3 dic 2019

Castillo de Loarre



Situado en la población oscense de Loarre, es una edificación románica construida en el siglo XI y considerada como uno de los mejores ejemplos de arquitectura militar y civil de la época. Desde el se puede controlar una gran parte de la llanura de la Hoya de Huesca y en especial sobre Bolea, que estaba considerada como la principal plaza musulmana de la zona, desde donde se controlaban las tierras de la llanura. Al norte des castillo, los Pirineos y Jaca. 

Levantado en un espolón rocoso a 1071 metros de altitud, defendió la línea fronteriza del Reino de Aragón y fue pieza clave para Sancho III el Mayor, en la reconquista cristiana de esta tierra a los musulmanes. Era necesaria la construcción de una fortaleza que le permitiera advertir la llegada de los enemigos. La construcción que podemos ver en la actualidad, es el producto de la ampliación que hizo el rey de Aragón y Navarra Sancho Ramírez. Todo el conjunto está rodeado de una gran muralla que se construyó en 1287. 

El castillo, en excelente estado de conservación, representa el principio del románico europeo introducido en Aragón gracias a la política de acercamiento del rey Sancho Ramírez a la Santa Sede y a los movimientos reformistas de la cristiandad occidental. El conjunto responde a dos finalidades: como fortaleza avanzada del Aragón cristiano, y como abadía de canónigos de San Agustín. En consecuencia, hablaremos del Loarre castillo y del Loarre monasterio, con dos arquitecturas diferenciadas. El castillo era tenencia o seórío en 1035, según un documento original que se conserva del rey Sancho III el Mayor. Por lo que es presumible que su construcción se iniciaría a raíz de la reconquista de los condados de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza entre 1016 y 1020 por el rey navarro. 

Se trata de un recinto amurallado, dotado de dos torres, llamadas del homenaje y de la reina, y la iglesia de Santa María, conocida como oratorio de la reina. La puerta de entrada del castillo se halla entre la torre de la reina y el lienzo de la muralla oriental. Es una construcción con influencias mozárabes, como puede apreciarse en los ventanales de la torre de la reina, en la pequeña iglesia y en una ventana ajimezada de arco de herradura, encontrada en el curso de la primera restauración. De concepción sobria, de aparejo pequeño, sólo alegran los volúmenes los arcos de medio punto de puertas y ventanas. 



Tras la puerta de acceso encontramos una imponente escalera cubierta por una bóveda de cañón y adornada con una cenefa de ajedrezado Jaqués. En la escalera, encontraremos dos estancias, el cuerpo de guardia y la cripta de santa Quinteria. Sobre la cripta se ubica la iglesia de San Pedro, construcción románica de una nave única y ábside semicircular entre los que se abre una cúpula de 26 metros de altura. Junto a la iglesia, las dependencias de los canónicos y de los nobles. Al sur, en lo que fue la parte del castillo original, está el patio de armas y junto a él la iglesia de Santa María, anterior a la fundación del monasterio. 

La torre del homenaje es de planta rectangular, con 22 metros de altura, y está rematada por almenas. Situada fuera del recinto, pudo estar comunicada con la torre de la reina por medio de un puente, quizá de madera. Tiene ventanas de arco de medio punto junto a las almenas y en el último piso. Estrechas aspilleras en el antepenúltimo. La torre de la reina se sitúa sobre la entrada a la parte militar.

La iglesia de Santa María tiene nave rectangular con bóveda de cañón, ábside semicircular con bóveda de cuarto de esfera y puerta de la misma factura que la de la entrada al recinto. 

Cuentan que entre los muros del castillo, falleció el conde Don Julián, considerado el mayor traidor de la historia de España, fue enterrado a la entrada de la iglesia, para que todos pisotearan sus restos por haber abierto las puertas de la Península a los musulmanes. Hay quien asegura haber visto a su fantasma o al de la abadesa doña Violante, sobrina del Papa Luna. Son algunas de las leyendas que circulan en torno al castillo de Loarre, pero esta colosal fortaleza encierra otros misterios, más reales, algunos a la vista de todos y aún sin respuesta. 



Loarre es un castillo militar, pues cumple con todos los requisitos. En primer lugar su ubicación, a 1.000 metros, es un nido de águilas, que podría defenderse hasta sin castillo. Sancho III el Mayor mandó construir este castillo como parte de la línea defensiva que protegía los dominios del reino de Pamplona, en su máximo esplendor en los inicios del siglo XI. La primera construcción fue realizada por maestros lombardos, con sillarejo, utilizando la piedra a modo de ladrillo, como puede verse en la parte más alta de Loarre. Trabajadores locales que habían aprendido de los lombardos quedaron al frente de la obra, apenas manteniendo lo construido. Fue con el segundo rey de Aragón, Sancho Ramírez, cuando Loarre experimentará su impulso definitivo y cobrará gran importancia religiosa. En aquella época, el reino de Aragón, era vasallo del reino de Pamplona, pero Sancho Ramírez va a Roma y convierte el reino en vasallo de Roma. A cambio, Aragón adoptó el rito romano, que Roma había intentado, sin éxito, introducir en reinos y condados peninsulares, ya que el clero seguía fiel al rito mozárabe. 

A su regreso de Roma, Sancho Ramírez ordenó construir en Loarre una gran iglesia. Por la escasez de espacio, hubo que ganar terreno a la montaña, se hizo un falso crucero, y se habilitó el acceso al castillo por debajo de la nave de la iglesia. El rey aragonés llevó a Loarre a una congregación de monjes agustinos con los que llegó el arte románico. Se trajeron escultores de Toulouse para realizar los 82 capiteles con que cuenta la iglesia. 

Otro de los misterios de Loarre reside en la bóveda de la iglesia. Es el círculo que simboliza a Dios y cuando el rey se colocaba debajo quedaba simbólicamente legitimado por Él. No hay otra igual, con esas dimensiones y en el Románico, es la más antigua. Aunque en Loarre se vivía una dualidad religioso-militar, los soldados y los religiosos no se cruzaban, ya que sus dependencias estaban separadas, con accesos diferentes a la iglesia para unos y otros. Sancho Ramírez también encargó la construcción de una cripta para albergar las reliquias de San Demetrio, que según la tradición llegaron milagrosamente hasta Loarre. 

Se cree que la desaparecida portada de entrada al castillo, se reutilizó boca abajo en el suelo de esta cripta. La frontera avanzó y el castillo quedó solo como monasterio, pero no llegó a tener gran magnitud y acabó por ser abandonado hacia los siglos XV y XVI.


Fuentes: WikipediA, Red Aragón, Descubre Huesca. Imágenes Pinterest.

No hay comentarios:

Publicar un comentario