martes, 3 de abril de 2018

Antonio Pérez



Nacido en Valdeconcha, Guadalajara en 1540, fue hijo de Gonzalo Pérez, Secretario de Estado de Carlos I, Primera parte, aunque algunos estudiosos consideran que fue hijo del príncipe de Éboli, Ruy Gómez de Silva, y que Gonzalo Pérez admitió su paternidad.


Su formación, desde niño, estuvo orientada a ocupar la secretaría real, y por ello, al cumplir los doce años fue enviado a instruirse a Alcalá, Lovaina, Venecia, Padua y Salamanca. Tras la muerte de Gonzalo Pérez en 1566, el cargo de Secretario se dividió en dos: Antonio López asumió las competencias sobre posesiones atlánticas (Países Bajos, Francia, Inglaterra y Alemania); mientras que Gabriel de Zayas lo hacía sobre las posesiones mediterráneas e italianas. Tras su llegada a la Corte en 1568, Antonio Pérez, pudo comprobar que la situación era muy complicada, se produjo una crisis en los Países Bajos, en las que junto a Éboli o el Cardenal Espinosa, defendió una posición pacifista. También en esos momentos se produce la segunda bancarrota de Felipe II Primera parteteniendo problemas para pagar a las tropas. Finalmente, Felipe II estableció la paz entre sus súbditos mediante el Edicto Perpetuo del 17 de febrero de 1577.


En un principio, Felipe II intentó protegerle, pero tras la muerte de su hermano, Don Juan de Austria a finales de 1578 llegaron ciertos documentos a Madrid que implicaban a Antonio Pérez, por ello, el 28 de julio de 1579 fue apresado junto a la princesa de Éboli. En 1582, Felipe II inició un proceso en contra de Antonio Pérez, encargándole la investigación a Rodrigo Vázquez de Arce, iniciando el juicio en agosto de ese mismo año. El problema fue que el asesinato de Escobedo, manchaba la figura del rey, por lo que se buscaron otros motivos para juzgarle, como que había tergiversado la correspondencia entre el Rey y el gobernador de los Países Bajos o que había vendido secretos de Estado. Durante el juicio, hubo en total doce interrogados en referencia al caso, aunque algunos testimonios eran de dudosa veracidad. No fue hasta 1584, cuando el juez Tomás Salazar acusará a Antonio Pérez, dejando de lado la acusación a la princesa de Éboli, en junio de 1584 de cohechos, falsificación de documentos y de perjuro como secretario.



El 31 de enero de 1585 Antonio Pérez volverá a ser capturado y le comunicaron su sentencia que consistía en: dos años de prisión en un castillo, destierro diez años de la Corte y a 30 leguas alrededor, pérdida de empleo, amén de devolución de cuantos objetos habían servido para hacer los cohechos que se le imputaba aunque se le permitió vivir con su familia y la corte que le acompañaba. Entre 1585 y 1590, la vida de Antonio Pérez se caracterizó por ser capturado en múltiples ocasiones para ser interrogado, hasta que finalmente, el 23 de febrero de 1590 fue torturado y se declaró culpable de todos los cargos, quedando preso. Pocas semanas después, el 19 de abril, con la ayuda de su esposa, Juana Coello, consiguió huir a Aragón donde se acogió a los fueros y quedó protegido de Felipe II por el Reino de Aragón, que utilizó a Antonio Pérez para enfrentarse a Felipe II con motivo de la defensa de los fueros de las clases privilegiadas.

Este asunto era muy delicado, se trataba de la posibilidad de que en Aragón se permitiera una invasión francesa, y una apertura para las justicias y las autoridades del reino. La sociedad aragonesa había obligado al delegado real, Marqués de Almenara, a huir, pero Felipe II le hizo volver en la primavera de 1590 con nuevas instrucciones, aunque Antonio Pérez llegó unos días antes que el delegado real. A su llegada, como buen conocedor de la situación, se aprovechó de la crispación aragonesa y les motivó dando lugar a un levantamiento en contra de Felipe II. Como respuesta, en Madrid, se reunieron algunos miembros de la justicia y el gobierno, llegando a la conclusión de que la única forma de entrar en Aragón sería mediante el Santo Oficio, pero para demostrarlo, debía ser el Rey el que le acusara formalmente. Por ello, Felipe II le acusó de lesae maiestatis.

Antonio Pérez intentó comunicarse con el rey, y comenzó a preparar su defensa mediante los conocidos “Papeles de Antonio Pérez”. En su primera defensa no acusó al Rey, simplemente leyó la primera y la última palabra de cada uno de los papeles, pero en la segunda defensa será cuando acuse de ser el principal responsable del asesinato de Escobedo al rey Felipe II provocando gran calado en la sociedad zaragozana, y posicionándola a su lado.



El rey decidió retirarle los cargos, pero a cambio le acusó por la muerte de los astrólogos Pedro de la Hera y Rodrigo de Mogardo en 1583 prolongando su encarcelamiento. En su defensa, alegó que ya había sido condenado por ello en 1585 y que por lo tanto no se le podía volver a condenar. Antonio Pérez se defendía férreamente en el ámbito jurisdiccional por lo que el último recurso que le quedaba al monarca fue la Inquisición. Entre tanto, Pérez empezó a establecer relaciones con el Príncipe de Bearne, futuro Enrique IV de Francia.

Tras las revueltas de Zaragoza de mayo de 1591, que conllevaron la muerte del Marqués de Almenara, Felipe II envió un ejército a la frontera con Aragón devolviendo el caso a la Inquisición. Esto intensificó las refriegas, propiciando que Antonio Pérez, con la ayuda de Gil de Mesa, huyera primero a los Pirineos, para más tarde acabar en Francia. Durante su huida, fueron cayendo las diferentes cabezas visibles del poder local aragonés, provocando la reforma foral con el acuerdo en las Cortes de Tarazona en 1592.

El 26 de noviembre el ex secretario fue recibido en la Corte de Catalina de Bearne (hermana del futuro Enrique IV), entre ambos empezaron a conspirar contra Felipe II. El rey siendo consciente de todo esto y como no le interesaba un enfrentamiento contra los hugonotes contestó reforzando el control de las fronteras de Navarra y Aragón. En 1593, tras el fracaso de su alianza con los franceses, y descubrir a Sebastián Arbizu como espía de Felipe II, huyó a Londres. Allí se encontró, un ambiente que no le era hostil pero que recelaba de su figura. Antonio Pérez fue presentado a la Reina de Inglaterra por Enrique IV y acudió a Francia con una carta que establecía una alianza entre las dos potencias contra España, aunque tras una serie de derrotas militares, se firmó la paz de Vervins en 1598, a pesar de la férrea oposición de Antonio Pérez.



Tras la muerte de Felipe II en septiembre de 1598, y a los cambios en la Corte, Antonio Pérez pasa a ser una figura repudiada, de la que se recela en todas las potencias, y acabara muriendo, totalmente pobre, el 3 de noviembre de 1611 en la capital francesa.



A partir de 1575, Antonio Pérez, comenzó a complicar las relaciones que había entre Felipe II y Don Juan de Austria, en ese momento gobernador de los Países Bajos. La situación llegó al punto, que Don Juan envió en julio de 1577 a su secretario, Juan de Escobedo a Madrid. Éste, conocía los movimientos de Antonio Pérez, por lo que Pérez, decidió acabar con su vida, primero intentando envenenarle, y después contratando a una banda que lo asesinaron el 31 de marzo 1578.










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