lunes, 25 de junio de 2018

Esparta (Capítulo 1): Prólogo


A pesar de la gran distancia en el tiempo que nos separa de la antigua Esparta, la sola mención de su nombre, despierta un recuerdo de gloria militar, de austeridad, de disciplina, de férrea organización estatal. 

La geografía de Esparta no explica el sistema político-social-económico que adoptó este estado en la antigüedad. No negaré cierta influencia, pero ni el marco geográfico, ni los recursos de que dispuso, predestinaron su organización. Lo mismo creo que sucedió con los demás estados griegos. 


En esa geografía, dos nombres son los más repetidos al aludir al paisaje laconio: el rio Eurotas y las montañas del Taigeto. Es precisamente el Eurotas, que fluye entre el Taigeto y el Parnón (la otra cadena montañosa de Laconia), el que forma un fértil valle, principalmente en su curso medio, donde se asentó la ciudad de Esparta. 

Ambas cadenas montañosas terminan formando dos penínsulas que enmarcan el golfo lacónico, mientras que por el norte el valle de Laconia, se cierra por las montañas del Peloponeso central. Pero no puedo limitarme a Laconia, pues hay una región colindante por el este, la Mesenia, que tuvo un destino unido a Esparta, durante siglos. Zona fértil, regada por el rio Pamisos y sus afluentes, aunque sus posibilidades, no fueron suficientemente explotadas por los lacedemonios.

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