lunes, 26 de febrero de 2018

Castillo de Aspe castillo del Río, Castillos del Vinalopó

En las proximidades de Aspe, en la orilla izquierda del Vinalopó, hay un castillo sobre un alto, en un meandro del río. El cerro está rodeado de lienzos de muralla, semi arruinada, que conserva los restos de doce torreones, delimitando el albacar de la fortaleza. Un paisaje que rezuma historia. Según Rafael Azuar, este recinto cobijaría a unas trescientas personas, que habitaban casas de una altura y que tenían sus animales en ese gran patio común. Las casas estarían construidas con piedras, argamasa de yeso y cal, y barro.


Sería, por tanto, un asentamiento rural islámico, dirigido por un hisn. Para su defensa, los habitantes construyeron, a mediados del siglo XII, la fortaleza, junto al río para disponer de agua, pero alejada de las alquerías que explotaban las huertas fértiles de Aspe. Estos musulmanes de Aspe, que dependían de los Banu Hud de Murcia, en 1225 se enfrentaron a los cristianos de Alvar Fáñez, teniendo muchas bajas. Hasta la fecha, los correspondientes enterramientos no han aparecido. Hay una importante necrópolis visigoda cerca, en Vistalegre, pero es cinco siglos más antigua. Tampoco sabemos dónde vivían estos visigodos ahí enterrados, pues el poblado tardorromano, está atestiguado sólo hasta el siglo VI, y las tumbas de Vistalegre están fechadas en el VIII. Este lugar se despobló, trasladándose la población al Aspe actual. 

La fortaleza conocida como Ash, Asf, o Aspe el Viejo, fue ocupada durante un siglo aproximadamente. Pero las excavaciones confirman que los terrenos que ocupa fueron nivelados con tierras que contienen restos de habitantes mucho más antiguos. Si el espacio de la fortaleza lo encuadramos en uno más amplio, abriéndolo en superficie hacia el Tabayâ, constataríamos una ocupación ininterrumpida durante más de dieciséis siglos. 


Recalzando una torre del castillo, se ha encontrado un muro de mampostería de una estancia con su pavimento, perteneciente a una vivienda de las postrimeras de la etapa romana. Es decir, antes de ser una alquería islámica fortificada en el siglo XII, hubo un espacio más amplio que comprendía un poblado ibérico, desde el siglo IV a.C., que, romanizado, fue villa rústica. Esta villa se identifica hoy con la citada por el Itinerario de Antonino como Aspis, situada en el recorrido de la Vía Augusta. 


Los restos de cerámica andalusí, confirma la ocupación de la fortaleza alrededor de un siglo. No aparecen cerámicas en verde y manganeso, ni cuerda seca, ni con esgrafiado o verdugón, es decir, no hay evidencias de cerámica califal o taifal. Tampoco algunas de las cerámicas características de los siglos X y XI, como candiles de piquera, o ciertas formas típicas de redomas o marmitas, por lo que adscriben la ocupación desde la segunda mitad del XII a fecha límite 1.268. 




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