jueves, 12 de abril de 2018

LA CAÍDA DE BABILONIA


En el año 539 a.C., Ciro el Grande, invadió Babilonia. Las diferencias entre los documentos que sirven de fuente a esta invasión, hacen que sea difícil relatarla con el máximo de seguridad histórica. Tanto las Crónicas Mesopotámicas, como el Cilindro de Ciro, describen que fue tomada sin librarse batalla alguna, mientras que los griegos Herodoto y Jenofonte, dicen que la ciudad fue sitiada por Ciro, el Libro de Daniel, por su parte, relata que Babilonia fue tomada en una sola noche, y que el príncipe Baltasar fue asesinado en el proceso.


En otros documentos, se relata que Nabonido envió a su hijo Baltasar para evitar el avance del ejército persa, sin embargo, superado en número. Belsasar fue traicionado por Gobrias, gobernador de Asiria, que se pasó con sus fuerzas al lado persa. Así las fuerzas de Babilonia fueron derrotadas en la batalla de Opis, Nabonido huyó a Borsippa, y el 12 de octubre, después de que los ingenieros de Ciro desviaran las aguas del Éufrates, los soldados de Ciro entraron a Babilonia sin luchar.
La Crónica de Nabonido declara que, tras la batalla en Opis, el 6 de octubre, Sippar fue capturado y Nabonido huyó. Por lo tanto, la crónica indica que, Nabonido estaba presente en Sippar cuando llegaron los persas. Ciro permaneció en Sippar, y el 12 de octubre, Gobrias, gobernador de Gutimo, y el ejército de Ciro entraron en Babilonia. Nabonido fue capturado cuando regresó a Babilonia. Según Berossus, historiador babilónico del siglo III a.C., Nabonido fue salvado y se exilió en Carmania, donde murió años más tarde. Las tropas persas protegieron los templos más importantes de la ciudad. Diecisiete días más tarde, el 29 de octubre, Ciro entró en Babilonia, donde fue proclamado rey, emitió proclamas reales y nombró gobernadores de su reino recién conquistado.


Tanto la Crónica de Nabonido, como el Cilindro de Ciro y la llamada Cuenta en verso de Nabonido fueron escritos después de la victoria persa. Representan negativamente al rey de Babilonia y presentan a Ciro como su libertador, el defensor de los dioses babilónicos y el sucesor legítimo al trono de Babilonia. Se reconoce el Cilindro de Ciro como una tablilla de propaganda, diseñada para manipular al público contra Nabonido, legitimando la conquista de Babilonia por parte de Ciro. En cuanto a su afirmación de que Babilonia, cayó ante los medos y los persas sin oposición, los historiadores no se ponen de acuerdo. Del mismo modo, la Crónica de Nabonido, contada por la corte persa, pretende ser un texto de Nabonido. Su primera parte relaciona eventos que pueden verificarse desde otras fuentes; sin embargo, la última, cuando se trata del decimoséptimo año de Nabonido, es halagador para Ciro, describiendo a los babilonios, dándole la bienvenida extendiendo ramitas verdes ante él. Tolini ha propuesto una reconstrucción plausible de cómo cayó Babilonia: una parte del ejército persa, bajo el mando del general Ugbaru, penetró por la puerta Enlil en el lado oeste del Éufrates, cruzó el río tomando los distritos orientales de Babilonia. Esta captura sorpresa de la ciudad, es consistente con la historia registrada en el libro de Daniel.


Otro aspecto a considerar es el momento en que ocurrió el ataque, Babilonia estaba celebrando el festival akitu en honor a Sin, el dios de la luna, la noche en que fue tomada. También es posible que las historias sobre Ciro hayan sido contadas por la corte persa y que éstas hayan sido la base del texto de Jenofonte. En la Ciropedia, Jenofonte, de acuerdo con Herodoto, dice que un ejército integrado por medos y persas entró en la ciudad a través de un canal del río Éufrates, que había sido desviado hacia las trincheras que Ciro había mandado preparar para la invasión, y que la ciudad no estaba preparada debido a un festival que se estaba celebrando. Asimismo, la Ciropedia, describe la captura de Babilonia por Gobrias, quien dirigió un destacamento de hombres a la capital y mató al rey de Babilonia. La captura de la ciudad y el asesinato del hijo del rey se describen en la Ciropedia de la siguiente manera:


“Entonces ellos entraron; y de los que conocieron a algunos fueron abatidos y asesinados, y otros huyeron a sus casas, y algunos levantaron el clamor y el llanto, pero Gobrias y sus amigos cubrieron el grito con sus gritos, como si fueran ellos mismos juerguistas. Y así, abriéndose camino por la ruta más rápida, pronto se encontraron frente al palacio del rey. Ahí el destacamento bajo Gobrias y Gadatas encontró las puertas cerradas, pero los hombres designados para atacar a los guardias corrieron sobre ellos mientras yacían bebiendo alrededor de un fuego ardiente, y se encerraron con ellos allí mismo. A medida que el estruendo se hacía cada vez más fuerte, los que estaban dentro se daban cuenta del tumulto, hasta que, cuando el rey les indicó que entendieran lo que significaba, algunos de ellos abrieron las puertas y salieron corriendo. Gadatas y sus hombres, al ver que las puertas se abrían de par en par, entraron corriendo, pisándoles los talones a los otros que se arrancaron otra vez, y los persiguieron a punta de espadas hacia la presencia del rey. Lo encontraron de pie, con su cimitarra en la mano. Siendo más numerosos, se abalanzaron sobre él: y ninguno de su séquito escapó, todos fueron reducidos, algunos volaron, otros arrebataron cualquier cosa que sirviera como escudo y se defendieron lo mejor que pudieron”.
Tanto Jenofonte como el libro de Daniel describen la desaparición de Baltazar en la noche en que la ciudad fue tomada. Jenofonte, Herodoto y Daniel coinciden en que la ciudad fue tomada por sorpresa, en el momento de un festival, y con escasa pérdida de vidas.
Tras su caída, Babilonia se encontró bajo dominio extranjero por primera vez. Se estableció un nuevo sistema de gobierno y se desarrolló un estado multinacional persa. Este sistema de gobierno llegó a su apogeo después de la conquista de Egipto por Cambises II durante el reinado de Darío I.
Por otra parte, la invasión se vio facilitada, por la existencia de un grupo de la población descontento en la administración del Estado, así como por la presencia de exiliados extranjeros como los judíos, que habían sido asentados en el medio del país. Uno de los primeros actos de Ciro, fue permitir que estos exiliados volvieran a sus hogares. Al parecer los judíos, inicialmente, saludaron a los persas como libertadores. Ciro les envió de vuelta a Israel, desde el cautiverio de Babilonia.


Entre los babilonios, los sentimientos de que nadie tenía derecho a gobernar sobre Asia occidental siguieron siendo fuertes, hasta que Bel y sus sacerdotes consagraron en el cargo a Ciro; y, en consecuencia, asumió el título imperial de Rey de Babilonia. Ciro afirmó ser el sucesor legítimo de los antiguos reyes de Babilonia y el vengador de Bel-Marduk, y se describió a sí mismo como el salvador elegido por Marduk para restaurar el orden y la justicia.







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