viernes, 15 de junio de 2018

Piratas: Ching Shih


Ching Shih (o Zheng Shi) fue una prostituta china que se convirtió en una poderosa pirata al mando de la flota de la Bandera Roja. Esta flota creció bajo su mando multiplicando el botín y aplicando un sistema organizado de negocio. 

Al parecer nació en la provincia de Guangdong de China en 1775, y su nombre de nacimiento era Shii Xiang Gu. Los historiadores chinos dicen que era más alta que las mujeres normales, y que su cuerpo tenía formas gloriosas. Tan bella, que de todas las prostitutas que habían sido secuestradas de un burdel flotante en Canton. En 1801, el pirata Zheng Yi, que comandaba la “Flota de la Bandera Roja”, quedó impactado por la belleza de Ching Shih y quiso que le siguiera. De la mano de Zheng Yi y Ching Shih, la flota de la Bandera Roja creció de 200 barcos a más de 600, llegando a tener, en algunos momentos, entre 1.700 y 1.800 barcos. Formaron una coalición con el pirata cantonés Wu Shi’er. 

Zheng Yi murió en 1807, sólo 6 años después de casarse con Ching Shih. En el momento de su muerte, la Flota de la Bandera Roja incluía aproximadamente unos 70.000 piratas. Ching Shih no deseaba volver a la prostitución. Sabía que esta era su oportunidad de convertirse en una poderosa pirata. Podría, simplemente, haber renunciado a la organización, permitiendo que Chang Pao, hijo adoptivo de Zheng Yi y suyo, tomara el mando, pero ansiaba el poder y la gloria de ser la líder de la flota de la Bandera Roja. 

Ella era consciente de que ser mujer, la convertía en un objetivo fácil en los sabotajes. Así que lo primero que hizo, como cualquier aristócrata que quiere preservar una estirpe, fue casarse con el hijo adoptivo de su difunto marido, Chang Pao, y nombrarlo a él jefe directo de las tropas. Con esta maniobra conseguía tener a los hombres tranquilos, porque les mandaría el que ellos consideraban legítimo heredero, y ella seguiría ocupándose de todo, especialmente de las transacciones comerciales y las alianzas. Era un práctica habitual en la sociedades piratas, y por eso se considera que en este caso es bastante probable que Chang Pao fuese en realidad el amante de Zheng y que este lo hubiese adoptado para que en caso de que le pasase algo pudiese heredar sin problemas parte de sus posesiones y un cargo de responsabilidad en la escuadra. De ser así, lo que suena en principio incestuoso se vuelve una alianza entre dos viudos para preservar el patrimonio, la fusión empresarial perfecta. El capitán y la administradora. 


Se concentró en los negocios y la estrategia militar e hizo grandes esfuerzos para formar un gobierno en virtud del cual sus piratas estaban protegidos por leyes y obligados a pagar impuestos. Cualquiera que fuera el botín capturado, tenía derecho a retener el 20% de su valor, mientras que el 80% restante se repartía entre la flota. Estableció reglas muy estrictas en cuanto al tratamiento de los prisioneros capturados y en particular de las prisioneras. Las cautivas que se consideraban “feas”, eran puestas en libertad, ilesas. Si un pirata deseaba tomar una bella cautiva como su esposa era libre de hacerlo, pero estaban obligados a ser fieles. La infidelidad y la violación eran ambos delitos por los que se podía ejecutar a un pirata. 

Como si fuese un homenaje póstumo al marido difunto el negocio creció hasta convertirse en un monstruo que llegaba desde Corea a la costa de Malasia, no se movía un solo barco sin que la armada de Madame Ching lo supiese y controlase. Pueblos enteros de la costa trabajaban para ellos suministrándoles víveres, y llegaron a establecer una oficina de impuestos en Cantón a la cual iban directamente los barcos que querían cruzar el mar de China para pagar la contribución exigida. En caso de que se negasen, los asaltaban directamente. 

Fue llamada “El terror del sur de China”, afirmando algunas fuentes, que era una traficante de opio, mientras que otros defienden que principalmente se dedicaba al saqueo, el robo, y gravar los pueblos que asaltaba. 

Al emperador Qing le enfurecía pensar que una mujer estuviese controlando una cantidad tan brutal de tierra, mar, recursos y personas que le pertenecían a él. Envió su armada comandada por Kvo-Langa atacarla y ella, lejos de esconderse, fue directa a su encuentro. La armada del emperador perdió sesenta y tres barcos con sus respectivas tripulaciones, que se unieron a la bandera roja bajo amenaza de muerte instantánea. 

Como parecía que no podía ser derrotada, los chinos ofrecieron una amnistía a todos los piratas, con la esperanza de eliminar el reinado de Ching Shih sobre el mar. Chang Pao, el que era su hijastro, marido y primer comandante, acordó con el gobierno un puesto en el ejercito al mando de veinte barcos que serían de su propiedad. Su primera misión en su nuevo cargo fue aniquilar a los que habían sido sus enemigos en nombre del emperador, una perversidad estratégica que humedece los colmillos de emoción. 

A pesar de toda la crueldad y la sangre que envuelven esta historia, hay algo bello y poético en una prostituta miserable que llega a comandar un ejército y consigue doblegar al emperador todopoderoso. Madame Ching, la pirata más brava jamás conocida, la que nunca fue derrotada y se salvó no solo a sí misma sino a todos los que lucharon por ella, pudo legalmente disfrutar de su botín, y volvió a sus orígenes como esos héroes que regresaban a su casa buscando la tranquilidad después de vivir aventuras. Se instaló en el Cantón donde montó un burdel y una casa de apuestas, allí murió plácidamente a los sesenta y nueve años envuelta, seguramente, en una narcótica nube de opio. 





FUENTES: nauticalnewstoday 
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