Primera Cruzada


En la primavera de 1096 miles de hombres se fueron concentrando poniéndose en marcha, a continuación, hacia Oriente. Estaban dirigidos por: Raimundo de Saint Gilíes, conde de Toulouse, Godofredo de Bouillon, duque de la Baja Lorena, Roberto de Flandes, duque de Normandía e hijo del rey de Inglaterra Guillermo el Conquistador, Bohemundo y Tancredo de Tarento, Esteban de Blois y Hugo de Vermandois, hermano del rey Felipe I de Francia. El obispo Ademar de Le Puy fue nombrado legado y guía espiritual por el Papa. Llegando al Oriente mediterráneo entre finales de 1096 y los primeros meses de 1097. Unas cien mil personas acamparon a las afueras de Constantinopla, de los cuales al menos cincuenta mil eran combatientes. El emperador Alejo I hizo cuanto pudo para que aquella marea humana abandonara sus tierras cuanto antes. 

    En junio los cruzados se apoderaron de la ciudad de Civetot (Nicea), partiendo a continuación hacia Jerusalén, pero necesitaban conquistar alguna fortaleza que asegurara su retaguardia. Entre Constantinopla y Jerusalén estaba Antioquía, ante la que se presentaron el 21 de octubre de 1097; siete meses necesitaron para conquistarla; y así el ejército cristiano, capitaneado por Godofredo de Bouillon, se presentó ante Jerusalén el 7 de julio de 1099. En aquellos tiempos, Jerusalén era una pequeña ciudad en la que destacaba la mezquita de la Roca, emplazada donde en otro tiempo estuvo el Templo del rey Salomón. Jerusalén no disponía de importantes defensas, Godofredo ordenó un ataque inmediato, durante una semana arrojaron todo tipo de proyectiles sobre los muros y las casas de los sitiados, tras los cual lanzaron un brutal ataque el 15 de julio, que corresponde al viernes 22 del mes de shaban del año 492 de la Hégira en el calendario musulmán, cayó la ciudad y la matanza que siguió fue terrible, todos los musulmanes fueron muertos no quedando una sola persona viva en la ciudad. 

    Se ofreció a Godofredo de Bouillon la corona y el título de «rey de Jerusalén», pero renunció a semejante honor, alegando que no era digno de portar una corona de oro en la ciudad donde Jesucristo había sufrido la pasión con una corona de espinas, se limitó a adoptar el título de Advocatus Sancti Sepulcrí, «protector del Santo Sepulcro». Godofredo murió al año siguiente siendo reconocido como uno de sus tres grandes héroes, junto al rey Arturo y al emperador Carlomagno; le sucedió su hermano Balduino, quien no tuvo el menor inconveniente en ser coronado como primer rey de Jerusalén.

    En 1112 los cruzados dominaban una alargada franja desde el norte de Siria hasta el desierto del Sinaí y desde la costa mediterránea hasta el mar Muerto, el río Jordán, los altos del Golán y el curso alto del río Éufrates. Media Siria, Líbano y Palestina volvían a ser cristianas cuatrocientos setenta y cinco años después de la conquista árabe. La Primera Cruzada había sido todo un éxito. Se fundaron cuatro Estados latinos: el condado de Edesa, el de Trípoli, el principado de Antioquía y el reino de Jerusalén. 

    En Antioquía un peregrino llamado Pedro Bartolomeo había tenido una revelación en la que se le indicaba que excavaran en un lugar determinado de la iglesia de San Pedro; así se hizo, y para asombro de todos apareció allí una lanza que enseguida se identificó con la empleada por el soldado romano Longinos para herir el costado de Cristo en la cruz. La Santa Lanza se convirtió en una de las reliquias más preciadas de la cristiandad. El 5 de agosto de 1099, se anunció que había sido hallada la Vera Cruz. También se recuperaron: la Sábana Santa y la Corona de Espinas, y se identificaron la casa de Simeón con el lecho de la Virgen, una iglesia en el solar de la casa de los padres de María, el aljibe donde José y María encontraron a Jesús en Jerusalén. 

    Pero este triunfo significaba algo más para la Iglesia. Con la aceptación de que con las armas también se servía a Dios, el papado se justificó como un gran poder feudal. La cruzada fue también una formidable ocasión para hacer negocios, mercaderes venecianos y genoveses lograron grandes beneficios transportando peregrinos y cruzados, instalaron sus factorías y consulados en diversos puertos del Mediterráneo oriental, abriendo nuevas rutas Oriente y Occidente. El triunfo de la Primera Cruzada fue productivo para los reinos cristianos de la península Ibérica, ya que ahora estaban en condiciones de plantar cara al islam andalusí.
Ramón Martín

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