lunes, 25 de junio de 2018

El Greco: San Juan Bautista y San Juan Evangelista


Realizado entre 1600 y 1610. Óleo sobre lienzo de 110 X 86 cm. 

En medio de un paisaje pedregoso y bajo la amenaza de un cielo de tormenta, san Juan Evangelista y san Juan Bautista se presentan en primer término y en actitud de dialogar. Cada uno aparece con la indumentaria y los atributos de su iconografía tradicional: el Evangelista es un joven imberbe que se cubre con túnica azul y un amplio manto rosáceo; bendice el cáliz del que brota un dragoncillo, referencia al intento de envenenamiento del que salió indemne. Muy próximo a él, posada en el lado derecho del suelo, el águila que le distingue como autor de uno de los evangelios canónicos. El apóstol gira la cabeza hacia su izquierda, hacia el Bautista, el último de los profetas de Cristo y el primer santo del Nuevo Testamento. El considerado precursor del Mesías se cubre con la piel de camello que utilizó en su retiro en el desierto de Judea, en donde las penurias físicas padecidas le proporcionaron un aspecto ascético y demacrado. Se acompaña además de dos símbolos cristológicos: la cruz de cañas y el cordero con la filacteria que señalaría (la habitual inscripción no es del todo perceptible) la condición redentora de Jesucristo: AGNUS DEI. En la lejanía se ha representado sumariamente un paisaje de suaves colinas animadas con algunos árboles y un gran edificio abocetado a la derecha del Bautista, tal vez, como se ha venido diciendo, una imagen del monasterio del Escorial. Los celajes se convierten en formas envolventes que rodean a los dos personajes: una inquietante sombra en torno al Bautista y un vertical aborrascamiento, como refirió Camón, cuando se sitúan en torno al Evangelista. 





FUENTE: Museo del Prado

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