hermano Tito era el primero en la línea sucesoria, ya que desempeñaba las funciones de gobierno como asociado al trono de su padre, estando encargado de solucionar los asuntos militares de importancia, como en la guerra contra los judíos. Situación que fue muy mal aceptada por Domiciano, que tuvo que permanecer en Roma mientras su hermano obtenía la gloria en los episodios militares en que desempeñó el mando. Sólo tras la temprana muerte de Tito se convertiría en emperador.

    El 1 de enero del 70, fue nombrado pretor urbano con poder consular, aunque parece que lo ocupó de forma honorífica, dejando el trabajo a su colega. A lo largo de ese mismo año, contrajo un matrimonio ventajoso con Domitia Longina, hija de Cnaeus Domitius Corbulo, un influyente senador durante los reinados de Calígula, Claudio y Nerón, que fue responsable de algunas de las más importantes victorias de Roma. Con esta unión, Domiciano conseguía el apoyo de un sector del Senado represaliado por la dinastía Julio-Claudia. El año 73 tuvieron un hijo, que murió muy pronto. Más tarde, se divorciaría de Domitia, manteniendo una relación con su sobrina Julia (hija de Tito). Tras reconciliarse con su mujer, la esperanza de dar un heredero al trono se frustró cuando ésta perdió el hijo que esperaba. Ese mismo, participó en una campaña en la frontera del Rin, contra los pueblos que se habían sublevado, pero en octubre tuvo que salir hacia Italia, para recibir a su padre en Benevento, recibiendo una severa reprimenda por su ambición y sus quejas ante la primacía de su hermano.


Durante los años 75 y 76, entró a formar parte del colegio sacerdotal de los Fratres Arvales y fue nombrado para el cargo religioso de pontífice. En el 79, tras morir Vespasiano, subió al trono su hermano Tito, quien tuvo un reinado breve, ya que murió el 13 de septiembre. Ese mismo día, Domiciano volvió a Roma, donde fue aclamado como imperator por los pretorianos. Al día siguiente, el Senado le reconoció como Augusto.

    En otoño del 82 se encargó de preparar la próxima expedición al Rin, supervisando la operación, que iba a servirle para reforzar su imagen, tras los gobiernos de su padre y de su hermano, que habían gozado de una amplia experiencia militar. En marzo del año siguiente, se fue a la frontera del Rin, instalándose en Mogontiacum (Mainz, Alemania) para dirigir la guerra en persona. En verano ya se había conseguido la sumisión de los Catos y en otoño regresó a Roma. A finales de año o comienzos del 84 se celebró la ceremonia del triunfo y el Senado le otorgó el título de Germanicus. Como resultado de esa campaña, se crearon dos provincias que hasta entonces habían sido distritos: Germania Superior y Germania Inferior. A partir de entonces, Domiciano centró su dedicación a los asuntos internos del Estado. Para ello, institucionalizó la censura, convirtiéndose en censor, lo que le daba la capacidad de incluir a los ciudadanos a las listas de los órdenes privilegiados o dejarlos fuera. En otoño convirtió este cargo en perpetuo, lo que le proporcionaba el control social para el resto del reinado. A continuación se fue a Moesia, para hacer frente al peligro que representaban los Dacios en la frontera del Bajo Danubio. Y tras una rápida campaña, volvió a Roma, celebrándose el triunfo a comienzos del año 86; desarrollándose los Juegos Capitolinos, entre el 6 y el 12 de junio. A lo largo de ese año, se llevó a cabo la segunda expedición a Dacia, que culminó con un pírrico triunfo, ya que al año siguiente hubo que enviar a Tettius Iulianus para afianzar la victoria.

    Durante el año 87, Domiciano estaba en Roma mientras se gestaba una conspiración contra él, que fracasó. En el 88, el ejército del Bajo Danubio obtuvo una victoria sobre los Dacios, aunque el monarca no pudo participar en ella, ya que la celebración de los Juegos Seculares, entre el 1 y el 3 de junio, le retenía en Roma. El 1 de enero del 89, las tropas del Rin aclamaron como imperator a Lucius Antonius Saturninus, en Mainz, el gobernador de la provincia Germania Superior. A mediados de mes, Domiciano salió de Roma, llegando al Rin cuando la revuelta ya había sido sofocada, emprendiendo una campaña contra los Catos, demostrando que la situación se había resuelto. Tras una estancia en Pannonia, viajó al Danubio y emprendió una campaña contra Decébalo, que culminó con la firma de la paz. Aunque en el año 92, tuvo que regresar al Danubio porque una legión romana había sido aniquilada.



La gestión política de Domiciano se caracterizó por su intento de restaurar los tradicionales valores de época de Augusto, ocupándose del cuidado de las bibliotecas y de la copia de los libros más importantes; ofreció diversos espectáculos; favoreció a los soldados con un aumento del salario; a los ecuestres con el desempeño de importantes cargos en la Administración; y a la plebe de Roma con el reparto de donativos. Así mismo, prohibió la plantación de más viñedos y mandó arrancarlos en las provincias, aunque parece que esta medida no se cumplió. Su obra administrativa tuvo una enorme incidencia en la vida de las ciudades en todo el territorio del Imperio, como culminación de la tarea que la dinastía Flavia llevó a cabo en materia de legislación local.

    En Hispania, la documentación conservada ha dejado importantes muestras de su trascendencia. Durante la censura conjunta con su hijo Tito entre los años 73 y 74, Vespasiano había promulgado un edicto por el que extendía el derecho de ciudadanía latina a las ciudades de las provincias hispanas. Algunas poblaciones habían alcanzado este derecho, aunque no afectaba a todos los habitantes de cada municipio. Sin embargo, constituyó un importante paso en el camino de la extensión de la romanidad a las provincias. En el marco de este proceso, muchas ciudades hispanas adquirieron el rango de municipios de derecho latino y adquirieron la Ley Flavia Municipal, que servía para aplicar las especificidades de cada población a un modelo local. Pero esta tarea no pudo llevarse a cabo en su totalidad, bajo el reinado de Vespasiano y la brevedad del de Tito tampoco permitió su culminación, correspondiendo, por lo tanto, al último de los Flavios su implantación. En diversos lugares de la Bética se han hallado inscripciones sobre tablas de bronce que reproducen los artículos de las leyes de algunos municipios; estas tablas estuvieron colocadas en los foros de las ciudades para recordar a sus habitantes las normas de convivencia con las que entraban, jurídica y administrativamente, en el universo romano, en el que la ciudad constituía la célula básica de funcionamiento.

    A partir del año 93, el clima político en Roma se enrareció, situación que se intentó solucionar aniquilando a los principales sectores de oposición. Se decretó la expulsión de Roma de los filósofos y se llevaron a cabo algunas ejecuciones, incluso en el entorno familiar del Monarca. Sin embargo, no se puso fin al descontento, provocado entre amplios sectores senatoriales. El 18 de septiembre del año 96, Domiciano fue asesinado como resultado de una conspiración de senadores con el apoyo de algunos de sus libertos. Al parecer, uno de los conjurados había prometido al emperador información sobre una operación contra él y, cuando éste se retiró al final del día, se produjo el magnicidio. Su cadáver fue enterrado en secreto por su nodriza Filis, mientras el Senado decretaba el borrado de su nombre en los edificios públicos y en las inscripciones, cuya aplicación en Hispania puede verse en monumentos como el Arco de Medinaceli.

    La mala relación con el Senado fue una característica de su reinado. Utilizando a delatores, permitió que muchos miembros de la elite romana fueran acusados de traición, pagando con la vida o el exilio, además de la pérdida de sus fortunas familiares. Mandó ejecutar al menos a once senadores de rango consular.


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Ramón Martín


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