Calle de La Corona en Valencia
Nuestra calle transcurre desde la plaza de Mossén Sorell hasta la altura del n.º 114 de la calle Guillem de Castro, haciendo esquina con la de Beneficencia. La calle figura mencionada, en el año 1660, con este nombre en una Providencia del Mustaçaf, recibiendo esta denominación por el Convento de la Coronación de Cristo. Convento que debe su origen a una pequeña iglesia que estuvo dedicada a san José, que, junto a la casa adjunta, fue primero residencia de religiosos agustinos para, desde 1539, pasar a ser convento de monjas de la misma orden, bajo la advocación de san José, las cuales en 1562 se trasladaron al Convento de santa Tecla, en la calle del Mar, denominándose a partir de entonces Convento de san José y santa Tecla.
Abandonando el convento por las monjas agustinas, fue ocupado el edificio por los observantes de san Francisco que fundaron el Convento de la Coronación del Señor, del que tomó el nombre la calle. En 1841, el edificio junto con la iglesia fueron cedidos para Casa de Beneficencia. En este convento se veneraba una imagen del Niño Jesús del Huerto o Niño Jesús Perdido que, con posterioridad, fue el patrón de la dicha Casa de Beneficencia.
La calle también fue conocida como calle dels Tints Matjors pues así consta en una escritura de 1555, dada ante Juan Cabrerizo, y, con posterioridad, como calle dels Tints, ya que en ella residían y tenían sus talleres los pelaires y tintureros, los cuales utilizaban la acequia de Rovella para lavar las lanas y sedas, ya que discurría por esta calle, aún descubierta, cubriéndose en el año 1778. Como la calle desembocaba en el muro, a la altura del Portal de la Corona, también conocido como Portal dels Tints, recibió, en 1524, el nombre de calle del Portal dels Tints. El portal fue abierto en el año 1356 al construirse la muralla cristiana, mandándose, en virtud de una orden de 1574, colocar barras de hierro atravesadas, a fin de impedir el paso de carruajes y caballerías. Posteriormente, fue cerrado, por Real Orden de 24 de diciembre de 1646, y se volvió a abrir por otra de 9 de enero de 1658, hasta que fue definitivamente tapiado en 1707, al establecerse, en este Reino, la legislación castellana, permaneciendo así hasta el definitivo derribo de las murallas en el año 1865.
El 12 de noviembre de 1840, el Ayuntamiento de la ciudad acordó cambiar el nombre de la calle por el de Beneficencia. Aunque el 22 de agosto de 1844, en un acuerdo, ese mismo Ayuntamiento se lamentaba de los cambios de rotulación que había realizado en 1840 y 1843, diciendo: “Estas novedades, en vez de reportar beneficio alguno, llevan perjuicios de consideración... ...visto que a las calles y plazas no se las designa por los nombres que nuevamente se les han dado y que en ningún caso se hace uso de su nueva nomenclatura ignorada de todos”; por lo que tomó la determinación de que las aludidas calles y plazas recobraran su antigua denominación; así esta calle volvió a denominarse calle de la Corona.
Actividad comercial de la calle de La Corona
Entre los siglos XVII y XVIII, en esta vía se desarrolló una importante producción cerámica. En 1755, una de las fábricas era propiedad de Vicente Navarro. Destacaremos que el trazado de la calle estaba condicionado por el curso de la acequia de Rovella, aunque, al ser tapada, se transformó en una vía ancha que, hasta entonces, su tránsito se veía dificultado por la presencia de la acequia, a pesar de existir puentes que permitían pasar a uno y otro lado de la calle. A este problema había que añadir lo insalubre del lugar, motivado por la actividad de los tintorers.
Hubo una cantarería dedicada a la venta de artículos de barro cocido, que estuvo junto al convento de la Corona. En la fachada del edificio del n.º 18 existió, hasta el siglo XX, un panel de azulejos con la imagen de Sant Cristòfol procedente del gremio de los peraires. También se contaba con la presencia de alguna fábrica de paño y artículos de lana. En 1845, Rafael González Valls abrió otra fábrica de cerámica. En el n.º 31 se hallaba la Real Fábrica de Azulejos de San Carlos, de Pascual Roselló, que en el último tercio del siglo XX aún existía con el nombre de la viuda de Novella. En 1889, Severino Monzó se instala en una de las dos alfarerías existentes en la calle; tres años después, con siete operarios, se especializó en la confección de piezas de barro destinadas al decorado de jardines, junto a conducciones de desagües, tubos cerámicos y otros elementos de construcción. La actividad fue continuada por su hijo, Serafín Monzó, su nieta, Pilar Monzó y, posteriormente, por el hijo de esta, Paco Tortosa.
Siguiendo la antigua tradición profesional de la calle, hubo dos tintorerías: en el n.º 8, la Tintorería Francesa; en el n.º 34, el Asilo del Marqués de Campo, que había sido fundado en 1863, y en el n.º 36, la Casa de Beneficència, cuyos orígenes datan de 1826, edificio ahora convertido en el Centre Cultural La Bene. Incluso hubo un pequeño teatro, titulado de la Zarzuela, convertido en el quinto de los que entonces funcionaban en la ciudad. A principios del s. XX, en el n.º 8, se estableció la fábrica de lejía de Ramón Gómez, con sus marcas La Mariposa y La Lavandera. A lo largo de los años, fueron floreciendo establecimientos de todo tipo: El Casino de la Concentración Socialista, la academia de baile de Juan Gadea, la Capilla de la Iglesia Española Reformada, el Casino Republicano Autonomista del distrito de la Misericòrdia, que también tenía escuela para niños, la mítica bodega de Santiago Momparler en la esquina con Mossén Sorell, la popular fábrica de guitarras de Pascual Roch, y en un entresuelo se hallaba la academia de canto del maestro Andrés Romero, por donde pasaron grandes artistas. En 1957 se erige la parroquia de La Milagrosa en el solar de la iglesia del antiguo edificio benefactor del marqués de Campo.
Ramón Martín
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