Castillo de San Pedro Manrique en Soria y su Leyenda
Del castillo solo quedan dos torres de flanqueo en el acceso al
recinto, con matacanes aún
visibles, fueron realizadas de planta poligonal, en mampostería con sillares en sus esquinas. También encontramos restos
del interior y de una antepuerta
rectangular a la que se entraba por su lado izquierdo, en ángulo recto entre
dos torres. Se encuentra situado sobre una colina al norte de la población
que le da nombre, esta está amurallada y hoy, tan solo quedan tres puertas de
las cinco que pudo tener originalmente.
El castillo es de finales de era
del Bronce. Hay constancia de un camino, excavado en roca, que
unía Yanguas con Tañine y que, a su vez, parece unir Augustóbriga (Muro de Ágreda)
con la vía de Numancia a Calagurris (Calahorra),
pasando por San Pedro Manrique.
Se tiene constancia de que Juan
I entrega la villa a Diego Gómez de Manrique en 1383, alcanzando
cierta importancia durante la Edad Media gracias a la explotación ganadera de
la lana llevada a cabo por la Mesta. Contó con una aljama hebrea, que aunque no
formaban parte del honrado concejo, sí que comerciaban con sus lanas. En su
término, entre el camino de Sarnago y la carretera de Magaña, se encuentran las
ruinas de San Pedro el Viejo, cuya posesión se atribuye a la Orden
del Temple, del que apenas quedan unos pocos muros, la torre y
una bóveda del antiguo convento supuestamente fortificado.

La Leyenda de los amores de doña Blanca y don Gonzalo
Existen dos versiones distintas sobre el
trágico desenlace de los amores entre doña Blanca y don Nuño. La primera tiene
un tinte más romántico y viene a decir que durante la Reconquista quedó herido
en una batalla don Nuño y como premio a su valor se le nombró alcaide del
castillo de San Pedro (entonces “de Yanguas”). Y se dice que “tenía este caballero una hija llamada Blanca, tesoro de
hermosura y compendio de virtudes y estaba prometida a don Gonzalo, pariente de
los condes de Castilla y famoso por sus hecho sde armas contra los moros”.
Más cuando se estaban realizando los preparativos para la boda “oyéronse los clarines de las huestes de don Ramiro
I de Asturias, pregonando a toda
prisa la guerra contra los moros que, acaudillados por Abderramán
II se dirigían a Castilla”,
así que don Gonzalo tuvo que postergar el casamiento y salir raudo hacia la
guerra. “Blanca, llena de pena, subió a la
torre del homenaje del castillo y, clavando los ojos en su amante, fuele
diciendo adiós en sus suspiros y le vio desaparecer entre densas nubes de
polvo, dejándose caer rendida por la fuerza del dolor y copioso llanto, sobre
el poyo de una saetera”.
El castillo quedó con poca guarnición,
circunstancia que aprovechó su anterior señor, el moro Yacub ibn Said, que
había visto a Blanca y se había “prendado de su hermosura”, acechándola
desde los alrededores esperando la ocasión para raptarla en una de las salidas
de la joven a la ermita de la Virgen de la Peña. Y así acaeció. “Súpolo pronto don Nuño y montado en ira tremenda de padre ofendido,
juró por sus luengas barbas coger al infiel y colgarlo en las almenas del
castillo, aunque se hubiera escondido en las mismas entrañas de la tierra”.
El moro se pertrechó en el castillo del vecino pueblo de Armejún. Enterado don
Nuño, allí se presentó con su mesnada. Entablándose una serie de combates, que
hicieron que la morisma huyera por el camino de Peñazcurna llevándose como
rehén a doña Blanca.

Los cristianos les persiguen y
finalmente el raptor arrojó desde lo alto de un peñasco el cuerpo de la joven
el mismo día en que su padre había soñado que el alma de su hija subía a los
cielos entre coros angélicos, mientras Santiago Matamoros ayudaba a Ramiro
I en Clavijo, perdiendo así Abderramán
II el legendario “tributo de las cien doncellas” que se
rememora en San Pedro Manrique a través de tres móndidas en el día de San Juan.
Y entonces acaeció que el mismísimo
Apóstol Santiago apareció allí mismo, ante el pico rocoso defendido por los
musulmanes cerca ya de Peñazcurna, vestido de humilde peregrino, y tomando una
piedrecilla la lanzó con una honda contra el peñasco donde se guarecían los
moros. La piedrecilla, milagrosamente, fue aumentando de tamaño y cayó sobre
ellos aplastándoles.
En la otra versión, el moro Yacub, se
refugia en Peñalcázar, pero hay un final feliz pues Blanca no fallece aplastada
contra el suelo: “Ante la enérgica acometida de
los cristianos, Yacub, temeroso de ser copado y verse colgado de las almenas
del castillo de San Pedro Manrique, lanzó a Beatriz desde los altos de la
montaña. Fue a caer entre los peñascales de la sierra, por donde avanzaba el
ejército cristiano. Una paloma la había sostenido sobre sus alas y la
encontraron sana y salva”. Así que, en esta versión, Blanca y Gonzalo
pudieron finalmente “matrimoniarse”.
Ramón Martín
El texto
ha sido sacado de varias publicaciones referidas al castillo y a la población
de San Pedro Manrique. Mientras que, las publicaciones son de WikipediA y
Pinterest.







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