jueves, 31 de mayo de 2018

Alfonso IV el Monje, rey de León

Alfonso IV por Jose María Rodriguez de Losada

Nacido probablemente en Galicia en fecha desconocida, era hijo del rey de León Ordoño II y de su primera esposa, Elvira Menéndez, apenas se disponen datos biográficos sobre él. En ningún momento destacó por su inteligencia o por sus grandes dotes guerreras. A pesar de lo cual debió ocupar una posición destacada en el séquito de Ordoño II desde su juventud, ya que su firma ha quedado registrada en la documentación emitida por la Cancillería regia en tiempos del citado monarca. Es notoria su presencia en la corte del rey de Navarra en el año 923, puesto que tras llevarse a cabo el matrimonio de su padre con doña Sancha, una de las hijas de Sancho I Garcés, a instancias de la reina Toda, quedó concertado su matrimonio con la mayor de sus hijas, Oneca, por la que el joven sintió gran inclinación desde que fueron presentados. El matrimonio de Alfonso y Oneca se celebró en el año 924 y tuvo como fruto el nacimiento de un único hijo, el futuro Ordoño IV el Malo, el cual nació aproximadamente en el año 925.

La repentina muerte de Ordoño II en el año 924 y la rápida coronación de Fruela II en Galicia, debió causar un gran impacto tanto en Alfonso como en el resto de sus hermanos. Los Ordoñez mostraron su total disconformidad con la actitud de su tío y decidieron abandonar la corte, ya que consideraron que sus derechos habían quedado seriamente vulnerados. Así durante los catorce meses que duró el reinado de Fruela II, Alfonso se refugió probablemente en tierras gallegas y posteriormente en Navarra, donde contaba con sólidos partidarios, ya que su vida se encontraba en grave peligro, sobre todo tras la ejecución de los hijos de Olmudo.

Hubo que esperar a la muerte de Fruela II para que los herederos de Ordoño II entraran en acción, dado que no podían tolerar que su primo Alfonso se hiciera con el poder. De este modo estalló en el reino de León una guerra civil entre los partidarios de los Ordoñez y de los Froilaz, que se saldó con la victoria de los primeros y con la huida a tierras asturianas de los segundos. Concluida la guerra Alfonso y sus hermanos llevaron a cabo el reparto del reino de forma totalmente amistosa, ya que estuvieron de acuerdo en dividir el reino en función de las acciones que cada uno hubiera realizado durante la contienda. El mejor parado fue Alfonso, gracias a que había contado con el apoyo de las tropas de su suegro, el rey de Navarra, el cual además parece que ejerció toda su influencia para que éste se hiciera con la corona de León.

Alfonso IV por Eduardo Cano de la Peña
Alfonso fue proclamado rey de León en febrero del año 926, quedando bajo su soberanía las tierras de Asturias, León y Castilla, ya que Ramiro y Sancho se habían repartido Galicia. Pero la actuación de Alfonso IV no fue tan brillante como todos sus súbditos esperaban, no es posible encontrar ningún indicio de actividad por parte del monarca, ni en el plano militar, ni en plano político. Así a pesar de que el reino debía encontrarse en serias dificultades tras la guerra, Alfonso IV no realizó ninguna donación a las principales instituciones eclesiásticas y tampoco hay constancia de que otorgara premios o favores a las personas que permanecieron a su servicio. A pesar de su aparente desidia, se percibe un notable interés por los asuntos de Galicia. Dicho interés se vio recompensado tras el fallecimiento de Sancho, en junio del año 929, ya que recibió las posesiones de éste, aunque no por ello se mostró más entusiasta en el ejercicio de sus funciones.

No hay duda que el comportamiento de Alfonso pudo inducir al futuro Ramiro II a tomar en consideración la idea de hacerse con el poder, por lo que es probable que le presionara para que abandonara su puesto. Pero existieran o no estas presiones, el momento de Ramiro iba a llegar tras la muerte de su cuñada, ya que el dolor que le produjo a Alfonso la muerte de Oneca, fue la causa que le impulsó a abandonar el trono. Así Ramiro II fue coronado oficialmente rey de León tras la abdicación de su hermano, en junio de 931.
Alfonso IV por Westerhout

Muy pronto se arrepintió Alfonso de la decisión que había tomado, como nos indica el cronista árabe Ibn Hayyan, ya que tras instalarse en el monasterio Sahagún algunos de los enemigos de su hermano, le convencieron para que intentara recuperar su autoridad. De este modo Alfonso abandonó su retiro y se dirigió a Simancas con la intención de enfrentarse al nuevo monarca, aunque algunos familiares lograron convencerle para que abandonara su actitud. Pero poco después volvió a actuar y aprovechando que Ramiro se encontraba en Zamora, marchó sobre la ciudad de León, donde se proclamó rey. La crisis que se había abierto en el seno de la monarquía leonesa indujo a los siempre peligrosos hijos de Fruela II a tomar partido por Alfonso, ya que consideraban que éste sería fácil de manejar. Se especula con que fueron algunos de sus partidarios los que propiciaron la segunda salida del convento. Ramiro II, en pocos días, organizó un ejército y marchó sobre León, donde tuvo constancia, que los principales apoyos con los que contaba Alfonso le habían abandonado, lo cual facilitó su encarcelamiento. Una vez que su hermano estuvo bajo su poder, el monarca marchó a Asturias donde derrotó a los Froilaz, que también fueron encarcelados. De este modo tras estos acontecimientos, Ramiro II decidido a imponer un castigo ejemplar y ordenó que todos ellos perdieran la vista por su traición.

Alfonso el Monje murió olvidado por todos, incluso por su hijo, aproximadamente en agosto de 933, en el monasterio de Ruiforco, donde fue recluido tras quedar ciego.



Fuentes utilizadas:

Mcnbiografias y Wikipedia

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