Edificio del Banco de Bilbao en Madrid
Conocido como "el edificio de las cuadrigas", salvo los antiguos clientes del BBVA y quienes acuden hoy a la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio de la Comunidad que ocupa el inmueble como inquilina, pocos conocen un edificio que lleva la firma de artistas bilbaínos en todos sus elementos.
Es a comienzos del siglo XIX, cuando los principales bancos comprendieron las ventajas que les reportaría abrir sus sedes en Madrid. El banco de Bilbao, no ajeno a esta iniciativa, quiso contar con una sede en la capital y para ello, en 1919, convocó un concurso público que ganó el arquitecto bilbaíno, Ricardo Bastida, autor de la Alhóndiga municipal, además de varios barrios residenciales, en la capital vizcaína.
El solar que se eligió, tenía una forma irregular, ya que la fachada principal daba a la esquina de las calles Alcalá y Sevilla y el conjunto de la parcela, se extendía hacia la calle Arlabán, ensanchandose en su parte posterior. La ventaja es que el solar se encontraba en pleno centro de Madrid, a escasos metros de la Puerta del Sol, frente al edificio de La Equitativa. En este solar hubo una hospedería de cartujos, antes de que se construyera la casa en la que abrieron sus puertas el café Suizo, inaugurado en 1845 famoso por sus tertulias, y el Salón Japonés.
Bastida propuso al Ayuntamiento un cambio en la alineación de la fachada principal para hacerla curva. Una vez conseguido, proyectó un edificio de seis plantas, muy simétrico, dividido por ocho grandes columnas de tres pisos de altura, y coronado por dos torreones de unos cinco metros de altura que encerraban sendos aljibes que habían de coronar dos grandes esculturas.
Para la decoración, Bastida únicamente contó con artistas bilbaínos: Quintín de la Torre, autor de los cuatro atlantes de mármol italiano que se colocaron en la parte superior de la fachada, delante de balaustrada; Aurelio Arteta, a quien se le encargaron los doce murales que decoran el vestíbulo central e Higinio Basterra, que acometió las dos cuadrigas que se pusieron sobre los torreones con las patas de los ocho caballos sobrevolando la calle. El artista se permitió la licencia de poner a los aurigas sobre unos cajones de metal con el fin de que sus cuerpos emergieran por encima de la estructura y pudieran ser vistos desde la calle.
Las obras comenzaron en 1920 y duraron tres años. El resultado fue impactante. En la actualidad el edificio principal mantiene su fuerza, a pesar de los cambios sufridos. La primera variación se produjo en la Guerra Civil, cuando el edificio estuvo ocupado por sindicatos y partidos de izquierdas. Las cuadrigas, fundidas en los talleres de Codina Hermanos y 12,5 toneladas de peso, cada una, en bronce, plomo y hierro recubiertas de latón dorado, fueron pintadas de negro para evitar que sirvieran como referencia a la aviación franquista.
Afortunadamente los bombardeos no afectaron a las cuadrigas ni a la gran vidriera, realizada por Maumejean sobre el vestíbulo circular, en el que destacan los doce murales de 2 por 3 metros cada uno, separados por dobles columnas de alabastro. En estos murales, Arteta, representó distintas actividades cotidianas del País Vasco. Se dedicaron murales a la agricultura, la recolección, la fundición, el ferrocarril, el astillero, la mina, la carga y descarga, la pesca, además de al trabajo intelectual y a las artes.
Tampoco sufrió daños la Escalera Imperial, que une las tres primeras plantas y posee una barandilla de latón dorado con sus extremos en forma de garras felinas, y mucho menos la caja fuerte, situada bajo el vestíbulo principal. Una enorme puerta blindada, fabricada en París por la casa Fichet, sigue hoy abriendo el acceso a este espacio, dedicado a almacén de muebles ante la falta de trasteros.
La segunda variación importante que sufrió el edificio se produjo en 1975 cuando el banco le encargó a Pedro Bidagor la ampliación de la sede tras hacerse con las fincas colindantes de la calle Sevilla y Arlabán, lo que permitió a la entidad bancaria crecer. Las obras, terminadas en 1981, permitieron prolongar la fachada principal hacia la calle Sevilla si bien se eliminaron las columnas centrales, florones y escudos con el oso y el madroño en la parte añadida.
El siguiente cambio sufrido por el edificio fue en 2001 cuando el edificio fue rehabilitado. Seis años después, en junio de 2007, el banco de Bilbao, ya convertido en Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA), compró a la inmobiliaria GMP el parque empresarial Foresta, en Las Tablas, para instalar en él su Centro Corporativo. El cambio de propiedad permitió que, en 2010, el inmueble pudiera ser arrendado por la Comunidad de Madrid para instalar en él la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio. El inmueble está declarado Bien de interés Cultural por Patrimonio Histórico, en la categoría de Monumento por su interés histórico y artístico.
Para la realización del presente artículos se ha consultado diversas publicaciones referidas a estos edificios. Es el caso de Madridiario y WikipediA.
Las imágenes de Madridiario.





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