miércoles, 4 de abril de 2018

ANÉCDOTAS DE MADRID: La Posada del Peine


            Se estableció en la antigua calle del Vicario Viejo, hoy Marqués Viudo de Pontejos, en 1610, donde sigue actualmente. Fue su dueño Juan Posada, que la abrió como un negocio familiar, que se mantuvo hasta dos siglos después, en que paso a manos de los hermanos Espinos, quienes ampliaron la posada con la construcción de un edificio anexo, esquina a la calle de Postas.


          En 1892, el edificio antiguo fue coronado con un templete para un reloj. Fue puesto para mejorar su estética, al tiempo que se conmemoraba el IV Centenario del Descubrimiento.

          En la actualidad, la posada está cerrada y abandonada. Consta de unas 150 habitaciones, las más lujosas con balcones a la calle. Y sin ventanas las más modestas, cuya única ventilación se conseguía abriendo la puerta del pasillo. De todas ellas, la más curiosa y misteriosa era la número 126, que tenía en la parte superior de una de las paredes, una pequeña puerta que, aunque a simple vista pareciera una alacena, escondía una estrecha escalera, por la que había que subir agachado, que conducía a un pequeño cuarto el piso superior. Se cuenta que se usaba para esconder fugitivos, e incluso parejas de amantes.



          Cuando la última dueña murió, cedió el edificio a una comunidad religiosa y ésta, a su vez, lo vendió a la relojería Girod, que sólo reformó un ala del primer piso, destinándola a sus talleres.



          A pesar de su abandono, la fachada se encuentra en buen estado, llamando la atención de cuantos leen su peculiar nombre, del que se popularizó el dicho de: “Para amantes peinados que así se quiera, / el mesón que les toca es el del Peine”.










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