Caracalla (211-217)

 




Marco Aurelio Severo Antonino, más conocido por el mote de Caracalla; mote impuesto por el pueblo romano de forma sarcástica; hacía referencia a una capa germana que se trajo de su campaña contra los alamanes y que él puso de moda. También se le conocía por el apodo de Tarautas, que era el nombre de un gladiador de reducida talla, feo y de un espíritu tan sanguinario como brutal.
    Caracalla, nació en Lugdunum, en la Galia Lugdunense, el 4 de abril de 188. Era hijo de Septimo Severo, por entonces un senador de origen africano que cinco años más tarde sería proclamado emperador de Roma; su madre era una siria llamada Julia Domna, hija de Julio Bassiano, sacerdote de Baal en Emesa, con la que Septimio Severo se casó al enterarse de que su carta astral decía que sería emperatriz. 
    Parece ser que, en su infancia, Caracalla tuvo buen carácter, es posible que fuera debido a la influencia de una niñera cristiana que tuvo en su infancia y que puede que condicionara su relativa tolerancia hacia esta fe.

Al ser nombrado, su padre, emperador, pasó a llamarse Marco Aurelio Severo Antonino como homenaje al emperador Marco Aurelio, del que Septimio se había proclamado hijo y heredero. El nuevo soberano designó como sucesores a Caracalla y a su segundo hijo, Geta. Con el propósito de afianzar la dinastía casó a Caracalla con Plautilla, hija de Plautiano, prefecto del jefe de la guardia pretoriana y su amigo.
    Aún en vida de su padre, Caracalla empezó a lamentarse del excesivo poder que acumulaba Plautiano y comenzó también a aborrecer a su esposa. Así, hizo creer que Plautiano estaba preparando un atentado contra él y su hermano Geta, y cuando Severo convocó al acusado a palacio, se abalanzó enfurecido sobre él para matarlo. Severo mandó ejecutar a Plautiano discretamente y recluyó a Plautilla en Lipari. 
    En el año 208, Septimio Severo partió a Britania, junto con su familia para hacer frente a las incursiones de los montañeses escoceses. Por entonces tenía la esperanza de que designando a Caracalla como su lugarteniente podría domar su rebelde carácter. Pero el 4 de febrero del 211, el emperador falleció en York, y fue entonces cuando, la rivalidad existente entre los dos hermanos, estalló de forma dramática. Tras ser proclamados emperadores por las tropas, Caracalla y Geta partieron hacia Roma, posiblemente, con la intención de dividirse las zonas de influencia del Imperio. Pero, una vez en la capital, Caracalla pidió reunirse con su hermano y su madre. Durante la entrevista, Caracalla mandó a su guardia atacar a Geta y éste murió entre los brazos maternos, mientras exclamaba: "Madre, madre, que me diste el ser, madre, ayúdame, porque me matan".
    A continuación, Caracalla salió corriendo del palacio para recorrer las calles de Roma gritando que se había salvado milagrosamente de un complot urdido por su hermano, al tiempo que se ganaba a los soldados con generosos donativos. Al día siguiente, en el Senado, explicó que había actuado en legítima defensa y hasta se justificó con el ejemplo del legendario asesinato de Remo por Rómulo. Como consecuencia, siguió una matanza entre los partidarios de Geta y los que tuvieran alguna conexión con el poder imperial. Entre las víctimas se encontraban el jurista Papiniano, preceptor de Geta y Caracalla; la esposa de éste, Plautilla, y la única hija superviviente de Marco Aurelio, Cornificia, quien, tras recordar entre lágrimas la memoria de su familia, se cortó las venas ante Caracalla.

Asentado en el trono, Caracalla inició un reinado que se caracterizó por las medidas populistas, especialmente favorables a las provincias. Mediante la Constitución Antonina promulgada el año 212, otorgó a todos los habitantes del Imperio la ciudadanía romana, que hasta entonces había estado reservada, fuera de Italia, a la élite provincial. Subió el salario de los soldados, erigió templos y costeó juegos, al tiempo que llevaba a cabo diversas campañas en Germania y Asia. Las ciudades respondieron honrándole como "nuevo Helios", pues así se representaba en su nueva moneda, el "antoniniano", un doble denario adornado con su efigie triunfante tocada con una corona radiada. En Roma, remodeló el barrio sur, donde vivían los nuevos ricos y estaban las cohortes urbanas; construyó las imponentes termas Antonianas, y construyó la vía Nova, la avenida más hermosa de Roma, que acababa en el circo Máximo, que también remodeló.
    Pero, estos hechos no podían ocultar la crisis que atenazaba al Imperio. La subida de impuestos, las expropiaciones de las riquezas de senadores, las victoriosas campañas, no ayudaron a la recuperación del fisco. El "antoniniano", un doble denario, tenía menos valor que el simple denario puesto que contenía menor proporción de plata que éste; era, por tanto, una moneda devaluada, pero eso el pueblo no lo sabía. De lo que el pueblo sí se enteraba era de las arbitrarias matanzas mandadas por el emperador. Cuando Caracalla supo que las gentes de Alejandría se mofaban de él por haber matado a su hermano, viajó a la ciudad para vengarse. Reunió en el gimnasio a todos los jóvenes, con la excusa de crear una falange macedónica, y a continuación lanzó a sus soldados sobre ellos y sus familiares para masacrarlos. En Partia engañó al rey Artabano IV con una propuesta de matrimonio con su hija; viajó al reino para el enlace, pero en plena celebración sus soldados se ensañaron con la desarmada población local.
    En su magalomanía, se comparaba con Aquiles, cuya tumba honró cuando, durante un viaje, pasó por Troya. En su ansia de imitar al mítico héroe, decidió envenenar a su liberto favorito, para poder emular el funeral de Patroclo, el amigo de Aquiles. Por otra parte, su pasión por Alejandro Magno llegó a tal punto que vistió el traje macedonio, fundó una división militar a la que llamó "falange macedónica" y pobló el Imperio de imágenes bicéfalas con los rasgos de Alejandro y los suyos. Llegó a decir al Senado que Alejandro reviviría en él, y cuando visitó Alejandría abrió la tumba de su héroe y se despojó de sus ricos ropajes para vestir con ellos al soberano macedonio.





Sus continuas extravagancias le condujeron a una pronta e innoble muerte. El 8 de abril de 217, de visita a un templo local cercano a la ciudad de Carras, en la provincia de Asia, hizo detener a su séquito en medio del campo ante una urgencia intestinal. Cuando todos se volvieron por respeto a su dignidad imperial, un soldado le apuñaló por la espalda, seguramente enviado por el prefecto del pretorio, Macrino, que sucedería a Caracalla en el trono. 
    Los historiadores posteriores le presentaron como un emperador ignorante y corrupto, que descuidaba sus responsabilidades de gobierno para conducir cuadrigas, luchar con fieras salvajes y gladiadores, y llenar su corte de bailarines y mimos.


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Ramón Martín


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