12 junio 2022

Jacobo II, rey de Inglaterra desde 1685 a 1688

 


CASA DE ESTUARDO

Nacimiento: El 14 de octubre de 1633 en el Palacio de St. James (Londres)

Fallecimiento: El 16 de septiembre de 1701 en Saint Germain en Laye (Francia)

Padres: Carlos I de Inglaterra y su esposa Enriqueta María de Francia.

Reinado: Desde el 6 de febrero de 1685 al 11 de diciembre de 1688.

 



Fue el último monarca católico que gobernó en Inglaterra, además de ser, también el último, en pretender mantener una política autoritaria que, en todo momento, estaría desvinculada de los intereses substanciales del pueblo inglés, no gozando de las mínimas condiciones requeridas en un estadista. Jacobo II nunca comprendió la nueva situación creada tras la revolución de 1640 ni la habilidad con que su hermano Carlos II supo capear las situaciones más desfavorables para la Restauración.

Había nacido en Londres el 14 de octubre de 1633, y era el segundo hijo varón de Carlos I y de Enriqueta María de Francia. Durante su juventud, le tocó vivir, los dolores de la Guerra civil y del destierro en Francia, entre los años 1648 a 1660. En Francia prestó servicio en el ejército de Turena en el transcurso de las operaciones de la Fronda, que tuvieron lugar entre 1652 a 1655. Una vez restaurados los Estuardo en el trono de Inglaterra en 1660, su hermano Carlos II le nombró duque de York y almirante de la flota, en la que destacó por su acierto, tanto en la administración como en el mando en acción naval, durante la guerra angloholandesa de 1665.

Pero, estaba más preocupado por las cuestiones de su alma, por lo que, después de años de dudas y vacilaciones, en 1672 abrazó públicamente la religión católica, lo que provocó un gran revuelo entre anglicanos y whigs. En 1673 tuvo que renunciar a la jefatura de la flota inglesa. En 1679 tras el triunfo de los whigs en las elecciones al Parlamento, el partido nacional, dirigido por Shaftesbury, logró que se le excluyera del Consejo Real, por lo que decidió exiliarse, por algún tiempo, en Bélgica. Situación que no duró mucho, regresando a Inglaterra para desempeñar el cargo de Alto Comisario de Escocia. Durante los años 1680 y 1681, en Escocia, demostró su carencia de dotes para triunfar en la política. En 1681, la reacción tory, le permitió volver a establecerse en Londres y ocupar los importantes cargos a los que había debido renunciar.

Cuando ascendió al trono de Inglaterra el 6 de febrero de 1685, estaba apoyado por todos los elementos conservadores, como se demostró con la aceptación, tanto por el Parlamento de Inglaterra, como por el de Escocia de todas sus prerrogativas; así como la fácil represión del intento de alzamiento del duque de Monmouth, bastardo de Carlos II, en 1685. Solo la política religiosa del rey fue capaz de abrir brecha en el bloque que le apoyaba. Sus relaciones con el papa, junto a la pomposa celebración del cuto romano en palacio, y la presencia en Inglaterra del clero regular católico, consiguieron asustar a los anglicanos y a los tories, que temían la restauración del catolicismo. La Declaración de Indulgencia el año 1687, confirmó esos augurios. El Parlamento protestó y Jacobo lo disolvió, arrestando al arzobispo de Canterbury por haberse opuesto a dicha Declaración; además otros siete obispos anglicanos fueron llevados a los tribunales.

La situación cambió, y en mayo de 1688 Jacobo no tenía ninguna fuerza que lo soportara. Como consecuencia, cuando el 5 de noviembre del mismo año Guillermo de Orange desembarcó en Inglaterra, acogido por tories y whigs, Jacobo II no pudo hacerle frente, y el 10 de diciembre huyó de Londres, siendo detenido en Faversham, y conducido de nuevo a la capital, aunque gracias a Guillermo de Orange pudo huir a Francia, el día 23 del mismo mes, instalándose en San Germain en Laye, junto a algunos fieles partidarios, con los cuales, con el apoyo de Luis XIV de Francia, preparó dos alzamientos en Inglaterra que no tuvieron éxito. El primero el 12 de marzo de 1689, lo dirigió personalmente, desembarcando en Irlanda donde contaba con apoyos; pero fue derrotado el 1 de julio de 1690, en la batalla de Boine. El segundo, también supuso un fracaso desde el principio, ya que la flota británica —por la que tanto hizo—destrozó a la francesa de desembarco en la batalla de la Hogue, el 17 de mayo de 1692.

Desde entonces siguió viviendo en San Germain en Laye, donde murió a consecuencia de una hemorragia cerebral, el 16 de septiembre de 1701, siendo sepultado en la Capilla de los Benedictinos Ingleses de San Edmundo en París, siendo trasladado, posteriormente, a la catedral de Saint Germain en Laye, frente al castillo donde murió.

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